<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<rss version="2.0" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"><channel><title>EL PAÍS</title><link>https://elpais.com</link><atom:link href="https://elpais.com/arcio/rss/author/Antonio%20Mu%C3%B1oz%20Molina/?website=el-pais" rel="self" type="application/rss+xml"/><description>EL PAÍS News Feed</description><lastBuildDate>Thu, 24 Sep 2020 10:46:03 +0000</lastBuildDate><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><image><url>https://elpais.com/resizer/hpj5CT1kM4wdG0NYyqr8awL8fo4=/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/OIJOJGGQRBBMZEPZKN664ZIB6Q.png</url><title>EL PAÍS</title><link>https://elpais.com</link></image><item><title>Habitando una música</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/09/17/babelia/1600352025_886271.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/09/17/babelia/1600352025_886271.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 17 Sep 2020 22:11:14 +0000</pubDate><description>En nuestra época se asocia el disfrute estético con la inmediatez y nada que requiera constancia parece atractivo</description><content:encoded><![CDATA[<p>Confinado en Málaga, en una casa de campo, y absuelto de los viajes incesantes de una estrella internacional de la música, <a href="https://elpais.com/noticias/daniel-barenboim/">Daniel Barenboim</a> se levantaba cada mañana y se ponía a estudiar las sonatas de piano de <a href="https://elpais.com/noticias/ludwig-van-beethoven/">Beethoven</a>. En la <a href="https://elpais.com/elpais/2020/09/11/eps/1599825138_490452.html">entrevista que le hace Jesús Ruiz Mantilla</a>, a Barenboim se le nota el pudor de reconocer que ha disfrutado tanto en una época de calamidad y dolor: no tenía que extenuarse por aeropuertos y hoteles de gran lujo; no tenía que dirigir y luego asistir agotado y sonriente a esas recepciones que dan los multimillonarios y los patronos de las grandes instituciones musicales a eminencias como él. Desayunaba, salía al jardín, se sentaba al piano, abría una partitura. Que a los 77 años aún tenga que estudiar con ahínco, y con visible entusiasmo, esas sonatas de Beethoven es un indicio de la riqueza sin fondo que puede contenerse en el interior de una música y también de la mezcla de constancia y de fervor que es el alimento de todo aprendizaje. Aprender no se acaba nunca. En nuestra época se asocia el talento con el efectismo, y el disfrute estético con la inmediatez, y nada que requiera una larga constancia parece atractivo.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/09/17/babelia/1600352025_886271.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/o8Uwgi3xz0hLJM6qJjEIFgyPAV8=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/5DSQJ3ICPO7JCUCVTPNFADFH5Y.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Daniel Barenboim, durante su interpretación de las 'Variaciones Diabelli' de Beethoven en el pasado Festival de Granada. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Fermín Rodríguez]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Daniel Barenboim]]></category><category><![CDATA[Ludwig van Beethoven]]></category><category><![CDATA[Música clásica]]></category><category><![CDATA[Estilos musicales]]></category><category><![CDATA[Música]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Volviendo a Faulkner</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/09/09/babelia/1599659987_619771.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/09/09/babelia/1599659987_619771.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 10 Sep 2020 22:15:55 +0000</pubDate><description>Está bien que la novela se mida con el mito en esta época en la que parece que el alimento de la imaginación ha de ser en exclusiva el 'fast food' de lo audiovisual</description><content:encoded><![CDATA[<p>La lejanía embellece la literatura porque revela su médula de universalidad, pero también puede envolverla en malentendidos. Quien ve muy de cerca la historia o el mundo de una novela corre el peligro de subvalorarla porque se fija sobre todo en su conexión con lo real, como quien conoce al modelo de un retrato y juzga el cuadro por su parecido. Cualquier ciudad, inventada o real, que conocemos solo a través de las novelas cobra para nosotros un resplandor mitológico, y hasta su nombre se nos vuelve poético, aunque sea del todo común para quienes lo usan a diario. La primera vez que yo vi el nombre de Memphis en la tipografía de letras blancas sobre fondo verde de las autopistas americanas, lo que veía no era un indicador de dirección, sino la palabra conjuro que contenía para mí toda una riqueza de música y literatura, y también de heroísmo y militancia política. En ese nombre resonaban vidas de <em>bluesmen</em> y de personajes de Faulkner, además de <a href="https://elpais.com/internacional/2018/01/15/actualidad/1516007501_950423.html">la sombra trágica de Martin Luther King.</a><p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/09/09/babelia/1599659987_619771.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/j0SLXgSXTmwmpjKRn0HTWwrhoMM=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/FHWDUSQUHSKQ377D4O262NVFXU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[William Faulkner fuma en Roma, en 1955. ]]></media:description></media:content><category><![CDATA[William Faulkner]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Escritores]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Por la ventana</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/09/02/babelia/1599045725_507451.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/09/02/babelia/1599045725_507451.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 03 Sep 2020 22:28:56 +0000</pubDate><description>Asomarse para contemplar la calle o el cielo o la lejanía requiere cierta disposición para no hacer nada</description><content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://elpais.com/ideas/2020-04-24/los-aplausos-en-el-balcon-el-ritual-de-esta-crisis-es-un-redescubrimiento-mutuo.html">Desde los aplausos de marzo y abril</a>, balcones, ventanas y terrazas han recobrado algo de la relevancia que habían perdido sin que nadie se diera demasiada cuenta. Entre la intimidad hermética de la vivienda propia y la intemperie de la calle, el balcón y la ventana eran un espacio intermedio, abierto al mundo y también a salvo, permitiendo una efectiva fraternidad con los desconocidos sin romper la burbuja protectora del confinamiento. Yo apenas había pasado tiempo en el balcón en los casi cuatro años que llevaba en mi casa. Habíamos instalado distraídamente un conato de jardín, con un sistema de riego automático que nos eximía del cuidado diario y nos permitía olvidarnos de las plantas durante viajes y ausencias prolongadas. Hasta la jardinería más simple requiere un cierto grado de sedentarismo. Mirar por la ventana o acodarse en el balcón para contemplar la calle o el cielo o la lejanía también requiere cierta disposición para no hacer nada.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/09/02/babelia/1599045725_507451.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/BniQE5vdC5-Zw-D9d1Xlwq7bftk=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/S7GHKUVTRN3UXRS7NEOJB4MNVE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Madrileños disfrutando del sol el pasado abril, en pleno confinamiento.  ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Carlos Álvarez]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Marsé y el espíritu de la novela</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/07/23/babelia/1595518188_800489.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/07/23/babelia/1595518188_800489.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 23 Jul 2020 22:09:48 +0000</pubDate><description>El escritor fallecido la semana pasada aprendió de los grandes, pero su fuego originario estuvo en las narraciones orales y las leyendas de heroísmo popular</description><content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020-07-19/muere-el-escritor-juan-marse.html">Juan Marsé</a> alentaba el espíritu de la novela con una pureza y una integridad que solo están reservadas a los nombres mayores del oficio, o bien a esos narradores instintivos que hechizan cuando cuentan y nunca escribirán una palabra. Marsé era novelista de la misma manera visceral en que era lector apasionado de novelas, y mucho antes, de niño, lector de tebeos y de novelillas de quiosco, aficionado a las películas en los cines de barrio, oyente alerta y narrador activo de las fábulas orales que se contaban los niños en las calles populares de la Barcelona de posguerra, las <em>aventis</em> que él transmutó en literatura en <em>Si te dicen que caí</em>. En esa novela, y en <em>Un día volveré</em>, la memoria proscrita de la resistencia republicana se convierte en leyenda embellecida por el ejemplo de los héroes del cine y filtrada por la bruma del rumor y el misterio. Los antiguos pistoleros libertarios, los guerrilleros urbanos que en algunos casos se mantuvieron activos durante más años de lo que había parecido verosímil —el último de los hermanos Quero fue abatido en Granada por la Guardia Civil a principios de los años sesenta— adquirían en la imaginación infantil una estatura épica como de forajidos de película de vaqueros o de gánsteres, admirados en la oscuridad propicia de las salas de cine, recreados luego en las narraciones sucesivas de los niños en la calle.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/07/23/babelia/1595518188_800489.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/uOAAi3iIc_q34g2kEVgfLAs4Co4=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/4KQ543Y4X7SH3LIKIXLD7FHBCY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor Juan Marsé, en su casa de Barcelona en 2014. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[CONSUELO BAUTISTA ]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Juan Marsé]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Que Venecia no muera</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/07/15/babelia/1594828848_310667.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/07/15/babelia/1594828848_310667.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 16 Jul 2020 22:17:25 +0000</pubDate><description>Políticos y empresarios impusieron un modelo económico basado en el turismo de masas que elimina las consideraciones ambientales o de cohesión social</description><content:encoded><![CDATA[<p>Desde el avión que descendía para el aterrizaje vi Venecia en la luz oblicua y dorada del atardecer, los canales y las cúpulas, las islas dispersas sobre la laguna, el cielo con un resplandor suave como de fresco de Tiepolo. Me fijé más porque hacía mucho tiempo que no visitaba la ciudad, y porque esta vez tampoco iba a quedarme en ella. Venecia era el destino de mi vuelo, pero no el de mi viaje, porque en el aeropuerto alguien me recogería para llevarme a otra ciudad en el Véneto. Venecia era esa visión prodigiosa y fugaz, y yo pensé con tristeza o resignación que casi lo prefería, por no verme sumergido entre la muchedumbre turística que estaría inundando la ciudad, esa tarde de finales de septiembre. Desde la ventanilla del avión reconocía torres y cúpulas, y me acordaba de viajes de hace muchos años que han dejado en mí una memoria indeleble: también veía, altos y masivos sobre la lámina quieta del mar, los cruceros que se acercaban como emisarios de una armada invasora.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/07/15/babelia/1594828848_310667.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/bGkGFYQmdAZlbAOJ2G_opqb75MY=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/WRUPIYSD43OB2G5F4FEQLBEASI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un crucero navega delante de la plaza de San Marcos de Venecia.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Venecia]]></category><category><![CDATA[Italia]]></category><category><![CDATA[Europa occidental]]></category><category><![CDATA[Europa]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Estética del confinamiento</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/07/08/babelia/1594226966_510300.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/07/08/babelia/1594226966_510300.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 10 Jul 2020 09:08:10 +0000</pubDate><description>La música en directo, como una bebida alcohólica de alta calidad, tiene un efecto más poderoso tras una larga privación</description><content:encoded><![CDATA[<p>Los amantes vuelven a encontrarse y se quedan parados, como sobrecogidos por un asombro mutuo, el de ver de nuevo con sus propios ojos lo que no habían sabido recordar, la novedad resplandeciente de la presencia del otro, los cambios que ha traído la ausencia: se quedan parados, en la habitación donde ella acaba de levantarse de la cama deshecha, pero después de ese instante no avanzan el uno hacia el otro, no rompen el último tramo de la distancia que los había estado separando. Se miran, se hablan, extienden los brazos, pero los dedos no llegan a rozarse, como si la otra distancia irreversible que muy pronto los va a separar ya se hubiera impuesto por anticipado entre ellos, un abismo que no pueden cruzar. Los dos amantes, Alfredo y Violetta, se encuentran después de una amarga separación en la última escena del tercer acto de <a href="https://elpais.com/noticias/giuseppe-verdi/"><em>La traviata</em></a>, pero, aunque se desean tanto, no llegan a abrazarse porque ya los separa la divisoria de la muerte, y porque <a href="https://elpais.com/noticias/covid-19/">las precauciones sanitarias contra la covid-19</a> no permiten que los cantantes se acerquen entre sí a menos de dos metros. También se mantienen extrañamente separados entre sí, en una especie de cuadrícula fantasmal, los miembros del coro y los figurantes, y los espectadores que un momento después, tras el final de la función, nos pondremos de pie para aplaudir, uniformados en <a href="https://elpais.com/cultura/2020-07-02/una-traviata-in-maschera.html">el anonimato de las mascarillas, que son otra precaución sanitaria, pero que acaban formando parte del vestuario general y la escenografía de la ópera</a>.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/07/08/babelia/1594226966_510300.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/Y4dYTp4VHYGcvd5ri7QhHhxeohg=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/4HTFPZ7AQRCXPRNRLIFTOKP3CU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El Teatro Real, en su reapertura con 'La traviata'. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[JAVIER DEL REAL]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Coronavirus Covid-19]]></category><category><![CDATA[Pandemia]]></category><category><![CDATA[Coronavirus]]></category><category><![CDATA[Enfermedades infecciosas]]></category><category><![CDATA[Virología]]></category><category><![CDATA[Epidemia]]></category><category><![CDATA[Enfermedades]]></category><category><![CDATA[Microbiología]]></category><category><![CDATA[Medicina]]></category><category><![CDATA[Biología]]></category><category><![CDATA[Salud]]></category><category><![CDATA[Ciencias naturales]]></category><category><![CDATA[Ciencia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Volver a dónde</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/07/02/babelia/1593688122_400353.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/07/02/babelia/1593688122_400353.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 02 Jul 2020 22:02:00 +0000</pubDate><description>El mundo posterior al confinamiento, sobre el que tanto se especulaba, ha resultado ser muy parecido al de antes, salvo por el incordio añadido de las mascarillas</description><content:encoded><![CDATA[<p>Ahora es cuando no tengo ganas de salir a la calle. El mundo de después, sobre el que tanto se especulaba, ha resultado ser muy parecido al de antes, salvo por el incordio añadido de las mascarillas. A media mañana, en el calor seco y candente de Madrid —“un horno de ladrillo babilonio”, decía Herman Melville del calor de Nueva York— el tráfico es el mismo de otros veranos por ahora, quizás con un grado mayor de encono, porque la temperatura sube cada año, y porque los conductores de coches y de motos parecen ansiosos por compensar el tiempo perdido, la gasolina no gastada, los cláxones no apretados con gustosa violencia durante meses de silencio. En un atasco, un conductor ofendido por algo se baja de su furgoneta, llega a zancadas al coche que tenía delante, intenta abrir la puerta y, como no puede, da puñetazos en la ventanilla. En ese momento el tráfico empieza a moverse: ahora el conductor agresivo tiene que volver a toda prisa a su vehícu­lo para eludir la furia de los que se enfurecen y pitan contra él. Me acuerdo de <a href="https://elpais.com/ccaa/2019/04/24/madrid/1556103027_484559.html" target="_blank">la observación de la presidenta de la Comunidad de Madrid sobre el “ambientillo” que crean en la ciudad los atascos de los fines de semana</a> por la noche: también su observación, de gran agudeza científica, de que la contaminación causada por el tráfico <a href="https://elpais.com/ccaa/2020/01/01/madrid/1577882557_684710.html" target="_blank">no tiene efectos nocivos sobre la salud</a>. Me acuerdo de todo eso y procuro volver cuanto antes al refugio de mi casa, teniendo gran cuidado de no encontrarme en un paso de peatones cuando los motores de los coches rugen de impaciencia caníbal en el momento en que el semáforo en verde empieza a parpadear.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/07/02/babelia/1593688122_400353.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/7ofdmCsYQL_Mtkmue_is6_SKYCw=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/BOSZUUYZFLIV6GXHX2VJIOZ36Y.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un operario desinfecta una de las barcas del parque del Retiro, en Madrid, esta semana.