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Fatuma, víctima de la ablación cuenta su lucha

La joven sufrió la mutilación genital de niña y dedica su vida a acabar con esta herencia que pasa de madres a hijas

Fatuma Ahmed Ali, activista contra la ablación. Ampliar foto
Fatuma Ahmed Ali, activista contra la ablación.

‘Twahara’ es el nombre que recibe la ablación en la tribu somalí de Fatuma. "Significa limpieza" comenta esta activista africana. "Para las mujeres de mi pueblo es el máximo símbolo que representa a la mujer: su virginidad". A ella y a su hermana les practicaron la ablación genital a los ocho años. Vivían en Nairobi y las mujeres de su familia se las llevaron al pueblo para la ceremonia. "No protestas porque es una fiesta donde se juntaba a todas las niñas y nos llevaban a una estancia aislada, las madres se turnaban para cuidarnos, las tías, todas las mujeres de la familia". Para Fatuma, fue una experiencia dolorosa. Recuerda que en su caso utilizaron una especie de herramienta tradicional de cortar y un emplasto vegetal para mitigar el dolor. "Te dicen que es una ceremonia muy importante y todas estábamos muy contentas". La mutilación de la parte más sensible del órgano sexual femenino cicatriza estrechando la vagina y así permanece hasta la boda, momento en el que hay que volver a un médico para que la abra.

Fatuma tuvo la suerte de poder estudiar y llegar a la universidad. Una vez roto el aislamiento familiar, empezó a ser consciente de que la ablación no era algo normal. "Yo conocía a otras musulmanas que no la habían sufrido y empiezas a preguntarte por qué se sigue con esa práctica faraónica". Pero romper con una tradición aberrante en solitario no es un trabajo fácil y Fatuma empezó a trabajar con la ONG Covaw, organización que lucha contra la mutilación femenina en algunos países de África.

"La ablación tiene un significado diferente para cada tribu, unos la vinculan a la religión, otros a la belleza. Para nosotros es parte del hecho de ser mujer. Sin ella, los hombres no te valoran para casarte porque es la prueba de que eres virgen. No hay dote. No tienes vida". Explica Fatuma. En Kenia, como en muchos otros países africanos, la mutilación femenina está prohibida. Las campañas de información y denuncia de los años 80 que sacaron a la luz las muertes por infecciones tuvieron una importante repercusión, "pero ahora estamos preocupados porque vemos que hay un aumento de casos. Las niñas son llevadas a hospitales donde se les practica con anestesia".

Fatuma es consciente de lo difícil que resulta cambiar una mentalidad que pasa de generación en generación. Esta activista comenta que su trabajo es más efectivo a pequeña escala. "Para las leyes están los gobiernos, yo trato de convencer a las mujeres de mi alrededor, a mis amigas". Uno de sus propósitos es conseguir que la ablación se sustituya por un símbolo menos agresivo para el cuerpo femenino, "algo parecido a lo que tienen los católicos y el traje blanco de las novias el día de la boda". Solo así, convenciendo a las mujeres jóvenes que son madres de niñas, es como Fatuma, que tiene una hija de un año, quiere romper la cadena de transmisión. “Si rompes una generación , rompes la cadena. Son las abuelas las que presionan para que las niñas cumplan con el ritual y hay que decir no y ser muy fuerte".

En la actualidad, Fatuma Ahmed Ali es profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Internacional USIU de Nairobi pero tiene una conexión especial con Castellón. Aquí llegó en 2001 con una beca y estableció unos lazos de amistad que aún perduran. Todos los años vuelve a la Universidad Jaume I como profesora del Master de Paz, Conflictos y Desarrollo del centro universitario.

Fue en una de esas estancias en Castellón cuando Teresa, su madre de acogida española y trabajadora del Hospital de La Plana en Villarreal, la puso en contacto con el doctor Manuel Fillol, jefe de Ginecología del hospital. "Después de una revisión me dijo que podía ayudarme con una cirugía reconstructiva. No me juzgó, no me hizo sentir incomoda, la psicología es importante". Y así Fatuma es una de las primeras mujeres en la Comunidad Valenciana a las que se les ha devuelto la posibilidad de una vida sexual y reproductiva normales.

La Consejería de Sanidad Valenciana extiende ahora la atención a estas mujeres y ha puesto en marcha el Protocolo de Actuación Sanitaria ante la Mutilación Genital Femenina. Se trata de un proyecto multidisciplinar en el que participan profesionales de ginecología, sexología y enfermería, pero también los servicios de pediatría de los centros de salud públicos, trabajadores sociales y asociaciones de inmigrantes procedentes de los países donde se practica la ablación genital. Según fuentes de la propia administración, en la Comunidad Valenciana podría haber más de 2.600 niñas en riesgo de sufrir esta mutilación cuando regresen a los países de origen de sus padres. El objetivo es detectar el riesgo y evitarlo. El plan incluye la posibilidad de hacer una reconstrucción genital a las mujeres adultas que ya la han sufrido. El Hospital Doctor Peset de Valencia es el centro público de referencia en la Comunidad Valenciana donde se realizan estas intervenciones.

Fatuma valora la iniciativa. “Nadie se atreve a hablar, es algo privado y aquí me he sentido libre para recuperar lo que había perdido” .

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