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La reina del ‘etc’

La consejera de Empleo, Turismo y Cultura busca trabajo para sus “clientes”, también en Fitur

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Ana Isabel Mariño es una de esas mujeres que, si ve a otra forcejeando con el tapón de una botella de agua, no duda un segundo en quitársela de las manos y abrírsela. Es una de esas parlanchinas que no pierde el hilo mientras vigila la puerta de entrada y salida de la habitación. Es de las que le dice a un subordinado que le da indicaciones para llegar hasta el lavabo: “Tú espera aquí [en la puerta]”. De las que pronuncia algún taco que otro para enfatizar sus frases y se retrepa hacia atrás cuando se carcajea. Y también es de esas que dicen cosas como "no ha nacido tío en este mundo que...". La señora Mariño, nacida, criada y crecida en Alcorcón, se las trae.

Aunque es capaz de hablar hasta sonrojar a sus colaboradores, hay algo que nunca ha dicho y que, por tanto, nadie sabe. Su edad: “No te lo pienso decir”. Para hacerse una idea de su veteranía basta saber cosas como que en sus más cándidos comienzos, protagonizó un spot publicitario con Esperanza Aguirre. Corría el año 1983 y ella, siguiendo los pasos de su padre —ex alcalde de Alcorcón— era la candidata más joven a la alcaldía en un pueblo de más de 100.000 habitantes por Alianza Popular (AP). Y Aguirre lo era por Unión Liberal (UL), el antiguo partido formado por Pedro Schwartz. Ambas grabaron juntas aquel anuncio político en clave feminista. Fue el principio de una gran amistad que se ha mantenido hasta hoy. Mariño ha sido la escudera de la ex presidenta regional. La directora de todas sus campañas nacionales. La encargada de llenarle los mítines, de mover oportunamente los autobuses de la militancia. Ha sido el brazo armado de la lideresa y, cuando lo ha requerido la ocasión, su perro de presa. Una de sus espías más leales, con quien todavía se reúne como mínimo cada 15 días en lo que llaman “los tardines” —“son siempre por la tarde”—, en alusión a “los maitines” que celebra semanalmente la cúpula del PP.

El látigo de Ana Isabel Mariño

  • Lleva a gala que nadie sepa su edad y lo de ser de Alcorcón. Cuentan que "pone firme hasta a las avispas".
  • Ha pasado por todas las áreas, salvo por Educación, y por todos los niveles de la Administración con cargos ejecutivos.
  • Grabó un spot publicitario con Esperanza Aguirre en 1983. Fue el principio de una gran amistad.

Con una dilatada carrera política profusa en cargos de toda índole —ha sido desde diputada autonómica con Alberto Ruiz-Gallardón, hasta jefa de gabinete del secretario de estado de Turismo y Pymes en el Ministerio de Economía y Hacienda de Rodrigo Rato, pasando por directora de Paradores o Consejera de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, además de secretaria de organización del partido en Madrid—, hoy es algo así como la reina del etc, porque de su consejería penden las áreas de Empleo, Turismo y Cultura. Tres departamentos estratégicos del gobierno regional, los termómetros de la crisis, los medidores de la tasa de desempleo y de la capacidad de generar riqueza. ¿Su cometido? Hacerlas encajar. Prepara, por encargo de su jefe Ignacio González —a quien define como “una persona muy interesante”—, un plan de empleo que cree puestos de trabajo en las industrias turística y cultural. Asegura que lo tendrá listo en breve y, a juzgar por el ritmo espídico al que da órdenes y hace llamadas, resulta bastante creíble.

Su perfil es claramente ejecutivo —recuerda con orgullo que Montblanc le dio el premio a Mujer Ejecutiva del Año en 2002—. Tiene madera de empresaria y alma de comercial. Tanto, que habla de los seis millones de habitantes de Madrid como de sus “clientes”. Y, tras soltar una retahíla de cifras ligadas a la actividad industrial de la región, exclama a los cuatro vientos: “¡Todo es actividad económica!”.

Esta semana se ha empleado a fondo en Fitur, donde vendía mejor que los propios fabricantes las anchoas de la sierra de Madrid, los productos de sus huertas, los vinos castizos y hasta el café que se tuesta en Móstoles. A osada no le gana nadie: “Con dos...” Los mismos que ha puesto más de una vez encima de la mesa cuando han intentado hacerle la cama o han cuestionado su capacidad de mando. “Pone firme hasta a las avispas”, decía un colaborador suyo.

Anabel, como la llaman en casa y como la conocen sus compañeros de partido, no se calla. Y lo mismo da consejos sobre la programación operística del Teatro Real —refiriéndose a su director como Mórtimer en lugar de como Mortier [Gerard]—, que diserta sobre las avutardas (literal). Sobre Bárcenas, por supuesto, también tiene su propia opinión, aunque prefiere que no conste. Eso sí, deja claro que no soporta la deslealtad y que a ella nunca le ha gustado lo de andarse con paños calientes. Parece más de látigo.

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