“No tenemos la sensación de pertenecer a un grupo mafioso”

Los estibadores usan su poder negociador para conservar sueldos de hasta 120.000 euros. El puerto de Valencia cree que el coste compromete su futuro

Óscar Martínez, presidente del comité de empresa de <CW-20>la Sociedad de Estiba de Valencia.
Óscar Martínez, presidente del comité de empresa de <CW-20>la Sociedad de Estiba de Valencia. JOSÉ JORDÁN

Los vientos han cambiado en el puerto de Valencia. Después de una década dorada con crecimientos anuales de dos dígitos, la crisis económica, la sobrecapacidad de puertos en el Mediterráneo y la madurez del negocio han cambiado la tendencia. El año pasado el tráfico cayó ligeramente. Y en 2014, tras un mal comienzo, el puerto lucha por mantener ese nivel. Se acabó crecer al 10% o 15%. La expectativa ahora de la Autoridad Portuaria es que si todo va bien los crecimientos se sitúen en torno al 5%. En ese contexto, las miradas se dirigen hacia los estibadores. Un colectivo relativamente pequeño, 1.300 trabajadores, con un altísimo poder y sueldos que alcanzan los 120.000 euros al año. Un nivel salarial que está a punto de quedar blindado en un nuevo convenio laboral (el vigente es de 1995). En la Autoridad Portuaria piensan que tales costes comprometen el futuro del puerto a largo plazo.

Los estibadores son los únicos que pueden cargar y descargar mercancías de los buques. 4,5 millones de contenedores al año en Valencia. Y una fuente de la Autoridad Portuaria describe así su poder. “Debido a la previsión legal de exclusividad, las empresas están obligadas a contratar a los estibadores entre los 1.300 que en Valencia están vinculados a la Sociedad de Estiba (Sevasa-Sagep). Por eso tienen tanta fuerza. En un entorno de conflicto ellos calculan que un día de paro supone, pongamos, una pérdida de 500.000 euros para las empresas que gestionan las terminales. Si piden una mejora de condiciones que implica elevar los costes 1,5 millones de euros, al cuarto día de paro a las empresas les sale más caro seguir negándose a aceptar la petición que concederla. Por eso han ido cediendo a lo largo de los años y los estibadores han ido aumentando o manteniendo sus posiciones”.

Cuatro generaciones en el muelle

I. ZAFRA

El mundo de la estiba tiene fama de ser corporativo, cerrado y abundante en lazos familiares. El presidente del comité de empresa, Óscar Martínez (Valencia, 1962) es hijo y nieto de estibadores. La línea ininterrumpida de su compañero Aurelio Gabarda (Schwetzingen, Alemania, 1962), se remonta a su bisabuelo. Aunque ambos afirman que los hijos de estibadores ya no son mayoría en la plantilla. Hoy para ser estibador es necesario tener una titulación de FP y superar pruebas físicas y médicas en convocatorias públicas de la Sociedad de Estiba.

Fuentes de la Autoridad Portuaria sostienen que el poder de los estibadores se deja notar en los procesos de selección. Y que su capacidad para retener o ganar privilegios pone en peligro el futuro del puerto, sobre todo en el apartado de los transbordos, donde el coste de la estiba no puede repercutirse directamente en el producto. “Cuando los precios se encarecen empiezan las subastas en el Mediterráneo porque hay una situación de sobrecapacidad”. Y puertos de Portugal, Marruecos e Italia, añaden las fuentes, acechan al de Valencia.

“Está claro que en Marruecos cobran menos que nosotros. En África también. Pero el salario que tenemos se ha pactado con empresas de un sector económicamente fuerte. Los sueldos son superiores a los que hay en la calle, pero no a ese nivel”, responde Martínez a la pregunta de si efectivamente ganan 120.000 euros al año. El sindicalista indica que sus salarios están atados a la producción y dependen de muchos factores, como los turnos, que no se detienen de noche ni en fin de semana. Pero no concreta cuánto ganan aproximadamente.

La clave ahora para competir, dice llevando el debate a su terreno, no es cuánto gana un estibador “sino cuántas grúas es capaz de ponerle una empresa al barco para que salga en el menor tiempo posible”. “En el muelle Príncipe Felipe ves 19 grúas en fila y dices: ‘Menuda terminal’. Pero resulta que la mitad no funcionan. La mitad del muelle es un desguace”.

El presidente del comité de empresa de la Sociedad de Estiba de Valencia (Sevasa), Óscar Martínez, líder del sindicato mayoritario en los muelles, La Coordinadora, escucha la explicación que le traslada el periodista y responde: “¿Eso dicen ellos? Estamos de acuerdo”. Martínez y Aurelio Gabarda, otro líder de la misma central sindical, que tiene un 70% de representatividad entre los trabajadores, no están conformes, en cambio, con la afirmación de que los estibadores utilizan “medios de negociación no convencionales” que desliza otra fuente de la Autoridad Portuaria. “Convencionales son. Lo que pasa es que en este país el poder de movilización se ha perdido mucho. Nosotros, cuando paramos el puerto, lo paramos al 100%. No trabaja nadie. Ese es nuestro único poder”.

Al penúltimo director de Sevasa, la persona que se sentaba al otro lado de la mesa negociadora en representación de las empresas, le pusieron hace unos años en el despacho lo que en la Autoridad Portuaria describen como “una bomba”. Los estibadores lo explican de otra manera. “Estamos en Valencia. Le pusieron un petardo, no una bomba. No había metralla. Y nosotros no fuimos. De hecho, aquello nos perjudicó mucho porque estábamos en plena negociación”.

También rechazan la imagen turbia que las obras de ficción suelen ofrecer de ellos. “Es un mito que en un pasado tendría sus motivos. Los poblados marítimos eran lo que eran. El puerto era lo que era. Seguro que los carabineros [el cuerpo que vigilaba las costas españolas hasta mediados del siglo XX] también participaban de lo que fuera. Pero hoy toda la mercancía va en cajas. Hay cámaras por todos lados. Y cada movimiento se controla de forma automática. No tenemos la sensación de pertenecer a ningún grupo mafioso, ni mucho menos”.

La Sociedad de Estiba, propiedad de las empresas que gestionan las terminales del puerto, que están vinculadas con multinacionales o bancos internacionales como JP Morgan, cambió hace unos meses a su director con el objetivo de que negociara el convenio de los estibadores. El consejo de administración de Sevasa eligió a Xavier Martorell, el alto cargo de la Generalitat catalana que dimitió el año pasado al verse envuelto en el escándalo del espionaje de la agencia Método 3 tras haber sido el jefe de los Mossos d’Esquadra y de las prisiones catalanas. Los estibadores recibieron a Martorell “con recelo”. Pero ahora dicen que con él “ha mejorado el diálogo”. La negociación arrancó hace año y medio con las empresas planteando reducciones salariales y de puestos de trabajo. Pero del acuerdo que parecen a punto de firmar a falta de algunos “flecos” ambas rebajas han desaparecido.

El borrador de acuerdo sí prevé medidas para hacer la estiba “más productiva, más competitiva y más eficiente”, según los sindicalistas. Pero nadie duda de que los estibadores han vuelto a ganar.

Sobre la firma

Ignacio Zafra

Es redactor de la sección de Sociedad del diario EL PAÍS y está especializado en temas de política educativa. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia y Máster de periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid y EL PAÍS.

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