Vieja emoción sin edad

El cantante coruñés Xabier Díaz demuestra con 'Noró' que la gran música de los ancestros hermana pueblos y generaciones

Imagen del concierto de ayer del cantante coruñés Xabier Díaz.

Era fácil escuchar mucha cantinela gallega en los acentos de quienes se agolpaban anoche a las puertas de la Galileo Galilei para asistir al estreno del segundo álbum en solitario de Xabier Díaz. La música del pueblo como canalizadora de sentimientos e infalible bisectriz intergeneracional: no hay edad mejor ni peor para emocionarse con el pálpito de la tierra, con la sabiduría heredada de nuestros tatarabuelos. Y resultaba encantador descubrir que tanto la chavalería como los hombres y mujeres entrados en edad se embelesaban ayer por igual con el quehacer de este cantante y percusionista coruñés. Que a sus cuarenta y bastantes años tiene muchas páginas aún por escribir, pero también el bagaje de los grandes maestros.

Tras su paso por algunas formaciones decisivas (ACadaCanto, Nova Galega de Danza y, claro, Berrogüetto), Díaz apunta a la esencia con solo dos instrumentistas (los hermanos Gutier y Javier Álvarez) y el retumbar panderetero de las siete jóvenes Adufeiras de Salitre. El dominio de zanfona, violín y acordeón por parte de los Álvarez es insultante, aunque a veces se eche en falta un poco más de soporte armónico. Y el papel de las 'pandereteiras' resulta muy seductor, por cuanto no se ciñen al unísono tradicional y aportan preciosos coros y segundas voces. La apertura de la noche, con las maravillosas 'Unha fala e un cantar' y 'Voa o aire', fue ejemplar. La segunda es un ejemplo de que nuestros ancestros también sabían escribir exitazos: solo les faltó Twitter y la radiofórmula.

'Noró', el disco recién nacido, retrata a un Xabier en estado de gracia: exquisito en la proyección de las enseñanzas y cálido en el cantar, pero sin un solo aspaviento. Natural, verdadero, auténtico. Capaz de fundirse con la grabación de un antiguo coplista de Sanabria en 'Amor con amor se paga' y de resultar cercano y divertido en 'O baile de Noró', otra invitación a la hermandad a través del folclor. Músicas viejas y ajenas a esa vulgaridad que es cumplir años.

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