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Los enchufes masivos ahogan a los Ayuntamientos del baltarismo

El modelo instaurado por el exbarón del PP aboca al ‘crash‘ a los municipios

El exbaron del PP José Luis Baltar Pumar, tocando el trombón en un homenaje que le brindaron empleados de la Diputación.
El exbaron del PP José Luis Baltar Pumar, tocando el trombón en un homenaje que le brindaron empleados de la Diputación.

La comida con la que cientos de empleados de la Diputación de Ourense expresaron hace unos días su agradecimiento al exbarón del PP gallego no era, en realidad, más que la resaca del baltarismo. En ese encuentro con “sus” empleados, un exultante José Luis Baltar recuperó el trombón, reivindicó de nuevo el caciquismo y caldeó el ambiente, pero su modelo de gestión (la larga fiesta de los empleos) estaba ya descomponiéndose.

Eliseo Fernández lleva 30 años al frente del Ayuntamiento de Pereiro de Aguiar (6.000 habitantes). El veterano político del PP rige ese municipio ourensano con mano firme —las crónicas dan cuenta de cómo intentó disolver, escopeta en mano, un piquete sindical en los años ochenta— frente a una oposición prácticamente simbólica y apoyado en el modelo de contrataciones de la Diputación. Un centenar de empleados temporales se reparte las tareas municipales con el personal fijo. Los sueldos consumen dos millones de euros mensuales: el 41% del presupuesto municipal, de 4,3 millones. La oposición alerta de que las arcas hacen aguas.

El modelo sobre el que se asentó (y consolidó) el baltarismo en Ourense se resiente con la crisis. La espita la abrió Xinzo (10.000 habitantes) con el 59% del presupuesto dedicado a pagar al personal, la mayoría enchufados. Acuciado por las deudas, el regidor limiano, Antonio Pérez, negocia con los sindicatos un plan de ajuste que frente la bancarrota municipal. Pero Xinzo no es más que la punta de lanza del crash del baltarismo.

Eliseo Fernández mantiene en Pereiro su, políticamente rentable, modelo de gestión. A finales de 2011, el grupo socialista le reprochó el recorte en alumbrado navideño —el regidor seguía cobrando 50.000 euros mensuales (dietas aparte)—, la adquisición de un todoterreno de alta gama “para su uso exclusivo”, las contrataciones de “personal innecesario” y el consumo de “4,5 millones de euros en gastos corrientes” solo en 2011. Entre pagar al personal y los gatos corrientes, el Ayuntamiento de Pereiro consume el 72% de su presupuesto mientras se ve abocado a suscribir un crédito por 350.000 euros. No es la única deuda. El Ayuntamiento debe medio millón de euros al Estado del préstamo destinado al pago de proveedores.

Entre nóminas y gastos corrientes se va más del 70% del presupuesto

Alcaldes con dedicación

parcial se ponen sueldos

de 45.000 euros

Amenaza de ERE y opacidad informativa

Si los municipios del baltarismo comienzan a resentirse, en Os Blancos —en donde el exalcalde condenado por malversación, José Antonio Ferreiro, invocaba el nombre de Baltar con el de Dios y la Virgen y levantaba bustos en su honor— la asfixia es ya un hecho. El actual regidor, José Manuel Castro, de Alternativa Popular Galega, no puede con la herencia. No consigue afrontar la deuda de 3,1 millones de euros y ha aprobado ya un plan de ajuste con un draconiano recorte en personal. Si la Xunta no interviene, aplicará un ERE a la plantilla.

De momento, aprobó los presupuestos de 2012, pero tuvo que recurrir a un ardid: incluyó en los gastos de personal la deuda de 1,1 millones con la Seguridad Social, y en los gastos corrientes, 1,2 millones de la deuda con los proveedores. Para cuadrar las cuentas, Castro computó en los ingresos 2,6 millones que espera que le transfieran la Xunta y el Estado, pese a que ninguna institución la ha comprometido.

