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OPINIÓN

Un partido sin aroma

Rubalcaba, al inicio de la conferencia del PSOE. Ampliar foto
Rubalcaba, al inicio de la conferencia del PSOE. EFE

La Conferencia Política del PSOE se ha desarrollado conforme a la lógica de lo que Byung-Chul Han llama la sociedad de la transparencia: “Las cosas se tornan transparentes cuando se despojan de su singularidad y se expresan completamente en la dimensión del precio”. El PSOE ha discutido un meritorio y trabajado listado de propuestas y medidas concretas en distintos ámbitos, presentadas sin orden ni jerarquización, es decir, sin que en ningún momento, configuraran un proyecto político, digno de este nombre.

Entiendo por tal un conjunto de ideas políticas proyectadas hacia el futuro, susceptibles de ser formuladas en unos pocos enunciados que interpelen directamente a la ciudadanía y le abran un horizonte distinto. Un listado no hace una política. “El PSOE ha vuelto”, esta ha sido la consigna de cierre de la Conferencia. Ni siquiera como eslogan comercial promete mucho. Anunciar el regreso de una marca que está muy tocada no es precisamente movilizador. Pero sobre todo la cuestión no es que el PSOE vuelva, sino que vuelva renovado. Y la renovación requiere un proyecto político.

Los socialistas andaluces marcaron las líneas rojas y los socialistas catalanes se llevaron el aplauso de consolación

Del proyecto, la Conferencia ha dicho poco. Queremos ser “una alternativa a un Gobierno insensible” del PP. Parece razonable, y la incapacidad de empatía del actual Gobierno es manifiesta, pero se daba por supuesto, ¿cuál es sino el papel de la oposición? ¿Qué alternativa? “PP y PSOE no son lo mismo”, “No somos iguales”. La reiteración de este mensaje induce a sospechar que los socialistas están convencidos de que la gente les confunde. Lo que tiene que hacer el PSOE no es decir que son distintos del PP, es demostrarlo. Y la Conferencia lo máximo que ha hecho es reconocer que en algunos momentos se parecieron demasiado. ¿Por qué razones debemos creer que, a partir de ahora, no? Prometen ser distintos, ¿lo seguirán siendo si un día llegan al Gobierno? Proclamar un giro a la izquierda, sin más, no es garantía de nada.

El PSOE defiende que su apuesta es pragmática, lejos de fantasías utópicas que solo generan frustración. Pero no hay que confundir pragmatismo con ausencia de proyecto político. Precisamente para que el pragmatismo sea realmente posible se requiere dar perspectiva y sentido a la acción que se quiere llevar a cabo, para que la ciudadanía la identifique y, eventualmente, la apoye.

En realidad, lo que la Conferencia Política pretendía era simplemente demostrar que el PSOE existe. Y para ello, para que el ruido no abortara el empeño, ha optado por eludir los problemas de fondo que más incomodan al partido: la misma falta de un proyecto político, la crisis de liderazgo, los enormes problemas organizativos, la dificultad de romper el discurso ideológico del “no hay alternativa” avalado por los poderes europeos, y la crisis del régimen político y del Estado-nación. Para pasar de puntillas sobre estas cuestiones clave, la alternativa se ha reducido a un listado borgiano de parches y reformas. Con lo cual queda claro que en el PSOE lo principal está por hacer: un verdadero proyecto político y una renovación orgánica de envergadura. Condiciones necesarias para recuperar la credibilidad que perdieron definitivamente en la recta final del segundo mandato de Zapatero, cargada de sombras, zozobras y contradicciones.

En realidad, lo que la Conferencia Política pretendía era simplemente demostrar que el PSOE existe

El miedo a afrontar los problemas de calado —los que tarde o temprano son ineludibles y marcan el destino de los partidos— se ha visto en la cuestión catalana. El poder oficial, Alfredo Pérez Rubalcaba, y el poder fáctico, Susana Díaz, han abrazado al PSC con cariños paternalistas, acompañados por supuesto de rotundas afirmaciones sobre la unidad de la nación. La alternativa, sobre esta cuestión, ha quedado reducida a las ya conocidas y vagas referencias al federalismo y a la reforma constitucional (solemnemente rechazada coincidiendo con el evento socialista por Mariano Rajoy).

Los socialistas andaluces marcaron las líneas rojas y los socialistas catalanes se llevaron el aplauso de consolación, premio por no salir del redil. La ficticia apuesta del PSC por el derecho a decidir tiene fecha de caducidad. El día que Artur Mas anuncie la pregunta y la fecha y se confirme que el Parlamento español no la autorizará. Esto es lo que aplaude el PSOE, ante un emocionado Pere Navarro. Nunca los socialistas catalanes habían sido tan aplaudidos en el PSOE. Por algo será. Nunca les habían visto tan débiles.

El PSOE ha vuelto fuerte, unido y con las ideas claras, según nos anuncian. Una Conferencia para negar lo evidente: la desunión, la debilidad y la confusión. De ahí la combinación de un listado de propuestas y de unos pactos de silencios y de elusión de temas delicados, que da como resultado una Conferencia que no desprende ningún aroma. El PSOE regresa con casi todos los deberes pendientes, en tiempos poco dados a las ambigüedades que le dejan escaso margen para seguir evitando los debates conflictivos.<