Dos pueblos sufren por el incremento del ruido de los aviones

El aumento del tráfico del aeropuerto Adolfo Suarez Madrid Barajas, un 8,6% en lo que va de año, enerva a los vecinos de San Fernando y Belvis del Jarama

Un avión en el cielo sobre San Fernando de Henares.
Un avión en el cielo sobre San Fernando de Henares.Santi Burgos

Es como un quejido profundo que se acerca. Alzas la cabeza y ves al avión alejarse con un estruendo que emana de su motor y que se mete en las entrañas: bruuuuuummm. Apenas tres minutos de paz y vuelta a empezar. El pasado martes, Aena publicó con orgullo los datos del aumento del tráfico registrado en los aeropuertos españoles durante los primeros seis meses del año respecto a 2015. El Adolfo Suárez Madrid Barajas fue líder con 23,61 millones de pasajeros, un 8,6% más que el año anterior, y un aumento de vuelos del 3,7%.

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Este incremento no ha pasado inadvertido para Paqui Ramírez, de 43 años, casada y madre de un niño de siete: “Es un ruido de fondo constante”. Paqui vive en la calle Cuenca, a la altura de la parada de Cercanías de San Fernando de Henares. “Si ponemos el aire acondicionado, no se oye tanto. Pero en verano, que es cuando hay más viajeros, no nos sienta bien dormir con el aire puesto; tenemos que abrir las ventanas”, dice esta vecina, cuya casa no está insonorizada. “La pausa dura solo unas horas de la noche. A las 5 de la mañana, arranca de nuevo. El ruido se mete en mis sueños y me acaba despertando. Es continuo”. De todos los pueblos afectados por la huella sonora del aeropuerta, dos han percibido un aumento del ruido. Uno es diminuto, la pedanía de Belvis del Jarama, con 280 habitantes. El otro, bastante más grande: San Fernando de Henares, con 40.188 habitantes. En este último, las reclamaciones de los vecinos empezaron a llegar hace un año.

Al recibir una queja de la Asociación de Vecinos Jarama, la técnico de medio ambiente de la población, Elena Moya, inició un estudio, en base a los datos del terminal de monitorización acústica. “Por las mañanas hay registros que superan los 64 decibelios (dB) en más de un 70% de los vuelos [Se estima que a partir de 55 (dB), el ruido es perjudicial para la salud]. Por las tardes ocurre en más de un 30% de las operaciones. Por las noches baja, pero se supera ese umbral de ruido en un 18% de los vuelos. En general, 2016 está pintando bastante mal”, concluye Moya.

La técnico cuenta que este año el aeropuerto ha aumentado la “configuración sur”, es decir, que los aviones despegan —maniobra que con la que más ruido generan— por el sur, aumentando las afecciones a San Fernando. “En 2014 hubo más días con configuración sur y el aumento del ruido no fue tanto. Queremos saber el por qué”, demanda Moya.

San Fernando de Henares terminó el estudio en abril y se pondrá a trabajar en el asunto en septiembre: “Estudiamos pedir una ampliación de la monitorización. Además tenemos que aliarnos con pueblos vecinos para negociar con Aena y que nuestra comunicación con ellos no sea tan desequilibrada”. Sin embargo, una llamada a los Ayuntamientos de Coslada, Torrejón de Ardoz y Mejorada del Campo desvela que ninguna de estas poblaciones ha registrado un aumento de quejas por el ruido. Solo en Torrejón, cuyo Ayuntamiento elevó una petición para que cesase el ruido y solicitó una compensación económica.

En Belvis del Jarama sí han notado el repunte de vuelos. “No paran de llegar quejas. Sobre todo a raíz de la sentencia por el caso del barrio de Santo Domingo”, dice Mario Barreras, alcalde de la pedanía. Con “lo del barrio de Santo Domingo”, se refiere al rifirrafe que mantiene esta urbanización de lujo de Algete con el presidente y consejero delegado de Aena, José Manuel Vargas. Hace diez días, Vargas declaró por no cumplir la sentencia del Supremo que le obligaba a reducir un 30% los vuelos en una de las cuatro pistas del aeropuerto, la denominada 18R/36L, desde donde despegan y aterrizan los vuelos transatlánticos. Hacerlo sería, en opinión del CEO, “un desastre económico”.

“Sufrimos un flujo constante de aviones sobrevolando nuestras cabezas”, continúa Barreras. “Las compañías han calculado cuánto se ahorran en combustible si incumplen su ruta. Cada 50 segundos tenemos que interrumpir la conversación, esperar a que pase el avión, y a los 50 segundos vuelta a empezar”. El aeropuerto niega que se incumplan las rutas aunque concede que podría deberse al aumento del tráfico registrado. Barajas facilita una aplicación con la que es fácil identificar a los aviones causantes del ruido y con la que se puede poner quejas concretas sobre cualquier aeronave. “Es otra vía que tenemos para presionar”, recuerda Elena Moya, “y nos ayudaría más si la practicaran todos los vecinos. El problema es que pocos lo hacen”.

Sobre la firma

Carmen Pérez-Lanzac

Redactora. Coordina las entrevistas y las prepublicaciones del suplemento 'Ideas', EL PAÍS. Antes ha cubierto temas sociales y entrevistado a personalidades de la cultura. Es licenciada en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid y Máster de Periodismo de El País. German Marshall Fellow.

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