Otros alcaldes del baltarismo consiguen escapar por el momento de la bancarrota. Es el caso de Celanova. Este Ayuntamiento de 6.000 habitantes tiene un presupuesto de 3,9 millones de euros. Entre nóminas del personal y gastos corrientes consume un 59% del presupuesto. Las inversiones reales no alcanzan los 650.000 euros y, a finales de 2010, la deuda viva superaba el 41%. El alcalde, el también resistente del baltarismo Antonio Mouriño —lleva 30 años al frente del Ayuntamiento y es un histórico en la Diputación— defiende el saneamiento de las arcas.

Pero en Celanova, el modelo del baltarismo se forja en la mancomunidad. Un ente supramunicipal que preside el alcalde de Quintela de Leirado, el también popular Antonio Pérez Cortés —colocó a siete parientes suyos y a nueve de otros directivos— y que gestiona los servicios que no presta el Ayuntamiento.

Todos los municipios de la mancomunidad están gobernados por el PP. Y ésta es una entidad impenetrable. La oposición denuncia constantemente que no tiene acceso a la mínima información sobre su funcionamiento. PSOE y BNG aseguran desconocer su presupuesto, su financiación y sus gastos. Solo saben que “da empleo a una larga lista de parientes y cargos del Partido Popular”.

Fernández es diputado provincial —elevado a la categoría de responsable de Personal por el nuevo presidente de la institución— y su secretario municipal en Pereiro, Plácido Álvarez, es alcalde de Muíños y vicepresidente del mismo organismo provincial en el que José Manuel Baltar Blanco ha sucedido a su progenitor.

La principal herencia del baltarismo —los empleos sobre los que la mayoría de alcaldes asentaron su poder y que tantos réditos electorales ha dado a los Baltar— lacra ahora las cuentas municipales. Si la Diputación destina al gasto de personal —con una plantilla plagada de enchufados del PP — un 41% de su presupuesto, los empobrecidos Ayuntamientos de su estela no bajan de ese porcentaje.

En el industrializado municipio de San Cibrao (4.500 habitantes y sede de tres parques empresariales), gobernado hasta este mandato por la también baltarista Elisa Nogueira —fue alcaldesa 32 años y diputada provincial—, el personal consume casi un millón de euros de un presupuesto de cuatro con un remanente de tesorería de un millón. Esto es, más del 50% del presupuesto se destina a las nóminas de los trabajadores: cinco funcionarios, 20 laborales fijos y 14 eventuales. Apenas 39 empleados, pero la oposición se echa las manos a la cabeza alarmada por el sueldo de la secretaria-interventora: cobra 75.000 euros anuales. El alcalde, Pedro Fernández, que ha sustituido a la veterana Elisa Nogueira, ha tasado en 45.000 euros anuales su dedicación parcial, que compagina con su empleo en una de las empresas del polígono industrial del municipio.

Con 800.000 euros para inversiones reales, no hay déficit en San Cibrao. En realidad, “no hay nada”, concluye la portavoz socialista, Bibiana Iglesias, dando la voz de alarma sobre la “inexistencia de viviendas” en un municipio colindante con la ciudad al que acuden diariamente a trabajar 8.000 ourensanos. En este caso, el modelo baltarista “no deja opción para el desarrollo”.

Juan Manuel Jiménez Morán gobierna desde 2003 el Ayuntamiento de Verín (14.000 habitantes). Es uno de los hombres de Feijóo en la provincia, hasta el punto de que aceptó la encomienda de presentar candidatura alternativa al hijo del exbarón en el congreso provincial en el que Baltar Blanco resultó elegido sucesor de su padre en el partido. Pero su vinculación de años con el exbarón y la lealtad que tuvo con el verinense, de la que Baltar se jacta, han llevado a este a tildarlo de “traidor”.

Convertido al PP urbanita, Jiménez (13 años, en dos tandas, en la alcaldía) aplica, sin embargo, el modelo baltarista: 8,7 millones de euros de presupuesto y 3,5 de gasto en personal. Las nóminas de los empleados (36 funcionarios, 62 laborales fijos y 34 temporales) contrastan con la deuda a largo plazo de 5,8 millones de euros, incluido el crédito del plan de ajuste del Gobierno de 1,5 millones. Si no pide otro crédito, en 2022 el Ayuntamiento tendrá aún una deuda de 2,8 millones una vez amortizado el estatal para pagar a los acreedores.