Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

El mundo bajo las sábanas

‘La cama’ invita a un público acostado y guarecido entre sábanas a revivir ese tercio horizontal de nuestras vidas en el que dormimos, amamos, soñamos y padecemos

Escena de la obra 'La cama'. Ampliar foto
Escena de la obra 'La cama'.

Una tacita llena, para no gatear con el estómago vacío por un túnel que, siguiendo el hilo de Ariadna, desemboca en un mullido pabellón blanco donde un ángel nos conduce hasta una camita y otro nos entrega la sábana encimera y nos arropa. Tan cómodamente instalado, ¿quién no cerraría los ojos? Por el pasillo que separa sendas hileras de 12 camas resuenan pasos inquiridores, y una mano va apagando las lamparitas de las 24 mesillas de noche. Nos sentimos de vuelta al dormitorio infantil de las Hermandades del Trabajo o a la habitación colectiva de un albergue. En la oscuridad, vuelan el oído y la imaginación. Cualquier sonido se centuplica: el de las cajas de música, sobre las que pudiera girar una Sylvie Guillem de Liliput, invita a dejarse acunar por Morfeo.

La Cama

Dramaturgia: Jesús Nieto, Carlos Javier Sarmiento y Lidia Rodríguez.. Intérpretes: Laura de Casas, Alberto Arcos, Mercedes Salvadores, David Herráez, Lidia Rodríguez y Rodrigo Villagrán. Compañía: Teatro en el Aire. Sala: El Sol de York. Del 7 al 29 de septiembre.

La cama es una bonita experiencia sensible, en la cual nos invita a participar la compañía madrileña Teatro en el Aire, dirigida por Lidia Rodríguez, actriz chilena aclimatada aquí ha mucho. El público elige si prefiere vivirla a ojos cerrados, como un radioteatro del que uno mismo fuera protagonista, o prestando atención a las evoluciones del quinteto de actores que recita textos poéticos o sencillamente evocativos de Cristina Peregrina, José Luis Corretjé, José Henriquez, Juan Pérez y Álvaro Vicente: hay quien tiende a mirar lo que está sucediendo y quien prefiere entregarse al ensueño, pero resulta harto más sugestivo escuchar el crepitar de la pastilla efervescente que alguien puso en el vaso de la mesilla, junto a tu oído, que observar como se disuelve.

En la cama pasamos un tercio aproximado de nuestra vida: allí nacemos, jugamos, nos abandonamos, tenemos mil amorosos envites, parimos, descansamos de tantas fatigas, languidecemos y esperamos el sueño postrero. En su montaje, Rodríguez y su equipo evocan simbólicamente cada uno de esos momentos. Dentro del acierto global, resulta especialmente afortunado el pasaje que recrea el campamento veraniego en el que la tropa preadolescente, resistiéndose a dar el día por terminado, comienza un jugueteo peripatético, de cama en cama. Ahí, en la oscuridad más absoluta, se multiplican las bromas propias de tan tierna edad, la intensidad de la evocación y el roce entre actores y público, que encuentra ahora una posibilidad más cierta de dar la réplica y de participar en el juego activamente y viniendo a cuento.

Advierto en este retorno de montaje tan celebrado un desequilibrio que en su día se me pasó o no estaba: en La cama actual tienen más peso y más clara presencia los pasajes dedicados al nacimiento y la infancia, pero también al dolor y la enfermedad, que la evocación de las horas de amor y sensualidad. Un poquito más de tales ingredientes pondría a punto de caramelo y de plumas este viaje tan sugestivo por el acervo comunal inconsciente.

Especializado en espectáculos de tú a tú, rituales y festivos, Teatro en el Aire, que tuvo su primera sede en la desaparecida sala La Nave de los Locos, parece haber encontrado un espacio no menos acogedor en la flamante sala El Sol de York, junto al Corte Inglés de Arapiles, en el corazón de Chamberí, en la linde del antiguo Cementerio General del Norte: un lugar perfecto para evocar, ensoñar, recrear y rehacer el mundo.

Sigue con nosotros la actualidad de Madrid en Facebook, en Twitter y en nuestro Patio de Vecinos en Instagram