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OPINIÓN

Falsa segunda vuelta

En los cuatro meses y medio que han transcurrido desde el 20-D han aparecido factores nuevos que modifican el escenario político

Se acabaron las frases condicionales o hipotéticas y los circunloquios del tipo “en el caso de que haya que acudir de nuevo a las urnas”...: habrá que hacerlo, estamos convocados otra vez a unas elecciones generales para el próximo 26 de junio. Pero, contra lo que quieren los tópicos y tratan de vender algunos partidos, no serán ni una repetición ni una segunda vuelta del pasado 20-D. Si Heráclito ya sentenció hace 2.500 años que uno no puede bañarse dos veces en el mismo río, tampoco puede presentarse dos veces a unas mismas elecciones. Porque no son las mismas, aunque lo sean los cabezas de cartel, los programas y los discursos.

En los cuatro meses y medio transcurridos desde la cita electoral de diciembre, una serie de elementos y factores nuevos se han hecho presentes sobre el escenario político, modificándolo de modo quizá no espectacular, pero sí significativo. Por ejemplo: para Pedro Sánchez, el 20-D constituyó la primera oportunidad de poner a prueba su liderazgo; sólo medio año después, el 26-J va a ser la última. Todo el mundo sabe que, si en julio tampoco consigue formar gobierno, más todavía si el PSOE cayese a tercera fuerza por detrás de Podemos-IU y asociados, los poderes fácticos de su partido le darán por amortizado, y Susana Díaz ya tiene pensado como va a redecorar el despacho más noble de la sede de Ferraz.

Por otra parte, y aunque ahora ambos firmantes lo den por caducado, el Acuerdo para un gobierno reformista y de progreso entre el PSOE y Ciudadanos ha existido, ocupa 67 páginas que pueden ser un filón de argumentos arrojadizos para la próxima campaña y no gustó a todo el mundo, ni entre los votantes socialistas ni entre los del partido naranja. Tras haberlo suscrito solemnemente y mantenido en vigor durante casi 70 días, ¿podrán Sánchez y Rivera debatir y discrepar esta primavera como lo hicieron el pasado otoño?

Y es que —he aquí otra novedad relevante— Ciudadanos ha perdido la virginidad con que compareció ante el electorado el 20-D. Si los comicios autonómicos y municipales de mayo de 2015 le permitieron salvaguardar la imagen de equidistancia y centrismo, aquello que un Rajoy sarcástico comparó con el Pacto de los Toros de Guisando ha asociado a C's con el PSOE, y eso tendrá repercusiones en las urnas, ya sean negativas o positivas. Encima, diversas noticias sobre irregularidades financieras alrededor del partido de Rivera han enturbiado su aureola de pureza e incorruptibilidad, complicándole la campaña de cara al 26-J.

Tampoco Podemos afronta la cita electoral de junio en condiciones idénticas a las de diciembre. De un lado, tiene el reto de vertebrar de forma eficaz y creíble un acuerdo con Izquierda Unida-Unidad Popular. Del otro, y tras haber verificado el éxito de sus “confluencias” en Cataluña, Valencia y Galicia, debe profundizar esas fórmulas; esto es, infundirles la misma o mayor credibilidad y hacer posible que tengan grupos parlamentarios propios..., sin perjudicar la imagen de Pablo Iglesias como líder estatal, ni la aspiración a erigirse en segunda fuerza del Congreso, sólo por detrás del PP. Frente a tales complejidades internas, resisitir la hostilidad del discurso dominante será una empresa menor.

En este rápido repaso, se diría que es el Partido Popular el que pone rumbo a las nuevas elecciones en circunstancias más iguales a las del pasado diciembre. Pero no hay que fiarse de las apariencias. A diferencia de entonces, Rajoy sabe ahora que en junio quema su último cartucho; que, o gana y gobierna, o la presión endógena hará saltar la tapa de la olla.

Los electores, por su parte, conocen la incapacidad del pontevedrés para gestionar una mayoría minoritaria de 123 escaños sobre 350; han constatado la soledad del presidente en funciones, incompatible con Rivera, inconciliable con Sánchez, impotente para sumar ningún aliado en 134 días de impasse. Pese al discurso oficial y a los sondeos, hay inquietud en Moncloa y en Génova 13. De otro modo, no se entendería que todo un director general de la Policía, Ignacio Cosidó, tache a Podemos de “amenaza a nuestra democracia” e identifique a los de Pablo Iglesias con ETA..., ante el mudo asentimiento del ministro Fernández Díaz.

En fin, existe otra diferencia entre el 20-D y el 26-J: entonces, el proceso catalán estaba embarrancado; hoy, moviéndose entre escollos, pero la nave va.

Joan Culla i Clarà es historiador.