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Madrid regresa a la plaza Mayor con o sin Barenboim

Miles de personas abarrotan el céntrico escenario para oír a la Orquesta de la Comunidad

Concierto de la Orquesta de la Comunidad de Madrid en la plaza Mayor.
Concierto de la Orquesta de la Comunidad de Madrid en la plaza Mayor.

- Qué poca gente hay en la plaza para el concierto de Barenboim -decía una mujer al pasar junto a las sillas preparadas en la plaza Mayor media hora antes del concierto.

- Es que este año no viene Barenboim, esta es la orquesta de la Comunidad -le contestaba su amiga.

- Claro, es que no es lo mismo…

Pero solo había que esperar un poco más. Dieron las diez en el reloj y la plaza, casi igual de llena que en anteriores ocasiones, se preparó para su cita con la música clásica de cada verano. Después de ocho años siendo la sala de conciertos de Barenboim en Madrid, la plaza Mayor cambiaba de director y de orquesta. La crisis ha llevado este año al Ayuntamiento de Madrid a replantear el concierto de la plaza porticada, sustituyendo a los músicos del West-Eastern Divan por la Orquesta de la Comunidad de Madrid (Orcam) y José Ramón Encinar a la batuta.

El programa ha sido muy distinto al que habría elegido Barenboim, que ha acudido a Madrid en los últimos años con distintas sinfonías de Beethoven. En el concierto ha habido sinfonía, pero de Dvorák: la ‘Sinfonía del Nuevo Mundo’ ha competido en la plaza con el ruido de las terrazas. La obra, inspirada por las músicas de la América profunda, los espirituales negros y las primeras muestras del jazz y el soul, es una de las piezas más conocidas del compositor checo, y recorre en unos 40 minutos América del Norte entre grandes contrastes. Durante esta sinfonía, el público se ha mostrado atento y en silencio, algo que no había sucedido durante la primera parte.

Y para completar el programa, Falla y su ‘Sombrero de tres picos’, que ha llenado de tarareos el patio de butacas en la jota final. La gente aplaudía entre movimientos, antes de que la pieza acabara, emocionados por la música del gaditano. La elección de la obra de Falla es muy del estilo de la Orcam, que siempre ha apoyado la interpretación del repertorio nacional, incluso el contemporáneo (cada año estrena obras de compositores españoles en su ciclo en los Teatros del Canal).

El viento se la ha jugado a los músicos como el año pasado, y el nuevo escenario descubierto ha retrasado los pases de página de más de un violinista. Partituras que salían volando del atril de los violonchelos, micrófonos que de vez en cuando no aguantaban los envites de la brisa de verano y generaban ruido… Algunos fallos, también debidos a la exposición de los músicos a la corriente: este año no ha habido paredes laterales ni cubierta, solo un gran pedestal sobre el que se colocaba la orquesta. En el concierto ha cambiado todo respecto al año pasado, hasta el escenario de ubicación, pero se ha mantenido la emoción. Y Madrid se ha mantenido fiel a la cita.

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