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Parque del Retiro]]></category><category><![CDATA[Estado de alarma]]></category><category><![CDATA[Administración militar]]></category><category><![CDATA[Parques y jardines]]></category><category><![CDATA[Coronavirus Covid-19]]></category><category><![CDATA[Pandemia]]></category><category><![CDATA[Coronavirus]]></category><category><![CDATA[Areas urbanas]]></category><category><![CDATA[Enfermedades infecciosas]]></category><category><![CDATA[Epidemia]]></category><category><![CDATA[Madrid]]></category><category><![CDATA[Enfermedades]]></category><category><![CDATA[Comunidad de Madrid]]></category><category><![CDATA[Urbanismo]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Dar testimonio</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/06/29/babelia/1593465174_892512.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/06/29/babelia/1593465174_892512.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Tue, 30 Jun 2020 08:07:09 +0000</pubDate><description>En ‘Diario de Wuhan’, la célebre escritora Fang Fang, de 64 años, documenta la vida en la ciudad china durante la cuarentena decretada por el coronavirus. La publicación del libro, que hoy llega a las librerías españolas, le ha valido ser tratada de traidora por el régimen de su país</description><content:encoded><![CDATA[<p>El que escribe hace dos cosas: inventa fábulas o da testimonio. Hay fabuladores puros, igual que hay narradores que solo han contado aquello de lo que han sido testigos, y los hay también que oscilan de una tarea a otra, o que mezclan las dos, en el gran reino ambiguo de la ficción. También hay quien al contar algo se cuenta de paso a sí mismo, y quien logra borrarse por completo, el cronista que se convierte casi en una cámara de documental, el <em>I am a camera</em> con que comienza Christopher Isherwood su despedida de Berlín. La crónica del periodismo clásico anglosajón convirtió esa impersonalidad en una forma de maestría. Bien sabemos que hasta la mirada con más empeño de objetividad está mediatizada por intereses concretos y por prejuicios o inclinaciones inconscientes, y también que el yo narrador de un testigo directo puede ser un atributo necesario de veracidad. Una parte del mérito testimonial y literario de John Hersey en su <a href="https://elpais.com/diario/2010/08/01/revistaverano/1280613609_850215.html" target="_blank"><em>Hiroshima</em> </a>fue desaparecer detrás de las voces de los supervivientes de la explosión de la primera bomba atómica. Al fin y al cabo, Hersey no estuvo allí, y por lo tanto su relato está hecho con los testimonios de otros. Pero el valor documental, y también moral, que tiene para nosotros <em>Si esto es un hombre</em>, depende del hecho de que Primo Levi vivió en persona cada cosa que cuenta. Auschwitz era un campo inmenso, complicado como una gran fábrica que también fuera una gran ciudad y un metódico infierno. El testimonio de una sola persona es muy limitado, pero también muy representativo, y lo singular de su perspectiva es también uno de los motivos de su fuerza. Son los historiadores los que se ocupan de amplios panoramas: un individuo solo, y además sumergido en los hechos, con frecuencia terribles, ve nada más que una parte de lo que sucede, pero la ve con una intensidad que ninguna otra aproximación hace posible. Yo estaba allí, dice ese narrador. Lo que cuento es lo que vi.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/06/29/babelia/1593465174_892512.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/Eg7ioZJye-opKfxeZbzJO0yhoFs=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/OPQO57VROO5UC54BCWW7CNTPPE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un sanitario en una calle de Wuhan el pasado enero.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[JAIME SANTIRSO]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Wuhan]]></category><category><![CDATA[Coronavirus Covid-19]]></category><category><![CDATA[China]]></category><category><![CDATA[Pandemia]]></category><category><![CDATA[Coronavirus]]></category><category><![CDATA[Asia oriental]]></category><category><![CDATA[Enfermedades infecciosas]]></category><category><![CDATA[Virología]]></category><category><![CDATA[Epidemia]]></category><category><![CDATA[Asia]]></category><category><![CDATA[Enfermedades]]></category><category><![CDATA[Microbiología]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Medicina]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Biología]]></category><category><![CDATA[Salud]]></category><category><![CDATA[Ciencias naturales]]></category><category><![CDATA[Ciencia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Misterios policiales</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/06/25/babelia/1593081129_336345.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/06/25/babelia/1593081129_336345.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 25 Jun 2020 22:09:15 +0000</pubDate><description>Lorenzo Silva retrata a la Guardia Civil con un cuidado semejante al de Le Carré cuando escribe sobre el espionaje británico</description><content:encoded><![CDATA[<p>Uno de los placeres inmemoriales de la novela es el de asomarnos al funcionamiento de un mundo cerrado que despierta nuestra curiosidad y del que sabemos muy poco. Las tramas de <a href="https://elpais.com/noticias/john-le-carre/">John le Carré</a> en sus mejores años a veces eran de una tortuosa complicación en la que uno podía perderse con facilidad: pero lo que de verdad nos atraía era la atmósfera menos aventurera que administrativa del servicio secreto británico, ese Circus por el que deambula como un fantasma absorto George Smiley, y en el que David Cornwell había trabajado antes de hacerse novelista y adquirir otro nombre más exótico. Smiley indaga en archivos, examina con sus gafas de aumento los expedientes que algún funcionario le ha traído en un carrito de ruedas. Es un mundo desconocido para nosotros y muy pronto se vuelve un mundo familiar, tanto como el de la policía judicial de París, donde trabaja a su ritmo el comisario Maigret, lento e infalible, con la eficacia doble de la adivinación intuitiva y de los protocolos de la burocracia francesa.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/06/25/babelia/1593081129_336345.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/j_TbU1qWUfzxOMjH7BTjJAt1yKo=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/TV7JYVNT2C5QNYQFCOUSWNWHD4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El coche del guardia civil Fernando Jiménez, asesinado por ETA en 1994.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[L. A. García]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Lorenzo Silva]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Épica del crimen</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/06/18/babelia/1592496684_265184.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/06/18/babelia/1592496684_265184.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 18 Jun 2020 22:05:11 +0000</pubDate><description>'Lo que el viento se llevó' y 'El nacimiento de una nación' son la manifestación cultural más visible de una colosal mentira histórica que contiene en su centro la apología del racismo</description><content:encoded><![CDATA[<p>En 1940 Malcolm Little era un chico negro que vivía con una familia blanca de acogida y que tenía por delante un porvenir modesto, aunque prometedor. Vivía en una ciudad pequeña en el estado de Michigan, Mason, y en la escuela secundaria en la que era uno de los pocos estudiantes negros sacaba notas excelentes y era muy querido por los profesores, algunos de los cuales le llamaban <em>nigger</em>, con una especie de benevolencia burlona, una mezcla de paternalismo y condescendencia que inducía al desconcierto a su mente todavía infantil. Su padre había sido un predicador Baptista cultivado y hercúleo que una vez expulsó a tiros de su casa a unos encapuchados del Ku Klux Klan que andaban acosándolo. Cuando Malcolm tenía seis años el cadáver de su padre apareció partido por la mitad en los raíles de un tranvía y con el cráneo machacado. Entre sus conocidos circuló el rumor de que lo habían asesinado por su activismo. Su madre empezó a tener visiones y pasó muchos años encerrada en un manicomio. En 1925, cuando estaba embarazada de Malcolm, una banda de jinetes del Ku Klux Klan se había presentado a medianoche en su casa con antorchas encendidas, buscando a su marido, al que no pudieron encontrar, porque andaba en uno de sus viajes de predicador errante.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/06/18/babelia/1592496684_265184.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/Y9VTzAxxPgxwUP0b2YooL-Zh-k4=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/2RPNGJT3BL5MESDEB4WW7HA4DY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Malcolm X, con un ejemplar del diario 'Muhammad Speaks' durante una concentración en Nueva York en julio de 1963.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Racismo]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Cine]]></category><category><![CDATA[Delitos odio]]></category><category><![CDATA[Discriminación]]></category><category><![CDATA[Prejuicios]]></category><category><![CDATA[Delitos]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Problemas sociales]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Justicia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Goya en 3D</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/06/11/babelia/1591868277_322577.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/06/11/babelia/1591868277_322577.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 11 Jun 2020 18:54:15 +0000</pubDate><description>El nuevo itinerario del Museo del Prado no solo permite contemplar los cuadros más cómodamente, sino también verlos de otra manera</description><content:encoded><![CDATA[<p>Puede que las cosas, cuando todo esto acabe, vuelvan a ser como antes, y que no se haya aprendido nada, o que lo aprendido se olvide, o que no tenga ningún efecto práctico, o que la inercia de lo idéntico sea tan poderosa que no haya manera humana de cambiar nada, ni de sacar algún provecho verdadero de todo lo que hemos vivido, de modo que las calles vuelvan a llenarse de coches y de motos rugientes, y todos nosotros volvamos a entregarnos a la misma multiplicación de tareas superfluas y angustiosas de la que un día nos vimos de golpe absueltos sin el menor perjuicio, y volvamos a respirar concentraciones venenosas de gases de efecto invernadero, y a ir atropelladamente de un lado a otro, de un aeropuerto a otro, dejando un rastro incesante de basura. Puede que las cosas sean de nuevo como antes porque algunas ya lo son, aunque todavía nos dure una sensibilidad nueva que nos lleva a escandalizarnos o a sentirnos personalmente heridos por abusos tan habituales que ya nos habíamos resignado a ellos. Lo que más hiere es que tanto sufrimiento y tanto heroísmo parezcan no haber hecho mella ninguna en personas que ahora vuelven a ser tan irresponsables y tan despilfarradoras como antes de que la pandemia nos enseñara a la fuerza las ventajas de llevar vidas un poco más austeras.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/06/11/babelia/1591868277_322577.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/RXzmHmzs-Npm_N-9cphBtYehkPk=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/5GMKP3BSHJYFRK6QTOLE6UTTOI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Dos visitantes del Prado pasan delante de 'Los fusilamientos' de Goya.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[SAMUEL SÁNCHEZ]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Francisco de Goya]]></category><category><![CDATA[Museo del Prado]]></category><category><![CDATA[Cuadros]]></category><category><![CDATA[Pintura]]></category><category><![CDATA[Museos]]></category><category><![CDATA[Instituciones culturales]]></category><category><![CDATA[Artes plásticas]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Arte]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Edén botánico</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/06/04/babelia/1591267076_324867.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/06/04/babelia/1591267076_324867.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 04 Jun 2020 22:59:21 +0000</pubDate><description>Está bien llevar libros cuando se visita un jardín. Si hace buen tiempo ofrece rincones de mucho sosiego para la lectura</description><content:encoded><![CDATA[<p>Qué recientes y a la vez lejanos ya esos días en los que estaba permitido salir para hacer ejercicio pero los parques permanecían cerrados en Madrid. La gente caminaba o corría a lo largo de las verjas del Retiro, de donde llegaba a primera hora una brisa perfumada de bosque y un sobresalto de pájaros. Hubo mañanas en las que yo anduve rondando el Retiro, y otras en las que corrí por las inmediaciones de la Fuente del Berro, cuyo espacio vedado no estaba defendido por altas verjas de hierro, sino por suscintas tiras de plástico. Hubo un día en el que el rumor de los árboles y el coro de los pájaros quedaron sumergidos bajo el estruendo de los motores de los cortacéspedes, y en el que el olor a savia se hizo mucho más poderoso, porque los jardineros estaban segando praderas que habían crecido con un vigor selvático en el parque cerrado a las pisadas humanas. Todo lo antes contidiano se volvía inaugural: me acuerdo de la primera mañana en la que pude pisar uno de los parques menos extensos que por fin se habían abierto, el Eva Perón. Los operarios se afanaban en la tarea desmedida de dominar aquella casi selva. Los senderos eran alfombras de hojas caídas y capas blancas de vilanos de los que los pasos de los caminantes y los corredores y las carreras de los perros levantaban nubes de polen. Las motosierras y los cortacéspedes eran el ruido más frecuente en esas mañanas, un anticipo del fragor de la ciudad que ya estaba regresando.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/06/04/babelia/1591267076_324867.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/dUYN9iQWOf6Unk27qXcpnVilJ_w=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/LX23462QEPYHVAKBZX35UDJBFU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Una mujer pasea por el Jardín Botánico de Madrid tras su reapertura.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[DAVID FERNÁNDEZ (EFE)]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Joaquín Araújo]]></category><category><![CDATA[Botánica]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Ciencias naturales]]></category><category><![CDATA[Ciencia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Ruido o silencio</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/05/28/babelia/1590653340_727855.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/05/28/babelia/1590653340_727855.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 28 May 2020 22:10:03 +0000</pubDate><description>Un atasco es el berrido más bárbaro del animal humano, la impaciencia por abolir todo lo entrevisto en este tiempo en suspenso</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hay ocasiones temibles en las que todas las cosas que uno más detesta llegan juntas. <a href="https://elpais.com/noticias/juan-ramon-jimenez/">Juan Ramón Jiménez </a>debería de estar pensando en eso cuando escribió que su peor pesadilla era imaginar una misa de campaña en una plaza de toros. Así estarían unidos el militarismo, el clericalismo, la ordinariez sangrienta de la tauromaquia. Lo que para Juan Ramón Jiménez era solo una hipótesis para mí fue una realidad el sábado 23 de mayo, cuando justo debajo de mi balcón, durante más de dos horas, se congregaron algunas de las cosas que me parecen más detestables en la vida: los atascos de tráfico, el berrido de los cláxones, los himnos marciales, las banderas, las motos de gran cilindrada envenenando y atronando el aire con los tubos de escape. Habría faltado quizás, para completar el cuadro, el bramido de alguna fiesta originaria, tal vez con lanzamiento de toneladas de tomates, o de explosiones aterradoras de petardos, o de mozos bravíos alanceando toros o corriendo delante de ellos con gran arrojo masculino.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/05/28/babelia/1590653340_727855.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/V91GsOiIXCVoh_F6BlJgDsHthO4=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/JNVO4U6SNYHYRGIFRNZ2T6U74Q.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Manifestación convocada por Vox, el 23 de mayo junto a la Puerta de Alcalá, en Madrid.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[JAIME VILLANUEVA]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Vox]]></category><category><![CDATA[Manifestaciones]]></category><category><![CDATA[Coronavirus Covid-19]]></category><category><![CDATA[Partidos ultraderecha]]></category><category><![CDATA[Coronavirus]]></category><category><![CDATA[Protestas sociales]]></category><category><![CDATA[Epidemia]]></category><category><![CDATA[Malestar social]]></category><category><![CDATA[Ultraderecha]]></category><category><![CDATA[Enfermedades]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Partidos políticos]]></category><category><![CDATA[Urbanismo]]></category><category><![CDATA[Salud]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Gente que he conocido</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/05/21/babelia/1590048783_318670.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/05/21/babelia/1590048783_318670.