Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Una austeridad selectiva

Todavía causa estupor que tipos de mucho carácter malsano ocupen cargos institucionales

Bien mirado, lo peor de la situación en que nos encontramos no es que no haya dinero, sino que el que hay está en manos de los de siempre. Abundan los columnistas y tertulianos que no se cansan de aleccionar a los políticos sobre lo que conviene hacer para salir de esta. Tarea inútil, si me permiten, ya que son más numerosos los políticos que están al cabo de la calle sobre ese asunto, adictos a su juguete preferido. Y, sin embargo, todavía causa estupor que tipos de mucho carácter malsano ocupen cargos institucionales, como ese impresentable que aseguró sin inmutarse algo así como que las leyes están ahí, como las mujeres, para ser violadas. Bendita sinceridad. Lo preocupante también de una actitud de esa calaña es que sea precisamente un cargo público quien la expresa, de manera que algo habría que decir también sobre el partido que lo acoge y, en su caso, sobre los votantes que lo eligieron. Por lo demás, es una frase que, en las actuales circunstancias, se acopla como un guante al que se jodan, el alarido proferido por una de las Fabra en plena sesión parlamentaria, es decir, de dos violaciones a los más elementales principios: el derecho al trabajo y los derechos de la mujer.

Siguiendo ese hilo tabernario, quizás habría que apuntar que las mujeres rara vez se enteran de lo que en verdad piensan multitud de hombres sobre ellas, salvo en algunos resultados demoscópicos. En cualquier corro de hombres, y digo en cualquiera, ausente de mujeres, se pueden escuchar todo tipo de observaciones de alto voltaje sexista donde los tipos de la más diversa catadura y condición social dejan de lado las convenciones en las que en el fondo no creen para explayarse en unos términos atroces que llegan a erizarte los cabellos. Lo más fino que se dice es que se trata de ganado, y a partir de ahí se puede enhebrar un amplio recorrido de chascarrillos, chistes de un excelso mal gusto, observaciones maleducadas que invaden el territorio de lo anatómico forense, una enfermiza obsesión por las intimidades físicas de las mujeres, en lo que se ve que solo las conocen en su imaginación más cazurra, y un profundo (militante, diría yo) desconocimiento de unos valores que muy a menudo los superan. Así que las mujeres tendrán que emanciparse solas de lo que sea, no solo del dominio patriarcal sino también de las vejaciones verbales de los hombres cuando les da por charlar a solas, correlato chusco de su dominio. Eso se ahorran las mujeres, no tener que oír las atrocidades que los hombres en corro suelen proferir contra ellas. Ahí, precisamente ahí, no resultan nada austeros. Antes al contrario, se desternillan de risa ante cualquier chiste senil, ocurrencia insultante y ofensa grave al otro sexo, no importa la edad de los contertulios ni, mucho me temo, su nivel de estudios, ya que la obsesión por la mujer como recipiente de los atributos del varón es, además de miserable, de una transversalidad sorprendente.

La austeridad selectiva, de otra parte, afectará en alto grado a la juventud que ahora protesta en las calles pero que está llamada a sustituir a la nómina de los mandatarios actuales. Si no queremos sufrir con los Guerra, Rubalcaba, Arias Cañete, Montoro, Blasco y tantos otros por toda la eternidad que nos queda, que es mucha y pobre hasta de concepto.

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