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Artium ‘desarregla’ las obras de su colección

La nueva exposición, comisariada por Daniel Castillejo, reúne una treintena de piezas

'She-wolf' (2006), de Pilar Albarracín.
'She-wolf' (2006), de Pilar Albarracín.

Dos grandes obras, Cambra-cambril, de Perejaume, y (P) Punto de vista, de CVA, articulan una exposición El desarreglo. El curioso caso del arte despeinado una nueva presentación de los fondos del Artium, que ha comisariado su director, Daniel Castillejo. La exposición reúne una treintena de piezas (sala sur, hasta el 31 de agosto de 2015).

El título de la muestra hace referencia al escritor Arthur Rimbaud, el adolescente despeinado que en la segunda mitad del siglo XIX propició una nueva poesía basada en “el desarreglo de todos los sentidos”. La aspiración poética y la sensación de inestabilidad son características comunes de las 26 obras elegidas para esta exposición,

La exposición está integrada por obras en vídeo, técnica mixta, instalación, escultura, pintura y fotografía. A diferencia de la anterior presentación de la colección -Tesoro público, con 350 obras dispuestas en una sala muy compartimentada-, esta treintena escasa de piezas ocupan un amplio espacio diáfano de 1.400 metros cuadrados.

Esta “baja densidad” se explica por el gran formato de algunas de ellas y por el deseo del comisario de adentrar al visitante en “una sala enorme, sin barreras arquitectónicas, "un contexto intencionadamente desaliñado en el que se extienden en un inmenso mar unos cuantos objetos dispuestos a hablar y a ser interpelados”.

El título de la muestra hace referencia al escritor Arthur Rimbaud

Dos obras articulan la exposición. Por un lado, justo junto a la entrada de la sala  se extiende la instalación realizada por el dúo CVA -Juan Luis Moraza y Marisa Fernández- en 1982 (P) Punto de vista, integrada por una innumerable cantidad de fragmentos de marcos, de los utilizados tradicionalmente para contener lienzos, de distinta forma y dimensión. Moraza y Fernández abordan en ella una reflexión sobre el arte en sí y sobre sus límites, tomando como punto de partida los trozos de madera que marcan los límites de la pintura. La instalación ocupa el ala izquierda de la sala en una disposición aparentemente caótica y desordenada que sugiere en cualquier caso un alto contenido poético.

Por otro lado, El desarreglo recupera, más de diez años después, una monumental obra del artista catalán Perejaume, Cambra-cambril, realizada por este con ocasión de su exposición en Artium, Retrotábula. Se trata de una pieza de casi siete metros de altura, un muro cilíndrico que Perejaume construyó sobre la cima rocosa de un monte en el parque natural de Urkiola y que después trasladó, el relieve impreso en su cara inferior, a la sala de exposición. De nuevo en referencia al mundo del arte, la pieza es una suerte de sala de museo circular, con una sola puerta de entrada, que el artista levanta primero en la naturaleza y que después traslada al museo: alejada de su origen, sin posibilidad de equilibrio, la pieza descansa inclinada y frágil sobre el suelo. Con la presencia de estas dos grandes piezas,

Daniel Castillejo dispone este “mar de objetos” en el que se aprecian, entre otras obras, vídeos proyectados en gran pantalla como el de Pilar Albarracín (She-wolf, 2006) o el de Cristina Lucas (Habla, 2008); instalaciones como las de Joan Brossa (Intermedi, 1991), Txomin Badiola (LM & SP (un hombre de poca moral y algo de persuasión), 1998) o Eva Lootz (Nudos, 1992).