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Teresa Cremisi: “No puedes publicar solo lo que se venderá”

La editora y escritora defiende el oficio entre la cultura y el negocio en el cierre del segundo foro Edita Barcelona, que volverá en 2018

Teresa Cremisi, durante su intervención ayer en el foro Edita Barcelona.
Teresa Cremisi, durante su intervención ayer en el foro Edita Barcelona.

“No puedes publicar sólo lo que se venderá; una editorial, un libro es el hijo ilegítimo y turbulento de la cultura y del comercio; los grandes nombres, como Gallimard, respetaban a ambos padres”. Amén de poética, la frase contiene la esencia del oficio de editor, empresario, sí, pero también transmisor y defensor de ideas y valores. Y eso es lo que es, aunque ya no ejerza, la francesa de origen italiano Teresa Cremisi (Alejandría, 1945), una de las grandes damas de la edición de Europa, como demostró su hondo paso, a lo largo de casi 50 años, por nobles sellos como Garzanti, Gallimard y Flammarion. O como el que dejó en el foro Edita Barcelona, promovido por el Gremio de Editores de Cataluña y el Máster en Edición de la UPF, que ayer cerró su segunda edición, consolidándose tras el anuncio ya de una tercera por las mismas fechas del año próximo.

“Ninguna revolución tecnológica ha cambiado el oficio de editor”, deja claro Cremisi como premisa en estos tiempos convulsos para el libro, objeto que ella sigue considerando “central e influyente en las otras artes”. Y añade, de nuevo sin olvidar el aspecto económico, reflejo de su otrora presencia en el consejo de administración del italiano RCS MediaGroup: “El libro es hoy el 52% de los gastos culturales de los franceses; no creo que haya una inversión tan fructífera al servir para el trabajo, el estudio o el más puro placer”.

Hay reflexivo pragmatismo en sus análisis del sector. Así, no demoniza las fusiones entre editoriales y hasta cree que deberían aumentar las de los pequeños sellos: “Ayuda a su supervivencia y más si son diferentes o complementarías entre sí; deberían compartir el director comercial y el de marketing y fortalecer todas aquellas alianzas posibles en la distribución, verdadero caballo de batalla porque hoy se lleva la mitad de los costes de un libro”. Tampoco la inquieta en exceso el surgimiento de tantas microeditoriales: “Cada tres o cuatro años siempre ha surgido, y seguirá ocurriendo, quien quiere publicar aquellos libros que querría leer y no encuentra; algunas sobrevivirán y otras, no; sucede ahora más a menudo porque los grandes grupos no lo hacen bien del todo y dejan muchos espacios”. Ni tan siquiera la marea el incremento de títulos publicados: “Todos los grandes grupos han reducido lanzamientos en los últimos años; son los pequeños los que se ven obligados a hacer más libros por un tema de visibilidad”.

Software de fútbol y policía en las escuelas contra la piratería

Un foro sobre el mundo de la edición en España no podía finalizar sin abordar la piratería que, junto a la promoción de la lectura, centró la última sesión. Amén de la necesidad de luchar contra el fraude desde la escuela y la educación, sobresalió una dura indirecta de Joaquim Torrent, director general de Creación y Empresas Culturales de la Generalitat, hacia la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, “miembro de un partido político que no sólo no persigue la piratería sino que se jacta de no erradicarla de las calles; así es difícil educar a los niños si esa piratería es física y pública”, aseguró, ante el silencio de Valentí Oviedo, gerente del Instituto de Cultura de Barcelona.

En el parlamento de clausura, el secretario de Estado de Cultura, Fernando Baeza, aseguró que la lucha del gobierno español --que “puede ser más o menos lenta, pero no va por el mal camino”—pasará, por un lado, por una mayor persecución gracias a un nuevo software más eficaz, cedido por la Liga de Fútbol Profesional, que lo utiliza para reseguir el fraude en las transmisiones deportivas. Para trabajar en la creación de “una generación de chavales antipiratería”, Baeza reveló que su ministerio ha llegado a un acuerdo con el de Interior para enviar a policías y guardias civiles a los centros escolares para sensibilizarlos en esos temas, “como se ha conseguido con la bebida y la conducción o el bullying”.

La irrupción de lo digital la tensa más. Así, no cree que el estancamiento de las ventas de libros electrónicos sea pasajero y apuesta por un crecimiento muy moderado porque “la gente que lee e-books es la misma que lee en papel; en Francia, las ventas de ese segmento son un de un 3% y no creo que suba si no es en nichos muy concretos como el ámbito científico puro, el género erótico o el de viajes”. No tan confortable se siente al hablar de las librerías: “El único oficio en peligro en el mundo del libro con lo digital es el de librero: la compra on-line lo va a cambiar todo, y el lento pero inexorable crecimiento de la venta de libros físicos por la Red lo ratifica: encargar un título por tarde y que a la mañana siguiente al despertarte lo tengas en casa… Ese sí es el mismo oficio que el de librero clásico”, sostiene.

En esa línea, no se explica la política de librerías físicas que ha emprendido Amazon: “No le veo necesidad alguna: alquiler de edificios, personal, stocks… En Amazon se han vuelto locos; o eso, o tienen una idea genial para hacer de las librerías centros de otras cosas con la excusa del libro”. ¿Qué futuro ve entonces Cremisi a las librerías? “Las más pequeñas o de una o dos personas no creo que puedan resistir; me parece que el futuro está en las que estén muy bien estructuradas, con una rotación de títulos inteligente, bien ordenadas con muchas secciones y un personal muy competente… Ahí puede estar la salvación: el director de una librería ha de tener un punto artesanal porque si sabe muy bien cuál es su público, sabrá qué puede querer… De ahí que el modelo de la cadena Waterstones remozada por James Daunt puede llegar a triunfar”, dice comentando la labor de uno de los invitados de la primera jornada del foro Edita.

Cremisi logró que Flammarion ganara un premio Goncourt tras 30 años de sequía con una novela de Michel Houellebecq, a la vez que logró incorporar autores como Jean-Christophe Rufin, Yasmina Reza o Catherine Millet. Con el primero aún trabaja hoy estrechamente. Dieron prestigio y ventas, pero en otros casos otros nombres, por su literatura de calidad, dan más premios o reputación que dinero. Ella misma, con su debut narrativo, La triunfante (Anagrama), podría quizá ejemplificarlo. “Ninguna editorial sobreviviría si cada libro tuviera que ser autosuficiente; no puedes publicar sólo lo que vende; en cualquier caso, fabricar hoy un libro es muchísimo más barato que hace 50 años, sólo hay que vigilar no derrochar en avances y ajustar la distribución; puedes y debes, como editor, permitirte publicar otras cosas”.

Cremisi, mientras trabaja en su segunda novela, sigue haciendo de periodista, oficio que practicó en la RAI y en las cabeceras L’Espresso y La Stampa. Hoy son crónicas para La Repubblica, unas cartas desde París. Aún salen en la edición de papel… “Hay que admitir que la versión digital de los diarios beneficiará a todos: al usuario, en la accesibilidad, y al medio, porque no hay papel, ni impresión, ni distribución; es más difícil que sobrevivan los diarios en papel que los libros; pero el oficio de periodista sobrevivirá porque es capital para la vida de una nación”. Seguramente, como el de editor entendido como lo entiende Cremisi.