El conflicto por el escaño de Ourense eleva al máximo la tensión en AGE

Beiras enciende los ánimos al defender que la candidata díscola entre en el grupo

Beiras durante una rueda de prensa
Beiras durante una rueda de prensa ÓSCAR CORRAL

A Alternativa Galega de Esquerda (AGE), la coalición entre Anova y Esquerda Unida (EU) que con su discurso antisistema crece en las encuestas como ninguna, se le ha abierto una vía de agua difícil de entender para su electorado inconformista. El conflicto con Carmen Iglesias, la candidata por Ourense que se ha negado a ceder su escaño en cumplimiento de un acuerdo entre ambas fuerzas, ha multiplicado las tensiones dentro de una coalición que aglutina a una heterogénea militancia de izquierdas. El detonante de la crisis no tiene, sin embargo, raíz ideológica y, al contrario de lo ocurrido hasta ahora en Anova, Xosé Manuel Beiras, el histórico nacionalista que fundó este partido con escindidos del BNG y que ejerce de portavoz de AGE, ya no es una garantía férrea de unidad.

La próxima semana AGE deberá tomar la espinosa decisión de si acepta a Iglesias dentro de su grupo parlamentario. Beiras, que como portavoz es el encargado de firmar si abre o cierra la puerta a la candidata rebelde, anunció el jueves, para estupefacción de sus socios y compañeros de Anova, que optará por admitirla, una posición que hasta ese momento el profesor de Economía había defendido en privado pero de la que discrepan no solo EU sino también otras formaciones minoritarias de AGE y parte de la militancia de Anova. Fuentes de EU critican que el exportavoz nacional del BNG hiciese pública su postura en una rueda de prensa sin esperar a que el grupo parlamentario se reuniera, mientras que desde el entorno de Beiras aseguran que el portavoz de AGE llevaba días intentando propiciar sin éxito ese encuentro para debatir el futuro de Iglesias. El fundador de Anova alega que sus “convicciones democráticas y éticas” le impiden bloquear la entrada en AGE de la candidata díscola.

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Cuando justo antes de las elecciones autonómicas de 2012 nació AGE, pocos podían imaginar que la alianza entre el partido de Beiras y EU pudiese tambalearse por un asunto tan ajeno a los debates ideológicos de la izquierda. Los problemas de convivencia empezaron a fraguarse cuando David Fernández Calviño, uno de los nueve diputados de AGE en el Parlamento y militante de Anova, anunció que dejaba la Cámara para irse a investigar en una universidad de Dinamarca. El gesto de Fernández Calviño, que parecía reforzar el desapego por la poltrona del que presume AGE, ha acabado siendo para la coalición el principio de una pesadilla. Un pacto interno establecía que, para mantener el equilibrio entre las dos fuerzas dentro del grupo parlamentario, la sustituta de Fernández debía ser Iolanda Pérez Docampo, de Anova, y no Carmen Iglesias, de EU, la mujer que seguía a Fernández en la lista. Pero Iglesias se negó en redondo a ceder el puesto.

Yolanda Díaz, la líder de EU y viceportavoz de AGE, como prueba de lealtad a su pacto con Anova, sacó todas las mangueras para apagar la llama: primero intentó convencer a Iglesias, luego le abrió expediente de expulsión y finalmente dejó claro que si tomaba posesión como parlamentaria no entraría en el grupo de AGE. Iglesias, repetían los dirigentes de EU, debería acostumbrarse a la soledad y el frío del grupo mixto. Anova optó por pronunciarse sobre el conflicto con distancia. Al mismo tiempo que el PP y otros rivales de AGE se afanaban en mantener el foco sobre el trance, Beiras insistía en que el problema con Iglesias no había enturbiado las relaciones con su socio y la dirección del partido aprobaba resoluciones abiertas que dejaban en manos del grupo parlamentario los pasos a seguir para superar la crisis. Beiras reventó hace dos días la aparente calma. El futuro de AGE está en juego.

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