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 22 May 2020 18:07:14 +0000</pubDate><description>Me gusta preservar el recuerdo de Juan Genovés y Elena Aub, transmitirlo a otros más jóvenes, igual que ellos me trasmitieron a mí sus recuerdos de gente a la que habían conocido</description><content:encoded><![CDATA[<p>Leo en el periódico que ha muerto <a href="https://elpais.com/cultura/2020-05-15/muere-el-pintor-juan-genoves-el-artista-que-retrato-a-las-multitudes.html">Juan Genovés</a> y al día siguiente me entero nada más abrirlo de que ha muerto <a href="https://elpais.com/cultura/2020-05-15/muere-elena-aub-la-hija-de-max-aub-que-dedico-su-vida-a-recuperar-la-memoria-del-exilio-y-la-obra-de-su-padre.html">Elena Aub</a>. Un signo de que uno va haciéndose mayor es la frecuencia con que lee necrológicas de gente a la que ha conocido. Durante muchos años yo tuve un trato intermitente y cercano con Elena Aub, más hecho de cartas y luego de correos electrónicos que de encuentros personales. A Juan Genovés le tuve admiración desde mucho antes de conocerlo. El año en que cumplió 80 años me invitaron a escribir el texto para un libro sobre su pintura, y gracias a ese encargo tuve la oportunidad de visitar su casa y su estudio, de verlo trabajar y conversar mucho con él. Los pintores a los que he conocido son extraordinariamente articulados cuando explican su trabajo o cuando reflexionan sobre el arte, o sobre el mundo visual. Hablan con la precisión del que lleva toda la vida dedicado a un oficio. Yo empecé a aprender de verdad sobre arte escuchando a <a href="https://elpais.com/cultura/2014/10/17/actualidad/1413572650_084911.html">José Guerrero</a> en Granada, a principios de los años ochenta, y fijándome en las cosas que hacía con sus manos grandes y ásperas, fornidas en la vejez, manos de carpintero o de ebanista. También Juan Genovés venía de una familia trabajadora, de la ilustración popular y republicana de Valencia, y ese origen, sellado por la memoria infantil de la guerra, y por el espanto de lo que vino después, marcó su identidad de artista y su conciencia política.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/05/21/babelia/1590048783_318670.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/FM_wT2Dau0eq9rmDtMINPP7l2ss=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/MJ5CLLLCPU35CAOBZENUFAGW6I.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Retrato de Juan Genovés, en 2019.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Jordi Socías]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Juan Genoves]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Novela del espía</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/05/13/babelia/1589383054_340765.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/05/13/babelia/1589383054_340765.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 14 May 2020 22:01:26 +0000</pubDate><description>No hay imaginación que pueda inventar a un personaje como Juan Pujol, héroe secreto de la II Guerra Mundial</description><content:encoded><![CDATA[<p>En el proceso de invención y escritura de una novela llega un punto de fiebre. La historia cobra direcciones y quiebros inesperados, y episodios o personajes que parecían ajenos entre sí se conectan de pronto y provocan como cadenas de reacciones químicas en las que no parece que intervenga la voluntad consciente del autor. El autor mira con asombro las bolas que chocan en sorprendentes carambolas en virtud de un primer impulso que él desató, pero del que ya no es responsable. Un verano de hace 30 años yo estaba encerrado o escondido escribiendo una novela e inventándola y viéndola desplegarse ante mí al mismo tiempo que la escribía. Era la novela más larga y más complicada que había intentado hasta entonces; era también la primera en la que usaba sobre todo materiales directamente extraídos de mi propia vida y de mi memoria personal, no amoldados a los códigos de lo literario.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/05/13/babelia/1589383054_340765.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/W1f4We4E5Yr8y5yweDAK22WoYL8=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/U6V3LKFMDH7MONB576MCRZBA2U.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Ficha consular de Juan Pujol, el espía español conocido como Garbo.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Juan Pujol García]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Quince minutos de ciudad</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/05/07/babelia/1588863926_536613.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/05/07/babelia/1588863926_536613.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 07 May 2020 22:07:29 +0000</pubDate><description>El sábado pasado descubrimos un Madrid utópico. Un lugar donde todo el mundo caminaba y se oían los pasos de la gente</description><content:encoded><![CDATA[<p>El sábado a las 8.30 salí a caminar con toda la ligereza de las zapatillas y de la ropa de deporte y sin la justificación de ir a la compra o de pasear a mi perra, con un impulso afirmativo que añadía elasticidad a los talones y ensanchaba la respiración. Respirar en una avenida de Madrid era como beber de un agua limpia y fría brotando a borbotones del caño de una fuente. Esta época nos ha acostumbrado a cambios bruscos y a discontinuidades en la percepción del tiempo. Solo unos días antes era invierno todavía y las mañanas tenían una luz báltica de perspectivas lejanas y plazas sin nadie. Ahora, de golpe, la mañana del sábado, el tiempo atmosférico se correspondía con el de los calendarios, y eso ya era en sí mismo el indicio de un cierto regreso a la normalidad, aunque esa palabra hasta hace nada trivial está ahora cargada de sentidos contradictorios. Ahora sabemos lo fácilmente que lo llamado normal queda en suspenso, y desaparece sin rastro, y en su lugar llega algo inaudito que muy pronto deja de serlo y se convierte en otra normalidad a la que se adaptan enseguida nuestra mente y nuestras costumbres. Ya vivíamos sin asombro en un mundo de sábados y domingos deshabitados, en ciudades invernales durante el mes de abril, sometidas al toque de queda de un poder invasor invisible: ciudades donde personas embozadas en mascarillas y armadas de paciencia y muy separadas entre sí formaban colas a las puertas de los supermercados; ciudades de avenidas demasiado anchas, por las que solo circulaban de tarde en tarde ambulancias, coches de policía, repartidores de comida a domicilio, encorvados sobre los manillares de las bicicletas, bajo el volumen excesivo de sus mochilas de plástico amarillo. Uno de esos sábados o domingos, el más desierto de todos, vi por la calle de Narváez a un repartidor que se reía a carcajadas, con el viento y la llovizna en la cara, haciendo caballitos por el centro de la calzada.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/05/07/babelia/1588863926_536613.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/g4DXFUWjlEwQTOgxna9d2i3mjso=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/HNUAWZHZUWM76ZYECRK2U4JPCQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Corredores en la Puerta de Alcalá de Madrid el sábado pasado.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[GABRIEL BOUYS]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Desconfinamiento]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Conocer caminando</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/04/29/babelia/1588161722_059505.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/04/29/babelia/1588161722_059505.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 30 Apr 2020 22:26:27 +0000</pubDate><description>Caminar cada día era explorar con los ojos muy abiertos un continente desconocido. Más de una vez tuve miedo de perderme</description><content:encoded><![CDATA[<p>La secretaria del departamento me miró con asombro cuando le pregunté cuánto se tardaría en llegar caminando al <em>downtown</em> de Charlottesville. No sabía darme una respuesta porque ella no habría recorrido nunca a pie esa distancia y porque ni siquiera concebía que alguien quisiera intentarlo. Era uno de mis primeros días en la Universidad de Virginia y hasta entonces yo siempre me había movido de un lado a otro en el coche de alguien, y mi idea del espacio era tan confusa que me sentía perdido en cuanto me dejaban solo. Un estudiante graduado o un colega servicial me recogían en mi apartamento recién alquilado y me llevaban a hacer la compra, a arreglar papeleos en la universidad, a abrirme una cuenta en el banco, a solicitar un teléfono.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/04/29/babelia/1588161722_059505.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/jDNai7V0TvflpUHVVyhWk-Qe-F4=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/IRESH5RUX7XZNI5UJGNW2XMT5Y.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El 'downtown' de Charlottesville, en una imagen de 2014. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Norm Shafer]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Querido Calleja</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/04/22/babelia/1587544961_211737.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/04/22/babelia/1587544961_211737.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 23 Apr 2020 22:02:18 +0000</pubDate><description>El terrorismo fue derrotado y José Mari disfrutó su nueva vida libre sin amargura ni rencor. Quienes lo conocimos no vamos a olvidarnos de él</description><content:encoded><![CDATA[<p>Había terminado a una hora tardía el almuerzo de presentación de un libro suyo y ya no quedaba casi nadie en el restaurante. Se habían ido los periodistas, y casi todos los invitados, y a nosotros también, mi mujer y yo, nos llegaba el momento de despedirnos, aunque era difícil, porque José Mari Calleja era una de esas personas que tienen el don de prolongar sin esfuerzo ni fatiga la duración de las comidas y las sobremesas. <a href="https://elpais.com/sociedad/2020-04-21/muere-el-periodista-jose-maria-calleja-victima-del-coronavirus.html">José Mari era una de esas personas de gran envergadura física que estrujan la cara cuando dan un beso</a> y dejan dolorida la mano después de un apretón, y abrazan como si cada encuentro estuviera sucediendo después de una separación de años. Su voz era muy poderosa y su carcajada podía atronar la sala llena de murmullos de un restaurante. Por eso impresionaba más cuando se quedaba serio, cuando lo abatía <a href="https://elpais.com/noticias/eta/">un nuevo golpe de horror en aquellos años de ignominia diaria</a>, cuando él y tantos como él se acostumbraron a vivir en un confinamiento mucho más angustioso que el de ahora. Cualquier día, a cualquier hora, en cualquier sitio, podía reventarlos una bomba instalada debajo del coche o se les podía acercar por detrás el cañón de una pistola. José Mari, como tantos, había tenido que irse del País Vasco, y ahora vivía en Madrid, pero seguía rodeado de medidas de seguridad y acompañado de unos policías de escolta que ya eran amigos suyos. Ese día, después de la presentación, habíamos charlado, reído, despotricado tanto, que cuando nos marchábamos nos sorprendió que José Mari, que nos acompañaba, se detuviera justo antes de salir, sin pisar la acera. A nosotros se nos había olvidado momentáneamente, pero no a él: “Tengo que esperar a los escoltas”.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/04/22/babelia/1587544961_211737.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/Hm0Ao_yO5gHXEcGJBYiMCVXGpCw=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/TQQ6N6AS7XOY6VSCU7I5GQZADI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[José María Calleja, en 2017.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[BERNARDO PÉREZ]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[José María Calleja]]></category><category><![CDATA[Coronavirus Covid-19]]></category><category><![CDATA[Coronavirus]]></category><category><![CDATA[Virología]]></category><category><![CDATA[ETA]]></category><category><![CDATA[Enfermedades infecciosas]]></category><category><![CDATA[Microbiología]]></category><category><![CDATA[Grupos terroristas]]></category><category><![CDATA[Enfermedades]]></category><category><![CDATA[Terrorismo]]></category><category><![CDATA[Medicina]]></category><category><![CDATA[Biología]]></category><category><![CDATA[Salud]]></category><category><![CDATA[Ciencias naturales]]></category><category><![CDATA[Ciencia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Trabajos manuales</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/04/15/babelia/1586950776_642455.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/04/15/babelia/1586950776_642455.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 17 Apr 2020 11:05:48 +0000</pubDate><description>Cervantes ya nos advirtió muy agudamente de que el exceso de lectura y el ocio estéril pueden llevar a la locura a las imaginaciones peregrinas</description><content:encoded><![CDATA[<p>En el encierro forzoso se hacen más visibles los peligros que acechan a quienes por razón de su oficio tienden a pasar una parte considerable de la vida encerrados. Una gran parte de lo que yo hago para ganarme la vida sucede en una habitación, y requiere un mínimo de actividad física, la suficiente para pulsar con las yemas de los dedos las teclas de un portátil. Y también las cosas que me gusta hacer cuando no estoy trabajando permiten, y hasta requieren, un cierto grado de inmovilidad. Miro pelícu­las en una pantalla, leo en la cama o en un sofá, escucho música y solo he de pulsar cada cierto tiempo un mando a distancia, o, como máximo, levantarme para cambiar un disco de vinilo, o para darle la vuelta, y asegurarme de que la aguja desciende sobre los primeros surcos. La plena dedicación digital simplifica todavía más las cosas. Las modestas variaciones sensoriales del tacto del papel —de libro, de periódico, de revista, de cuaderno, cada uno con cualidades distintas— o de las herramientas de trabajo —el lápiz, la pluma, el rotulador— quedan unificadas en la lisura de una pantalla táctil.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/04/15/babelia/1586950776_642455.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/fCis1JUSzpSOAKC-r9HCpsdbpjE=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/DSDRAX5UFLCU7LRWDCMJ6RS7OA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Cuaderno de 'collages' que está realizando Antonio Muñoz Molina durante esta cuarentena.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Coronavirus Covid-19]]></category><category><![CDATA[Coronavirus]]></category><category><![CDATA[Virología]]></category><category><![CDATA[Enfermedades infecciosas]]></category><category><![CDATA[Microbiología]]></category><category><![CDATA[Enfermedades]]></category><category><![CDATA[Medicina]]></category><category><![CDATA[Biología]]></category><category><![CDATA[Salud]]></category><category><![CDATA[Ciencias naturales]]></category><category><![CDATA[Ciencia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Un recuerdo de Tony Judt</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/04/07/babelia/1586279071_774545.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/04/07/babelia/1586279071_774545.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Wed, 08 Apr 2020 22:08:49 +0000</pubDate><description>La causa que el historiador defendió hasta su muerte se revela ahora como la única posible: la solidaridad colectiva</description><content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://elpais.com/sociedad/2010/08/08/actualidad/1281218401_850215.html">Tony Judt estaba muriéndose poco a poco</a> y su afán de escribir, en vez de atenuarse, o de desaparecer, se volvía acuciante. A Tony Judt la enfermedad lo había ido confinando en una parálisis progresiva, en una pérdida gradual del movimiento, pero sus facultades mentales no sufrían ningún deterioro, así que el consuelo de la lucidez, de la memoria, de la plena conciencia, al mismo tiempo acentuaba el horror de lo que estaba sucediéndole, el cumplimiento de una sentencia para la que no habría aplazamiento. Ya del todo impedido, en una silla de ruedas, con un micrófono pegado a la boca que recogía su voz inaudible, Tony Judt apareció en Nueva York en algún acto público, tan brillante y batallador como siempre, con golpes de un humorismo seco inglés y judío: “Me he convertido en un busto parlante”.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/04/07/babelia/1586279071_774545.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/KMx3HTZ_TvMpRtHmrwFrJjRYrYs=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/TTFDZD33EQQT5DFVRVE34FNFGA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El historiador Tony Judt, en la presentación de 'Postguerra' en 2006 en Madrid. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[LUIS MAGÁN]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Tony Judt]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Presente de indicativo</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/04/02/babelia/1585830130_075528.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/04/02/babelia/1585830130_075528.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 02 Apr 2020 22:14:03 +0000</pubDate><description>En las páginas de la agenda se han quedado atrás fechas de compromisos que no llegamos a cumplir, y un nuevo espacio en blanco cubre las que estaban previstas para las próximas semanas o meses</description><content:encoded><![CDATA[<p>La escritura natural de este tiempo es el diario. El tiempo verbal que mejor expresa lo que vivimos ahora mismo es el presente de indicativo, el que nombra los hechos en el instante mismo en que suceden, o unas horas más tarde como máximo, cuando ni el olvido ni la memoria han emprendido ya su tarea habitual y constante. El confinamiento temporal en el presente es tan riguroso como <a href="https://elpais.com/noticias/covid-19/">el que nos mantiene confinados entre las cuatro paredes de la casa</a>. El pasado de hace solo dos o tres semanas es una época remota que cuesta recordar, y que extrañamente no despierta demasiada añoranza. El futuro de las conjugaciones de los verbos queda desacreditado por la incertidumbre y por una dificultad de imaginar equivalente a la de invocar los recuerdos. Nos hemos desembarazado de conmemoraciones igual que de vaticinios y proyectos. En las páginas de la agenda se han quedado atrás fechas de compromisos que no llegamos a cumplir, y un nuevo espacio en blanco cubre ahora las que estaban previstas para las próximas semanas o meses.