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Muere el ‘torsimany de metalls’

Andreu Alfaro recuperó la modernidad tras la guerra y fue impulsor del IVAM

Es uno de los escultores españoles contemporáneos más sobresalientes

El escultor Andreu Alfaro, el 3 de junio de 2004 en el patio de su taller, entre Rocafort y Godella.
El escultor Andreu Alfaro, el 3 de junio de 2004 en el patio de su taller, entre Rocafort y Godella.

Andreu Alfaro, el prolífico escultor de las geometrías de acero y aluminio o las columnas de mármol, falleció el miércoles por la noche en Valencia, tras varios años apeado de la vida pública por el alzhéimer.

Con una obra que supera los dos millares de esculturas, buena parte de ellas repartidas por espacios públicos del mundo, Alfaro fue uno de los escultores españoles contemporáneos más sobresalientes sin abandonar Valencia, donde nació en 1929 y por donde logró pasar inadvertido pese a su importancia de haber sido uno de los primeros en recuperar la modernidad tras el socavón que produjo la Guerra Civil en la producción artística española.

El escultor, que fue asimismo un delicado dibujante, surgió de un entorno que lo predisponía a continuar el negocio cárnico familiar en el que, antes de ir al colegio, había que afilar cuchillos y dar de comer a los cerdos que su padre tenía en Tavernes Blanques. Provenía de una estirpe de carniceros liberales y se formateó en el Matadero General de Valencia, donde los matarifes ensayaban tratados de cirugía y blasfemaban sin que se cayese la colilla de la boca. Siempre solía presumir de que esa había sido su universidad.

Realizó dos millares de esculturas, muchas de ellas en espacios públicos

Su facilidad para dibujar lo aproximó, primero, al ámbito de la publicidad, en el que desarrolló su pericia en el diseño, y, luego, le metió de lleno en el mundo del arte. Alfaro aprovechó esas brechas e hizo el complicado tránsito del mundo productivo al creativo sin desconectarse de la raíz ni perder la perspectiva que le había conferido el duro aprendizaje de la vida; es decir, aplicando la racionalidad a la creatividad. Ese mestizaje, unido a la pulcritud, le permitió sustanciar bellezas de gran elegancia que no solo satisfacen a los más exigentes catadores de códigos, sino que conforman muchos paisajes colectivos. Pero antes tuvo que convencer a su padre, que no había asimilado que le gustara tanto Goethe ni que se podía ganar la vida sin trabajar duramente con las manos.

Su obra, entre otros reconocimientos, fue distinguida con el Premio Nacional de Artes Plásticas, que recibió en 1981. En 2007 el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM), del que fue impulsor y autor del logotipo, mostró una antología de sus 50 años de esculturas. Fue su última gran exposición. Entonces, Alfaro, a quien Raimon definió como torsimany de metalls (intérprete de metales) en la canción Andreu, amic, ya había dado por concluida su obra.

Nunca perdió la perspectiva del duro aprendizaje de la vida

Tras de sí ha trazado una trayectoria inquieta y diversa, aunque sin perder nunca la perspectiva de su propia raíz, es decir, asimilando la creación artística de la metodología de los procesos y materiales industriales y manteniendo la convicción que la escultura tenía que servir para simbolizar actitudes o argumentos colectivos. Alfaro tiene un centenar de esculturas públicas repartidas por el mundo, en su mayoría construidas a gran escala y con vocación de integrarse en los espacios como monumentos colectivos.

Un artista comprometido con su país

El secretario del Consell Valencià de Cultura (CVC), Jesús Huguet, fue este viernes el primero de una larga lista de personas que expresaron su pesar por la muerte de Andreu Alfaro y destacaron su trayectoria. “Es un referente en la escultura valenciana y el escultor más internacional”, aseguró Huguet. Como muchos otros, resaltó que Alfaro era un artista “muy comprometido con la identidad valenciana”. “Detrás de un rostro afable y una mirada curiosa se ocultaba ese genio creativo, artista comprometido con su país, un referente cultural y social, un hombre universal arraigado en su tierra”, afirmó en esa línea Escola Valenciana, a la que regaló una obra que se ha convertido en el galardón que entrega la organización en una gala anual.

El Gobierno valenciano y el Ayuntamiento de Valencia se sumaron a las condolencias por la pérdida de un artista “internacionalmente conocido”, mientras que la Generalitat catalana, por boca de su presidente, Artur Mas, resaltó su compromiso “con la lengua y la cultura que comparten Cataluña y el País Valenciano”.

La exministra de Cultura y senadora socialista Carmen Alborch, por su parte, recordó “el talento y la capacidad creativa” de Alfaro, así como su compromiso con “la función social del arte”. Mientras, el pintor, escultor y escritor Eduardo Arroyo manifestó que Andreu Alfaro es “un artista fundamental en el siglo XX” y fue “un hombre excepcional”. Otro artista que expresó su cariño y admiración por Alfaro fue Raimon, quien aseguró que desaparece “un gran artista”, una persona “comprometida con su país y su cultura” y para él “un gran amigo”. Raimon recordó que en 1974 le dedicó la canción Andreu, amic y que el escultor le dibujó la portada del programa de su primera actuación en Madrid.

El síndic de Compromís en las Cortes, Enric Morera, lamentó que Alfaro se fuera “siendo un artista marginado por el PP”, y el PSPV subrayó que plasmó en su obra los valores de la “libertad, la democracia y el valencianismo”.

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