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CiU y ERC discrepan sobre cuántas preguntas debe tener la consulta

Mas acepta varias propuestas, y Junqueras quiere una única cuestión

Junqueras y Mas en el Parlament.
Junqueras y Mas en el Parlament.

La clase política catalana lleva semanas discutiendo sobre la cadena humana independentista que organiza la Asamblea Nacional catalana (ANC) , pero tras la Diada la discusión sobre el proceso soberanista tratará de una cuestión más esencial: la fecha y la pregunta o preguntas que deben figurar en la consulta sobre la independencia que Convergència i Unió y Esquerra Republicana pactaron para 2014.

Cadena humana por la independencia de Cataluña. ampliar foto
Cadena humana por la independencia de Cataluña.
La federación nacionalista y el partido republicano están divididos sobre cuantas preguntas debe haber en la consulta: mientras CiU acepta que haya más de una propuesta en el referéndum, ERC solo prevé una cuestión clara sobre la independencia, cuya respuesta no dé lugar a dudas. El líder republicano, Oriol Junqueras, se lo exigió ayer a Artur Mas, presidente de la Generalitat. “Se debe hacer sobre una pregunta, y repito, una, una pregunta que debe ser clara para que la respuesta sea explícita”, dijo Junqueras en una entrevista en RAC1. El republicano rechazó la posibilidad de retrasar el pulso a 2016: “Especular con otras opciones debilita la estrategia”, aseveró.

El sábado el presidente catalán dejó claro que el referéndum podía incluir otras opciones a parte de la independencia: “Desde hoy y hasta finales de 2013 se pondrá fecha y se establecerá la pregunta o preguntas que se deberán plantear tal y como está acordado”, dijo ante sus militantes. Ayer el secretario de organización de Convergència, Josep Rull, sin querer desmentir al líder del partido, matizó que la opción favorita de los nacionalistas es tener una única pregunta sobre la independencia, en línea con lo que defiende Esquerra. Mientras tanto, el sector más conservador de CiU ha ofrecido al Gobierno que en la consulta haya tres preguntas y ninguna verse sobre la secesión de Cataluña: una cuestión sobre la lengua, otra sobre la financiación y una tercera sobre el estatus político. Esta opción fue categóricamente rechazada por Rull: “No nos lo planteamos de ninguna de las maneras. Se puede hablar, pero tenemos muy claro que queremos consultar al pueblo de Cataluña sobre si quieren tener un Estado propio o no”. Junqueras tampoco se plantea que en la consulta se excluya la secesión, y dio varios ejemplos de qué le gustaría preguntar a los catalanes: “¿Quiere que Cataluña sea independiente? ¿Quiere que Cataluña tenga un Estado independiente?”. Rull también afirmó que ninguna oferta del Gobierno provocará la marcha atrás de CDC en el proceso soberanista, ni siquiera una mejora de financiación. El desmentido de Rull a los movimientos de un sector de la federación ponen en evidencia la división que hay en CiU: Unió no quiere la independencia y se mueve para evitarla. Y Convergència practica un independentismo de dos velocidades, ejemplificado en el propio Mas.

El presidente aplazó el pulso soberanista el pasado jueves para situarlo en 2016 y desde entonces solo ha hecho que introducir matices para no defraudar a su socio, ERC, ni al sector más soberanista de CiU. Ayer, en la inauguración del centro cultural del Born, ofreció su tono más épico, comparando la Via Catalana con la marcha sobre Washington en la que Martin Luther King entonó su famoso “I have a dream”. Mas concluyó: “El siglo XXI será el siglo en el que Cataluña recuperará su libertad”.
Los equilibrios que hace Mas para abarcar todas las sensibilidades dentro de su federación también hacen mella en el Gobierno catalán, como se ha visto este fin de semana. Mientras Santi Vila, consejero de Territorio, reflejaba el pensamiento de los más moderados al pedir “serenidad” e huir del “independentismo adolescente”, el consejero de Cultura, Ferran Mascarell, respondía con un guiño a los más radicales, sentenciando que “España es una anomalía histórica”.

Artur Mas no solo debe lidiar con la división en su federación, sino que también tiene que aguantar la presión de los catalanes que defienden la secesión tras haber asumido sus peticiones. La ANC, fiel a Mas en los últimos meses, presiona para que el día 12 de septiembre, justo después de la cadena independentista, el presidente ponga fecha y pregunta para la consulta.

El presidente catalán no accederá al deseo de la ANC, sino que esperará a cumplir con los plazos que se marcó en el acuerdo con Esquerra. De aquí a final de año el Parlament discutirá, dentro de la comisión por el derecho a decidir, la pregunta y la fecha para la consulta. En el debate tendrá peso la opinión del Consejo Asesor para la Transición Nacional, el órgano de Mas que traza el camino hacia la independencia. Ayer su presidente, Carles Viver Pi-Sunyer, apostó por hacer la consulta en 2014 y hacerla con una pregunta “lo más neutral y clara posible” para que no haya errores.

Mas plantea varias preguntas en la consulta como oferta al Gobierno para que permita el referéndum a Cataluña. El presidente catalán sostiene que el Estado debe participar activamente en el referéndum ofreciendo a los catalanes una alternativa atractiva a la independencia. Una opción para encontrar el encaje que Mas promete introducir en la consulta.

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