El independentismo no vende en la Comunidad Valenciana

El Gobierno de Ximo Puig apuesta por una estrategia de diálogo y "valencianismo"

El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y la vicepresidenta, Mònica Oltra.
El presidente de la Generalitat, Ximo Puig, y la vicepresidenta, Mònica Oltra.Mónica Torres

Que la mayoría de los valencianos rechaza el independentismo es ahora evidente para los dirigentes de la coalición de Gobierno formada por socialistas y Compromís. Pero no siempre ha sido así. De hecho, los nacionalistas no accedieron al poder hasta que no se alejaron de las tesis que los sucesivos Gobiernos catalanes han pretendido introducir desde siempre en la Comunidad Valenciana; que era y es, como ha demostrado el consejero de Justicia, Germà Gordó, la pertenencia a un territorio, el de los Países Catalanes.

Tal empeño dio como resultado que el Partido Popular valenciano jugara esa baza política que contribuyó a mantenerlo en el poder más de 20 años. Y por eso, su reciente presidenta, Isabel Bonig, azuza de nuevo el debate con el ánimo de que le dé el resultado de antaño. “20 años después volvemos a hablar de problema identitario, algo que ocurre cuando gobiernan los socialistas”, insistió ayer la parlamentaria.

Sin embargo, el Gobierno valenciano, ha aprendido la lección. Nada de independentismo ni soberanismo. “Somos valencianistas”, dicen todos sus dirigentes. La estrategia del ejecutivo que dirige el socialista, Ximo Puig, como presidente, y Mònica Oltra, de Compromís, como vicepresidenta y portavoz, pasa por observar el proceso catalán con respeto y diálogo, pero sin apoyo.

Ambos políticos son partidarios de un Estado federalista, “sin centralismos ni independentismo”. “En la comunidad no hay pulsión soberanista, nadie la siente ni la expresa. Todo lo contrario”, destacó ayer Puig, cuya máxima preocupación se centra en conseguir un nuevo modelo de financiación.

Aunque hay excepciones como la del eurodiputado de Compromís, Jordi Sebastià, que se queja en un reciente artículo de la indiferencia de los valencianos ante el proceso catalán. Una indiferencia que aduce al miedo “a abrir el debate que las fuerzas españolistas se obstinaron en impedir durante la desgraciada y miserable transición valenciana”.

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