Los sueños como excusa

El Salón del Cómic de Barcelona recupera al maestro Winsor McCay, revolucionario del género

Cabecera de una tira de 'Little Nemo in SLuberland', publicado en New York Herald en junio de 1906.
Cabecera de una tira de 'Little Nemo in SLuberland', publicado en New York Herald en junio de 1906.JOAN SÁNCHEZ

Winsor McCay (1869-1934) revolucionó, sin exagerar, el cómic, la estructura de los tebeos. Creó una manera de mirar. Este estajanovista creo la icónica serie Little Nemo in Slumberland, un ejemplo palmario de su arte y de su huella. Por ello, el Salón del Cómic de Barcelona le rinde homenaje con una exposición. La muestra recupera páginas de prensa de la época donde se reprodujo este cómic. La exposición también incluye originales de otras series suyas como Little Sammy Sweeze y Dream of the Rarebit Fiend –ambas en 1904--, así como ilustraciones editoriales o políticas de la época. En 1905 empezó a dibujar su gran creación –Little Nemo in Slumberland– en las páginas dominicales del New York Herald. La exposición está comisariada con acierto por el periodista Vicent Sanchis, también historiador de cómic, y cuenta con originales procedentes de su colección, así como páginas cedidas per Bernard Mahé y Jaume Vaquer.

En uno de los diálogos del cómic, Nemo pregunta a Oompy “¿qué hacemos aquí?” y el pequeño monstruito le replica “nosotros existimos aquí”. Y es que es en el mundo onírico donde se desarrollan las aventuras, a menudo locas, de este niño y sus compañeros de fechorías. Cada página, siempre, termina con un pequeño recuadro en el que Nemo despierta en su cama, muy a menudo tras haber caído, y lanzando aforismos potentes, cuando no moralejas.

JOAN SÁNCHEZ

Si el cómic merece el apelativo de noveno arte es, en parte, a la titánica producción y novedosa técnica, de McCay, quien en blanco y negro o en color fue capaz de fabricar un tebeo para consumo masivo con un evidente acento intelectual. Un siglo después nadie ha sido capaz, como McCay (que no se sabe si nació en Michigan o en Canadá), de generar un concepto semejante. Desarrolló una actividad como dibujante frenética, compulsiva. Empezó a trabajar en la prensa como ilustrador en 1889. Des del primer momento fue capaz de crear y combinar chistes gráficos, ilustraciones, caricaturas y dibujos políticos, páginas de cómic de series diferentes y los primeros grandes intentos de películas de dibujos animados.

McCay se ganó la vida gracias a la caricatura "rápida y psicológica". Era un hombre de fuerte autoestima y decía a quién le quería escuchar: "Dentro de pocos añois, vuestro retrato, que ahora es propone este joven por solo 25 centavos, valdrá mucho dinero y no es querréis separar nunca de él". En 1899 McCay ya dibujaba para la revista Life. Desde 1903 trabajó como estrella editorial del New York Herald y en el New York Telegram. Cosechó gran éxito y a partir de julio de 1911 lo fichó William Randolph Hearst, el célebre magnate de la prensa. En 1924 volvió al Herald. No paró de trabajar este hombre enjuto, que aceptaba todos los encargos porque su mujer quería vivir a todo tren y le tildaba de vaco. McCay no dejó de soñar gracias a Little Nemo, una manera agradable de trabajar.

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