Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Catalunya propaganda

Sin pluralismo informativo y libertad de expresión no hay democracia, tal como visiblemente se palpa estos días en Cataluña

Entro el domingo pasado en territorio de Cataluña por la autovía hacia Barcelona que empieza en Fraga dejando atrás Aragón. Ya estoy, pues, en las Terres de Ponent, según la denominan nuestros meteorólogos locales. Es decir, estoy en la provincia de Lleida (antes Lérida). Para saber cómo anda el tráfico sintonizo Catalunya Informació, emisora de la Corporación Catalana de Radiotelevisión, de titularidad pública, especializada en informar sobre las noticias más recientes.

Las siete primeras noticias con las que comienza el programa están dedicadas al famoso proceso y su vinculación con la celebración del 11 de septiembre, la famosa Diada. En realidad son casi las únicas noticias políticas, después van los deportes y, seguramente, la informació castellera, un puntal de la construcción nacional de Cataluña. El sesgo de todas ellas tiene como finalidad que la manifestación de este año, la famosa V (uve), sea un rotundo éxito. Catalunya Informació debería cambiar de nombre: para ser exactos yo la llamaría Catalunya Propaganda. Del régimen, naturalmente. Como en los viejos tiempos.

El sesgo de todas las noticias tiene como finalidad que la manifestación de este año, la famosa V (uve), sea un rotundo éxito

A la mañana siguiente, algo más tarde de las ocho, montado otra vez en el coche, me pica la curiosidad y vuelvo a sintonizar la misma emisora. Durante todo el rato que estoy escuchándola, unos veinticinco minutos, el tema único es la Diada y el kafkiano proceso. Acudo a una reunión y a la salida, hacia las diez y media, ya totalmente intrigado por saber si las únicas noticias que pueden interesar a los catalanes son las kafkianas a que nos referimos, vuelvo a sintonizar la misma emisora durante unos minutos. La infatigable periodista Mónica Terribas, en diálogo con un grupo de colaboradores, sigue dando la vara con el monotema, esta vez en clave de humor, en uno de estos facilones e insubstanciales programas de ji-ji y ja-ja a los que ahora se es tan propenso.

Por la noche, hacia las once, pongo el televisor mientras ceno y, en el colmo del masoquismo, veo el canal de noticias de TV-3 —similar al de la radio pública pero ilustrado con imágenes— que a esta hora trasmite diariamente un debate entre periodistas, el de hoy dedicado, naturalmente, a Kafka y el 11 de septiembre. Su característica principal es que entre los tertulianos no hay discrepancias, todos van del mismo palo, por eso he puesto en cursiva el término debate, no quería prostituirlo. Constantemente los tertulianos se dan la razón unos a otros, a ver quién la dice más gorda, supongo que el escenario pretende reflejar unos idílicos catalanes, todos juntos en unión…

Además, su nivel de conocimientos sobre los temas que tratan raya la ignorancia más supina. Es normal que uno no sepa de todo, incluso que se equivoque, pero hay que hablar desde la prudencia y la duda, no con una seguridad infundada, formulando afirmaciones sin base alguna con un tono de superioridad. Se profieren barbaridades diversas, todas ellas dirigidas a probar que España —disfrazada de PP o de TC, qué más da— persigue con saña a Cataluña para evitar que sus ciudadanos voten, ya que esto es la democracia.

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Se profieren barbaridades diversas, todas ellas dirigidas a probar que España  persigue con saña a Cataluña para evitar que sus ciudadanos voten

Pues bien, en esas estamos cuando en un corte en diferido se emiten las palabras del portavoz del Gobierno catalán, el señor Francesc Homs, que, con sus habituales muecas y gestos, tan parecidos a los del Jordi Pujol de los buenos tiempos, acusa a Rajoy de no respetar la democracia al impedir que los catalanes voten.

Esto sí que es noticia. Por lo visto, no es la ley, la ley democrática aprobada por los órganos que nos representan, la que nos impide votar de la manera que pretende el señor Homs, sino que la culpa de que no votemos es del presidente del Gobierno en persona. Parece que el inefable portavoz entiende el Estado de derecho como el gobierno de los hombres y no de las leyes, en lugar de, al revés, el gobierno de las leyes y no de los hombres. No desentonaría el señor Homs en la insufrible tertulia que estoy viendo.

Pero acabo de cenar, cierro el televisor y, para desintoxicarme, leo con detalle EL PAÍS del día, al que solo le había echado un vistazo. Empiezo a superar las 24 horas de desinformación. Mis ánimos se van relajando hasta que me entran el sueño y la tranquilidad necesarias para irme a dormir. En los últimos años, cuando amigos que no viven en Cataluña me preguntan cómo está la situación, les invito a venir una semana y escuchar radio y ver televisión, mañana, tarde y noche. Así comprenderán la situación.

Homs dice que la democracia consiste en votar: falso. La democracia consiste en que personas informadas participen en la vida pública, de acuerdo con las leyes que ellos mismos se han dado, a través de las diversas libertades políticas, entre ellas la de ejercer el voto. Pero sin libertad de expresión y pluralismo informativo no hay democracia, tal como visiblemente se palpa estos días en Cataluña.

Francesc de Carreras es profesor de Derecho Constitucional.

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