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perfil | arturo fernández

El camaleón que no sabe de colores

El patrón de los patronos madrileños montó su emporio ganándose el trato del PP y del PSOE

Arturo Fernández Álvarez y Esperanza Aguirre. Ampliar foto
Arturo Fernández Álvarez y Esperanza Aguirre.

A Arturo Fernández (Madrid, 1945) no hay cafetería que se le resista. La del Congreso de los Diputados. La del Senado. La de la Asamblea de Madrid. La de UGT. De ministerios. De tanatorios. De la Moncloa. De la Administración que sea. Y siempre subvencionados. Según un político  madrileño de toda la vida, Fernández lleva tantas concesiones gracias a que "tira los precios" en los concursos. "Se lo puede permitir", añade. Su emblema, un gentleman con escopeta en trazos verdes sobre fondo blanco en recuerdo de su abuelo, fundador del negocio, que desde la Armería Arturo, fundada en 1898 en el centro de Madrid, sentó los cimientos del negocio de catering que engloba 15 sociedades, 120 establecimientos y 3.000 empleados.

El patrón de los patronos madrileños y vicepresidente de la CEOE desde 2007 ha montado su emporio hostelero -también se ha expandido a los comedores de algunos colegios concertados, y de hospitales- ganándose el trato tanto del Partido Popular como del Partido Socialista. Aunque siempre se ha definido como liberal, en realidad no tiene un perfil definido. Más bien es volátil. Camaleónico. "El perejil de todas las salsas", dice de él un veterano político de la región.

En función de sus intereses y de la ideología del interlocutor. “Controla las Administraciones. Sean del signo político que sean… Es un seductor nato, su labia es irresistible”, resume alguien que le conoce de hace años. Curiosamente, la pérdida de calidad de los canapés y bocadillos que sirve en los actos en que se prodiga, del servicio en general, también se comenta últimamente. O de las paellas que algún grupo parlamentario se esforzó en comerse mal que bien hace algunas Navidades.

El siguiente ejemplo da una idea de su talante y cintura para maniobrar con los poderes más arraigados y los más esporádicos: Fernández, que viajaba en la delegación madrileña encabezada por Esperanza Aguirre que se vio envuelta en un ataque terrorista en Bombay en 2008, llamó desde la India para informar de lo que estaba pasando a Pepe Blanco… Y a Juan Carlos I. Su majestad al aparato. Y sin intermediarios. El vínculo es tan estrecho que hace unos años le compró al Rey un Maserati de segunda mano que engrosar a su colección de un centenar de coches de lujo. Casado y sin hijos, Fernández también colecciona botellas. Tiene más de 25.000. Incluido el Museo Chicote.

La capacidad de seducción en las distancias cortas de Fernández, que se define como liberal, le han valido para ser el primer empresario que ostenta a la vez los títulos de presidente de la Cámara de Comercio y de la CEIM. Dos coronas para una sola cabeza. Gerardo Díaz Ferrán le señaló como su sucesor —contó con la aprobación de Aguirre, que le conoce de hace muchos años: coincidieron en el Instituto Británico, aunque en distintos cursos— mientras Alberto Ruiz-Gallardón apostaba por la candidatura de Fernando Fernández Tapias. Presidente de la CEIM, Confederación Empresarial de Madrid-CEOE, desde 2007, Fernández fue nombrado hace dos años vicepresidente de la CEOE, donde es el número dos de Joan Rossell. Otra cosa es lo que opinan de él gente que ha trabajado, y trabaja, para él, que le acusan de "arrogante y soberbio" con los que están por debajo en el escalafón. Justo al revés que con los que están en lo más alto de la pirámide social.

Pero si por algo se conoce a Fernández en los círculos de poder de Madrid es por su sobrenombre del “noveno consejero”. Un título honorífico que define a la perfección su relación con el Ejecutivo autonómico. Primero con Aguirre y ahora con Ignacio González. Lourdes Cavero, economista y mujer del presidente madrileño, es la vicepresidenta de la CEIM desde septiembre de 2011. “En definitiva, es un hombre cercano a quien está en el poder. Es un relaciones públicas inigualable, se llevaría bien con el mismísimo diablo”, dicen de él en la Asamblea de Madrid.

La definición la comparten políticos de todas las tendencias. Precisamente la subvención con la que cuenta permite que el menú del Parlamento regional sea de 3,55 euros en la cafetería y de 5,95 en el comedor. Un precio imposible de encontrar en cualquier rincón del barrio de Vallecas, donde se levanta la Asamblea. Su única debilidad está relativamente cerca: es habitual verle en el palco de los partidos del Atlético en el Vicente Calderón, departiendo con Enrique Cerezo, también muy bien situado en los órganos de poder de la Comunidad de Madrid. Probablemente sea el único lugar donde Fernández muestre sus colores tal y como son. O puede que no.

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