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/04/02/babelia/1585830130_075528.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/5HJotXq-8G0cAQ5je53e55ECNQ8=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/K4SSYJ4LRE4RIC63CENIRAHY3U.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un hombre se asoma al balcón durante la cuarentena en Barcelona.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[DAVID ZORRAKINO / EUROPA PRESS / EUROPA PRESS]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Coronavirus Covid-19]]></category><category><![CDATA[Coronavirus]]></category><category><![CDATA[Virología]]></category><category><![CDATA[Enfermedades infecciosas]]></category><category><![CDATA[Microbiología]]></category><category><![CDATA[Enfermedades]]></category><category><![CDATA[Medicina]]></category><category><![CDATA[Biología]]></category><category><![CDATA[Salud]]></category><category><![CDATA[Ciencias naturales]]></category><category><![CDATA[Ciencia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>El regreso del conocimiento</title><link>https://elpais.com/elpais/2020/03/24/opinion/1585071202_661178.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2020/03/24/opinion/1585071202_661178.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 27 Mar 2020 07:38:30 +0000</pubDate><description>Nos habíamos acostumbrado a vivir en la niebla de la opinión; pero hoy, por primera vez desde que tenemos memoria, prevalecen las voces de personas que saben y de profesionales cualificados y con coraje</description><content:encoded><![CDATA[<p>Por primera vez desde que tenemos memoria las voces que prevalecen en la vida pública española son las de personas que saben; por primera vez asistimos a la abierta celebración del conocimiento y de la experiencia, y al protagonismo merecido y hasta ahora inédito de esos profesionales de campos diversos cuya mezcla de máxima cualificación y de coraje civil sostiene siempre el mecanismo complicado de la entera vida social. En los programas de televisión donde hasta hace nada reinaban en exclusiva charlistas especializados en opinar sobre cualquier cosa en cualquier momento, ahora aparecen médicos de familia, epidemiólogos, funcionarios públicos que se enfrentan a diario a una enfermedad que lo ha trastocado todo y que en cualquier momento puede atacarlos a ellos mismos. Cada tarde, a las ocho, sobre las calles vacías, estalla como una tormenta súbita un aplauso dirigido no a demagogos embusteros sino a los trabajadores de la sanidad, que hasta ayer mismo cumplían su tarea acosados por los continuos recortes, la falta de medios, el desdén a veces agresivo de usuarios caprichosos o quejicas. Ahora, salvo en los reductos consabidos, no escuchamos eslóganes, ni consignas de campaña diseñadas por publicistas, ni banalidades acuñadas por esa especie de gurús o aprendices de brujo que diseñan estrategias de “comunicación” y a los que aquí también, qué remedio, ya se llama <i>spin doctors: </i>engañabobos, embaucadores, vendedores de humo.<p><a href="https://elpais.com/elpais/2020/03/24/opinion/1585071202_661178.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/4RHBSEMkLGC2thqcl1UMi2aFe8Q=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/QHQWBNJNNPE64GLPAHQSILALJ4.jpg"></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Fake news]]></category><category><![CDATA[Recortes sociales]]></category><category><![CDATA[Sanidad pública]]></category><category><![CDATA[Manipulación informativa]]></category><category><![CDATA[Coronavirus Covid-19]]></category><category><![CDATA[Coronavirus]]></category><category><![CDATA[Virología]]></category><category><![CDATA[Sistema sanitario]]></category><category><![CDATA[Enfermedades infecciosas]]></category><category><![CDATA[Microbiología]]></category><category><![CDATA[Política social]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Enfermedades]]></category><category><![CDATA[Medicina]]></category><category><![CDATA[Educación]]></category><category><![CDATA[Sanidad]]></category><category><![CDATA[Medios comunicación]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Salud]]></category><category><![CDATA[Comunicación]]></category><category><![CDATA[Biología]]></category><category><![CDATA[Ciencias naturales]]></category><category><![CDATA[Ciencia]]></category></item><item><title>Las cosas como son</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/03/26/babelia/1585241644_036608.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/03/26/babelia/1585241644_036608.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 26 Mar 2020 23:21:02 +0000</pubDate><description>Si las artes fueran un lujo o un capricho para privilegiados, no habrían formado parte de todas las culturas humanas</description><content:encoded><![CDATA[<p>Nada como el choque contra la inmisericorde realidad para poner a prueba la fortaleza y el sentido y hasta la razón de ser de las artes. En medio de la calamidad uno entiende instintivamente que ha de medir sus palabras, porque en estas circunstancias el oído ético y estético se afina hasta volverse doloroso, y detecta enseguida cualquier nota falsa, salida de tono, hasta el indicio más disimulado de irresponsabilidad o egocentrismo. No estamos para bromas. La indulgencia perezosa hacia la palabrería ahora da paso a lo que <a href="https://elpais.com/noticias/ernest-hemingway/">Ernest Hemingway</a> llamaba <em>an in-built bullshit detector</em>: una especie de sismógrafo incrustado en uno mismo que salta y dispara su alarma ante la tontería halagadora y consentida, ante la impúdica simulación que usurpa el vocabulario de lo verdadero.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/03/26/babelia/1585241644_036608.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/4aw_8OcFrocpto1KRfrLMXIyVdI=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/R2MFKKKJ7HUE3IXHCWHPPTUDJA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Ópera de Puccini cancelada en Trieste a causa del Covid-19.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Jacopo Landi]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Coronavirus Covid-19]]></category><category><![CDATA[Coronavirus]]></category><category><![CDATA[Virología]]></category><category><![CDATA[Enfermedades infecciosas]]></category><category><![CDATA[Microbiología]]></category><category><![CDATA[Enfermedades]]></category><category><![CDATA[Medicina]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Biología]]></category><category><![CDATA[Salud]]></category><category><![CDATA[Ciencias naturales]]></category><category><![CDATA[Ciencia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>El hocico fascista</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/03/19/babelia/1584639495_397249.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/03/19/babelia/1584639495_397249.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 19 Mar 2020 23:19:56 +0000</pubDate><description>El 'establish­ment' científico alemán, con la excepción del profesorado judío, se afilió mayoritariamente al nazismo</description><content:encoded><![CDATA[<p>A las personas de vocación ilustrada nos alarma reconocer que las mayores tiranías y matanzas del siglo XX se legitimaron no con el lenguaje de la religión ni el del fanatismo integrista, sino con el de la ciencia. Lenin, Stalin, Mao y Abimael Guzmán estaban convencidos de que actuaban en nombre del “socialismo científico”, término acuñado por Marx al que todavía le dábamos vueltas en los seminarios de adoctrinamiento de mi primera juventud. Simone Weil, que tenía una formidable educación científica, decía que muchas personas abandonan la religión convencidas de la superioridad de la ciencia, y a continuación abrazan la ciencia como una fe religiosa, con una reverencia hacia dogmas que no entienden tan incondicional como la que antes les llevaba a creer en los milagros o en la Santísima Trinidad. Marx había leído <em>El origen de las especies,</em> y estaba seguro de haber descubierto las leyes fundamentales del desarrollo de la historia igual que Darwin había descubierto las de la selección natural.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/03/19/babelia/1584639495_397249.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/v5V8_jl3p5Nk24fRQBqbe0-ExXY=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/ZXAWSGNUE65RQFK4JW24KMOFSA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Estudio antropométrico de gemelos en un laboratorio de Berlín en 1945. ]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Josef Mengele]]></category><category><![CDATA[Xenofobia]]></category><category><![CDATA[Nazismo]]></category><category><![CDATA[Ultraderecha]]></category><category><![CDATA[Segunda Guerra Mundial]]></category><category><![CDATA[Historia contemporánea]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Discriminación]]></category><category><![CDATA[Historia]]></category><category><![CDATA[Prejuicios]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Del 11-S al Covid-19: testimonios del tiempo</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/03/11/babelia/1583939599_864895.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/03/11/babelia/1583939599_864895.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 13 Mar 2020 19:36:24 +0000</pubDate><description>Ni la investigación histórica más rigurosa puede captar esa tonalidad específica del tiempo vivido y observado en presente</description><content:encoded><![CDATA[<p>El desasosiego de los días me hace echarme a la calle y pasar horas caminando. Voy a paso muy rápido, casi siempre en una dirección determinada, el lugar donde he quedado con alguien o donde tengo que hacer algo, y a donde tal vez, en otras circunstancias, iría en metro o en autobús. He ido en taxi a un encuentro con lectores ciegos porque me he distraído y se me hacía tarde, pero al terminar he vuelto a casa dando un paseo, aunque estaba muy lejos, más de siete kilómetros según el medidor de pasos de mi teléfono.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/03/11/babelia/1583939599_864895.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/np2k6AUYA9iYQSlJGNp0E-YKTZc=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/NF2MG2TSQCED4A72NV3RFCMEPA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Una mujer mira a las Torres Gemelas el 11-S en Nueva York.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[SPENCER PLATT]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Grabación discos]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[ONCE]]></category><category><![CDATA[Discos música]]></category><category><![CDATA[Discapacidad visual]]></category><category><![CDATA[Industria discográfica]]></category><category><![CDATA[Discapacidad sensorial]]></category><category><![CDATA[Discapacidad]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Música]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>España y la ciencia de espectros</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/03/04/babelia/1583341351_858995.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/03/04/babelia/1583341351_858995.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 05 Mar 2020 23:04:46 +0000</pubDate><description>La memoria nacional ­preserva mejor a los conquistadores que a los sabios empeñados
en la búsqueda del conocimiento</description><content:encoded><![CDATA[<p>Juan Pimentel ha encontrado una metáfora perfecta para la historia de la ciencia española: es, en gran medida, una historia de fantasmas, un catálogo de aparecidos y desaparecidos, un museo quimérico en el que muchos muros y salas enteras están vacíos, porque no queda nada de las figuras y las imágenes que debieron ocuparlos. <a href="https://elpais.com/cultura/2020/01/07/actualidad/1578390921_332885.html">Hasta el Museo del Prado, por debajo de su resplandor visible y canónico</a>, es también como esos caserones de otro siglo en los que no hacen falta artilugios de parapsicología para detectar presencias abolidas, sombras errantes que no tienen descanso porque no recibieron la adecuada sepultura, o porque el paso del tiempo no ha extinguido las consecuencias de la desgracia que las fulminó. Pimentel se define a sí mismo, en la primera página del libro, como un “historiador de la Ciencia fascinado por las imágenes”. Pero, dada su inclinación a los fantasmas, las imágenes que más le fascinan son las que ya no pueden verse, del mismo modo que la parte de la historia española sobre la que escribe con mayor erudición y apasionamiento es la que no llegó a suceder. <a href="https://elpais.com/diario/1992/11/06/opinion/721004401_850215.html">Dice Ortega y Gasset que España es un país de proyectos en ruinas</a>. Incluso en los que de un modo u otro llegaron a cumplirse, Pimentel detecta ruinas sumergidas.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/03/04/babelia/1583341351_858995.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/HLQph9e9HvtImJSGKViR15AL4LA=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/7WALSP2MIDVQMF4RK7PM453XV4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Fachada del Museo del Prado, junto al Paseo del Prado en Madrid.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[500º aniversario conquista México]]></category><category><![CDATA[Museo del Prado]]></category><category><![CDATA[Aztecas]]></category><category><![CDATA[Cultura precolombina]]></category><category><![CDATA[Museos]]></category><category><![CDATA[Instituciones culturales]]></category><category><![CDATA[Historia antigua]]></category><category><![CDATA[Historia]]></category><category><![CDATA[América]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Ciencias naturales]]></category><category><![CDATA[Ciencia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>En el espejo arde una ciudad</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/02/26/babelia/1582712971_040656.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/02/26/babelia/1582712971_040656.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 27 Feb 2020 23:12:28 +0000</pubDate><description>La última novela de Von Hor­váth es un artefacto afilado, arrojado a nuestro presente desde el presente en que se escribió</description><content:encoded><![CDATA[<p>El 1 de junio de 1938, Ödön von Horváth iría por París con la sensación a la vez exaltada y tranquilizadora de haberse puesto a salvo. Había visto con sus propios ojos cómo la Europa que conocía y amaba se rendía al nazismo: primero Alemania, donde sus libros y sus obras de teatro estaban prohibidos desde 1933; <a href="https://elpais.com/diario/1988/03/14/internacional/574297205_850215.html">después Austria, donde Horváth había presenciado los rugidos de fervor criminal con que las multitudes recibían a Hitler</a> en las calles civilizadas de Viena. Horváth era tan hijo del antiguo Imperio Austrohúngaro como su amigo Joseph Roth, que también había empezado ya su larga huida. Roth venía del mundo apartado de las comunidades judías de Ucrania y Polonia; Von Horváth, de una aristocracia administrativa y militar, entre germana y húngara, con conexiones balcánicas. Que dos autores contemporáneos, que escribían en la misma lengua alemana, vinieran de orígenes geográficos y sociales tan diversos es un síntoma de la fluidez admirable de aquel mundo, muy pronto destrozada por el veneno doble del nacionalismo y el totalitarismo.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/02/26/babelia/1582712971_040656.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/70H9z97J4EiBGq_5ky4lldeVgn8=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/VY2CAKZVHRN35PVVAD7QICGG5I.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor Ödön von Horváth, en 1936.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[GETTY]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Ödön von Horváth]]></category><category><![CDATA[Novela]]></category><category><![CDATA[Crítica literaria]]></category><category><![CDATA[Narrativa]]></category><category><![CDATA[Crítica]]></category><category><![CDATA[Escritores]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Rembrandt y los otros</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/02/18/babelia/1582034923_032222.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/02/18/babelia/1582034923_032222.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 21 Feb 2020 09:57:24 +0000</pubDate><description>El pintor neerlandés nos interpela con una cercanía mayor que la de otros pintores de su tiempo porque su influencia, a través de los románticos y los impresionistas, está en el origen de nuestra manera de mirar</description><content:encoded><![CDATA[<p>Una obra maestra es siempre un gran malentendido. Porque ha sobrevivido a la época en la que se hizo, a nosotros nos parece que la representa y la resume: pero en su tiempo puede que esa obra fuera invisible, o que su rareza, la excepcionalidad que ahora a nosotros nos admira, la condenara a la marginalidad o al fracaso. Don Quijote representa para nosotros la literatura en castellano de las primeras décadas del siglo XVII, pero en realidad se parece muy poco a cualquier otro libro que se publicó en ese tiempo, y nadie, tal vez ni su autor, que sin embargo se enorgullecía tanto de haberlo escrito, lo consideró un ejemplo de alta literatura. <a href="https://elpais.com/diario/2003/07/30/madrid/1059564258_850215.html"><em>Los fusilamientos</em> de Goya son nuestra imagen de la Guerra de la Independencia</a>: pero ese cuadro, igual que <em>El dos de mayo</em>, no dejó ningún rastro de resonancia pública cuando se pintó en 1814, y durante los años siguientes permaneció oculto en los almacenes, como si nadie hubiera reparado en él.