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El sonido de los objetos que no suenan

Arts Santa Mònica exhibe las máquinas sonoras del grupo CaboSanRoque

Uno de los instrumentos musicales creados por CaboSanRoque que se pueden ver en el Arts Santa Mònica de Barcelona.
Uno de los instrumentos musicales creados por CaboSanRoque que se pueden ver en el Arts Santa Mònica de Barcelona.

Máscaras de esgrima que emiten sonidos al compás de unos metros plegables, una calavera de vaca animada que suena, recipientes de cristales antiguos y modernos que aprovechan las reverberaciones del agua, grandes conchas equipadas con percutores de batería, un cuarteto de ollas... Son algunos de los asombrosos artefactos musicales que pueblan esa especie de laboratorio del doctor Mabuse de los sonidos, que es la instalación de CaboSanRoque en el centro Arts Santa Mònica.

Fundado en 2001 por la ingeniera industrial Laia Torrents (Barcelona, 1976) y el arquitecto Roger Aixut (Barcelona, 1975) y bautizado con el nombre de un viejo transatlántico, el colectivo musical CaboSanRoque se dio a conocer por introducir en sus conciertos instrumentos inéditos creados por ellos con objetos encontrados. “Nada que ver con el reciclaje, no se trata de dar nuevo uso a los desechos, sino de buscar y hallar los elementos concretos que necesitamos para producir un determinado sonido”, explicaron Torrents y Aixut ayer, durante la presentación de la muestra La Cobla Patafísica 2015 - 2001, abierta en el Santa Mònica hasta el 12 de abril, de las que son comisarios junto con Moisés Puente.

La exposición recorre 14 años de trayectoria del colectivo, que ha contado con numerosas colaboraciones, a través de veinte instrumentos y treinta máquinas sonoras, incluida Los árboles aullaron, una instalación realizada en 2012 para la Fonoteca Nacional de México, que se exhibe en Europa por primera vez.

El público puede disfrutar del aspecto estético y formal de las obras gracias a las fotografías de Inga Knölke, acompañadas por un ingenioso poema de 99 versos a manera de prólogo del escritor Pablo Martín Sánchez, conocido por la novela El anarquista que se llamaba como yo.

Los músicos actuarán con sus ‘cómplices’ Carles Santos o Comelade

Para la comprensión de los extraños artefactos también resulta muy útil un ensayo fascinante en el cual el escritor, compositor y músico Víctor Nubla realiza una relación de “los objetos encontrados en la bodega de la nave espacial CaboSanRoque, encontrada a la deriva en el cuadrante húmedo de la galaxia por el Instituto Cosmológico de la Historia de la Tecnología, que se encarga de la clasificación universal de la maquinaria”. Tras esa introducción, se penetra en la penumbra del sancta sanctorum de CaboSanRoque, una instalación sonora que rodea literalmente el visitante, donde la última noche de la exposición se realizará un concierto mecánico sin intérpretes humanos.

“Todas las piezas responden a tres conceptos básicos: la física de los sonidos, la metafísica de los objetos, es decir, las memorias que les dejaron sus vidas pasadas y finalmente la patafísica, como ciencia de lo excepcional y de las soluciones imaginarias”, explican. Nacida en Francia en la segunda mitad del XX, de la pluma del dramaturgo Alfred Jarry, la patafísica es una pseudociencia entre la verdad y la parodia, que plantea un universo donde la excepción es la regla. “La patafísica es una forma de mirar el mundo siempre con un punto de humor”, concluyen Torrents y Aixut, que durante la muestra realizarán una serie de conciertos, junto con algunos de sus cómplices habituales como Carles Santos, Pascal Comelade, Pierre Bastien y Truna.