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Estrategias de los Corleone que debe usar la policía

Un curso enseña a los agentes cómo resolver conflictos usando la palabra

Detención de un mantero en Lugo.
Detención de un mantero en Lugo.

El matón no da crédito cuando el responsable de seguridad le aconseja ser amable con los clientes violentos de un local de mala muerte de Misuri. “¿Y si alguien dice que mi madre es una puta?”, pregunta, pasmado. “Lo es”, contesta el jefe, enemigo de caer en provocaciones. Esta escena de De profesión, duro (Patrick Swayze, 1989) es una de las lecciones de “yudo verbal” que desde el martes y hasta hoy reciben en Santiago medio centenar de agentes afiliados al Sindicato Independiente de Policía (SUP). Aprenden a defenderse sin sacar la porra o elevar el tono con una técnica de nacionalidad estadounidense todavía exótica en las academias españolas. Solo los policías locales de Madrid reciben nociones de este método que entroniza la empatía como táctica y que en sus 25 años de vida ha parido versiones para agentes forestales, funcionarios o directivos de empresas.

 “Hay que ser amable hasta que llegue el momento de dejar de serlo. Tenemos el uso legítimo de la fuerza y hay situaciones que no se pueden solucionar hablando”, matiza Juan Carlos Ruiz, el profesor del curso, que llega a su clase provisto de proyecciones en Power Point con consejos sobre el arte de la entonación y del parafraseo. Bien usadas, asegura, la persuasión está casi asegurada. “En nueve de cada 10 casos, la persona acaba colaborando con el agente”, defiende. Todos los alumnos, algunos muy jóvenes, son profesionales que ya ejercen y que apenas han recibido consejos para no complicar más una situación ya de por sí enrevesada. Algunos pueden parecer de perogrullo, pero en la práctica no abundan todo lo que deberían. “Hay que tener una mente abierta, estar dispuesto a escuchar cualquier cosa. La primera herramienta para la persuasión no es hablar, sino escuchar y transmitir al otro que lo estamos entendiendo y atendiendo”, recomienda Ruiz, que trae preparada una conversación entre Michael y Sonny Corleone que ilustra el buen hacer del primero para hacerse escuchar e imponer su punto de vista al tramar un encuentro con sus enemigos, un delicado asunto que pone en peligro su vida. La sangre fría, el gesto impertérrito y la escucha paciente convierten a Michael en ganador ante Sonny y el abogado de la familia. “Vais a notar la mejoría en el momento en el que empleéis la técnica, porque moralmente la otra persona se va a ver obligada a escucharos”, promete el profesor. El agente no debe despreciar abiertamente los razonamientos del otro.

Pero no hay yudo verbal que funcione si el agente lo mezcla con sus perjuicios o cae en la afrenta personal. Los sentimientos y los preconceptos tienen que quedar fuera. En la diapositiva con la que Ruiz imparte la clase, se proyecta una fotografía de una evidente metedura de pata. “Un regalo a la prensa”, bromea el profesor. El desalojo de una zona de chabolas termina con una de sus residentes sacada a rastras por varios agentes. “El pie de foto del periódico empezará con un ‘brutal’”, admite. Y pregunta. “¿Si van a destruir vuestra casa os pondríais delante de la excavadora?”, pregunta al auditorio, que murmura “síes” inmediatos. “Tu casa puede ser una chabola, pero es tu casa. Ese es el error que cometemos muchas veces. En este caso, hay un fallo de organización. Tenemos que preguntarnos cuántos agentes tienen que acudir al desalojo, a qué hora y de qué manera hacerlo. Cuando no se empatiza de forma correcta es cuando nos sobrepasamos”.

“Cuando no se empatiza bien es cuando nos sobrepasamos”

A los profesores los forma Judo Verbal España, una franquicia que goza de exclusividad en la emisión de los diplomas internacionales que acreditan el conocimiento de este método ideado en los años ochenta por George J. Thompson , fundador del estadounidense Verbal Judo Institute. “Los cursos los solicitan los propios profesionales, porque están sometidos a situaciones de estrés. Este método es también una herramienta contra el estrés”, explica el profesor, que compara la presión que sufre el agente con la de un médico que trabaja en una planta de enfermos terminales. Pero la técnica censura tanto la falta de sensibilidad como la infravaloración del contrario. En un proceso negociador complicado con un grupo, el policía debe elegir un líder y dotarlo de autoridad ante los demás, “separarlo del rebaño”. Para el policía, aun cuando conoce el yudo verbal, "las palabras dejan de funcionar" cuando está en riesgo la propia seguridad, si la situación de tensión se alarga o si hay un ataque o una fuga.