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El PSC tendrá que consultar con el PSOE sus pactos postelectorales

Los socialistas catalanes aseguran que no han perdido autonomía tras la crisis de los últimos meses

El secretario de organización del PSC, Salvador Illa.
El secretario de organización del PSC, Salvador Illa.

Carpetazo a la crisis entre el PSC y el PSOE tras la rebelión de los siete diputados catalanes en la investidura de Mariano Rajoy. El partido que lidera Miquel Iceta se ha dejado algunas plumas por el camino, pero su secretario de organización, Salvador Illa, ha asegurado esta mañana que hacían una "valoración positiva" del acuerdo alcanzado el pasado viernes para cerrar el peor desencuentro entre ambos partidos desde 1978, cuando nació la fuerza que representa al socialismo en Cataluña. 

La comisión permanente del PSC ha analizado hoy las líneas maestras de ese acuerdo que permitirá a sus casi 18.000 militantes votar en las elecciones primarias para elegir al secretario general del PSOE si previamente se inscriben en un censo, como adelantó EL PAÍS el pasado 26 de enero. Pero no solo eso. Los pactos postelectorales que puedan alcanzar los socialistas catalanes deberán ser comunicados y consultados a la dirección de la calle de Ferraz. La gestora y la dirección federal socialista es que el PSC establezca acuerdos con partidos independentistas y de ahí ese deseo de intentar tutelar al partido hermano. Queda por ver si este se deja. 

La concreción del mecanismo está pendiente de redactar en un encuentro conjunto que han de mantener las direcciones de ambos partidos del que saldrá una variación del protocolo de relaciones vigente desde 1978. Se hará "desde la autonomía de ambas formaciones", ha dicho Salvador Illa, quien ha insistido en que de esta manera se refuerzan las relaciones entre ambas formaciones.

¿Y qué pasará si el PSOE veta un pacto que defiende el PSC? Pues que el asunto se llevará a una comisión política integrada por cuatro miembros de cada partido, que será la que velará por el seguimiento del pacto alcanzado y en la que se dirimirán también las diferencias políticas que puedan volver a surgir en las votaciones del Congreso. 

En cualquier caso, ya no habrá más reuniones negociadoras porque la crisis se da por cerrada y parece que lo que desean ahora ambas formaciones es que cicatricen las heridas, a la espera de que el PSOE elija un nuevo secretario general.