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La subida del IVA lleva al límite la industria de la música en vivo

Salas y festivales musicales creen que el aumento del impuesto “destruirá el sector”

Razzmatazz, como otras salas, deberá replantearse el futuro de su propuesta y buscar salidas.
Razzmatazz, como otras salas, deberá replantearse el futuro de su propuesta y buscar salidas.

“La programación que tenía preparada para 2013 la he tenido que tirar ya a la basura”. Esta grave sentencia la pronuncia Daniel Faidella, propietario de Razzmatazz, una de las salas más grandes de Barcelona y uno de los centros más importantes de programación de música en vivo. El motivo de esta alarma es el aumento del IVA destinado a la cultura, que pasa del 8% al 21%. Los promotores musicales se debaten entre asumir este aumento de 13 puntos o subir las entradas, extremo que consideran peligroso porque supondría un descenso seguro del número de espectadores.

“Se recaudará menos, se provocará más paro y se hundirá un sector empresarial”, indica Joan Rosselló, de The Project, la promotora que, entre otras cosas, organiza el Festival Internacional de Jazz de Barcelona y que lleva más de un cuarto de siglo en el negocio. “El problema que se nos plantea es cómo mantener vivas las empresas. Quienes han tomado esta decisión son probablemente los mismos personajes que hicieron los balances de Bankia", añade. Ricard Robles, codirector del festival Sónar, apunta que “así,ahora, hacer un festival dejaría de ser rentable” y, sin querer profetizar, expone que “así se destruirá el sector”.

Los últimos datos disponibles del Instituto de Empresas Culturales (ICEC), de 2009, revelan que ese año el sector musical catalán ofreció 1.149 espectáculos y atrajo a 557.081 espectadores. Los últimos tres años han significado una explosión de público para los festivales en Cataluña. Prueba de ello son el Sónar —que en 2012 ha superado los 100.000 asistentes— y el San Miguel Primavera Sound —que también pulverizó su mejor marca alcanzando los 150.000 espectadores—, dos eventos de éxito a nivel global. “Tenemos competencia europea y con este IVA no podemos competir: nosotros el 21% y aquí al lado el 7%”, apunta Alberto Guijarro, codirector del Primavera Sound y de la sala Apolo, y presidente de la Asociación de Salas de Cataluña. La situación es complicada. Jordi Gratacós, de la Asociación de Mánagers y Promotores (ARC), indica que “subir el precio de las entradas no es una opción; de hecho, se habían bajado casi un 20% de media”. Promotoras como Live Nation y Doctor Music se remiten al reciente comunicado de la Asociación de Promotores Musicales (APM) que insta al Gobierno a “incentivar la promoción privada de música en directo”.

“Artistas y giras internacionales

no vendrán”, dice Alberto Guijarro

El sector de la música en vivo lo tiene complicado: “Tenemos mucha morosidad, sobre todo de las Administraciones públicas, y la gente está atrapada”. Un pronóstico: “Se trabajará mucho en negro”. Y es que hay que añadir a toda esta tormenta el aumento de retención de los trabajadores autónomos, la mayoría en este negocio, del 15% al 21%.

Ricard Robles, codirector del Sónar, denuncia que “se está limitando el consumo cultural”. Valga este vaticinio: “Con este aumento, en 2013 Sónar no se podrá hacer como hasta ahora”, subraya el director del festival, que lleva tres años con el precio de los abonos y entradas congelado. Asimismo señala que “en Cataluña el sector de la música en vivo se había autorregulado de forma civilizada, todo estaba ordenado y había muchos trabajadores en esta industria, y todo se irá al traste, cuando funcionaba bastante bien”. Tanto Robles como Faidella insisten en la repercusión que tendrá esta previsible contracción de la industria musical en la hostelería y el turismo.

Robles: “Con este aumento, en 2013 Sónar no se podrá hacer como ahora”

Guijarro explica cómo funcionan los entresijos del negocio de la música en vivo. “Con un sold out (todo vendido), los beneficios oscilan entre el 10% y el 15%, y con un aumentos de 13 puntos de IVA este beneficio se reduce hasta el 7%”, señala. Y agrega el promotor: “Es un negocio con un riesgo altísimo, de un 93%. Van a desaparecer empresas del sector y habrá que contratar menos”.

Razzmatazz tiene 180 trabajadores directos, Apolo, un centenar. ¿Qué pasa con ellos? “No hay de donde recortar ya, llevamos años arañando, no se puede más y yo no quiero echar a mi gente”, confiesa Faidella. Si no en la estructura, es inevitable recortar en la propuesta artística. Guijarro admite: “Desde hace más de un año los conciertos de Apolo nos hacen perder dinero, pero se mantienen porque hacen marca”. Habrá menos conciertos, añade, y “los artistas internacionales no vendrán, las giras gordas pasarán de largo de aquí”. Fatales augurios para la música.