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Los vecinos convierten una mudanza en una protesta contra la especulación

La acción forma parte de un proyecto de la FAVB para denunciar las "expulsiones de vecinos" que cuenta con un programa de micromecenazgo

Sandra, la vecina que tuvo que mudarse de su casa tras la subida de su alquiler.
Sandra, la vecina que tuvo que mudarse de su casa tras la subida de su alquiler.

La Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) junto con la plataforma Ens Plantem de Poblenou convirtieron este sábado una mudanza en una protesta contra la especulación inmobiliaria. La iniciativa, que forma parte de un proyecto que cuenta con una campaña de micromecenazgo, quería denunciar, entre otras cosas, la “expulsión” de los vecinos “por el aumento del precio de los alquileres”. Estos, según Joan Maria Soler (FAVB), se iban en muchas ocasiones “con cierta vergüenza de sus casas”. “Hoy queremos hacer la primera mudanza que sirva para sensibilizar a la población de lo que pasa. Lo vamos a hacer con mucho ruido para dejar claro que no son mudanzas voluntarias”, aseguró.

“Denunciamos la expulsión de vecinos de Poblenou, y de toda Barcelona, debido al aumento de los precios del alquiler o a la compra, por parte de fondos buitres, de fincas enteras. Nos están obligando a abandonar nuestras casas y nuestros barrios de manera invisible y silenciosa por no poder hacer frente a los nuevos precios de la vivienda", denunciaba Sandra sobre el camión de mudanzas que llevaba cajas y muebles que recogían 46 años de su vida. A las 11.00, esta vecina de Poblenou se despedía del modesto piso del número 17 de la calle de Badajoz dónde había vivido toda su familia. Se le acaba el contrato de alquiler y un fondo que ha adquirido varios bloques en la zona tiene otros planes para la vivienda.

Sandra y su compañero Jesús, con la ayuda de decenas de personas, empaquetaron las cajas y las metieron en una furgoneta de la cooperativa de recogida de chatarra Alencop, aparcada en la calle mientras un altavoz ponía la banda sonora al acto. Sobre la cabina del vehículo, una lona rezaba: “Esto no es una mudanza voluntaria. Los especuladores no expulsan del barrio”.

Estas mudanzas de protesta constituyen un proyecto que cuenta incluso con una campaña de micromecenazgo impulsada por las distintas asociaciones. Esa iniciativa, en la plataforma Goteo, denuncia que la finalización de 44.000 contratos de alquiler en los próximos dos años junto con el aumento en el precio de los alquileres “vacía de vecinos la ciudad”. La campaña pretende convertir las mudanzas en un pasacalles de protesta con pancartas y megafonía. Su objetivo es dar “dignidad al que marcha, que no es por ser pobre, sino porque esta sociedad no garantiza el derecho a la vivienda”. También se procura activar la solidaridad y el apoyo mutuo entre la gente del barrio. Por el momento llevan 8.629 euros y pretenden llegar a los 11.700 euros con los que financiar las mudanzas.

Una veintena de edificios del barrio en la misma situación

Silvia y Albert de Ens plantem también ayudan a bajar muebles al camión. Conocen el problema de Sandra y Jesús y lamentan que se ha reproducido no solo en Poblenou, sino en toda Barcelona. “En junio del pasado año la promotora inmobiliaria AAA adquirió los bloques 17, 19, 21 y 23 de la calle Badajoz y el 136 y 138 de la calle Dr. Trueta. La intención de la promotora es ir finalizando los contratos de alquiler de los pisos para reconvertir las viviendas en una mercancía con la que saquen mucho dinero sin importarles el futuro de los vecinos”, lamenta Albert. Según Ens plantem, ya solo quedan once pisos de renta antigua del más de medio centenar de viviendas que han adquirido los inversores entre los seis edificios situados a solo unos metros de la playa Nova Icària. Los activistas aseguran que, al menos, hay una veintena de edificios en la misma situación en Poblenou.

Una pareja de Mossos d’Esquadra intenta identificar a algunos de los activistas de la mudanza-protesta y advierten, sin amedrentar a los que protestan, que van a seguir al camión. Mientras, Sandra se despide del piso donde ha vivido 46 años. “Mi bisabuela ya vivía aquí. Teníamos un contrato de renta antigua hasta que en 2013 falleció mi padre. Entonces, me hicieron un contrato de cinco años por 400 euros. Se acaba el contrato y no me ofrecen ningún tipo de alternativa. Me echan de mi casa, lamenta.

Sandra es dependienta y Jesús es mensajero. Se despiden de su hogar. En el edificio queda otro vecino al que se le acaba en semanas el contrato, otro que “le cumple” en agosto de 2019 y una pareja de ancianos con contrato indefinido. El resto de puertas del inmueble están tapiados con puertas antiokupas. “Con nuestros sueldos, había mirado en Sabadell, Terrassa… pero expliqué mi situación y una amiga me ha alquilado su piso con un precio por debajo de mercado en la calle Llull", añade. La furgoneta se trasladó a la nueva casa de Sandra y Jesus escoltada por una pequeña movilización con una pancarta que imploraba el fin de la “delincuencia inmobiliaria”. Detrás, les siguen, como prometieron, una patrulla de los Mossos d’Esquadra.

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