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Las consultas, asignatura pendiente de Barcelona

El Gobierno local busca mejorar el modelo de participación, que hasta ahora se ha saldado con baja participación

Punto de votación en la plaza de Catalunya por la consulta sobre la Diagonal, celebrada en 2010.
Punto de votación en la plaza de Catalunya por la consulta sobre la Diagonal, celebrada en 2010.

Barcelona tiene un reto con la participación ciudadana. Salvo la consulta de la reforma de la Diagonal, que provocó un terremoto político y acabó costando el puesto al socialista Jordi Hereu, el resto de ellas han sido irrelevantes en la agenda de la ciudad. El Gobierno actual estudia la organización de una consulta para adherirse a la Asociación de Municipios por la Independencia, tal y como Barcelona en Comú prometió en campaña electoral. Expertos en transparencia recomiendan más información y una idea más abierta de la participación de los ciudadanos que no se ciña a una mera pregunta.

El pasado abril Barcelona llamó a sus vecinos a votar para elegir quién querían que les defienda ante el Ayuntamiento en una elección online que no salió del todo bien. Así lo reconocieron los partidos y hasta la propia alcaldesa Ada Colau. El Gobierno local elaboró un informe en el que reconoce incidencias en la fase electrónica. Según el documento, 160 de los 6.747 votos emitidos —escasos teniendo en cuenta que podían votar más de 1,1 millón de personas—, fueron emitidos desde al menos 32 cuentas de correo electrónico “que parecían creadas expresamente para el proceso de participación”, reza el texto.

Cada correo podía ser utilizado para votar cinco veces, algo que se supo tras la queja de algunos candidatos. Para evitar la brecha digital, sobre todo de gente mayor, el sistema favorecía que una persona con los datos personales de otra votara por ella: Cualquier persona con acceso a una base de datos podría hacerlo masivamente sin que se pudiera verificar el consentimiento real tras el apoyo. El informe argumenta que era imposible saber a qué candidatura iban 160 apoyos cuestionados y que, al no ser vinculante, la última decisión la tenían los grupos. La propia Colau admitió que fue una “experiencia piloto”. La cuestión es que los partidos basaban su apoyo a la síndica Maria Assumpció Vilà en que había ganado la elección online y solo la CUP se fijó en que la diferencia entre la candidata ganadora y el segundo fue de 135 votos (dentro del margen de los 160 votos cuestionados), por lo que se abstuvo. Los candidatos a síndic, incluyendo la ganadora, se quejaron de la escasa publicidad del proceso, y el PSC propuso que la próxima consulta sí sea vinculante.

En julio se produjo la elección de los representantes del Instituto Municipal de Personas con Discapacidad, donde tenían derecho a sufragio 129.971 personas. Se presentaron diez candidaturas integradas por quince miembros, que podían ser elegidos por correo y por Internet previamente y presencialmente el día 2 en la sede del IMPD. La elección arrojó una participación de 2.130 personas, por debajo incluso de cifras anteriores. Este hecho, teniendo en cuenta que en esta ocasión el Consistorio sí organizó una campaña de publicidad institucional y que la población con discapacidad aumentó un 22%, enfadó a la organización que aglutina a las entidades que trabajan en este ámbito, Cocarmi. La entidad exigió un “cambio de modelo”. “La visión de la discapacidad tiene que estar presente de manera transversal en todas las líneas de acción política”, defendió.

En 2013, durante la etapa de Trias, el Gobierno planteó la posibilidad de consultar a los ciudadanos sobre si Barcelona debía presentarse como candidata a los Juegos de Invierno de 2026. El entonces alcalde convergente lo prometió pero la irrupción de Colau, abiertamente en contra, le hizo dudar de poder ganarla y no se celebró. El precedente de la consulta de la Diagonal todavía estaba demasiado cerca.

El uso de consultas entre partidos para defender posiciones contrarias y desgastarse políticamente es lo que critica Simona Levy, fundadora del grupo Xnet, que se dedica al estudio de la tecnopolítica y la transparencia. “La idea de la participación que hay detrás de las consultas suele ser maniqueísta. Se pide a la gente a bocajarro: ¿qué queréis? Hay que trabajar más en los cauces de información que en los de la participación”, explica. El Gobierno intenta trabajar en esta línea y pone como ejemplo la plataforma decidim.barcelona, en la que los ciudadanos hicieron propuestas sobre ámbitos muy próximos al Plan de Actuación Municipal que más tarde tumbó la oposición. Participaron 22.600 personas.

De cara a saber cómo será la de la AMI, el Ayuntamiento explica que un grupo de trabajo está determinando la metodología para regular las futuras consultas que quiere impulsar: “cómo se pueden hacer, cuáles y un calendario a seguir”. La alcaldesa quiere evitar a toda costa que vuelva a ser un fracaso en participación. Levy, antes que nada, recomienda evitar la desinformación que hubo con procesos como el de elección de la Síndica y destaca que, sí o sí, cualquier participación tiene que ser transparente.