Vuelven los ‘soviets’

La crisis resucita las asociaciones de vecinos, que nacieron en el franquismo y perdieron fuerza después de la Transición

Asociación de Vecinos de Carabanchel Alto plantan árboles en 2012.
Asociación de Vecinos de Carabanchel Alto plantan árboles en 2012.santi burgos

En el barrio de San Fermín (Usera) llevan desde 2008 esperando la construcción de una biblioteca municipal que fue aprobada por el Ayuntamiento aquel año. Los vecinos de Opañel piden un polideportivo en la parcela anexa a la parroquia de Santa Catalina Labouré. En Entrevías 200 familias acaban de conseguir que se les abone el 40% de las subvenciones para la rehabilitación del barrio que se les adeudaban...

Todo lo anterior es una muestra de las pequeñas luchas que surgen en los barrios de Madrid, y que son tramitadas por las asociaciones de vecinos y su federación regional, la FRAVM, que agrupa a 260 de ellas. El movimiento vecinal tiene una larga historia de lucha que se ancla en los años sesenta, en plena dictadura, y que al calor de la crisis y el 15-M, ha recobrado fuelle unido con otro tipo de movimientos reivindicativos. Tanto es así que Nacho Murgui, número dos de Manuela Carmena en la candidatura de Ahora Madrid, viene de ser presidente de la FRAVM desde 2007, lo que hace pensar que el nuevo Ayuntamiento tendrá a los barrios en especial consideración. Quizás hasta el punto de crear “soviets”, como dijo Esperanza Aguirre.

Una ciudad dividida por la mitad en equipos y servicios

Cada barrio tiene sus problemas, muchas veces relacionados con el equipamiento y los servicios, pero para ver la situación de manera global tal vez haya que fijarse en la desigualdad territorial entre las diferentes zonas del municipio.

Los distritos más ricos son los que se disponen al norte y al oeste de la región, como una imagen especular de los más pobres, situados en el sur y el este. En el distrito de Salamanca la tasa de paro es del 9,7%, mientras que en Villaverde es del 22,14%, según datos del Ayuntamiento. En Usera solo un 6,5% es licenciado universitario, contra un 32% en Chamberí. La esperanza de vida es casi dos años mayor en Retiro que en Puente de Vallecas. Exceptuando el distrito Centro y Tetuán, la mayor parte de la inmigración se concentra en el sur de la ciudad.

“La lucha vecinal logró que en los años ochenta se equiparasen las infraestructuras entre unos barrios y otros”, explica Emmanuel Rodríguez, miembro del Observatorio Metropolitano. “Sin embargo, a partir de los noventa volvió a crecer la desigualdad. Para comprobarlo basta con pasearse por el barrio de Salamanca y luego por Villaverde. Para reducir la desigualdad hace falta inversión, pero también que haya presión para articular estas demandas, incluso con el cambio político en el Ayuntamiento”.

Después de las últimas elecciones, estas diferencias socioeconómicas se han hecho patentes en los resultados electorales y Madrid se convierte en un trasunto de las dos Españas. Una clara línea divisoria delimita el norte, donde ha ganado el PP, a partir de Chamberí, Salamanca o Retiro, y el sur (con el distrito Centro incluido), donde sin excepción ha triunfado Ahora Madrid. En Vallecas, Carmena ganó con un 42% de los votos, y con un 34% en Carabanchel. En el otro lado, el PP arrasó en su feudo tradicional del barrio de Salamanca (con un 52%) o Moncloa (con un 44%). Los dos madriles.

“Es necesario mejorar los equipamientos, hacer un plan de emergencia para los colectivos más castigados y es muy importante escuchar la voz de los ciudadanos, hacer un gobierno municipal más participativo”, explica Vicente Pérez, presidente de FRAVM.

Con este fin, el de la participación, el Ayuntamiento ha desarrollado varias iniciativas. Según informa la dirección general de Participación la ciudadanía, participa a través los consejos territoriales en los distritos, en consejos sectoriales (con áreas como empleo o servicios sociales), o a través de una primera fase de presupuestos participativos de 933 millones de euros. “La mayor participación es una propuesta que llevamos todos los partidos, porque es una demanda actual y creo que es positiva. Aunque se han hecho avances es cierto que todavía se pueden mejorar las cosas”, dice José Fernández, director general de Participación del Ayuntamiento.

