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El pequeño ‘mar’ de Madrid que agoniza por una pelea burocrática

El humedal de Aranjuez conocido como el Mar de Ontígola, de gran valor natural e histórico, espera una solución a su deterioro en un laberinto de competencias

Una mujer, en el entorno del Mar de Ontígola.
Una mujer, en el entorno del Mar de Ontígola.

El Mar de Ontígola, una laguna artificial en el término municipal de Aranjuez, casi en la línea que separa Madrid y Toledo, es uno de esos espacios en los que se acumulan las razones por las que, al menos sobre el papel, merecería la pena conservarlo. Por la naturaleza que la rodea: es parte de la reserva natural El Regajal-Mar de Ontígola de la Comunidad de Madrid, que alberga 67 especies de aves nidificantes, 15 de reptiles, ocho de anfibios y unas 700 de mariposas. Y por su interés histórico: su presa, construida en siglo XVI por orden de Felipe II y con enorme alarde técnico por Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, dio lugar en los siglos XVII y XVIII a un espacio de festejos y particulares cacerías de animales exóticos para la realeza.

Sin embargo, el humedal está en grave peligro desde hace años, degradado por los lodos que van colmatando el vaso de la presa y por la invasión de carrizo (un tipo de planta) que cada vez deja ver menos agua. Además, la presa histórica apenas se intuye ya en algunos puntos, sepultada por la vegetación. Aunque el mayor problema no es su invisibilidad, sino su estado: la estructura es inestable y los aliviaderos no están preparados si vienen grandes avenidas de agua.

Ilustración del mar de Ontígola publicada en julio de 1885 en ‘La Ilustración española y americana’, firmada por Ruidavets.
Ilustración del mar de Ontígola publicada en julio de 1885 en ‘La Ilustración española y americana’, firmada por Ruidavets.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? Para empezar, porque no está claro quién tiene que arreglarlo. David Estrada, primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de Aranjuez, recuerda que en 2012 el Consistorio decidió devolver al Estado los terrenos —que incluyen el Mar de Ontígola y otra laguna más pequeña llamada Mar Chica— porque se hizo evidente que la ciudad, de 58.000 habitantes, no tenía los recursos necesarios para mantenerlos correctamente. Se los habían cedido de forma gratuita a mediados de los años noventa para utilizarlos para actividades de ocio y complementar el riego de sus jardines, cosas que nunca se llegaron a hacer.

Ahora, el problema es, continúa Estrada, que el departamento de Patrimonio del Estado no ha respondido en todos estos años a esa reversión de terrenos. Fuentes del Gobierno central aseguran que han estado desde entonces en contacto con el Ayuntamiento y han tenido reuniones al respecto para completar un proceso que pasa por comprobar si la conservación durante el tiempo que no ha estado en sus manos ha sido la adecuada. Estrada insiste, sin embargo, que no han vuelto a saber nada de ellos desde que les mandaron un acuse de recibo de la decisión municipal allá por abril de 2013, hace cinco años.

La cuestión se complica todavía más porque, de nuevo según las explicaciones del Ayuntamiento, la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT) se niega a acometer los arreglos necesarios, tanto en la presa como en el humedal, hasta que se aclare la titularidad de los terrenos. Preguntada la confederación al respecto, una portavoz se limita a contestar por correo electrónico lo siguiente: “Al no tener la CHT la titularidad, de nosotros solo depende el poder facilitar los trámites administrativos y, si hiciera falta, tramitar algún permiso. Es decir, la puesta en marcha de esta actuación depende del Ayuntamiento”.

Sin embargo, el Consistorio de Aranjuez asegura que en todo momento la iniciativa fue de la confederación, cita el proyecto que el Ministerio de Medio Ambiente —de quien depende el organismo de cuenca— encargó y pagó a una empresa de ingeniería. Este proyecto incluye la limpieza de lodos, sedimentos y carrizo, así como arreglos estructurales de la presa, con un coste estimado de 25 millones de euros.

Además, recuerda que la confederación ha acometido y pagado otras obras incluidas en el convenio de colaboración firmado entre el ministerio y Aranjuez en 2006, que hablaba expresamente la restauración de la presa del Mar de Ontígola. De hecho, en una nota de prensa de abril de 2013, tras la inauguración de “la recuperación de la Azuda de La Montaña”, la CHT insiste en que ese trabajo se hizo con “fondos propios” en virtud de ese convenio y que en ese marco estaban impulsado otras actuaciones “como la rehabilitación de la presa de Ontígola y su arroyo”.

Dos años y medio después, sin embargo, en noviembre de 2015, la confederación ya insistía en otra nota en “la urgente necesidad de acometer las labores de conservación y adecuación a la normativa vigente de la presa de Ontígola, por parte de su titular”.

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