OPINIÓN
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Un Camp Nou prefabricado

Los socios del Barcelona están convocados mañana a las urnas para decidir si se aprueba o no la reforma del estadio

Maqueta del proyecto del nuevo Camp Nou.
Maqueta del proyecto del nuevo Camp Nou. efe

La primera reflexión que se me ocurre es la falta de transparencia que ha existido en el proceso. En primer lugar, se presenta un proyecto que se define como orientativo aunque realmente en él se observa que los criterios básicos están completamente bloqueados. La excusa resulta ser que de este modo se asegura el cumplimiento de los parámetros económicos presentados. Se añade que a partir del posible sí en la consulta se convocará un concurso internacional para decidir qué estudio de arquitectura será el redactor del proyecto definitivo.

En el citado planteamiento se producen claras contradicciones, por no decir “trampas ocultas”. La primera: El proyecto presentado se compone, según se ha explicado, de más de 100 planos. Está realizado por los arquitectos Albert Blanch y Lluis Millet, definidos en algunos medios de comunicación como “los arquitectos del Barça”. No sabía que en el organigrama de ejecutivos del Barça se contemplaran “los arquitectos del Barça”. En la exposición se aprecian detalles constructivos, maquetas, etc. Es decir, en realidad se trata de un proyecto avanzado según unos criterios particulares.

Este hecho supondrá con seguridad la imposibilidad de la propia y necesaria creatividad de los arquitectos que lleguen a participar en el citado concurso, lo que apartará con seguridad a muchas firmas importantes ya que no aceptarán el corsé que se pretende aplicar.

En la abundancia de presentaciones se esconde la auténtica información necesaria

Habría sido más transparente la convocatoria de un referéndum en el que se votara simplemente si los socios desean acometer unas reformas a fin de mejorar y actualizar el estadio incluyendo una serie de condiciones, como el presupuesto del que no se debería pasar, la nueva capacidad y en general puntos programáticos del proyecto y en ningún caso definitorios en un “pre-proyecto”, por llamarlo de alguna manera. Es entonces si saliera aprobada la consulta cuando se debería convocar el concurso de arquitectos con total libertad de creación y entre otras cosas se habría ahorrado el coste generado por la redacción del citado centenar de planos, maquetas, etc.

Por otra parte, no estaría de más establecer a priori qué estudios de arquitectos serían convocados y en base a qué méritos. No sería disparatado que entre otros, ya que el estadio pertenece a todos los socios, tal vez sería correcto que los arquitectos socios del Barça que lo desearan pudieran participar en el concurso libremente.

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La segunda: Indicar que con lo que se está presentando se asegura el cumplimiento del presupuesto es crear una expectativa de un deseo, pero nunca una realidad del mismo ya que, como todo profesional sabe, para disponer de un presupuesto definitivo es previo tener un proyecto ejecutivo completo con las correspondientes mediciones, calidades, cálculo estructural, proyecto de instalaciones, etc. Lo que sí es factible es incluir una cláusula en el concurso que indique el presupuesto máximo del que se dispone y que deberían acatar como compromiso los redactores de los proyectos participantes.

La tercera: Tras los dos puntos anteriores es obvio que la casa se ha empezado por el tejado. El concurso de estudios de arquitectura, como se ha comentado, se debería convocar simplemente condicionado al sí en la consulta, sin poner barreras a las distintas opciones creativas para redactar los consiguientes proyectos que se presentasen al concurso.

En cuanto a otros temas, como la definición del presupuesto global y, lo más importante, su financiación, realmente cuando se explica se hace con una simplicidad y un optimismo que no tiene parangón. En ningún momento se ha difundido entre los socios un estudio económico real. Lo único que se ha dicho es que los 600 millones de euros, teóricamente necesarios, se obtendrán en base a 200 de financiación propia, 200 por poner al estadio un “apellido” y otros 200 mediante un crédito bancario.

Hace poco escuchábamos de la directiva sus planes de austeridad y las dificultades de disponer de liquidez para realizar nuevas contrataciones de jugadores para reforzar el equipo. Así como su deseo de reducir la deuda existente, según ellos heredada, para disponer de un club cuyos propietarios fueran, como así ha sido siempre hasta ahora, los socios y nadie más. Alguien puede creerse que por poner el “apellido” al estadio se paguen 200 millones, que en realidad supone un tercio del valor de la inversión total, sin poner condiciones.

Creo, para terminar, que con la teórica abundancia de presentaciones del proyecto, en realidad, se esconde la auténtica información necesaria para ir a votar.

Jordi Frontons es arquitecto (miembro de AxA - Arquitectes per l'Arquitectura) y socio número 013404 del FB Barcelona.

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