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Diario de un ‘insomne’ escéptico y sentimental

Valentí Puig publica ‘Dones que dormen’, cuarta entrega de sus celebradas memorias

El escritor y periodista Valentí Puig.
El escritor y periodista Valentí Puig.

La tensión era alta en las filas del congreso de la UCD en el Auditòrium de Palma de Mallorca en febrero de 1981 porque ocho días antes había dimitido Adolfo Suárez. Barco, sin patrón, a la deriva. Medianoche a la espera del resultado de una comisión. “Tothom estava molt nerviós, impacient, hostil". El bar estaba cerrado pero de golpe alguien saltó la barra y forzó el frigorífico. Efecto mimético: “Pares de la pàtria, diputats cuneros, periodistes, regidors de capital i de poble, legisladors i alcaldes, militants de tropa, tothom va apuntar-se a la barra lliure, amb efectes de plaga bíblica. Saltaven la barra com llagosts, obrien els frigorífics, destapaven ampolles. Després del vertigen polític, l'estampida nocturna”. La tensión cedió cuando todos quedaron saciados. “Però semblava clar que, si hagués entrat algú per saber com havia succeït l'assalt al bar, tots hauríem mirat cap a un altre costat”.

El cronista del episodio (“aquello de UCD es como una premonición cainita de lo que le pasa hoy al PP”, comenta ahora) es el escritor y periodista Valentí Puig (Palma de Mallorca, 1949) que, escéptico que no cínico, lo rememora seis años después en el que por ahora es su último diario, Dones que dormen (Proa), que compendia el periodo 1986-1990 y que acaba de aparecer. Es aquí un hombre mucho más asentado como autor y como persona que el que aparecía en su dietario anterior, de 1985, de título definitorio, Rates al jardí (2011), y que va completando un celebrado por la crítica friso memorialístico que incluye Bosc endins (1982, con el que debutó en prosa, sobre los años 70) y Matèria obscura (1991, del periodo 1980-1984).

Puig, de 38 años, acababa de publicar entonces Complot (1986) y, sobre todo, Somni Delta, con el que obtiene el Ramon Llull 1987. “No sé si el premi —ben dotat econòmicament— em pot servir per trencar la barrera d'inèrcies ultraminoritàries. Trobar lectors, aquesta és la qüestió. I fer-se un caràcter com més aliè millor”, escribe. La frase final da el tono de un diario que, como los otros, surge de las notas que disciplinadamente toma cada noche y que, “evitando la tentación de retocar”, elabora “eliminando más que añadiendo, buscando la prosa corta y sólo camuflando los nombres reales de los protagonistas”, admite hoy su autor. Confiesa que hubo un momento máximo de esa posible acción impura: cuando recuerda la propuesta de Federico Jiménez Losantos de comer con un emergente en política José María Aznar. “Me pareció miedoso, arisco, tímido… Y me dijo una frase que, vista desde hoy…: “Lo que yo no seré es la puta de Convergència”.

La última entrega

de los dietarios

compendia el periodo 1986-1990

La estructura de Dones que dormen (título que juega con el Dones que fumen, su debut narrativo en 1983) parece fruto de esa liofilización en la que, apenas separada por una línea en blanco, Puig comenta “la vida de cada día”; por ejemplo, muchos episodios de política internacional, como el desmoronamiento de la URSS y el papel de Gorbachov y Reagan; la irrupción de Jomeini, falsa esperanza de la izquierda que le veía las gracias como contrapartida al Sha, o la campaña de la OTAN de Felipe González. “Había muchas cosas en juego entonces en el mundo”, justifica el autor la presencia de personajes y circunstancias de ese calibre.

Sin solución de continuidad, a fragmentos de ese corte le puede seguir apenas un aforismo. “La gran riquesa és no necessitar ningú, que a la vegada és una forma d'inútil pobresa moral", reza uno. “Quan sospites, encertes; quan confies, t'erres. Però, al capdavall, és millor encertar o equivocar-se?”; “El pitjor que es pot dir: 'Ja t'ho havia dit”.

No todos son de filosofía vital: “És característic de la democràcia que la gent se'n cansi”. Y formulada así una aseveración de tal dureza, tres líneas después aparece el “padrí Puig”, breve pero intenso perfil de su adusto abuelo, no exento de sentimiento y lírica, de alguna manera como los momentos dedicados a un perro que adopta para salvarle del crematorio o cuando “miro cambiar el color de la montaña”, como los resume; o los diversos retazos nacidos de sus viajes (EEUU, Londres…) y que “dan esmalte al libro”.

La literatura es otro tema recurrente. Quien a finales de los años 60 decidió tirar toda su poesía escrita hasta entonces “en una papelera de la ronda de Sant Antoni de Barcelona”, recuerda con traumática exactitud, porque creía que “era imposible hacerla sin haber escrito prosa antes”, se plantea en 1987, en plena particular fiebre nabokoviana, que “no sé si escriuré més poemes perquè potser és millor que les imatges de la poesia entrin per la porta de les novel·les. L'osmosi increïble de la novel·la”. Estrictamente sobre el género de los diarios, sale reforzado el Journal de los hermanos Goncourt, si bien admite hoy Puig que “me gustaría estar entre Jules Renard y Robert Musil” (del que lamenta que alguien le robara entonces su ejemplar de El hombre sin atributos).

Un Aznar joven le

aseguró: “Lo que yo

no seré es la

puta de Convergència”

Cree el autor del ensayo L'home de l'abric que el influjo de Josep Pla en su estilo es “evidente” pero que ha buscado también “la riqueza léxica y la musicalidad poética de la lengua mallorquina”, que igual pone al servicio de las notas que toma de sus sueños más peculiares como también de la ideología política que subyace en todo el diario, un “conservadurismo moderado, que busca el bien común y cierta regeneración”.

“Soy un personaje secundario y un escritor menor”, concluye Puig, una aseveración que caería en la falsa modestia si no la matizara: “entendido en el sentido anglosajón: las literaturas inglesa y francesa tienen un gran sustrato en esos escritores menores”. Por cosas así, como rezuma todo Dones que dormen, asoma el escritor más íntimo: “Aún soy el tímido niño con gafas de la última fila de clase… Nos pervertimos, pero no cambiamos”, dice.

Pero la clave íntima de la persona y el escritor está en lo que deja constancia en el diario: “La llibertat és la diferència. És en l'autenticitat de la diferència on té raó de ser l'individualisme. Jaspers, tan oblidat, diu que ser és ser diferent”.