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Sabios del circo reunidos

La sexta edición del Encuentro Universitario de Circo de Madrid reúne a profesionales y ‘amateurs’ de un sector que en España sobrevive con poco apoyo institucional

Sus miembros aspiran a consolidar el oficio

Uno de los números de la primera jornada del encuentro. Ampliar foto
Uno de los números de la primera jornada del encuentro.

Hay hombres que circulan sobre una gran rueda; otros, se lanzan al aire con un trampolín; algunos escupen fuego; y hay quien puede caminar con las manos. El riesgo parece parte de su rutina. Bienvenidos al espectáculo más grande del mundo, el circo. Este fin de semana se celebra el Encuentro Universitario de Circo de Madrid (EUCIMA). Bajo la carpa caben todos y todo: danza, humor, interpretación, malabares, piruetas. En otras ediciones 1.500 personas participaron de los talleres, los espectáculos y la magia de la gran familia circense.

El EUCIMA cumple su sexta edición con cuatro días de exhibición de la cara más moderna del circo. El fin de semana se inauguró ayer con una gala en el Circo Price. Aunque el programa está especialmente orientado para iniciados en el oficio, no es necesario ser muy experto para disfrutar del plato fuerte de esta noche, el Gran Cabaret UCIMA o para pasar el domingo en familia participando en las olimpiadas circenses y en la comida popular.

La primera reunión se celebró en 2009 como un encuentro de malabaristas, pero ha ido creciendo en especialidades y artistas. Muchos se acercan desde toda España, más de 400 personas acampan estos días junto a la carpa que han montado en Ciudad Universitaria. Los asistentes no encontrarán leones que rujan a golpe de látigo, ni mujeres barbudas o enanos forzudos. A diferencia de la arena clásica, las nuevas compañías buscan justificar la técnica con la integración de otras disciplinas. El sector circense ha abierto puertas y ventanas para conocer y dar a conocer el mundo del espectáculo, elevando así el nivel artístico de los números.

Lo que sucede bajo esta carpa es “otro circo, es arte”. Así lo ve uno de los organizadores del encuentro, Jorge Conte, malabarista, acróbata e investigador de energía eólica. Lo que tienen en común muchos de los jóvenes artistas del sector es que su dedicación no es exclusiva. El oficio en España no cuenta con el mismo reconocimiento que en otros países europeos, como Francia, por ejemplo, donde es un grado universitario. Los participantes acusan las dificultades a las que se enfrentan: falta de apoyo institucional, de medios, de escuelas y de difusión. Aun así, gracias “a las buenas voluntades”, según Conte, el encuentro consigue aunar fuerzas e impulsar el sector.

Desde los espectáculos romanos, pasando por los grupos itinerantes de la Europa medieval, a los juegos teatrales de hoy. La esencia se mantiene. Tres mil años de historia no han envejecido al circo, sino que lo han renovado. Las innovaciones tiran de las matemáticas, el llamado siteswap, describir los malabares a través de cifras. “Tres tres, cuatro, dos. Se lo envío a alguien en Australia y sabe qué truco estoy practicando”, dice admirado Conte.

Días circenses

SÁBADO, 9.30: desayuno popular. 11.00: Campeonato de Volley-maza en la pista al aire libre de la Almudena. 12.00: apertura del pabellón para práctica libre y talleres de aprendizaje y perfeccionamiento. 20.00: espectáculo de circo por los alumnos de Carampa. 21.00: espectáculo de fuego por la compañía Círculum. 21.30: espacio libre para fuego. 22.30: Cabaret EUCIMA 2014.

DOMINGO. 9.30: desayuno popular. 10.30: mañana familiar. Talleres y espectáculos para niños en la carpa. 13.00: Olimpiadas Malabarísticas. 14.00: lanzada. 14.30: comida popular en la Almudena ofrecida por la organización.

“¿Qué tiene el circo que engancha?”. Se pregunta en voz alta Ángel Jiménez, otro de los organizadores. Jiménez era Angelito, tenía 14 años y un monociclo. Intentaba domarlo bajo la lluvia frente a la escuela de circo Carampa, en la Casa de Campo. Entró en el centro y se enamoró del oficio. “¿Qué tiene que engancha?”, repite. “Descubrí un sitio donde todo era de todos, donde te acogían como si ya fueses uno más”. El circo ha evolucionado, pero su espíritu de solidaridad y de familia se mantiene. Se nota en Conte y en Jiménez, pero también en todas las personas que recorren la carpa buscando cintas, montando estructuras o preparando la zona de acampada.

Lejos del campamento temporal, en la zona de Atocha se erige una gran cúpula metalizada, vestigio de la época industrial. Hoy es la sede del Circo Price, el único espacio de circo estable de Madrid. Lleva siete años abierto, pero su origen se remonta al siglo XIX, cuando la capital contaba con un amplio catálogo de compañías circenses estables. El primer Price, construido en madera en la zona de Recoletos allá por el 1868, presumía de mostrar animales nunca vistos e inventos imposibles. Algunos lograban asombraban hasta a los más incrédulos, como el cinematógrafo que después se popularizó.

Este circo llegó de la mano del señor Price, domador de caballos irlandés que pertenecía a una familia circense. Tras su muerte cambió varias veces de nombre y de sede. Sus tablas se diversificaron y acogió desde zarzuelas a combates de lucha libre o boxeo. Finalmente cerró sus puertas. Pero no para siempre. En 1999 el Price volvió a instalarse en Madrid como alternativa cultural. A través del centro se pretende conectar con las vanguardias escénicas europeas. Abogan por la danza y la interpretación para revolucionar las estrategias circenses. Con la inauguración del espacio se recupera parte de la identidad cultural de la capital, poniéndola en contacto con el pasado, pero también con el futuro.

Una de las acrobacias de la gala inaugural de ayer. ampliar foto
Una de las acrobacias de la gala inaugural de ayer.

El Price apuesta por programas internacionales con una visión y un objetivo claro: legitimar el desarrollo cultural, darlo a conocer y a amar. El sector reclama la profesionalización del oficio a través del reconocimiento institucional. Aspiran a conseguir una escuela superior y poder homologar sus títulos con los europeos. Solo de esta manera será posible el intercambio cultural.

Madrid cuenta con pequeñas escuelas como Chaminade o grandes como Carampa pero, una vez que los artistas han sido preparados, deben salir del país si quieren obtener un título superior. El Price forma artistas y profesionales del circo con la pretensión de crear un tejido laboral, para que no tengan que emigrar.

El compromiso cultural con el que abrieron se mantiene, aunque la tarea no sea fácil. El año pasado sufrieron una reducción del 20% en su presupuesto, que depende del Ayuntamiento de Madrid. El recorte se sumó al asumido hace dos años, del 80%. A pesar de todo siguen vivos.

La tarea más espinosa es atraer a un público que ignora la existencia de un espacio como el Price y de los nuevos espectáculos de circo, más cercanos a las artes escénicas. El Price asume una función formadora y de difusión cultural en tiempos de tormenta, pero no se rinden. Aseguran que no es momento de abandonar, sino de afianzar la labor que han realizado. Legitimar el circo como una rama más de la cultura.

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