El independentismo activa a sus bases para ocupar la calle y facilitar el referéndum

ANC, Òmnium y los partidos soberanistas ponen en marcha la estrategia de la movilización para frenar los obstáculos al 1-O

Concentración ante la sede del Ayuntamiento  de Barcelona.
Concentración ante la sede del Ayuntamiento de Barcelona.A. Garcia

La Asamblea Nacional Catalana (ANC), Òmnium y los partidos independentistas ya han activado la base social del soberanismo para ocupar la calle con constantes movilizaciones. Las primeras protestas relámpago se han visto desde el jueves frente a las sedes de los ayuntamientos que han decidido no colaborar en la organización del 1-O, convocatorias organizadas en cuestión de horas mediante cadenas de móvil y avisos en las redes sociales. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, pidió a los ciudadanos que interpelen a los ediles contrarios a abrir colegios electorales.

Cientos de personas han protestado en los últimos días frente a los ayuntamientos de Barcelona, Terrassa, Mataró o Lleida para exigir que sus consistorios colaboren con la convocatoria del 1-O. También se repitió ayer la movilización exprés frente a la redacción del semanario El Vallenc, en Valls, registrado por la Guardia Civil por orden del juez que investiga si este medio ha colaborado en la impresión de material del referéndum. Las protestas han sido espoleadas por sectoriales de la ANC, partidos como la CUP o representantes del PDeCAT y ERC. Puigdemont recomendó el viernes en un acto de la ANC que la gente interpele en la calle a estos concejales díscolos y sugirió que utilizaran estas palabras: “Mírame a los ojos: te debes a mí. ¿Me dejarás votar o me impedirás que vote?”. Òmnium ha activado un servicio de WhatsApp desde números de teléfono registrados en el extranjero para alertar a sus seguidores “en el caso de tener que convocarse movilizaciones por si hay que reaccionar ante cualquier ataque a la democracia”.

La ANC ha aprobado este verano una hoja de ruta sobre los pasos a seguir hasta 2018. Parte importante de este documento son explicaciones sobre la necesidad de protestar en la calle durante “los días, semanas o meses anteriores y posteriores a la declaración de la independencia”. La ANC indica que “la movilización de la ciudadanía, de forma siempre radicalmente pacífica y democrática, multitudinaria, transversal, proporcionada pero contundente, será el medio y el aliado irrenunciable para defender nuestros derechos y a nuestros representantes. La ANC se compromete, igual que ha hecho hasta ahora, a preparar, organizar, convocar y coordinar estas movilizaciones”. La ANC se dota en este informe “de un poder de movilización excepcional, y nos exige tener en cuenta un escenario donde tenemos que asumir el papel protagonista de todas las acciones de movilización hasta la consecución de nuestro objetivo […] La ANC, si es necesario, llevará a término una movilización popular permanente para garantizar que esta [la independencia] se declarada”.

“Les atemorizó”

El presidente de la ANC, Jordi Sànchez, ilustró el 29 de junio en una charla en Tárrega qué podría suceder a partir de la manifestación que la ANC organizó ante el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña durante la sesión del juicio por el 9-N a Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau: “Que estuviéramos 40.000 personas a las ocho de la mañana en un día laboral a las puertas del Tribunal, les atemorizó. Porque ellos saben que si aquellas 40.000 personas hubieran querido, el juicio contra el presidente Mas no se hubiera celebrado. Cuando hay 40.000 personas en la calle, no hay dispositivo policial que pueda garantizar la normalidad en el funcionamiento de la ciudad”. El presidente de la ANC aportó ejemplos de cómo podrían producirse las convocatorias de bloqueo: “El día que nos amenacen con cerrar el parlamento o que inhabiliten a la presidenta, solo pedimos una cosa, le pedimos que vuelva a entrar en el parlamento, vuelva a sentarse y vuelva a dar la palabra a los diputados. Ese día, el instrumento de coacción que es la justicia española, se deshará como un flan. Aquel día tenemos que estar en las puertas del parlamento, y si nos quedamos a dormir una semana, o dos o tres, para que el parlamento haga el trabajo que tiene que hacer, es una responsabilidad que nos tocará a nosotros. Y quizá nos tocará hacer turnos, y a la gente de Tárrega le tocará la tercera semana, de lunes a miércoles”. El presidente de la ANC añadió en un acto en Bilbao del 2 de septiembre que “solo el día que tengamos la certificación que no haya urnas, que no pasará, nos plantearemos la movilización pacífica en la calle”.

La hoja de ruta de la ANC destaca que las acciones de bloqueo serán coordinadas con otros grupos sociales y fuerzas políticas. Es lo que comentó la diputada de la CUP Eulàlia Reguant en una mesa redonda del 24 de agosto en La Sènia (Montsiá): “Si es necesario que los representantes electos se queden encerrados en el parlamento, lo tenemos que decidir entre todos, no es una decisión unilateral de los diputados o del gobierno, las posibles acciones son una decisión coordinada entre todos”.

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La Generalitat también llama a movilizarse

Desde el gobierno catalán también se llama a la movilización frente a las acciones del Estado. El consejero de Sanidad, Toni Comín, dijo el 3 de septiembre al diario Ara que "[las fuerzas de seguridad] tendrán que reprimir, y la gente no se quedará en casa. Los políticos catalanes no nos resignaremos. Entramos en la vía de la represión de las instituciones, y eventualmente de la sociedad civil movilizada". Marta Rovira, portavoz de JxSí, aseguró que "si hubiera una ofensiva del gobierno español para retirar las urnas, movilizaremos a los ciudadanos para que esto no pase". Artur Mas ya advirtió el pasado febrero que "hemos de tener un esquema de movilización organizada que ponga muy difícil al Estado impedir el referéndum o que sea enorme el coste que tenga que pagar para impedirlo".

Sobre la firma

Cristian Segura

Escribe en EL PAÍS desde 2014. Licenciado en Periodismo y diplomado en Filosofía, ha ejercido su profesión desde 1998. Fue corresponsal del diario Avui en Berlín y posteriormente en Pekín. Es autor de tres libros de no ficción y de dos novelas. En 2011 recibió el premio Josep Pla de narrativa.

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