La Casa de los Jóvenes, un antídoto contra la exclusión

El centro acoge a 25 chicos inmigrantes que duermen en la calle

Un joven, en la 'Casa de los Jóvenes'.
Un joven, en la 'Casa de los Jóvenes'.CONSUELO BAUTISTA

Mohammed tiene 19 años y desde hace dos vive en la calle. Duerme en un parque de Barcelona, con tres amigos más. Allí improvisan tiendas de campaña, también en las frías noches de invierno. Desde hace dos meses, sin embargo, desayuna con un té caliente en las manos. También come, cena, se ducha y lava la ropa. “Aquí me tratan bien”, cuenta este joven risueño, aficionado percusionista, desde el centro Dar Chabab, un espacio que acoge durante el día a jóvenes migrantes en situación de vulnerabilidad, el primero de estas características en Barcelona. Mohamed saluda con afecto a Oriol Jané, director del centro, y habla relajado con Andrea Urrea, una de las psicólogas. Algo impensable hace unas semanas, reflexiona esta última.

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Adquirir rutinas —la higiene, los horarios de las comidas— aleja a estos jóvenes de las “dinámicas de la calle” y les cambia el ánimo. Son inmigrantes que llegaron siendo menores y que, ante la dificultad de encontrar un trabajo, se refugiaron en la calle. La mayoría no supera los 20 años.

Hasta hace poco, Otmane también dormía a la intemperie. Ahora “ha dado el paso”, celebra Jané, y pasa las noches en un albergue municipal, aunque sigue acudiendo al local. “Se siente cómodo”, dice el director. Con ojos caídos y frases cortas, el joven de 18 años recuerda las 30 horas que pasó aferrado a los bajos del camión que le transportó a España. Lleva dos años persiguiendo su sueño; ocho meses de los cuales, en la calle. Málaga, Córdoba, Madrid, Zaragoza, Barcelona. Mohamed sitúa las ciudades que conoce por los centros de menores por los que ha pasado. Otmane radiografía su paso por la calle con una amarga lista de drogas y combinados que dice haber consumido.

El contacto diario entre educadores y psicólogos es una relación “natural”. Permite, como cuenta Jané, que los chicos cuenten qué les pasa, qué les preocupa. Es el primer paso para que “se vinculen” al lugar, comenta Urrea. Y lo consiguen, poco a poco, con gestos sencillos como lavar y doblar las toallas o ayudar a organizar el Dar Chabab, la Casa de los Jóvenes, que abre de 9 a 21 horas.

El trato de los 19 profesionales hacia los 25 jóvenes es “muy personalizado”, según el director del espacio, gestionado por la Fundación Sant Pere Claver y las cooperativas Suara y Garbet. El centro abrió el pasado 29 de noviembre para dar, en parte, respuesta a los llamados niños de la cola, que inhalaban pegamento en el distrito de Ciutat Vella. En los últimos años, la llegada de menores no acompañados se ha acentuado. Si en 2016 eran 665, en septiembre de 2017 ya habían llegado a los 1.116, según el Síndic de Greuges.

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Sin poder trabajar ni ayudar a sus familias, muchos jóvenes sufren depresión. “Decir que no te ha ido bien es admitir un fracaso. No lo pueden soportar”, revela el director. En el centro los dos amigos juegan al parchís. A su lado, unos coloridos dibujos decoran la pared. Un mensaje dice: "Te quiero madre". A través de Facebook, Mohamed habla con la suya. “Le digo que estoy bien”. Otamen hace lo mismo.

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