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/02/18/babelia/1582034923_032222.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/UW5WcQW5Tk-JcCMY0noIEL5oXn0=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/ZA2FSTRCEATHTVSMYLMKXIXPXI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Retrato de un joven caballero, de Rembrandt (hacia 1633-1634).]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Rembrandt]]></category><category><![CDATA[Museo Thyssen-Bornemisza]]></category><category><![CDATA[Arte barroco]]></category><category><![CDATA[Pintores]]></category><category><![CDATA[Museos privados]]></category><category><![CDATA[Museos]]></category><category><![CDATA[Exposiciones]]></category><category><![CDATA[Historia arte]]></category><category><![CDATA[Instituciones culturales]]></category><category><![CDATA[Agenda cultural]]></category><category><![CDATA[Agenda]]></category><category><![CDATA[Eventos]]></category><category><![CDATA[Arte]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>En defensa de Galdós</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/02/11/babelia/1581440075_111186.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/02/11/babelia/1581440075_111186.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 14 Feb 2020 10:03:17 +0000</pubDate><description>Una tradición española es mostrar la modernidad de uno mismo perdonándole la vida al autor de los 'Episodios Nacionales'</description><content:encoded><![CDATA[<p>Decía Borges en su vejez que no darle a él el Premio Nobel de Literatura se había convertido ya en una antigua tradición escandinava. Una tradición española casi escandinava también ya de tan antigua es la de mostrar la modernidad de uno mismo como novelista perdonándole la vida a Pérez Galdós. Uno de sus primeros cultivadores fue Valle-Inclán, quien tanto le debía, personalmente y en su educación literaria y política. <a href="https://elpais.com/diario/1996/08/26/opinion/841010401_850215.html">Valle-Inclán hizo aquella bromita sórdida de llamar a Galdós “don Benito el Garbancero”</a> y la carcajada despectiva española no ha parado de resonar desde entonces. Galdós era garbancero, decimonónico, vulgarote, costumbrista, agropecuario.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/02/11/babelia/1581440075_111186.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/N2-2aDfIpkivJeUGINhN0PrKy7E=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/WL3XG5AHGWO3XHJAOPLBZDXYL4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Benito Pérez Galdós.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Album / Documenta.]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Benito Pérez Galdós]]></category><category><![CDATA[Exposiciones]]></category><category><![CDATA[Agenda cultural]]></category><category><![CDATA[Escritores]]></category><category><![CDATA[Agenda]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Eventos]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Cioran: como un libro de arena</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/02/05/babelia/1580922855_054183.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/02/05/babelia/1580922855_054183.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 07 Feb 2020 07:38:49 +0000</pubDate><description>Cioran escribe en la vena más honda de la tradición francesa justo cuando los intelectuales nativos han renegado de ella</description><content:encoded><![CDATA[<p>En los <em>Cuadernos</em> de Emil Cioran, dispersas entre los exabruptos, las divagaciones obsesivas sobre el suicidio, los aforismos y los desplantes filosóficos, el lector encuentra breves imágenes cotidianas, anotaciones de diario que son como fotos instantáneas, <a href="https://elpais.com/cultura/2020/01/17/babelia/1579280038_212318.html"><em>polaroids</em> de la vida íntima de este hombre insomne y huraño</a> que sin embargo disfrutaba muy a conciencia de unos cuantos placeres a la vez espirituales y terrenales. Perpetuo enfermo del estómago, propenso a la depresión y al insomnio, Cioran parecía que estaba reflexionando a cada momento sobre el suicidio, pero en las páginas de sus cuadernos da cuenta con un profundo regocijo de su amor por las caminatas de muchas horas a través de los campos, por la música, sobre todo la de Bach, y por la pintura. Un día de 1966 anota una visita a una exposición en la que se detiene mucho rato ante la <em>Vista de Delft</em>, de Vermeer: “Esta luz, esta gloria íntima en Vermeer, le hacen a uno olvidar todo lo que puede haber de infernal aquí abajo”. Lo infernal no desaparece, pero la belleza ofrece sustento y consuelo. Simone Boué, su compañera de toda la vida, que pasaba a máquina todos sus manuscritos y los preservó después de su muerte, contaba la afición de Cioran a caminar, a montar en bicicleta, a la jardinería y al bricolaje. En un apunte de un día de invierno Cioran dice que alza los ojos hacia las nubes que se deslizan por el cielo y le parece que pasan rozando su cerebro. De vez en cuando se cansa de París y echa a andar por un camino rural y solo se detiene al cabo de seis o siete horas: “A cada momento la sensación de estar colmado, de no desear nada más, nada de las cosas ni de las personas, ya que todo me había sido dado”.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/02/05/babelia/1580922855_054183.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/3UjOZChWOCmNbH8V75mfmeueX-Y=/1500x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/GT5JXBBUERBKRWCU4OO2KJRY3E.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor Emile Cioran.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Sophie Bassouls (Getty) ]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Emile Michel Cioran]]></category><category><![CDATA[Jorge Luis Borges]]></category><category><![CDATA[Filosofía]]></category><category><![CDATA[Francia]]></category><category><![CDATA[Europa occidental]]></category><category><![CDATA[Escritores]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Europa]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>El gran teatro de la muerte</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/01/30/babelia/1580397778_066323.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/01/30/babelia/1580397778_066323.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Sat, 01 Feb 2020 00:32:52 +0000</pubDate><description>Cada convento es un escenario donde se celebra sin pausa y a puerta cerrada la ceremonia de la penitencia</description><content:encoded><![CDATA[<p>En la tienda del <a href="https://www.patrimonionacional.es/real-sitio/palacio-real-de-madrid">Palacio Real</a>, junto al catálogo de la exposición <a href="https://www.patrimonionacional.es/colecciones-reales/exposiciones/la-otra-corte-mujeres-de-la-casa-de-austria-en-los-monasterios"><em>La otra corte</em></a>, que se exhibe allí ahora, se vende el CD del <a href="http://musicaficta.es/discos-y-proyectos/victoria-officium-defunctorum/"><em>Officium Defunctorum</em></a>, de Tomás Luis de Victoria, grabado hace tres años por el grupo <a href="http://musicaficta.es/">Musica Ficta</a>. He vuelto a escucharlo en las debidas condiciones nada más volver a casa, y esa música que me acompaña con tanta frecuencia cobraba ahora una potencia más sombría porque sonaba como fondo de las terribles imágenes que la acompañaron en la época en que sonó por primera vez. De Victoria fue capellán de María de Austria en su retiro del convento de las Descalzas Reales en Madrid. <a href="https://elpais.com/diario/1981/03/08/cultura/352854001_850215.html">El <em>Officium Defunctorum</em> lo compuso para el funeral de la emperatriz</a>, que murió en 1603, y lo publicó en 1605. Que la primera parte de la mayor obra literaria de la lengua española y la composición más alta de toda nuestra música se escribieran al mismo tiempo es una coincidencia asombrosa. La música a la vez austera y deslumbrante de Tomás Luis de Victoria invoca el temor a la certeza y la cercanía de la muerte, pero en ella hay también una dulzura que no tiene que ver solo con la expectativa teológica de la resurrección: es compasiva, y consoladora, y para mi oído secular pero alerta a lo sagrado sugiere más la serena aceptación que la esperanza.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/01/30/babelia/1580397778_066323.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/VH0Ktro-arY1UFypzINyNCErDy4=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/SHDFV3CQZQSHYI27LI4CTZWWFU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Conjunto de la antigua sala capitular del Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, con un Cristo yacente de Gregorio Fernández.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[LUIS SEVILLANO]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Santos]]></category><category><![CDATA[Monjas]]></category><category><![CDATA[Palacio Real]]></category><category><![CDATA[Conventos]]></category><category><![CDATA[Palacios]]></category><category><![CDATA[Patrimonio eclesiástico]]></category><category><![CDATA[Edificios religiosos]]></category><category><![CDATA[Edificios historicos]]></category><category><![CDATA[Patrimonio histórico]]></category><category><![CDATA[Iglesia católica]]></category><category><![CDATA[Edificios singulares]]></category><category><![CDATA[Patrimonio cultural]]></category><category><![CDATA[Escritores]]></category><category><![CDATA[Cristianismo]]></category><category><![CDATA[Arquitectura]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Religión]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Arte]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Un cierto paraíso</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/01/23/babelia/1579793056_315469.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/01/23/babelia/1579793056_315469.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 24 Jan 2020 11:30:14 +0000</pubDate><description>Anna Wiener desvela en un libro la crueldad helada del sistema tecnológico, empresarial y social que rige en Silicon Valley</description><content:encoded><![CDATA[<p>Dice <a href="https://elpais.com/tag/simone_weil/a">Simone Weil</a> que hay un infierno habitado por personas que creen encontrarse en el paraíso. En 2013, a los 25 años, Anna Wiener se mudó de Nueva York a San Francisco, siguiendo la promesa de un trabajo en una compañía de <a href="https://elpais.com/tag/silicon_valley/a">Silicon Valley</a>, una <em>start-up</em> dedicada a la gestión de datos masivos. Wiener no tenía una formación científica ni tecnológica, sino literaria. Después de licenciarse en la universidad había ocupado puestos subalternos en el mundo editorial, en una época marcada todavía por la gran recesión de 2008. En la agencia literaria en la que trabajaba como asistente con un sueldo muy bajo el ambiente era de desánimo. Todo, en el mundo de los libros, parecía ir deteriorándose: menos lectores, menos librerías, la primacía insolente y destructiva de Amazon, el aire de anacronismo de los volúmenes tangibles y las páginas impresas frente a la novedad cegadora de todo lo digital.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/01/23/babelia/1579793056_315469.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/vgOe04hE3384OndfQl84rtbbGGU=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/OYKW7GBPYR6IFAHPQBENBZO3QI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Vista de Silicon Valley, en el condado de Santa Clara (California). ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Getty images]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Silicon Valley]]></category><category><![CDATA[San Francisco]]></category><category><![CDATA[California]]></category><category><![CDATA[Estados Unidos]]></category><category><![CDATA[Norteamérica]]></category><category><![CDATA[América]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Últimas noticias de Maigret</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/01/16/babelia/1579174175_083194.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/01/16/babelia/1579174175_083194.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 16 Jan 2020 23:02:21 +0000</pubDate><description>Maigret, de Georges Simenon, es como un comisario taoísta que observa y escucha y parece aplicar el principio de Lao Tzu del “hacer no haciendo”</description><content:encoded><![CDATA[<p>En la última página de <a href="https://www.casadellibro.com/libro-maigret-et-monsieur-charles/9782253142119/606243"><em>Maigret et Monsieur Charles</em>, Georges Simenon</a> anotó la fecha en que la había terminado: el 11 de febrero de 1972. Eso quiere decir que había empezado a escribirla el 2 o el 3 de febrero, ya que tardaba siempre el mismo tiempo en escribir una novela, ocho o nueve días. El primer arranque de una nueva novela no tenía lugar en el escritorio, sino durante un largo paseo, o varios paseos enérgicos en días sucesivos. La caminata le inducía un tal grado de ensimismamiento que una mañana se cruzó con su mujer y la saludó con un “Bonjour, madame”, quitándose el sombrero, sin reconocerla. Caminaba para encontrar un cierto estado de gracia, lo que él llamaba “état de roman”, estado de novela. Tenía que surgir un detalle, un hilo sutil, un principio de historia. En una guía de teléfonos buscaba nombres que le parecieran sugerentes. En el dorso de un sobre amarillo garabateaba datos útiles para una trama, fechas de biografías imaginarias, bocetos de escenarios. Por fin una mañana ya estaba preparado. No dejaba pasar tiempo entre el final de una novela y el comienzo de otra. Él era un artesano, decía, y un artesano no se queda 10 meses o un año sin hacer nada después de entregar un trabajo.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/01/16/babelia/1579174175_083194.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/irH7I8DmKZBwcjK84QI4JTMRop8=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/IXGWR2H4PDBRJRZAHCNQI762IQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor Georges Simenon en su casa de Lausanne.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Jean Baptiste Servant]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Dreyfus, Polanski y la industria de la mentira</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/01/09/babelia/1578588356_376970.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/01/09/babelia/1578588356_376970.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 10 Jan 2020 16:18:46 +0000</pubDate><description>Artistas de sensibilidad admirable como Debussy o Degas mostraban su creencia en la culpabilidad de Dreyfus</description><content:encoded><![CDATA[<p>En la última película de <a href="https://elpais.com/tag/roman_polanski/a">Roman Polanski</a>, entre los figurantes que pueblan los cafés, los salones, las salas de los tribunales, habría sido posible reconocer fugazmente la presencia de un hombre joven, muy pálido, de bigote negro y ojos muy grandes, que se pareciera a <a href="https://elpais.com/tag/marcel_proust/a">Marcel Proust</a>. Proust tenía 27 años cuando la carta pública de <a href="https://elpais.com/tag/emile_zola/a">Émile Zola</a> en la primera página del diario<em> L’Aurore </em>desató el gran escándalo sobre la inocencia del capitán Dreyfus y las mentiras y las manipulaciones de los altos cargos militares que habían propiciado su condena. Nadie mejor que un inocente para ser designado como el perfecto culpable. Al día siguiente del artículo valeroso de Zola empezó a difundirse un manifiesto de intelectuales en su defensa, la primera vez que esa palabra se convertía en sustantivo para designar una profesión o una condición que hasta entonces no había tenido nombre. El<em> affaire Dreyfus </em>ha proyectado una influencia tan duradera que cuando en nuestra época se publican manifiestos políticos firmados por personas que se califican a sí mismas de intelectuales se trata de una resonancia de lo sucedido entonces. Marcel Proust, que hasta ese momento no había mostrado grandes inquietudes políticas, fue de un lado a otro por París recogiendo firmas de celebridades de la literatura en apoyo de Zola y de Dreyfus. Con algo de exageración, se enorgullecía de haber sido “el primer<em> dreyffusard”. </em>Su activismo le costó la amistad de algunos de los aristócratas a los que hasta entonces había frecuentado, todos ellos nacionalistas, católicos y antisemitas, hostiles a aquella Tercera República que estaba queriendo instaurar el universalismo de la ciudadanía por encima de la pertenencia del origen, y que para más escándalo promovía la educación pública, el laicismo y la separación entre la Iglesia y el Estado.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/01/09/babelia/1578588356_376970.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><category><![CDATA[Roman Polanski]]></category><category><![CDATA[Emile Zola]]></category><category><![CDATA[Marcel Proust]]></category><category><![CDATA[Artistas]]></category><category><![CDATA[Xenofobia]]></category><category><![CDATA[Películas]]></category><category><![CDATA[Cine]]></category><category><![CDATA[Discriminación]]></category><category><![CDATA[Prejuicios]]></category><category><![CDATA[Problemas sociales]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>El arte no vale tanto</title><link>https://elpais.com/cultura/2020/01/03/babelia/1578048700_925437.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2020/01/03/babelia/1578048700_925437.