“Las juntas de distrito han ido perdiendo mucha capacidad operativa que han asumido las concejalías centrales”, se queja Víctor Renes presidente de la Asociación de Vecinos del barrio de San Fermín, con más de 20 años de lucha vecinal a sus espaldas.

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¿Cómo será la relación del nuevo Ayuntamiento con los vecinos? Nacho Murgui afirma que hay que cambiar el papel de las juntas municipales y sus consejos territoriales, descentralizar el poder.

“Los consejos territoriales están muy burocratizados y ocurre el fenómeno de la parlamentarización: en vez de ser un cauce para los vecinos, son escenario de contienda política”, dice Murgui. “Es muy difícil que una propuesta de una junta cumpla su principal aspiración: ser discutida en el pleno”. En Ahora Madrid quieren, además, mejorar los citados planes de barrio, que consideran insuficientes, y ocuparse del equipamiento y las situaciones de emergencia social.

Luces y sombras

Durante la Transición muchos líderes vecinales entraron en las Administraciones y acabaron decepcionando a los que habían sido sus compañeros. ¿Puede suceder lo mismo ahora?

“La situación es diferente”, dice Murgui. “Hoy en día la ciudadanía está más decidida a fiscalizar la actuación de los que están en las Administraciones”.

“Ahora las asociaciones de vecinos tenemos que preocuparnos por más cosas que los equipamientos del barrio”, dice Renes. “La crisis ha dejado a muchas familias en situación de precariedad, sin recursos, a las que hay que cuidar. Además, tenemos que estar atentos a las políticas estatales, porque nos afectan cuando recortan en servicios públicos como sanidad o educación, a los que somos muy sensibles en estos barrios”.

Las asociaciones de vecinos surgieron en los años sesenta. El sur y el este de la ciudad comenzaron a industrializarse mientras masas de trabajadores inmigrantes se instalan en esos barrios. Entre 1964 y 1975 Madrid creció en un millón y medio de habitantes; muchos de ellos vivían en condiciones tercermundistas: barrizales sin asfaltar en vez de calles, chabolas, falta de electricidad, alcantarillado, agua corriente o transporte público. Para muchos, las asociaciones fueron su primera experiencia democrática, una escuela de ciudadanía que reunía desde militantes de izquierda o extrema izquierda hasta elementos del movimiento católico de base. Su lucha consiguió en buena medida adecentar los barrios.

“El movimiento ciudadano madrileño de los años 70 es una referencia en la historia de los movimientos sociales urbanos del mundo”, escribe el sociólogo Manuel Castells en el libro colectivo Memoria ciudadana y movimiento vecinal (Catarata).

Con la llegada de la democracia, la satisfacción por los triunfos conseguidos y la marcha de muchos líderes vecinales a las Administraciones, el movimiento perdió la fuerza que ahora recupera.

Curiosamente, hoy y salvando las distancias, algunos PAU viven una situación que recuerda a la de los sesenta: barrios recién construidos faltos de equipamientos por los que hay que luchar. Enrique Villalobos es el presidente de la activa asociación de vecinos del PAU de Vallecas, que reúne a unas 5.000 personas: “Es muy significativo que mires las fotos de los viejos movimientos vecinales, de esos barrios de los que procedemos muchos de nosotros, y que lo que se leía en las pancartas de nuestros mayores sea lo mismo que se lee ahora en las nuestras”.

Sobre la firma

Sergio C. Fanjul

Sergio C. Fanjul (Oviedo, 1980) es licenciado en Astrofísica y Máster en Periodismo. Tiene varios libros publicados y premios como el Paco Rabal de Periodismo Cultural o el Pablo García Baena de Poesía. Es profesor de escritura, guionista de TV, radiofonista en Poesía o Barbarie y performer poético. Desde 2009 firma columnas y artículos en El País.

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