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ANÁLISIS

Se veía venir

Se veía venir

El agujero en la recaudación es tan grande que se veía venir. El PNV ahora dice blanco donde antes decía negro y propone discutir unas subidas de impuestos y su armonización. Justo lo contrario de lo que ha venido diciendo cuando eso lo proponía el anterior Gobierno de López.

Y es que la situación es muy crítica. En el año 2012 se han recaudado 700 millones menos que en el año 2011 y casi 2.800 millones menos que en el año 2007, cuando comenzó la crisis. Una sima de ingresos capaz de colapsar financieramente a nuestra Administración.

Si el colapso financiero no ha sido mayor es en buena parte porque el Gobierno central ha obligado a aumentar el IVA vasco y a retener el gasto en personal público, medidas protestadas con la boca pequeña por nuestros políticos locales. Complementariamente, las Administraciones vascas han recurrido al endeudamiento y a la disminución de las partidas destinadas a subvenciones e inversión, pero sin realmente tocar al gasto propio. Aun así, el PNV cifra el agujero pendiente de cerrar en 1.200 millones de euros anuales, solo en lo que afecta al Gobierno vasco.

La propuesta del PNV parece incidir en seguir reduciendo las inversiones, abandonando los proyectos de puerto exterior de Pasaia o del metro de Donostialdea, por ser “faraónicos”. Curiosamente, no se ataca el inmenso gasto del AVE, que va camino de convertirse en el ferrocarril de cercanías más rápido, caro y subutilizado del mundo. Tampoco se habla de parar los nuevos campos de futbol de Anoeta y San Mames, o en el nuevo Guggenheim, proyectos igualmente injustificados con la situación de nuestra economía. Y tampoco parece que se acomete una reducción del gasto en estructura administrativa, contentándose con congelar plantillas y sueldos.

Así que solo queda el recurso de incrementar los impuestos, donde hay algo de margen. Mientras que en Bizkaia el tipo máximo del IRPF está en el 45%, Bildu lo subió en Gipuzkoa hasta un 49%, siendo sobrepasado por la izquierda por Rajoy, que lo subió al 52%, y por Cataluña, donde es el 56%. Pero esa posible subida solo genera un máximo de 250 millones de euros anuales. Incluso eliminado algunas de las numerosas deducciones existentes en el IRPF y en Sociedades nos seguimos quedando lejos del objetivo.

Y además está el aspecto político. ¿Cómo explicarle al ciudadano que va a tener que pagar más impuestos mientras ve que el derroche en el gasto público no desaparece y cuando está convencido que parte de ese derroche se debe a corruptelas? ¿Cómo convencerle de que no se puede ahorrar en unas Administraciones que pagan 30 euros por una hora de limpieza, cuando en el mercado su precio es de 15 euros?

Por eso el PNV tendrá que abordar, más pronto o más tarde, el tema del fraude fiscal. Monti, en Italia, ha puesto en marcha una gigantesca operación informática, apoyada por actuaciones policiales, tendente a comparar los gastos externos de los ciudadanos (yates, coches de lujo, viviendas, etcétera) con las bases fiscales declaradas. Según los datos recién publicados, se han descubierto 22.000 millones de euros y 11.800 defraudadores han pasado a los tribunales, de los que 8.600 jamás habían declarado nada al fisco.

Claro que todo plan antifraude real pasa por conectar las bases de datos y la colaboración informática con otras Administraciones, y eso era lo que la Diputación de Bizkaia se negó tajantemente a hacer cuando lo propuso el Gobierno socialista, diciendo que los datos vizcaínos solo los puede leer un vizcaíno. Me dicen que para salvar la contradicción, porque el PNV nunca se contradice, se está pensando en naturalizar como vizcaínos a todos los habitantes de la CAV.