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Un edificio municipal en ruinas ‘amenaza’ un instituto público

El centro educativo San Isidro tiene un patio vallado para evitar los cascotes de la Casa de la Duquesa de Sueca, un palacete que el Ayuntamiento tiene abandonado

Cancha de baloncesto del Instituto San Isidro vallada por la mitad. Ampliar foto
Cancha de baloncesto del Instituto San Isidro vallada por la mitad.

La Casa de la Duquesa de Sueca, en el número 2 de la plaza del Duque de Alba, se cae a trozos, y parte de esos trozos están cayendo sobre un patio del instituto San Isidro. El edificio, a pocos pasos de la plaza Mayor, pertenece al Ayuntamiento, pero está varado en un formidable litigio judicial desde hace seis años, y permanece abandonado desde que fuera expropiado hace 15 años. En ese tiempo, el Ayuntamiento no ha evitado su progresiva ruina. Se ha limitado a colocar vallas, como las que puso días antes de Semana Santa, que parten por la mitad la cancha de baloncesto del instituto para evitar que los cascotes causen víctimas. “Da igual que hayan puesto esas vallas, hay un hueco por un lateral por el que los chicos se meten para recoger las pelotas que se les cuelan. ¿Y si justo en ese momento les cae algo en la cabeza? Podría haber heridos... O algo más grave”, denuncia el padre de uno de los mil alumnos del San Isidro.

“La imagen que se traslada no es precisamente la que se espera del centro educativo más antiguo de Madrid, heredero del saber de los Estudios de la Villa fundados en 1346, del Colegio Imperial de 1603 y de los Reales Estudios de dos décadas después... Por nuestras aulas han pasado el mismísimo Rey Juan Carlos I, y antes que él Camilo José Cela, Gregorio Marañón, Pío Baroja, Jacinto Benavente, Juan de la Cierva, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo... ¿Qué dirían si un palacete amenazara con derrumbarse encima de sus cabezas?”, se lamenta un empleado. “Este curso coincide con la novena edición de los campeonatos escolares regionales, en su momento uno de los planes estrellas de Esperanza Aguirre cuando era presidenta de la Comunidad, y resulta que nuestros equipos no pueden competir... ¡Si hace cinco años se gastaron un millón de euros en el campo de basket! La desilusión de los chicos es enorme, como no pueden participar en los torneos están eliminados de antemano”, añade a la sombra del edificio gris que asoma amenazante.

El Ayuntamiento se metió en el laberinto de la Casa de la Duquesa de Sueca en 1998, siendo alcalde José María Álvarez del Manzano (PP). La intención del regidor era trasladar allí la concejalía de Asuntos Sociales, dentro de un ambicioso plan para ubicar todas las sedes del Gobierno municipal en inmuebles ubicados alrededor de la plaza de la Villa.

Expropió el edificio por cerca de cuatro millones de euros, y presupuestó 12,5 millones para rehabilitarlo según un proyecto del arquitecto Álvaro de Siza. El inmueble, que gozaba de la máxima protección urbanística, fue construido en el siglo XVIII para albergar la escuela de los hijos de los criados de Carlos III. Bajo supervisión de Juan de Villanueva (autor del Museo del Prado), se convirtió en residencia de la duquesa de Sueca, esposa del primer ministro de Carlos IV, Manuel Godoy. En 1837 acogió el Colegio de Humanidades de Francisco Serra, y a finales del siglo XIX se transformó en cuartel de la Guardia Civil. En el momento de su expropiación, el edificio, de 7.200 metros cuadrados, estaba destinado a viviendas, pero una constructora lo había comprado un año para hacer un hotel de cuatro estrellas.

Interior de la Casa de la Duquesa de Sueca. ampliar foto
Interior de la Casa de la Duquesa de Sueca.

Tras las elecciones locales de mayo de 2003, ocupó la alcaldía Alberto Ruiz-Gallardón (PP). Este decidió ubicar la concejalía de Asuntos Sociales, al cargo de Ana Botella, en un edificio de la calle José Ortega y Gasset alquilado por cinco años con un coste total de 14,5 millones. El edil de Hacienda, Juan Bravo, dijo que la opción de la Casa de la Duquesa de Sueca era inviable porque la reforma no estaría lista hasta 2005.

Empezó entonces el carrusel de cambios de uso del edificio. En julio de 2004, Gallardón anunció un plan de rehabilitación del centro que incluía ofrecer 205 viviendas en alquiler temporal para jóvenes. De ellas, 107 estarían en la Casa de la Duquesa de Sueca. La planta baja albergaría una escuela infantil o de música, o una biblioteca Esos 107 estudios se quedaron en 60 por la protección integral del edificio; debían estar listos en 2006 para alquilarse a 350 euros al mes. Pero ya entonces asomaban problemas: el suelo estaba clasificado como dotacional, por lo que no podía dedicarse a viviendas. Gallardón improvisó que no eran viviendas sino “alojamientos municipales”. Un año después, sin embargo, inició el proceso para modificar el uso del inmueble. Por entonces, la reforma debía estar ya lista, y sin embargo ni siquiera había comenzado. La fecha de finalización de las obras pasó a ser 2008.

Pero en julio de 2007, una sentencia acabó de enmarañar la situación. Un juez consideró que la expropiación llevada a cabo en 1998 fue ilegal, porque aunque el Ayuntamiento se había hecho con el edificio para convertirlo en equipamientos sociales (así figura en el Plan General de Ordenación Urbana de 1997), 10 años después no había hecho nada con él y, peor aún, lo que pretendía hacer eran pisos.

El juez dictaminó que debía devolverse a sus antiguos propietarios a cambio de un precio que sigue en litigio. La constructora quería levantar su hotel, pero se encontró con que el suelo seguía siendo dotacional, de forma que no podría hacer nada con él. Así, quedó varado en tierra de nadie.

Durante todo este tiempo, el inmueble ha permanecido vacío. Bueno, casi vacío. Allí seguía viviendo, sin luz ni agua corriente, Carmen Martín, una anciana casi centenaria que había nacido en el edificio. Se negó a irse y no se fue, pese a que el Ayuntamiento la consideraba una okupa y pidió una orden de desalojo. Martín murió el año pasado. El edificio sigue abandonado… y cayéndose a trozos sobre el patio del colegio. “Los cristales de las ventanas se llevan desprendiendo hace años, pero ahora pinta peor. Caen cascotes sueltos. Tenemos la sensación de que nos la jugamos cada vez que pasamos por debajo... ¿Pero somos jóvenes, no? ¡Nos gusta el riesgo!”, medio bromea por la situación un estudiante.

El edil socialista Marcos Sanz denunció esta situación el pasado 17 de abril en la comisión de Urbanismo. La respuesta fue: “El mantenimiento del edificio es acorde a su situación de deterioro, y consiste en la inspección periódica para evitar daños a viandantes y en labores de limpieza que eviten un mayor deterioro”. El concejal socialista replicó que la única medida adoptada había sido vallar parte del patio de deporte, “dejándolo prácticamente inutilizado”. “¿Esta solución provisional va a ser definitiva?”, preguntó. No obtuvo respuesta.

Esta situación ha sido denunciada también por el líder municipal de IU, Ángel Pérez, que critica que lo único que hace el Ayuntamiento a su juicio con este problema es “gastar su dinero en vigilar un edificio en ruina”. El Ayuntamiento gastará 147.000 euros este año en vigilar el inmueble. Mientras, los alumnos del San Isidro utilizan el claustro barroco de 1672 como pista de atletismo.

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