He comprado un melocotón verde, ¿madurará en el frutero?

¿Y qué pasa con las nectarinas?

Aunque suena a reiteración, el melocotón es el fruto del melocotonero, un árbol de la familia de las rosáceas, un clan botánico muy extenso que abarca desde los manzanos a los rosales. Su nombre científico es Prunus persica, una denominación curiosa ya que no procede de Persia, sino de la lejana China, donde ya saboreaban melocotones en el tercer milenio antes de Cristo.

De aspecto elegante, el melocotón es amarillo o rojizo por fuera, con una piel suave cubierta por una ligera pelusa. El interior es una pulpa carnosa y dulce con un hueso duro en el centro. Existen varias clasificaciones, según el parámetro que se tenga en cuenta. La más habitual en el punto de venta es por el color de su piel, amarilla o roja. Si se mira el tipo de pulpa, los hay de pulpa blanda y no pegada al hueso y de pulpa dura y pegada al hueso. Y por el tipo de piel, pueden ser vellosos o no vellosos, como la nectarina. Dado que el melocotón es una de las frutas más extendidas, también es una de las que más variedades ofrece, muchas de ellas mejoradas por injerto o hibridaciones con otras de la familia o con variedades mutadas de modo natural. Aquí va una enumeración de las más conocidas: alba, alboplena, atropurpúrea, péndula, purpúrea, rosea, rubra, rubroplena, calanda...

En cuanto a su temporada, la geografía tiene mucho que decir. A lo largo de la primera quincena de mayo suelen legar al mercado los procedentes de Sevilla, Huelva y Valencia. En julio, los de Murcia, Extremadura, Tarragona y Barcelona. Los que aparecen en septiembre son de Lérida y Aragón.

A la hora de elegirlos, la piel debe verse lustrosa, sin golpes y con el tono vivo, nunca macilento o verdoso. O sea, deben estar maduros. No sirve de nada comprarlos verdes con la intención de que duren más, ya que no son de ese tipo de fruta, como sucede con el plátano. Si no ha madurado en el árbol, no lo hará en el frutero.

Aunque no es la opción más saludable por su elevado contenido en azúcar, también pueden encontrarse en almíbar todo el año.

Pero, la nectarina, ¿es un melocotón?

Durante mucho tiempo se dio por buena la hipótesis de que la nectarina (también llamada fresquilla) era un injerto de ciruelo y melocotonero. La ciencia ahora parece inclinarse porque no es sino una variante del melocotón con piel no vellosa. Una mutación, para entendernos. En muchas ocasiones, esta variante nace del propio árbol del melocotón como un brote mutado que se suele injertar para crear una nueva especie. Otras veces es el propio melocotonero el que se toma la licencia de dar unas cuantas nectarinas. Y para terminar de volver loca a los botánicos, y no digamos al propio agricultor, pueden ser de carne blanca o amarilla y adherida al hueso o suelta.

La nectarina es una variante del melocotón con piel no vellosa, ligeramente más dulce y extremadamente frágil.

La nectarina puede ser ligeramente más dulce que el melocotón, pero su aporte nutricional es similar. Sin embargo, es extremadamente frágil. Busca siempre ejemplares de piel lisa, brillante y firme, pero flexible. Si es demasiado dura, todo apunta a que no ha madurado del todo y la pulpa será menos jugosa, más parecida a la manzana. Al igual que el melocotón, tampoco mejorará su sabor ni madurará en casa. Las nectarinas pueden conservarse algunos días a temperatura ambiente y algo más en el frigorífico, pero nunca más de una semana.

Aporta de todo un poco, pero sin destacar

El 89% de 100g de melocotón es agua y aporta 39 kilocalorías por cada 100 gramos. El resto son casi exclusivamente hidratos de carbono (9 gramos) y fibra, (1,4 gramos). Pese a ser una fruta muy sabrosa, no hay ningún ingrediente que aporte cantidades significativas. También contiene sustancias activas con potenciales efectos positivos sobre la salud, como la como luteína y zeaxantina.

Entre los minerales, destaca el potasio (260 mg), un micronutriente que contribuye a mantener la tensión arterial en valores normales y al buen funcionamiento de los músculos.

¿Por qué hay tanta alergia a esta fruta?

La alergóloga de HM Hospitales, Marcela Santaolalla, explica que la alergia al melocotón se produce por una sensibilización a una proteína transportadora de lípidos (PTL) llamada Pru p 3, que se encuentra en diversos tipos de pólenes y alimentos vegetales. Quien tiene alergia al melocotón, suele tenerla también a otras frutas de la familia de las rosáceas, como el albaricoque. “Esta proteína es muy abundante en otras frutas rosáceas, como la manzana, la cereza y el albaricoque, así como en frutos secos, cereales, legumbres, lechuga, tomate… En el caso del melocotón, se encuentra siete veces más concentrada en la piel que en la pulpa”.

La alergia al melocotón se produce por una sensilibilización a la proteína Pru p 3, concentrada especialmente en su piel, y puede provocar desde síntomas leves a otros más graves, como la anafilaxia.

Esta alergia puede provocar desde síntomas leves como el Síndrome de Alergia Oral (SAO) - que generalmente solo afecta a la garganta y a la boca- hasta otros más graves como la anafilaxia, una reacción que afecta a todo el organismo y es potencialmente mortal. “El tratamiento consiste en dieta de exclusión, difícil por su amplia distribución”. Actualmente ya existe una vacuna sublingual específica.

De la macedonia a los orejones

El melocotón tiene carácter propio y puede tomarse perfectamente a solas o incorporado a una macedonia. Pero también lo encontramos en mermeladas, helados y postres, incluso en forma desecada, más conocida como orejones. Pueden comerse con o sin piel. Si optas por no pelarlos, límpialos bien antes de consumirlos.

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