Los negocios públicos de la familia Sumarroca

Las filiales del grupo, creado por uno de los fundadores de Convergència, han estado siempre entre las principales adjudicatarias de obra pública de la Generalitat

Jorge Miarnau (izq.) con Carles Sumarroca, en 2009.
Jorge Miarnau (izq.) con Carles Sumarroca, en 2009.CONSUELO BAUTISTA

La actividad empresarial de los Sumarroca arranca hace poco más de medio siglo con el nacimiento de dos empresas que constituirán el tronco de los negocios de la familia: Emte y Teyco. La primera se dedicaba a las instalaciones eléctricas, mientras que se la segunda se especializó en la construcción y la ingeniería. “Cogimos un local realquilado y para hacer el primer banco de trabajo fuimos a comprar los tablones en una carpintería. Como no podíamos ni pagar un triciclo para llevar las maderas, íbamos por la calle uno delante del otro cargándolas en la espalda”, relataba Carles Sumarroca Coixet, el padre del grupo empresarial, al periodista Francesc Canosa en Capitans d’Indústria.

La familia Sumarroca pronto dejaría atrás esas estrecheces. Sus negocios se han ido expandiendo hoy a las infraestructuras, la gestión de equipamientos o residuos, los hoteles, la energía eólica e incluso de vino y cava. Pero el apellido está, además, estrechamente vinculado a Convergència. Sumarroca Coixet fue fundador del partido y amigo de varios de sus dirigentes, entre ellos Jordi Pujol. La familia formó parte de proyectos vinculados con el mundo nacionalista, como el periódico El Correo Catalán, la patronal empresarial Femcat o el proyecto de Spanair.

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Las relaciones empresariales de los Sumarroca con los gobiernos de CiU siempre fueron estrechas, hasta el punto de ser el centro de varias adjudicaciones polémicas. Era raro el año en el que sus compañías no constaban entre las principales adjudicatarias de la obra pública del Ejecutivo catalán. El grupo fue objeto de polémica en la adjudicación del Hospital General de Cataluña a principios de la década pasada o el controvertido mapa eólico que intentó impulsar el tripartito.

Pero fue después del célebre “3%” que denunció —y luego se envainó— el expresidente Pasqual Maragall cuando saltaron a luz presuntas irregularidades de la empresa pública de vivienda Adigsa en obras asignadas a Teyco sin contrato. Para hacerlo, se empleaba el mecanismo de los “reformados”, es decir, los añadidos de obras que disparaban la factura para el contribuyente. En los años en los que se dieron esas desviaciones —advertidas posteriormente por la Sindicatura de Cuentas— las empresas de la familia constaban entre las principales donantes de la Fundación Trias Fargas, hoy rebautizada como Catdem y vinculada a CDC.

Las compañías no escaparon de la crisis y sufrieron la drástica caída de la adjudicación de la contratación pública por los planes de austeridad. Emte, pilotada por Carles Sumarroca Claverol, se fusionó en 2009 con Comsa, propiedad de la familia Miarnau, con la que ya había realizado varios proyectos. Esa unión alumbró el octavo grupo de infraestructuras y construcción. Teyco vio cómo su facturación caía en picado, ante lo cual deshacía sus alianzas inmobiliarias con la CAM y Banco de Valencia y salía a buscar proyectos en América Latina. A pesar de aprovechar la apertura de los mercados, Jordi Sumarroca abogaba por el proteccionismo empresarial en Cataluña.

No siempre los Sumarroca han estado en negocios igual exitosos. Carles Sumarroca Coixet era socio de la empresa de curtidos Tipel, cuyo accionariado estaba controlado por la familia de Lluís Prenafeta, exconsejero de Presidencia de la Generalitat y en la que trabajó el actual presidente Artur Mas. El proyecto hizo aguas y la empresa terminó quebrando.

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