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 03 Jan 2020 18:50:40 +0000</pubDate><description>Hay cosas que un autor no debe escribir si el resultado es un daño inmediato y tal vez irreparable a otra persona</description><content:encoded><![CDATA[<p>En Nueva York septiembre tiene días de extraordinaria dulzura climática. Han pasado los grandes calores del verano pero la vegetación aún tiene un verde lujuriante, y en el aire hay una delicada tibieza, sobre todo a media tarde, cuando un sol dorado tarda mucho en declinar hacia el anochecer, como en un raro tiempo detenido. Uno de esos días de septiembre, en 1977, el poeta <a href="https://elpais.com/cultura/2017/12/18/babelia/1513613545_735868.html">Robert Lowell</a>, recién llegado de Inglaterra, tomó un taxi en el aeropuerto Kennedy y dio al taxista la dirección donde había vivido con su esposa y su hija hasta siete años atrás. En esta historia, según la descubro y la cuento, todo se vuelve familiar para mí. La casa donde vivía la exmujer de Lowell, <a href="https://elpais.com/cultura/2015/05/06/babelia/1430920377_260975.html">Elizabeth Hardwick,</a> es un edificio noble de ladrillo en una calle que conozco muy bien, la 67 Oeste, justo donde estuvo un restaurante legendario de la ciudad, Le Café des Artistes. Hardwick murió allí en 2007. Yo puedo haberme cruzado con ella, porque viví muy cerca en el otoño de 2001, y en los años posteriores he andado mucho por ese barrio.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2020/01/03/babelia/1578048700_925437.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/fqr1AZQzlVXfedefJgdBZww6oR4=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/WLTCEOKP62T6V3ZFDT4LXRSKXU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor Robert Lowell.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[ALFRED Eisenstaedt ]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Poetas]]></category><category><![CDATA[Escritores]]></category><category><![CDATA[Poesía]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>En defensa de Greta</title><link>https://elpais.com/elpais/2019/12/30/opinion/1577721805_079097.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2019/12/30/opinion/1577721805_079097.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 02 Jan 2020 12:54:24 +0000</pubDate><description>Para atajar el gran desastre medioambiental va a hacer falta que cambiemos nuestra forma de vida. Despilfarrar en caprichos y en lujos de consumo los bienes que hacen posible la vida es indecente</description><content:encoded><![CDATA[<p>La razón principal de que <a href="https://elpais.com/tag/greta_thunberg_ernman/a">Greta Thunberg</a> provoque <a href="https://elpais.com/elpais/2019/12/21/opinion/1576918605_941528.html">tanta hostilidad</a> no está en lo que dice, sino en lo que hace. A su manera simple y obstinada, <a href="https://elpais.com/sociedad/2019/11/13/actualidad/1573618801_809068.html">cruzando el Atlántico en un velero</a> o llegando <a href="https://elpais.com/sociedad/2019/12/06/actualidad/1575617781_239240.html">a Madrid desde Lisboa en un viaje casi tan lento</a> y tan incómodo como una travesía marítima, Greta Thunberg nos echa en cara, literalmente, nuestro grado de responsabilidad personal ante la <a href="https://elpais.com/tag/cambio_climatico/a">gran crisis climática</a> que ya está sucediendo, y nos da el ejemplo de un activismo hecho a la vez de agitación política y de cambios concretos en la vida diaria de cada uno. Las palabras son gratis. Las causas nobles son más llevaderas cuando lo único que exigen es la firma de un manifiesto, o una declaración pública. Las personas de mi generación nos educamos políticamente en un mundo de resplandecientes abstracciones que no necesitaban traducirse en nada concreto en nuestra vida diaria. Uno decía que era algo y eso bastaba para que lo fuera instantáneamente. La insufrible arrogancia política y moral de tantos fantasmones de entonces hubiera debido vacunarnos contra ese tipo de heroísmos progresistas que consistían solo en nubes de palabras destinadas a envolver comportamientos con frecuencia canallescos. Hemos conocido a incorruptibles luchadores que montaban en cólera si no se les albergaba en hoteles de lujo, y a santones de la integridad de manos tan largas que las secretarias desaparecían en los cuartos de baño en cuanto los veían entrar en las oficinas. También conocemos a activistas contra el calentamiento global que viajan a las cumbres internacionales en aviones privados.<p><a href="https://elpais.com/elpais/2019/12/30/opinion/1577721805_079097.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/goLxDyaNcdI5sGSHDTyZkcHutLo=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/CC7KKBVI7AZV34VET2K3EHT2XU.jpg"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Enrique Flores]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Greta Thunberg]]></category><category><![CDATA[Cambio climático]]></category><category><![CDATA[Problemas ambientales]]></category><category><![CDATA[Medio ambiente]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category></item><item><title>Una vida entera</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/12/26/babelia/1577377271_754034.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/12/26/babelia/1577377271_754034.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 26 Dec 2019 23:10:35 +0000</pubDate><description>'Stoner' de John Williams es para el autor "la obra maestra sumergida", del "autor raro" y "anulado primero por la indiferencia y luego por el olvido"</description><content:encoded><![CDATA[<p>Los días finales de diciembre me han traído la emoción literaria más intensa de todo el año. Había leído aquí y allá referencias elogiosas a esta novela de título extraño escrita por un casi desconocido, <a href="https://www.casadellibro.com/libro-stoner-4-ed/9788415700616/2069311"><em>Stoner</em>, de John Williams</a>, y alguna vez hasta había visto su portada en alguna librería, la de la edición bella y austera de la New York Review of Books, que la volvió a publicar en 2005, 40 años de que apareciera por primera vez y desapareciera casi de inmediato. Los libros tienen una manera caprichosa de llegar a nosotros. Había oído hablar de esta novela como en una leyenda lejana, la de la obra maestra sumergida, el autor raro y apartado que escribe un solo libro memorable y luego desaparece, anulado primero por la indiferencia y luego por el olvido. Parece que una novela que lleva como título el apellido del todo neutro de su protagonista nace ya destinada al anonimato. El otro día, en el aeropuerto de Lisboa, en una librería tan bien surtida que debería sumir en la vergüenza a las del aeropuerto de Madrid, encontré de nuevo <em>Stoner</em>, y esta vez sí la compré, en un impulso nada juicioso porque tenía otras lecturas entre mano.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/12/26/babelia/1577377271_754034.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/Dtwtmy-rKiv-hVUfv0vll-Uo1Pg=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/AMG4VTRKHZBKP6PBJHQJA4NCB4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor John Williams. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[University of Texas Press]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[John Williams]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>La novela perdida</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/12/18/babelia/1576686055_547665.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/12/18/babelia/1576686055_547665.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 20 Dec 2019 23:11:05 +0000</pubDate><description>A Grossman solo le quedaban tres años de vida cuando le arrebataron ‘Vida y destino’. Murió creyendo que nadie la leería</description><content:encoded><![CDATA[<p>Un hombre dedica los mejores años de su vida a escribir una novela inmensa en la que sabe que ha abarcado el mundo; y cuando por fin la termina y la revisa agotadoramente y perfila más aún a cada uno de sus innumerables personajes, cuando ya la ve existir en una montaña de páginas mecanografiadas, ordenada en varias carpetas, dispuesta para ir a la imprenta y cobrar así un grado todavía mayor de realidad, una presencia irreversible, ­en este momento, como en una pesadilla, la novela le es arrebatada, y desaparece sin rastro, sin que él sepa si está sepultada en el cajón fúnebre de un archivo o si la han quemado, o la han hecho pulpa en una de esas máquinas que sirven para picar los documentos peligrosos.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/12/18/babelia/1576686055_547665.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/t3F9cQMZ9FQM_5o63z-smsVSU08=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/QCOSPKZMEFBEWMV7URR4DVJMAM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Vasili Grossman, en Schwerin (Alemania) en 1945. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[study center vasili grossman]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Vasili Grossman]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Sorolla americano</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/12/12/babelia/1576144645_757503.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/12/12/babelia/1576144645_757503.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 13 Dec 2019 17:26:27 +0000</pubDate><description>En el rato de espera en el restaurante, el pintor tiene la libertad del anonimato, la actitud observadora y furtiva del espía</description><content:encoded><![CDATA[<p>La pintura era el oficio de <a href="https://elpais.com/tag/joaquin_sorolla/a">Joaquín Sorolla</a>. El dibujo era su manera de estar en el mundo. La pintura exigía preparativos, aparatos, lienzos, horas en el estudio, sombrillas y bastidores para instalar el cuadro en una playa. Para el dibujo solo hacía falta un pequeño cuaderno y un lápiz, y ni siquiera eso, el reverso de cartulina del menú de un restaurante de lujo, el cartón de una caja, el que venía dentro de una camisa recién planchada, recién traída a la habitación del hotel por una camarera, en una de esas ciudades de modernidad exótica que estimulaban aún más los sentidos, Nueva York o Chicago.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/12/12/babelia/1576144645_757503.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/W0_fj5uKwT9LuJ72D9Fa1evldMc=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/O4QZ2PYJV5ZYR42WIXP2T2GOL4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA['Pareja preparada para salir' (1911), dibujo de Joaquín Sorolla.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Joaquín Sorolla]]></category><category><![CDATA[Exposiciones]]></category><category><![CDATA[Agenda cultural]]></category><category><![CDATA[Agenda]]></category><category><![CDATA[Eventos]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>La visita de los libros</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/12/05/babelia/1575564090_170802.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/12/05/babelia/1575564090_170802.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 06 Dec 2019 16:34:38 +0000</pubDate><description>Gracias al Círculo de Lectores accedimos a la literatura quienes vivíamos lejos de los circuitos principales de difusión</description><content:encoded><![CDATA[<p>Si la Biblioteca Nacional <a href="https://elpais.com/cultura/2019/11/07/actualidad/1573116425_650089.html">preserva el fondo del Círculo de Lectores</a>, estará salvando el equivalente de un sistema ecológico completo, asombroso en su variedad y en su riqueza, difícil de imaginar en el futuro si se consintiera su desaparición. Lo que hizo <a href="https://elpais.com/cultura/2019/11/08/actualidad/1573200060_550763.html">el Círculo de Lectores por la cultura literaria</a> en España solo pueden —podemos— atestiguarlo los que gracias a su existencia tuvimos acceso por primera vez al panorama de la literatura universal, en una época en la que las bibliotecas públicas eran mucho más escasas que ahora y en la que no abundaban las librerías fuera de las ciudades importantes.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/12/05/babelia/1575564090_170802.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/3tfof4uQbBCyEUOBU7DnTu7kQNs=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/YN3I6RUUALEY2WMRRNS7G54AKU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Tomos de Obras Completas de Círculo de Lectores.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Círculo de Lectores]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Empresas]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Economía]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Cómicos y otros parásitos</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/11/28/babelia/1574960676_348927.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/11/28/babelia/1574960676_348927.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 29 Nov 2019 12:52:30 +0000</pubDate><description>La mayor parte de los actores y actrices, esa frívola fraternidad de extremistas privilegiados, resulta que viven de milagro</description><content:encoded><![CDATA[<p>El talento máximo del populista está en encontrar el enemigo adecuado: ha de ser un enemigo sobre el que puedan volcarse al mismo tiempo las quejas más o menos justas y los instintos agresivos más viscerales; y también un enemigo tan débil que no pueda defenderse, y hacia el que sea fácil no sentir solidaridad, por su extranjería o por su diferencia. Otra ventaja de un enemigo así es que distrae la atención sobre los verdaderos responsables de las desgracias ciertas o imaginarias que se sufren. El populismo en España parece una cosa reciente, pero ya existía y era cultivado con éxito y sin ningún escrúpulo hace muchos años, y lo ejercían no esos nuevos partidos que han tardado tan poco en imitar los peores vicios de los viejos, sino aquellos mismos a los que se atribuye una cierta severidad institucional.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/11/28/babelia/1574960676_348927.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/_WfR0q3NMJ796t7piRppV261UoM=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/IX7UTEIAFL55VPEPJ5RYSFN3JU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El actor Carlos Olalla, el pasado día 21 en una calle de Madrid.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[JULIÁN ROJAS]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Populismo]]></category><category><![CDATA[Actores]]></category><category><![CDATA[Artistas]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>La tormenta de Goya</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/11/21/babelia/1574348473_107146.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/11/21/babelia/1574348473_107146.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 22 Nov 2019 13:37:34 +0000</pubDate><description>El pintor de cámara de un rey de peluca empolvada se convierte en pocos años en algo muy parecido a un fotógrafo de guerra</description><content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/11/18/actualidad/1574105232_221129.html">Goya</a> vivió 82 años y desde la adolescencia y probablemente desde la niñez no dejó nunca de dibujar. <a href="https://elpais.com/cultura/2014/11/19/actualidad/1416406258_264983.html">Las cartas de juventud a Zapater</a> están ilustradas con dibujos tan rápidos y vigorosos como la misma letra, tan procaces muchas veces y tan burlescos como las cosas que le cuenta a su amigo del alma. Cuando estuvo en Italia en el viaje preceptivo de estudios de todo pintor académico, compró uno de esos cuadernos tentadores que solo se encuentran allí y lo llenó de bocetos sobre las cosas que veía y sobre las que se le pasaban por la cabeza, lo mismo cabezas de monstruos que recetas de cocina. Goya dibujaba con perfecta solvencia académica los bocetos para sus cartones de escenas populares, pero en su disciplinada corrección ya había una inmediatez de observación directa de la vida, que inevitablemente quedaría atenuada luego en los cartones acabados, y más aún en los tapices. Hay una naturalidad asombrosa de gestos en ese majo que lleva el compás de una canción con las palmas, en un anticipo de actitud flamenca, o en ese otro que está tumbado y fuma mirando el humo con perfecta indolencia.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/11/21/babelia/1574348473_107146.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/UDEPMH58_Y2Kb_oCd3O4CZ8Yvmo=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/UZHOMSDD3MKJZ4JUDSXK7NZOKY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA['Yo lo vi' (1863), de Goya.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Francisco de Goya]]></category><category><![CDATA[Museo del Prado]]></category><category><![CDATA[Museos]]></category><category><![CDATA[Instituciones culturales]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Una torre de Babel de marfil</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/11/14/babelia/1573720015_139775.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/11/14/babelia/1573720015_139775.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 15 Nov 2019 23:02:13 +0000</pubDate><description>A Nabokov le entristecía esa “degradación que el personaje de Lolita había sufrido en la imaginación del gran público”</description><content:encoded><![CDATA[<p>Al menos una entrevista forma parte de la historia de la literatura. Se la hizo <a href="https://elpais.com/cultura/2019/06/11/actualidad/1560264586_944524.html">Bernard Pivot</a> a <a href="https://elpais.com/tag/vladimir_nabokov/a">Vladímir Nabokov</a>, en su programa de televisión,<em> Apostrophes, </em>en mayo de 1975, y se ha publicado ahora en un libro de prosas sueltas,<em> Think, Write, Speak, </em>en una edición de Anastasia Toltoy y Brian Boyd. Boyd contó la vida y los libros de Nabokov en los dos tomos de una biografía que es de las mejores que pueden leerse de un escritor. A lo largo de la conversación, Nabokov iba bebiendo una taza de té que Pivot rellenaba de vez en cuando, no sin ceremonia, con una tetera. La tetera, cuenta Boyd, estaba llena de whisky. Preguntas y respuestas fluían con una agudeza admirable, sin duda avivada por el contenido de la tetera, y también por el hecho de que Nabokov había sabido las preguntas con mucha antelación y en realidad estaba leyendo las respuestas, escritas meticulosamente a lápiz en esas fichas de cartulina que le gustaban tanto, y que en este caso quedaban mal que bien disimuladas por los libros dispuestos sobre la mesa del estudio. Leídas ahora, al cabo de tantos años, son muestras de brevedad resplandeciente de la prosa de Nabokov, animadas por un impulso de oralidad y hasta de ese humorismo esquinado que era tan suyo, y que en un momento dado le lleva a hacer una definición de lo que para él es un novelista: “Un feliz inquilino de una torre de Babel de marfil”.