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OPINIÓN

Involución

"¿Quiénes son los desfavorecidos y quiénes los favorecidos en esta orgía de desguace de un Estado de bienestar que apenas hemos probado?"

Juro por Tutatis que hago denodados esfuerzos por blindarme del acoso mental que me supone la lectura diaria de tanto cinismo y estupidez. Pero debo confesar y confieso mi más absoluto fracaso. No me dan tregua ni cuartel y raro es el día en el que consigo estabilizar mis niveles de bilirrubina y no dejarme llevar por el asombro, la ira o la estupefacción. En mi descargo aduciré que me lo ponen francamente difícil.

Asistimos impávidos a un "adelgazamiento" de la cartera de servicios de salud, eufemismo que, en román paladino, significa menos prevención (ya había sonado la alarma con el bochorno de las mamografías) y "olvido" de algunas bagatelas como la promoción de la salud sexual y reproductiva. Al mismo tiempo, nuestros prebostes nos hacen saber que ya se les ha acabado el chollo a los alumnos del colegio Luis de Santàngel -ubicado en El Saler, donde Cristo perdió el gorro- y que en lugar de mantener el servicio de autobús escolar gratuito como en los últimos 35 años, es mejor para su salud que caminen cuatro kilómetros por el apasionante arcén de la carretera.

Un tal Eduardo Ovejero, prócer "pepero" e ilustrado sin par, ensaya un trabalenguas que recuerda al famoso video de "haremos lo que tengamos que hacer". En el trabalenguas en cuestión nos informa nuestro perspicaz político que "digo sí a los derechos de los desfavorecidos, pero los que no son desfavorecidos, que no piensen que papá Estado está siempre detrás". Por partes, por favor. En primer lugar, ¿quiénes son los desfavorecidos y quiénes los favorecidos en esta orgía de desguace de un Estado de bienestar que apenas hemos probado y que pagamos con los impuestos de los millones de ingenuos que no defraudan? En segundo lugar, yo creía que "papá Estado" -nutrido por los mismos ingenuos- se dedicaba en medida relevante a proveer de pingües beneficios a las innumerables garrapatas privadas de los presupuestos públicos, aunque estas garrapatas siempre se proclamen liberales. O sea, que cuidadín, cuidadín con las críticas a papá Estado, no sea que se queden sin pedidos o concesiones.

El ilustre Ignacio Wert niega la influencia de cualquier elemento ideológico en su flamante propuesta de reforma educativa

Como a perro flaco todo son pulgas, Enrique Sánchez de León, presidente de la "influyente" Asociación para el Progreso de la Dirección (otros que se apuntan al "a mí que me registren" ), no sólo nos avisa del peligro de hacer pagar más a los ricos (se largan, claro está) sino que pontifica que "el Estado del bienestar, a corto plazo, no puede ser el mismo que hemos tenido durante muchos (sic) años" y se atreve a contraponer dos modelos de entender la sociedad, el europeo -"donde el Estado podía pagarlo todo"- y el anglosajón (que, obviamente, no es Europa), "en el que no todo se puede pagar". Sánchez de León for President. Tanta clarividencia asusta. Pocas veces ha estado más iluminado Forges que en el chiste diario del pasado 19 de Septiembre (Secretaría de Estado de Ingesta Comulgativa con Ruedas de Molino), en el que a una propuesta original del intelectual orgánico de turno: "A ver qué os parece este. Lucha contra la obesidad: un grupo de científicos alemanes demuestra que el Estado de bienestar provoca obesidad mórbida en el Sur de Europa", su compañero pesimista aduce : "Suena bien; pero no va a colar" mientras que el optimista y más lúcido sentencia:"Es lo mismo: se repite y repite y repite..." Memorable. La repetición cansina acaba con la resistencia neuronal.

El tercero en liza ha sido el gran maestre de la Logia Cínica, el ilustre Ignacio Wert, que ha negado la influencia de cualquier elemento ideológico en su flamante propuesta de reforma educativa. Mantener la subvención a los centros concertados que separan a los alumnos por sexo (en contra de las sentencias del Tribunal Supremo) y sustituir la Educación por la Ciudadanía por una descafeinada Educación Cívica y Constitucional de la que se han extirpado los temas más "conflictivos" para almas cándidas clericales (como las referencias a la homofobia) son pequeños detalles sin relación alguna con la ideología. Vivir para ver, leer y oír. De otras lindezas de la reforma (como la exclusión prematura e injusta) , cedo la vez.

Rematemos la faena -con el permiso de José Tomás- con un apunte sobre el "conflicto catalán". Tanto Felipe González como Griñán defienden como solución (nunca es tarde si la dicha es buena) el federalismo asimétrico propuesta que, si no me falla la memoria, era el caballo de batalla del tan discutido y denostado Pasqual Maragall. Si en nuestra sacrosanta e inamovible Constitución no hubiéramos inventado el café para todos del Estado de las Autonomías, hubiéramos aplicado el dichoso federalismo asimétrico y no hubiéramos permitido que las autonomías se deslizaran por el sendero del "y yo también", la impunidad de ufanos e incompetentes sátrapas corruptos, el más burdo cantonalismo, la falta de diálogo y la deslealtad recíproca, no andaríamos ahora debatiendo qué hacemos con el engendro ( algunos estarían la mar de contentos de volver a los Reyes Católicos y a la Una, Grande y Libre) y con los egoístas, insolidarios y peseteros catalanes que quieren separarse.

Y ahora, lo de siempre: la Constitución no lo permite (sobre todo si no se cambia, que ya es hora), el referéndum tendría que ser contestado por todos los españoles (¿porqué tiene el honrado ciudadano de Valdepeñas que decidir sobre si Cataluña puede o no "independizarse"?) etcétera. Sea cual fuere mi opinión, se supone que los que residen y trabajan en Cataluña son mayores de edad y sabrán lo que les conviene. Porque si mantenemos la tesis contraria, yo propongo la conocida teoría del donuts: que la Comunidad Autónoma de Madrid se declare estado independiente de la Unión Europea (población, recursos y actividad le sobran) y nos deje a los periféricos resolver nuestros problemas sin la losa del nacionalismo español. El recurso al absurdo frente a la sinrazón de la caverna.

Como ven, lo del blindaje lo tengo crudo. Y, mientras tanto, la estulticia sigue su curso y navegamos a vela y sin viento . Paciencia.