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Gil de Biedma, envolvente

Una exposición en el Arts Santa Mònica recoge registros sonoros de su poesía y una proyección sobre su vida

aime Gil de Biedma en una imagen de la proyección en el Arts Santa Mònica.
aime Gil de Biedma en una imagen de la proyección en el Arts Santa Mònica.

Una sala del Arts Santa Mònica, completamente blanca, casi desnuda y con ventanales de un rojo subido acoge al visitante de la exposición En palabras de Jaime Gil de Biedma. Una muestra en la que más que ver, se trata de escuchar al poeta recitando sus propios versos. A modo de diálogo de poemas y de reflexiones en torno a la poética, la voz del actor Carlos Reyes, se intercala con los registros sonoros del propio poeta. “Es pasión por el oficio” se oye de uno de los altavoces, “poesía es esa sensación de placer”, replica otro. La muestra está comisariada por Inés García-Albi Gil de Biedma, periodista, escritora y sobrina del poeta, que la ha promovido en el 25 aniversario de la muerte del que fue una de las principales figuras de la Generación del 50. “Él hablaba de la poesía como un acto individual de lectura y daba muchísima importancia a la musicalidad de la palabra, del hecho mismo de narrarla en voz alta”, cuenta la comisaria que hace cinco años realizó el documental Jaime Gil de Biedma. Retrato de un poetaen Televisión Española.

En los registros sonoros, las voces del poeta y del actor se suceden, se intercalan, hasta producir algo parecido a un eco que puede dejar un tanto perplejo al visitante. “Podríamos decir que el resultado es una coreografía de palabras”, resume García-Albi que pensó la exposición deliberadamente minimalista para que el objeto de concentración fuera, inequívocamente, la voz. En el Espai Balcó, la sala donde se podrá visitar la muestra hasta el 25 de octubre, no hay fotografías, ni libros ni tampoco algún objeto personal del poeta, como sí los hubo en anteriores exposiciones.

Seis altavoces reproducen los poemas y el diálogo imaginario entre las reflexiones y anotaciones de Gil de Biedma y el actor, su otro yo: “Reyes pone la voz a poemas y textos de los que no había registro sonoro”, apunta la comisaria. Respecto al vivo color rojo de las ventanas puntualiza que tiene que ver con el útero pero también con los burdeles y la noche. A un paso La Rambla, paseo bien conocido por el poeta.

Andreu Jaume, editor de los diarios inéditos de Gil de Biedma que publicará Lumen este otoño, ha colaborado como asesor literario de la muestra del Arts Santa Mònica que está dividida en tres ámbitos: el del contexto histórico — en una de las paredes se puede leer el poema Noche triste de Octubre, 1959, dedicado a Juan Marsé, uno de los escritores/amigo de Gil de Biedma— , el dedicado a la Biografía Sonora y el ámbito Influencias. Cada uno de esas partes se explica, de nuevo, con registros sonoros a través de auriculares. El del contexto histórico con cortes de radio y reproducción de informaciones de hechos importantes a lo largo de la vida del poeta, que nació y murió en Barcelona (1929-1990); el ámbito de la biografía con las músicas que le acompañaron y le gustaban especialmente, desde jazz a la copla La Bien Pagá y en el de Influencias, son las voces de sus poetas de cabecera las que se pueden oír, como es el caso de T.S. Eliot, o la lectura de las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique.

En Apuntes para una autobiografía, el audiovisual que completa la exposición en una pequeña sala anexa, Gil de Biedma da las claves de su vida. A los tres años, la familia del poeta se trasladó a la finca que tenían en Nava de la Asunción (Segovia) y es a esa etapa, la de la infancia, a la que recurre repetidas veces en la proyección: “fueron los años felices, nací en una familia bastante rica con veraneos eternos”. La vuelta a Barcelona después de la guerra —”mis ideas sobre la guerra cambiaron mucho tiempo después”, dice— y el despertar a la poesía, cuando ya estudiaba Bachillerato. Su viaje a Filipinas para completar su formación— estudió Derecho en Barcelona y Salamanca— y su faceta profesional en una empresa comercial. Habla Gil de Biedma en la proyección de su “mala conciencia burguesa” y hasta de cierto “resentimiento” hacia la clase social de la que formaba parte.

Su preocupación por el paso del tiempo está presente en la filmación, al igual que en sus versos: “Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”, del poema No volveré a ser joven, se lee en una de las paredes de la muestra.

Las desigualdades sociales — las imágenes de los emigrantes de Murcia que llegaban a la estación de Francia con maletas al hombro y rostros agotados resultan impactantes en este momento— una visita de Franco a Barcelona, la crítica al mal gobierno y a la España de la corrupción —contextualizada con episodios de su época, como el recientemente fallecido José María Ruiz Mateos, y otros escándalos más recientes, desde el caso Bárcenas a Jordi Pujol— se enlazan en la proyección con su yo más personal y emotivo: “me defino como un cachondo sentimental. Yo no puedo ir a la cama sin estar enamorado”, reconoce el poeta.

La exposición del Arts Santa Mònica se podrá ver posteriormente en la Biblioteca Nacional, allí completada con la exhibición de algunos libros, según puntualizó el director de actividades culturales del centro, Carlos Alberdi. Y en el mismo Santa Mònica se celebrara un simposium sobre el poeta el 9 de noviembre, en el que participarán personajes que le trataron, como Carme Riera o Pere Gimferrer, y también se presentarán sus diarios inéditos.