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/11/14/babelia/1573720015_139775.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/ZQnQqIiEheU2l50a1PxJSXFPnNs=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/O5HBGFCMYSXCYHN7WRXSMPPOFQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Nabokov, en París en 1975. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Louis MONIER]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Vladimir Nabokov]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>El testigo de Alicante</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/11/08/babelia/1573218166_511717.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/11/08/babelia/1573218166_511717.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 08 Nov 2019 23:53:28 +0000</pubDate><description>Galdós escribió los ‘Episodios’ cuando ya eran material histórico; Aub volcó en su ‘Laberinto’ lo que aún era puro presente</description><content:encoded><![CDATA[<p>Un rasgo de los mejores libros es que al volver a ellos siempre son mejores de lo que uno recordaba: más verdaderos, más sorprendentes, más desmedidos unas veces y otras más lacónicos, más ricos en esos pormenores de observación que son lo primero que se olvida después de la lectura. Es falso que uno recuerde bien los libros. La memoria de lo leído es más frágil todavía que la de lo vivido. La memoria es un reseñista distraído que repite ideas rutinarias y que finge saber mucho más de lo que sabe. Los mejores libros uno vuelve a abrirlos con suficiencia y de pronto le estallan entre las manos. Y la admiración antigua que lo llevó a uno a regresar a ellos se convierte en asombro, en remordimiento por no haber sabido recordar bien.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/11/08/babelia/1573218166_511717.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/sk_yId8rGh2hFUWE-29UjtJpBto=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/U7NOSPC2FAOUYWEJSE5T23VC5A.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Max Aub, en su despacho de Radio UNAM, en 1962.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Ricardo Salazar]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Max Aub]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Generación del 27]]></category><category><![CDATA[Dramaturgos]]></category><category><![CDATA[Movimientos literarios]]></category><category><![CDATA[Literatura española]]></category><category><![CDATA[Teatro]]></category><category><![CDATA[Escritores]]></category><category><![CDATA[Artes escénicas]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Movimientos culturales]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Espectáculos]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>En Cataluña puedes tenerlo todo</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/11/01/babelia/1572613508_469392.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/11/01/babelia/1572613508_469392.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Sat, 02 Nov 2019 00:37:13 +0000</pubDate><description>Solo en la Cataluña de ahora está permitido hacer gala del pacifismo y al tiempo celebrar la violencia vandálica</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos años adquirí la costumbre de ir recogiendo por ahí cualquier tipo de publicidad que cayera en mis manos. Anotaba eslóganes que veía por la calle, o les hacía fotos, aceptaba las hojas de anuncios que ofrecían en vano los repartidores de las aceras, me fijaba en las que aparecen por las mañanas sujetas por los parabrisas de los coches, estudiaba los carteles con propaganda de hipotecas o cuentas o fondos de inversión en las cristaleras de los bancos, me detenía a la puerta de las tiendas de telefonía para recoger esos folletos cuantiosos que transmiten una sensación de prosperidad como las revistas ilustradas hace medio siglo. Me sentía a veces como si fuera por la calle escuchando una multiplicación de voces simultáneas que no callaban nunca, y que en el gran mareo de su variedad acababan unificándose en un solo mensaje monótono. Puedes tener todo lo que desees, al instante, sin dilación ninguna, y lo puedes tener y elegir a tu manera, aquí y ahora, como a ti te gusta, cuando tú quieras y como tú quieras, sin límite, todo al mismo tiempo. Puedes tener una cosa y su contraria. Puedes adelgazar comiendo todo lo que quieras. Puedes tener una playa entera solo para ti. Puedes gastar y al mismo tiempo seguir ahorrando.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/11/01/babelia/1572613508_469392.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/IPJ3cFVjicVBbx5D0QF_ZuZrxVI=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/IBNX6O4RNHJWVQUQ5L2CN7OXT4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Disturbios en Barcelona por la sentencia del 'procés', el 18 de octubre. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[ALBERT GARCÍA]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Juicio al Procés]]></category><category><![CDATA[Referéndum 1 de Octubre]]></category><category><![CDATA[Autodeterminación]]></category><category><![CDATA[Referéndum]]></category><category><![CDATA[Generalitat Cataluña]]></category><category><![CDATA[Casos judiciales]]></category><category><![CDATA[Cataluña]]></category><category><![CDATA[Gobierno autonómico]]></category><category><![CDATA[Conflictos políticos]]></category><category><![CDATA[Elecciones]]></category><category><![CDATA[Política autonómica]]></category><category><![CDATA[Comunidades autónomas]]></category><category><![CDATA[España]]></category><category><![CDATA[Administración autonómica]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Administración pública]]></category><category><![CDATA[Justicia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Opiniones</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/10/22/babelia/1571759185_086885.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/10/22/babelia/1571759185_086885.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 25 Oct 2019 22:24:01 +0000</pubDate><description>Lo único que un novelista tiene que sea verdaderamente suyo son las ficciones que inventa. Sus opiniones también son de otros</description><content:encoded><![CDATA[<p>A los escritores ya casi no les preguntan en las entrevistas por los libros que han escrito. Les preguntan por Cataluña, si son españoles, o por el Brexit, si son británicos, o por Donald Trump, si vienen de Estados Unidos. Por Donald Trump les preguntan a los escritores americanos, y también a los cineastas, y a los directores teatrales, y a los actores, y a los diseñadores de moda. El único campo en el que parece existir verdadero interés por el trabajo al que se dedican las personas entrevistadas es el fútbol. El titular de una entrevista con un entrenador o un jugador alude siempre al partido que acaban de jugar, pero si el entrevistado es un escritor, difícilmente se averiguará su oficio leyendo el titular que la encabece. Javier Cercas se tomó el gran trabajo de escribir una novela con la que ganó el Premio Planeta, pero en las entrevistas que le hacen la novela merece si acaso referencias de paso, y los titulares se concentran en el Tema, el asunto único, y en las opiniones que Cercas tenga sobre él, y que a estas alturas ya estará agotado de repetir, como estamos agotados todos, salvo los delirantes y los aprovechados que dan un nuevo sentido a aquella antigua expresión franquista “inasequibles al desaliento”. John Le Carré es uno de los grandes novelistas del último medio siglo, y a los 88 años mantiene una admirable fertilidad literaria y una actitud de rebeldía que son un ejemplo doble para quien no quiera rendirse al desaliento y la conformidad de los años. Pero en las entrevistas que le hacen sobre su novela recién aparecida, por lo único que le preguntan con verdadero interés es por su opinión sobre el Brexit. Lo mismo le pasa a Ian McEwan, que también acaba de publicar una novela, y que a estas alturas podría responder a todas las entrevistas sin necesidad de que le formulen antes las preguntas.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/10/22/babelia/1571759185_086885.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/yfiPBqZuMG5BLrw7DqnBMZJzNo0=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/OYPE5PBWXYYLA2BP6CC24IBUYE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[John Le Carre, en Deia (Mallorca) en agosto pasado.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[SAMUEL SÁNCHEZ]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Javier Cercas]]></category><category><![CDATA[John Le Carre]]></category><category><![CDATA[Ian McEwan]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Pavese, años más tarde</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/10/17/babelia/1571306779_137079.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/10/17/babelia/1571306779_137079.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 18 Oct 2019 22:07:13 +0000</pubDate><description>La verdadera impresión de las cosas inolvidables no sucede la primera vez que las encontramos, sino la segunda</description><content:encoded><![CDATA[<p>La verdadera impresión de las cosas inolvidables, dice <a href="https://elpais.com/diario/2008/09/08/cultura/1220824801_850215.html">Cesare Pavese</a>, no sucede la primera vez que las encontramos, sino la segunda. Yo encontré por primera vez el diario de Pavese,<em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-oficio-de-vivir/12919"> El oficio de vivir</a>, </em>en Granada, cuando tenía 30 años. Lo leía con una devoción, con una persistencia, en la que había algo de malsano, que acabó provocándome un efecto de rechazo, como el de una intoxicación de nicotina. Lo volví a encontrar hace unos meses, en una librería de Turín, y lo compré en parte por la curiosidad de saber qué efecto tendría sobre mí cuando volviera a leerlo, no media vida sino una vida entera más tarde: también porque había algo de conmemoración y de conjuro en comprar ese diario en la misma ciudad en la que se escribieron muchas de sus páginas, sobre todo las últimas, las que quedaron pulcramente guardadas en una carpeta cuando su autor se quitó la vida en un hotel que todavía existe, con un letrero luminoso que yo vi cuando se hizo de noche.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/10/17/babelia/1571306779_137079.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/DMY2v7KrjjwcuUNerG5It515GmI=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/NJDUAONI2SZAEDBHVSF62FYG3A.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Cesare Pavese, en Roma en 1949-1950.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Césare Pavese]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>El traidor, el héroe</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/10/10/babelia/1570721080_794762.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/10/10/babelia/1570721080_794762.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 11 Oct 2019 22:09:56 +0000</pubDate><description>No habríamos sabido que la vigilancia masiva fuera posible, y que se estaba haciendo en secreto y a diario, de no ser por Edward Snowden</description><content:encoded><![CDATA[<p>El hombre de 29 años que ha roto de un golpe todos los lazos de su vida anterior espera durante 10 días en una habitación de un hotel de Hong Kong. El hotel es inmenso. La habitación es pequeña y está en el décimo piso. En 10 días este hombre que espera no ha salido de ella ni una sola vez y no ha permitido que se la limpien ni le cambien las sábanas. A su manera ensimismada y distraída, como un universitario en su cuarto en una residencia, el hombre joven registra el desorden que se va complicando en torno suyo, la ropa sucia por el suelo, las toallas húmedas en el cuarto de baño, las sábanas estragadas después de tantos días sin cambiarlas, los recipientes vacíos o sucios de residuos de comida rápida que le han ido trayendo a la puerta los repartidores.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/10/10/babelia/1570721080_794762.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/cTJHD3HJp9M9kJG7HQ5BaRwNFbU=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/ZTXBXKXFJL7VU2OMYAYI2JDYAI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El libro de Edward Snowden, en Berlín en septiembre pasado.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[JÖRG CARSTENSEN]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Edward Snowden]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Cielos desiertos</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/10/02/babelia/1570009070_016292.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/10/02/babelia/1570009070_016292.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 04 Oct 2019 22:26:10 +0000</pubDate><description>La bióloga Rachel Carson escribía una prosa arrebatadora, que unía la imaginación de la ciencia con la precisión de la poesía</description><content:encoded><![CDATA[<p>Los números agregan elocuencia a lo que las palabras no llegan a expresar. La revista<a href="https://elpais.com/tag/science/a"><em> Science </em></a>publica un estudio que ha sobrecogido a los mismos científicos que lo llevaron a cabo: en algo menos de medio siglo, desde 1970, han desaparecido 3.000 millones de pájaros en América del Norte, casi la tercera parte de la población que había entonces. <a href="https://elpais.com/elpais/2019/09/19/ciencia/1568880361_926367.html">En este periódico, Miguel Ángel Criado da cuenta de una contabilidad igual de sombría</a>: en 20 años han desaparecido 95 millones de pájaros de los campos y los cielos españoles, entre ellos 15 millones de golondrinas. En uno y otro sitio las causas son las mismas, porque son universales: la agricultura intensiva, la desaparición de los humedales, la urbanización ilimitada, el abuso de insecticidas y de herbicidas.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/10/02/babelia/1570009070_016292.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/Kqe-nVf_fFEwAX0J19P74DfcT-w=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/GGHMWIETWOFAYST3TMFAPV2UKM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Rachel Carson, en 1972. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Alfred Eisenstaedt]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Medio ambiente]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>En la vida real</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/09/27/babelia/1569595593_768402.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/09/27/babelia/1569595593_768402.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 27 Sep 2019 22:19:53 +0000</pubDate><description>Mientras los políticos cultivan discordias estériles, muchas personas mantienen el esfuerzo cotidiano de mejorar el mundo</description><content:encoded><![CDATA[<p>Para vacunarse contra las tentaciones del esencialismo, del tremendismo, del fatalismo, del cinismo político, en estos tiempos tan propicios a la desolación, un recurso posible es visitar alguno de esos espacios públicos que funcionan bien, incluso admirablemente bien, a pesar de todos los pesares innumerables de la vida española. En vez de escuchar tantas tertulias, o de leer más columnas o largas informaciones sobre las nimiedades internas de los partidos políticos, es un alivio, y un consuelo, encontrarse, por ejemplo, en un buen centro sanitario público o en una biblioteca, o en uno de esos museos donde la riqueza de las obras expuestas solo es comparable a la calidad y al rigor del trabajo de las personas dedicadas a su preservación, a su estudio y a su difusión pública.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/09/27/babelia/1569595593_768402.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/t78nCOdIHldM8oauSDna_YVzMNY=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/4CGVATXDVKEQ5MKUG6Q364USBY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un colegio electoral de Valencia en las últimas elecciones.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[MÒNICA TORRES]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Dueños del mundo</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/09/17/babelia/1568729920_158582.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/09/17/babelia/1568729920_158582.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 20 Sep 2019 22:06:17 +0000</pubDate><description>Los hermanos Koch han gastado centenares de millones en financiar a candidatos extremistas hostiles a los impuestos, a los derechos sindicales y al control de emisiones</description><content:encoded><![CDATA[<p>Las revoluciones emprendidas en nombre de los trabajadores y los pobres han empezado en derramamientos de sangre y han derivado tristemente en despotismo, incompetencia y corrupción. Son las revoluciones de los ricos las que tienen éxito. Le preguntaron a <a href="https://elpais.com/tag/warren_buffett/a">Warren Buffett</a>, uno de los tres o cuatro hombres más ricos del mundo, que si creía en la guerra de clases y contestó con naturalidad: “Claro que sí. La hemos ganado nosotros”. A lo largo del siglo pasado, los movimientos revolucionarios de clase se fueron haciendo reformistas y, a fuerza de presión sindical y activismo político, fueron logrando mejoras que terminaron definiendo el Estado de bienestar europeo, esa mezcla de economía de mercado, sanidad y educación universales, igualdad ante la ley, gobernanza democrática e impulso de progreso que hasta hace muy poco dábamos por supuesto. Incluso en Estados Unidos, desde la época del<em> new deal </em>de Roosevelt, la crudeza extrema del capitalismo y del individualismo a toda costa se había atemperado gracias a las leyes que limitaban el tamaño de las grandes empresas, promovían un nivel básico de protección social y aseguraban, gracias a la fuerza de los sindicatos, condiciones salariales aceptables, servicios de salud y pensiones decentes para los trabajadores.