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El Bloque lucha por salir del sistema

Los nacionalistas se plantean abrir el aparato a los simpatizantes y combatir las políticas dominantes con la “insumisión” allí donde aún gobiernan

Manifestación del BNG en el Día da Patria del pasado julio en la plaza de A Quintana
Manifestación del BNG en el Día da Patria del pasado julio en la plaza de A Quintana

No imagina usted la de empresarios a los que el BNG en la Xunta ha sorprendido” para bien. Desde esta frase pronunciada en una entrevista con este periódico en 2007 por el entonces líder nacionalista y vicepresidente gallego, Anxo Quintana, y la Asamblea que los nacionalistas celebrarán mañana en Santiago para diseñar su futuro han pasado mucho más que seis años. Desde entonces, el Bloque perdió el Gobierno gallego, sufrió escisiones dolorosas y fue rebasado electoralmente por Alternativa Galega de Esquerda, una coalición de izquierdas integrada por exmilitantes suyos liderados por su exportavoz nacional Xosé Manuel Beiras y Esquerda Unida. Las tesis políticas que la formación debatirá este fin de semana en uno de los momentos más difíciles de sus 30 años de historia proponen fórmulas para la remontada, centradas en imprimir “coherencia” entre lo que se dice y lo que se hace, abrir el aparato a los simpatizantes y vecinos, y huir de los “comportamientos burocráticos” y de las “formas de comunicación estandarizadas” que “matan la originalidad y la frescura requerida para un mensaje que no quiere ser estándar”.

El Bloque busca cómo zafarse de la desafección ciudadana hacia los políticos, ser percibido como una fuerza que combate el establishment y reconquistar el voto joven, un sector que un día fue su granero, su trampolín al poder, y en el que ha ido perdiendo apoyos desde que empezó a ocupar los despachos oficiales. El documento que debatirán los nacionalistas el domingo admite “dificultades” para “ser percibidos como el proyecto nacionalista transformador” que el BNG considera que representa. El diagnóstico de Movemento Galego ao Socialismo (MSG), un colectivo comunista escindido de la UPG (el partido, también marxista, mayoritario en la organización de corte frentista que es el Bloque), es más duro con la dirección de la formación que cogobernó Galicia entre 2005 y 2009. Militantes del MSG encabezados por Noa Presas han presentado un voto particular al documento político en el que critican y llaman a superar la “imagen de homologación con las fuerzas sistémicas que planea sobre el BNG, después de años en los que desde la propia organización se intentó cultivar esa idea”. MSG, que censura los pactos con el PSOE, percibe una “pérdida de legitimidad” por “ciertas prácticas erráticas” en los Ayuntamientos y en la Xunta, con “incoherencias entre posturas defendidas en la oposición y en el gobierno”. “Todas estas cuestiones minaron la credibilidad del BNG como fuerza alternativa y antisistémica”.

Aunque no de forma tan tajante, el documento oficial también confiesa incoherencias entre lo que dice y lo hace el BNG cuando tiene el poder y llama a erradicarlas. Se aboga por una “acción política homologada entre lo que la organización defiende y la práctica en las instituciones”, con cambios tanto si el BNG está en la oposición como si está en el gobierno.

El documento que eleva a debate en la Asamblea Nacional la dirección defiende que se ejerza una “oposición contundente” y que desde el gobierno se trabaje “no solo para gestionar bien en beneficio de la comunidad, sino también para confrontar las políticas dominantes haciendo uso de todos los resortes, incluso con la insumisión cuando sea preciso”. El Bloque también plantea medir mucho las alianzas con el PSdeG que hasta ahora eran casi automáticas. “La participación en los gobiernos de coalición o los apoyos a los gobiernos desde fuera”, se afirma en las tesis políticas, “serán cuidadosamente evaluadas, sin apriorismos mecanicistas”.

Los nacionalistas promoverán consultas ciudadanas y presupuestos participativos. Esperan lograr “más influencia social” creando “una red de simpatizantes y colaboradores” y las agrupaciones locales deberán convocar periódicamente “reuniones abiertas” a los no militantes para contrastar con ellos la línea política y las medidas concretas y, si es posible, “grupos de barrio” al estilo del 15-M. También se intentarán multiplicar las caras de la organización, haciendo comparecer a los cargos del BNG con simpatizantes y empujando a militantes de segunda fila a actuar de portavoces, “en busca de una imagen ante la ciudadanía plural, democrática, abierta e incluyente, alejada de personalismos”.

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