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El contrabandista caballero

Erri de Luca aúna en su nueva novela, ‘La natura expuesta’, el drama de la inmigración ilegal, la solidaridad y el sentido hoy de lo sagrado y lo profano

Erri de Luca, este viernes en Barcelona.
Erri de Luca, este viernes en Barcelona.

Bien podría ser el propio Erri de Luca el protagonista de su última novela, La natura expuesta (Seix Barral). Es un hombre que ha sobrepasado ya los sesenta, de pocas palabras, voz queda, viejo escultor ahora minero de carbón que graba raíces secas o piedras que luego malvende a los turistas veraniegos y que se dedica a pasar por la montañosa frontera a inmigrantes ilegales; pero, justo tras dejarlos en el otro lado, les devuelve el dinero que le han pagado. “No inducir en tentación; si induces a la tentación la mitad de la culpa es tuya”, se dice el personaje, “el santo de los montes; el contrabandista caballero”, se autodefine. Eso le traerá consecuencias con los que sí cobran: deberá marchar del lugar y aterrizará en un pueblo donde le piden que restaure un Cristo crucificado de mármol, al que deberá quitar el paño que cubre su desnudez.

“Las montañas no sirven para separar, es un sistema de comunicación incontrolable, se puede pasar por infinidad de sitios; las alambradas que ponen los gobiernos apenas funcionan en campo abierto; tampoco en el mar, claro, esa vía líquida que dijo Homero, una definición definitiva”, reflexiona De Luca desde Cataluña, donde hoy participa en Girona en el literario Festival Mot hablando de  resistencia y futuro (“resistencia implica una opresión por el otro lado, por lo que es una acción de legítima defensa propia”, sostiene) con el periodista y político David Fernández. Une así de nuevo su escritura a la de los desfavorecidos de hoy que llegan como pueden a Europa y que tan líricamente está marcando su obra reciente, desde su poesía (reunida en Solo Ida) hasta Historia de Irene o esta La natura expuesta.

El papel de los gobiernos europeos para con los refugiados incomoda muchísimo al escritor. “El maltrato es incluso desde el lenguaje: se les llama clandestinos y esa palabra ni tan siquiera está en la Biblia, donde se usa el vocablo extranjero… También hablamos de oleadas migratorias cuando solo la palabra oleada ya comporta una reacción instintiva de rechazo; es más natural hablar de flujo… En cualquier caso, la obstinación de las autoridades se traduce en el que el 12% de los que intentan llegar mueren… Esos flujos no los evitarán nunca, ni la pena de muerte lo evitaría porque ya se enfrentan a la muerte: si una madre coge a su hijo recién nacido y se embarca sin nada en una patera, si ya hace eso, nada lo parará; Italia lleva infructuosamente 21 años intentándolo, desde que la Marina hundió un barco albanés cargado de inmigrantes”.

Uno es su pasado y el de De Luca (Nápoles, 1950) es el de camionero, paleta, obrero de la FIAT y militante de izquierdas, que afloran a la superficie con facilidad, como cuando se le plantea dónde está hoy esa izquierda tan potente que él vivió. “Los derechos siempre son fruto de la lucha continua entre el pueblo y el poder; la lucha obrera de los 70 batió a la tiranía instaurada en las fábricas; hoy esa tiranía ha regresado y sí, las bases tienen una clara actitud izquierdista, pero eso no acaba de encontrar representación política, como vemos con el voluntariado”. ¿Pueden volver aquellos tiempos? “¿Por qué no? A veces es suficiente con una chispa”. Y pone un ejemplo de por dónde podría surgir: “Justicia, Educación, Sanidad: son derechos constitucionales, no? Pues hoy son ya ex derechos porque son servicios que prestan empresas que van sustituyendo al Estado y que se ofrecen según el poder adquisitivo de la gente; hemos degradado el ciudadano a cliente; el Estado, a empresa que ha de producir ganancias, y los derechos, a servicios: esa es la deriva ultraliberal… Hay que recuperar el concepto de ciudadano que implantó la Revolución Francesa”.

En La natura expuesta, el escultor-pasador de clandestinos es el perseguido y perjudicado por hacer el bien. “No es tanto por hacer el bien o el mal como porque rompe el muro de la normalidad, porque es el independiente, el diferente, el que se expone: el poder siempre busca la uniformidad, la obediencia, pero por suerte no somos tan disciplinados y buenos como las hormigas”.

Fluyen en la obra de De Luca, ya desde El nombre de la madre hasta la que acaba de aparecer en Italia, La faccia delle nuvole, referencias tácitas a episodios de la narrativa bíblica, hasta el hecho de que en La natura expuesta el encargo al escultor de que recupere el desnudo del Cristo (de ahí la natura, como se conoce al sexo masculino en el sur de Italia) funciona como metáfora de la Iglesia católica actual para recuperar su ideario primigenio. Lo admite, pero lo matiza: “Sí, pero siempre hablo de criaturas que aún están en la tierra, no hay nada de santo ni religioso en esta historia, que es la relación entre una estatua y un escultor que tiene una reacción emocional extraña y hace un gesto absurdo: le parece que la escultura tiene piel de gallina por el frío y le tapa los pies; es una relación física, no espiritual”.

El libro no deja de ser una reflexión sobre lo sagrado y lo profano, el lugar de la religión en la sociedad de hoy o hasta del orgullo creador malentendido del artista. “La base es una historia que me explicó un escultor… Yo no suelo inventar, soy redactor de historias que me cuentan otros, o las que me explica la vida misma y que yo sólo transcribo”.