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OPINIÓN

El suplente

Esos millonarios que pagan toneladas de dinero por ser turistas espaciales. Que ponen sobre la mesa un maletín lleno de pasta para subirse a un transbordador y dar una vuelta más allá de la estratosfera. Hoy en día se oye hablar menos de ellos pero supongo que esta modalidad de viaje se sigue practicando. Esto me ha permitido fantasear sobre un nuevo turismo al que se podrían apuntar aquellos que tienen una cuenta corriente llena de ceros. Hablo del "turismo futbolístico". Consiste en pagar un dineral por formar parte de los 20 jugadores que viajan a un acontecimiento deportivo tipo Eurocopa o Mundial. Porque vamos a ver, la probabilidad de que haya que usar a todos los jugadores en los partidos es remota. A lo mejor este millonario tiene 70 años, ciática, el ácido úrico por las nubes y pesa 200 kilos. Pero da igual, no va a jugar. A lo mejor es el tercer portero, el que le quita el puesto a Reina, que estoy convencido de que es un meta excepcional pero minutos lo que es minutos no ha jugado ninguno en la última Eurocopa. Cambiemos a Reina por un empresario del aluminio forrado, a ver qué pasa. Total, no juegas pero te concentras con los demás y viajas al extranjero a competir.

Y ése es precisamente el tema. No juegas pero formas parte de la selección, eres ese pilar del que siempre hablan los jugadores que sí que juegan: los suplentes no tendrán minutos en el campo pero su apoyo es fundamental. Y si ganas, Platini te pone la medalla igualmente y puedes sostener la copa un rato dando la vuelta de honor. Y te recibe el rey en Zarzuela, haces el recorrido en bus hasta la Cibeles, dándote un baño de masas. También celebras los goles de tus compañeros, saltas en el banquillo cada vez que hay una situación de peligro, incluso Sara Carbonero te puede llegar a dar un pico en la entrevista post-encuentro.

Claro que el multimillonario soñará con meter el tanto de la victoria en la final o detener el penalti decisivo. A lo mejor la experiencia le sabe a poco y se convence de que puede jugar y además hacerlo bien, a pesar de que no corre desde 1974. Soborna a Vicente del Bosque para que le alinee en la final. Que se olvide de Casillas y Valdés y le ponga a él. Y si toca tirar un penalti, además lo hará a lo Panenka. Y así, lo que empezó como una manera original de financiar a la selección española, acabará como un drama nacional porque en la portería hay un tipo con una camiseta a punto de reventar por los michelines y que no sabe ni ponerse los guantes. España pierde por 18-0 y el millonario se convierte en hombre más odiado del país. Le ha podido la soberbia. Se ha creído su propio cuento. A lo mejor esta clase de turismo no es tan buena idea. Millonarios, al espacio, que ahí no molestan.