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“El soberanismo está perdiendo importancia en Quebec”

El sociólogo Gérard Bouchard participa el foro de pensamiento y debate en la Nau

Marisa Cales, de la Fundación Canadá, el sociólogo Gérard Bouchard, y el profesor Javer de Lucas, en la Nau.
Marisa Cales, de la Fundación Canadá, el sociólogo Gérard Bouchard, y el profesor Javer de Lucas, en la Nau.

"Después de la Segunda Guerra Mundial, de los genocidios y de las atrocidades, se impone la necesidad en el mundo occidental de respetar las particularidades de cada cual y gestionar la diversidad, acomodarla dentro de la sociedad. Se pasa de la asimilación a la integración. Y la  integración es un compromiso entre lo que se puede exigir a los inmigrantes y lo que se debe respetar de su cultura específica". Esa integración a través del interculturalismo es la materia sobre la que ha reflexionado y ha trabajado el sociólogo e historiador Gérard Bouchard en Quebec. 

No en vano, ha presidido, junto al filósofo Charles Taylor, la llamada Commission Bouchard-Taylor, creada en 2007 por el primer ministro de Quebec Jean Charest, para examinar las cuestiones relacionadas con el acomodo político razonable, admisible por motivos culturales o religiosos. Este lunes impartió la conferencia Democracia, diversidad y cohesión social, en el Centre Cultural La Nau de la Universitat de València, organizada por el Instituto de Derechos Humanos (IDH) de la institución académica, en colaboración de la Fundación Canadá y el Foro Deusto, y dentro de Claustre Obert, el espacio de reflexión creado por el Vicerrectorado de Cultura e Igualdad  y la edición valenciana de EL PAIS.

Horas antes de su conferencia, ante un público numeroso que se citó en el aula magna de la Nau,  Bouchard explica a este diario que hay tres modelos fundamentales para acomodar la diferencia: "El multiculturalismo, que la política más permisiva hacia el inmigrante; el republicanismo, que preserva más la cultura de la sociedad de acogida; y el interculturalismo, que es un paso intermedio".  Este último es el que se ha desarrollado en la enorme provincia francófona canadiense, con más de ocho millones de habitantes. Y promociona la interacción, el diálogo, la colaboración, "todo aquello que acerca a las culturas es propio de la interculturalismo", agrega el sociólogo.

El equilibrio significa que una sociedad de acogida puede imponer a los inmigrantes sus valores fundamentales, que forman parte de sus leyes y constituciones, como la no violencia o los derechos civiles, y al mismo tiempo ofrecer la posibilidad de "conservar la lengua de origen o la religión, por supuesto, porque eso forma parte de sus derechos fundamentales". El objetivo principal es que los ciudadanos se conozcan mejor y desarrollen vínculos de confianza mutua. El interculturalismo es independiente de las opciones políticas de sus ciudadanos, apostilla.

Bouchard asegura sorprenderse de que en España, con un porcentaje en torno a 10% de inmigrantes sobre el total de la población (similar al de Quebec), no exista una conciencia colectiva que genere un debate público sobre la integración de los mismos, sino más bien hay una "concepción homogénea muy grande" de la sociedad.

Viniendo de Quebec, modelo en el que se quieren reflejar tanto los nacionalistas escoceses como los catalanes, es inevitable reclamar su opinión sobre las reivindicaciones independentistas y soberanistas. Incide en que es un problema complejo y no le gustaría entrometerse en cuestiones ajenas. Sí reconoce las similitudes muy importantes que hay entre los casos referidos y señala: "En Quebec, el movimiento soberanista está perdiendo importancia por la herencia de los dos  referéndums y sus dos fracasos consecutivos". Y agrega: "Ahora, el nacionalista y soberanista quebequés están muy interesado en saber el resultado del referéndum escocés y qué hará Cataluña. Si salen victoriosos los independentistas en ambas consultas sería una buena noticia para ellos".

Sobre el derecho de consulta, Bouchar apunta que en Canadá sí que hay una ley que permite los referéndums, "severa y restrictiva", que impone unas condiciones. Es la famosa Ley de la Claridad, que "contempla la opción de cualquier provincia que lo desee puede celebrar un referéndum sobre su soberanía", concluye.

El acto de este lunes estuvo moderado por el vicerrector de Cultura e Igualdad, Antonio Ariño y fue presentado por Javier de Lucas, catedrático de Filosofía del Derecho e investigador del IDH. También asistió Marisa Calés, directora de la Fundación Canadá.