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Una colección en el aire

Los herederos de Núria Pla podrían exhibir fuera de Cataluña parte de los 700 muebles reunidos en Barcelona, tras fracasar un acuerdo con el Ayuntamiento

La propiedad de la casa y la finca de cuatro hectáreas, origen del conflicto

Uno de los bargueños de carey de la colección Nuria Pla.
Uno de los bargueños de carey de la colección Nuria Pla.

La veintena de estudiantes que asisten al curso organizado por la Asociación para el Estudio del Mueble están de enhorabuena por partida doble: han sido los primeros en poder contemplar la colección de muebles reunida durante 60 años por Núria Pla Montseny (Barcelona, 1917-2011) en su vivienda situada en la calle de Cartagena esquina Mare de Déu de Montserrat, en una enorme finca de cuatro hectáreas junto al Hospital de Sant Pau de Barcelona. Pero también porque no han tenido que pasar el examen que la señora Pla realizaba a los que querían ver alguno de sus muebles, por los que sentía auténtica veneración, según los que la conocieron. Formada por más de 700 piezas, sobre todo mueble español de los siglos XVI al XVIII pero también orfebrería, esculturas románicas y góticas y figuras de belenes, entre otras piezas, el futuro de la enorme y desconocida colección está en el aire. Tras fallecer en marzo de 2011 sin herederos directos y sin haber llegado a un acuerdo con el Ayuntamiento de Barcelona por el destino de las piezas, sus herederos legales, la Fundación Ramón Pla Armengol, han empezado a rehabilitar la vivienda para mostrar las piezas, pero no descartan llegar a acuerdos con museos de Madrid, Toledo o Valladolid para exhibir parte de la colección.

El bargueño de 1609 de marfil y tinta cerrado con el Mapa Mundi con los cuatro continentes (falta Australia). ampliar foto
El bargueño de 1609 de marfil y tinta cerrado con el Mapa Mundi con los cuatro continentes (falta Australia).

Mesas, escritorios, alacenas, armarios, arquillas, tallas, tejidos, orfebrería, espejos, camas, sillas, candelabros y un largo etcétera conforman una especie de IKEA con muebles de los siglos XVI al XVIII distribuidos en las 50 habitaciones de la vivienda construida por Adolf Florensa en 1930 en la que vivió y falleció Nuria Pla, un oasis de tranquilidad en la ciudad.

El bargueño de 1609 de marfil y tinta abierto. ampliar foto
El bargueño de 1609 de marfil y tinta abierto.

Pla heredó de su madre el interés por el arte y de su padre el científico, ya que tras licenciarse en medicina en 1940, se hizo cargo del instituto farmacéutico fundado por Ramon Pla y Joaquim Ravetllat, que proporcionaba pingües beneficios comercializando fármacos para la tuberculosis, a partir de la sangre de caballos (que corrían a sus anchas por la finca donde también estaban las cuadras) y que exportaban a más de 20 países. Pla usó su fortuna en adquirir mueble español de alta gama hasta el punto de que los anticuarios le enviaban las piezas a casa para que las examinara. Ella, una auténtica experta, los desarmaba para analizarlas. Si eran de su agrado las compraba, si no, las devolvía, la mayoría de las veces desmontadas. También asistía a subastas, incluso inglesas, donde era conocida por su discreción y su nivel cultural y económico.

“En el Museo Arqueológico y el de Artes Decorativas de Madrid hay piezas mejores, pero ningún conjunto supera este, ni siquiera internacionalmente. Y si hablamos de bargueños, hay piezas dignas del Metropolitan o del Victoria and Albert Museum”, asegura Mónica Piera, presidenta de la asociación que ayer visitó la casa. Uno de estos muebles, con cajones y lugares secretos, realizado en 1609 con incrustaciones marfil y tinta negra, dibujos de mapamundi, planos de 10 ciudades y efigies de reyes, está considerada una joya de la historia del mueble única. La pieza se expuso recientemente en la Biblioteca Nacional de Madrid y anticuarios de Nápoles, de donde procede, ofrecieron en varias ocasiones, un cheque en blanco a Pla, que rechazó.

La colección de bargueños es la mejor del mundo, según los especialistas

En Barcelona no se han expuesto las piezas, pese a que desde hace años existe interés por que los muebles se incorporen a las colecciones públicas de la ciudad, e incluso estaba previsto que ocuparan 2.500 metros cuadrados del museo Dhub de Glòries que abrirá en 2013. Pero las negociaciones están rotas. Según Juan Ramón Ferrero, presidente de la Fundación Privada Ramon Pla, constituida en mayo de 2011, Núria Pla quería que los muebles se exhibieran pero no ceder su propiedad. La crispación ha llegado a tal punto que Ferrero asegura que si se “llegan a acuerdos con museos de Madrid, Valladolid, Toledo u otra ciudad que valore las piezas no habrá inconveniente en prestarlas”.

Detrás de las desavenencias entre coleccionista primero y la fundación ahora y el Consistorio existe una larga disputa por la titularidad de la casa y de la enorme finca de cuatro hectáreas, que todavía no está resuelta. En 1989, el Ayuntamiento expropió la parte inferior del jardín repleto de palmeras y eucaliptos para ampliar la Ronda del Guinardó, y se incoó un expediente de expropiación de toda la finca para transformarla en un jardín público. El Ayuntamiento, según Ferrero, llegó a un acuerdo con Pla y su marido, Alfonso Carro, por el cual se eliminaría el expediente a cambio de que donaran la casa y la finca post mórtem, ya que el matrimonio no tenía descendencia. El acuerdo incluía convertir la vivienda en un museo y ampliar el Hospital de Sant Pau en los terrenos con instalaciones dedicadas a investigar en neumología, la especialidad del padre.

Estaba previsto que los muebles ocuparan 2.500 metros en el DHUB

La sorpresa vino cuando en 2000, siempre según Ferrero, un plan urbanístico dividía el jardín por una calle y no aparecían las instalaciones médicas ni el museo sino equipamientos.

“Lo que siempre quiso Núria Pla era mantener su colección y asegurar su preservación y exponerla dignamente y el Ayuntamiento no se le garantizó”, asegura Ferrero, que reconoce que su clienta tenía una relación casi “monástica” con sus muebles.

Tras la ruptura, Ferrero mantiene que no ha habido contactos con los nuevos representantes municipales desde julio. “La pelota está en el tejado del Ayuntamiento, estamos abiertos a negociar la exposición de los muebles siempre que nosotros, los herederos legales, seamos los propietarios y se mantenga la unidad”, explica. Y asegura que la coleccionista dejó en su testamento que en caso de que las obras se tuvieran que separar, las religiosas irían al Museo Diocesano y Comarcal de Lleida, de donde era su padre.

La fundación, que se financia con el alquiler de 150 pisos propiedad de Pla y fincas rústicas, ha comenzado a rehabilitar la casa. “Tenemos un plan quinquenal en el que invertiremos un millón de euros. Hemos comenzado por las humedades y la seguridad”, según Ferrero. Desde mayo, el especialista Miguel Ángel Alarcia inventaría el fondo “para saber con exactitud de qué piezas hablamos”, asegura mientras explica detalles de seis bargueños de ébano y carey. Esta misma semana ha sido nombrada directora del Dhub Pilar Vélez, con una amplia experiencia en el coleccionismo y tras 17 años en el Museo Marés. Piera y Alarcia están convencidos de que la elección es la idónea para superar la mala relación entre los propietarios de los muebles y el Ayuntamiento. “Ojalá los políticos le dejen hacer”, remacha Alarcia.