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/09/17/babelia/1568729920_158582.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/ox0wq9VjR9yx5Yy0G_zWuxh2F4k=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/CZSLYGRKPFWIXD6QCC4VE6YIAA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Los hermanos Charles (izquierda) y David Koch, en 1970. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[KOCH NEWSROOM]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Hora de Ribeyro</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/09/10/babelia/1568119168_994725.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/09/10/babelia/1568119168_994725.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 13 Sep 2019 22:31:24 +0000</pubDate><description>La gran novela que el escritor peruano pensaba que no iba a lograr la estuvo escribiendo día por día durante 30 años</description><content:encoded><![CDATA[<p>De vez en cuando, a lo largo de las muchas páginas y muchos años de sus diarios, <a href="https://elpais.com/tag/julio_ramon_ribeyro/a">Julio Ramón Ribeyro</a> reflexiona con cierta melancolía sobre su incapacidad para escribir esas grandes novelas abarcadoras o totalizadoras que iban publicando casi todos los miembros de su generación latinoamericana. En algún momento anota que los lectores y los críticos europeos prefieren a novelistas de ambición épica: él, Ribeyro, que carece por completo de ella, que tiende a la escritura breve y a las historias de gente sin brillo, se da cuenta de que para ser celebrado en Europa le sería necesario irradiar un exotismo y una desmesura como los que cultivaban con tanto éxito los más celebrados de sus contemporáneos, García Márquez, Carlos Fuentes, Alejo Carpentier, el <a href="https://elpais.com/tag/jose_donoso/a">José Donoso</a> de<em> El obsceno pájaro de la noche </em>o su compatriota y amigo intermitente Mario Vargas Llosa. Ribeyro dice que le dan envidia esas novelas que los críticos califican como “frescos”: grandes panoramas sobre épocas o países. “Yo nunca podré concebir un ‘fresco’, ni menos escribirlo, no cabe en mi espíritu abarcarlo”. En sus novelas ciclópeas, Carpentier, Vargas Llosa, Carlos Fuentes parecían querer medirse con la amplitud de la historia, con las geografías y las mitologías de un continente entero. “Yo he pasado siempre al lado de la historia y he penetrado en la vida por puertas más pequeñas y disimuladas como pueden ser la aventura privada o la anécdota”, escribe en una anotación de 1970.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/09/10/babelia/1568119168_994725.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/T0IV5LWDO3caFwOwOXv1xuaHoFc=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/Z3O2FLGH4DVWBQWQJ7JMJPGSVI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor peruano Julio Ramón Ribeyro, delante de la librería Shakespeare and Company de París en marzo de 1986]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Julio Ramón Ribeyro]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Escuelas nacionales</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/09/05/babelia/1567693582_824928.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/09/05/babelia/1567693582_824928.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 06 Sep 2019 21:12:11 +0000</pubDate><description>Casi todos los rasgos estéticos esenciales de la pintura holandesa del XVII se parecen mucho a los de la española de esa época</description><content:encoded><![CDATA[<p>He cruzado el Retiro camino del Museo del Prado en la mañana algo fresca del primer lunes de septiembre y <a href="https://elpais.com/cultura/2019/06/21/babelia/1561126992_425733.html">Rembrandt y Vermeer y Franz Hals y Carel Fabritius todavía están allí</a>. Que en la misma ciudad y en el mismo museo donde se puede ver cotidianamente tanta pintura española, flamenca, italiana se encuentren además de visita durante unos meses tantas obras maestras de la pintura holandesa es un privilegio asombroso, y probablemente inmerecido. Vi la exposición <a href="https://elpais.com/cultura/2019/06/21/babelia/1561126992_425733.html"><em>Miradas afines,</em></a> en la que están incluidas todas ellas, un poco antes de la desbandada de julio, y la vuelvo a ver ahora con la alegría del reencuentro, con la gratitud por un hallazgo tan revelador que se convierte en una lección estética y a la vez política.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/09/05/babelia/1567693582_824928.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/e_-K6SkD6PvRt_g2dNlAAA6m0wc=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/ZUNWZOWQ73UICZXN4ID2SND3QU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA['Vista del jardín de la Villa Medici en Roma', de Velázquez (izquierda), y 'Vista de casas en Delft (La callejuela)', de Vermeer, ambos en la exposición del Prado. ]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Museo del Prado]]></category><category><![CDATA[Pintura]]></category><category><![CDATA[Artes plásticas]]></category><category><![CDATA[Museos]]></category><category><![CDATA[Instituciones culturales]]></category><category><![CDATA[Arte]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>El espíritu de la novela</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/07/25/babelia/1564067009_141263.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/07/25/babelia/1564067009_141263.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Sat, 27 Jul 2019 08:06:43 +0000</pubDate><description>Puedes estar tan ocupado siendo escritor que no te quede tiempo para escribir. En la vida literaria pero sin calma para la vida</description><content:encoded><![CDATA[<p>Cada verano, en cuanto dejo atrás las obligaciones más o menos agobiantes de la temporada, compruebo la distancia, creciente para mí, entre la literatura y lo que se llama la vida literaria, entre las tareas solitarias de escribir y leer y el espectáculo de la presencia pública, entre la concentración y la paciencia del hacer callando y la fatiga y la necesidad de explicar lo que se ha hecho, lo que mejor sería dejar que se explicara por sí solo. Cada verano aprendo de nuevo que al escribir y al leer, en grados distintos, disfruto tanto que llego a olvidarme de mí mismo, pero que al publicar me vuelvo nervioso, inseguro, vulnerable, suspicaz, ansioso. Escribir es una afición y un trabajo que se vuelve soluble en las tareas y las distracciones de la vida diaria, en un fluir continuo que incluye caminatas, conversaciones, ocupaciones domésticas, siestas lectoras, salidas gratas para tomar algo y no volver a casa demasiado tarde. Publicar es exhibirse. El libro es un producto frágil que requiere un grado inevitable de apoyo, casi de militancia. Uno es consciente, cuando publica un libro, de que ha de hacer un esfuerzo para ayudar a su difusión, en una época en que la cultura lectora no cuenta con el apoyo de los poderes públicos, y en la que los medios, también sumidos en la tribulación, se inclinan a celebrar sobre todo lo que les parece que lleva el sello de la moda o lo que ya es tan celebrado que no tendría ninguna necesidad de serlo más aún. De modo que el autor se siente en la obligación de hacer de publicista de sí mismo y viajante de su minoritaria mercancía, y de dar todo tipo de explicaciones sobre ella, aquí y allá, delante del público o en una entrevista, y ahora además en el espacio histriónico de las redes sociales.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/07/25/babelia/1564067009_141263.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/r4Ap4RBUaAowZeCKJaY46rF3Sj8=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/VVHGW2Q454N3CGJRLYXROBUQTA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Erasmo de Róterdam, retratado por Holbein. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[getty]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Lectura]]></category><category><![CDATA[Escritores]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>La hermandad del sentido común</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/07/18/babelia/1563461523_616294.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/07/18/babelia/1563461523_616294.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 19 Jul 2019 22:13:12 +0000</pubDate><description>Escritores como Raffaele La Capria animan a mirar con ojos propios, no con los anteojos prestados de las ideas de otros</description><content:encoded><![CDATA[<p>Casi hasta ayer mismo no sabía nada de Raffaele La Capria y hoy lo leo como si escuchara una voz familiar y reconociera en ella la cordialidad de un amigo. La Capria, que cumplirá pronto 100 años, ha escrito novelas, autobiografías, ensayos, incluso guiones de algunas películas italianas memorables de Francesco Rosi, pero yo solo conozco de él un libro breve y luminoso,<em><a href="https://edicioneselsalmon.com/2019/06/17/la-mosca-en-la-botella-raffaele-la-capria/"> La mosca en la botella. Elogio del sentido común</a>, </em>traducido y anotado cuidadosamente por Salvador Cobo. Empecé a leerlo hace solo unos días, y como tiene poco más de 100 páginas y está escrito como a rachas, en fragmentos, en anotaciones sucesivas de diario, me gusta unas veces abrirlo al azar y otras volver al principio y seguir leyendo en un orden que nunca es rígido ni lineal, ni mucho menos argumentativo. En algún momento La Capria cita el último libro de Rousseau,<em> Divagaciones del paseante solitario. </em>Hay mucho de esa libertad reflexiva en cada una de estas páginas, una elección de estilo que se corresponde con una actitud moral, la de dejar que las cosas, las ideas, vayan sucediendo a su aire en lugar de imponerles una dirección autoritaria, y también la de observar la realidad con una especie de cortesía, de cautela, procurando apreciarla con la mayor claridad posible, sin imponerle los moldes del prejuicio ni someterla a la niebla de las abstracciones intelectuales, de las temibles generalizaciones de la filosofía o de la ideología, o de esos saberes o pseudosaberes académicos que consisten sobre todo en el manejo de una jerga impenetrable.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/07/18/babelia/1563461523_616294.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/zxIEgiiIxtbIniODcWSvrmKO9a8=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/RTE6KCSW44I2EXQNW4N43NOCUI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor italiano Raffaele La Capria, en 1980.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Marcello Mencarini (Leemage)]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Filosofía]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Un camino secreto</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/07/11/babelia/1562866030_968276.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/07/11/babelia/1562866030_968276.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 12 Jul 2019 21:04:43 +0000</pubDate><description>João Gilberto transformó un cuarto de baño en el laboratorio en el que inventó una manera nueva de cantar y tocar</description><content:encoded><![CDATA[<p>En el lugar más inesperado puede llegarle a alguien una iluminación que le cambie la vida. Para <a href="https://elpais.com/cultura/2019/07/06/actualidad/1562443205_019517.html" target="_blank">João Gilberto</a> ese lugar fue el cuarto de baño de la casa de su hermana, donde se había refugiado después de una temporada de sucesivos infortunios en Río de Janeiro. A João Gilberto, que tuvo siempre un aspecto más de funcionario digno, cumplidor y reservado que de artista, unos amigos le habían buscado una plaza de poco esfuerzo en la burocracia del Congreso de los Diputados, pero al poco tiempo dejó de ir a la oficina y lo despidieron, y se vio en la calle, haciendo todo tipo de trabajos menesterosos, incluido el de payaso en fiestas privadas. En sus fotos de juventud, con el pelo ya escaso, con el aire de mansedumbre pálida, con el traje de funcionario sin lustre, João Gilberto ya parece una persona precozmente encaminada al infortunio. João Gilberto era ese muchacho que viaja desde su provincia a la capital para hacerse una carrera de artista, pero que no sabe qué quiere todavía ni cuál es su talento, ni ha encontrado su propia voz, y se halla perdido en el mundo, arrojado de un lado a otro, andando a media mañana con las manos en los bolsillos vacíos por una ciudad donde no conoce a nadie y donde todo es inalcanzable.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/07/11/babelia/1562866030_968276.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/B93MtfnNQEw86MXP3H3OLmoAaQY=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/W3MZBGQ4QFMNJSR2336IB5R2GM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[João Gilberto, en una fotografía de 1970. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Michael ochs archives / getty images]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[João Gilberto]]></category><category><![CDATA[Música brasileña]]></category><category><![CDATA[Estilos musicales]]></category><category><![CDATA[Música]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Una mujer alemana</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/07/05/babelia/1562315830_409286.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/07/05/babelia/1562315830_409286.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 05 Jul 2019 22:07:27 +0000</pubDate><description>En esta era de Trump, Bolsonaro y Salvini, los testimonios de judíos aplastados por el nazismo resuenan fuerte</description><content:encoded><![CDATA[<p>Un día de marzo de 1933, la doctora Hertha Nathorff fue al cine en Berlín con una amiga y vio a <a href="https://elpais.com/tag/adolf_hitler/a">Hitler</a> en el palco de honor. Nathorff era una ginecóloga distinguida, con una consulta privada muy próspera y un puesto de dirección en una clínica en la que atendía sobre todo a mujeres. Su marido, también médico, dirigía un hospital importante en Berlín. Tenían un hijo de 10 años. Vivían en un apartamento grande y confortable. Como la doctora era alta y rubia, con los ojos muy claros, los pacientes no pensaban que pudiera ser judía. Un día, una señora a la que Nathorff había salvado la vida unos años atrás en un parto muy difícil vino a visitarla con el hijo nacido entonces, vestido orgullosamente con el uniforme de las Juventudes Hitlerianas. Muchas personas, observó la doctora, hacían comentarios antisemitas sin ningún tono de maldad, más bien como de oídas, como por distracción, por seguir la corriente. Cuando ella les hacía saber, con educación y firmeza, que también era judía, muchos de esos pacientes, hombres y mujeres, reaccionaban como avergonzados, o sorprendidos, o incómodos. Una señora le mandó después una carta pidiéndole disculpas y un ramo de flores.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/07/05/babelia/1562315830_409286.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/qyiOb8CoUigp2LDiYBadTgFg1wE=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/7Q5SI5FQB4GWIWKVCABLUQDLBA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Prisioneras del campo de concentración de Auschwitz, en torno a 1944. / ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[ULLSTEIN BILD]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Nacionalismo]]></category><category><![CDATA[Nazismo]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Palabras de Fernando</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/06/27/babelia/1561630843_832281.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/06/27/babelia/1561630843_832281.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 28 Jun 2019 22:53:35 +0000</pubDate><description>La manera de hablar de Fernán Gómez, de recordar en voz alta, la reconozco leyendo los artículos que publicó en los último años de su vida</description><content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://elpais.com/tag/fernando_fernan_gomez/a">Fernando Fernán Gómez </a>se ponía entero a sí mismo en cada cosa que hacía. Es una cuestión de integridad, no de egocentrismo. Fernán Gómez hizo excepcionalmente bien muchas cosas muy distintas, por pura vocación y también por necesidad, por ganarse la vida, y porque su talento tenía la facultad de manifestarse con una asombrosa variedad expresiva. En cada campo al que se dedicó, Fernando dejó al menos una obra indiscutible. Como actor, algunos de los personajes y de los momentos más estremecedores de nuestro teatro y de nuestro cine se deben a él. Pero fue también autor teatral y escribió una obra maestra tan perfecta como<em> Las bicicletas son para el verano. </em>Con ella hizo Jaime Chávarri una gran película, pero hay que leer el texto original, o haberlo visto sobre un escenario, para darse cuenta de toda su altura literaria, dramática, testimonial.<em> Las bicicletas </em>es a la vez autobiografía y fábula: el niño desgarbado y aturdido que tiene la mala suerte de entrar en la adolescencia al mismo tiempo que estalla la guerra es sin duda el propio Fernando; pero ese padre íntegro, republicano, protector, destinado al infortunio no es un personaje real, sino un modelo de padre imaginado y añorado por un muchacho que creció con su madre y su abuela porque su padre verdadero no quiso hacerse cargo de él. La memoria, la añoranza, la melancolía profunda de Fernando Fernán Gómez se desbordan en<em> Las bicicletas son para el verano </em>igual que en ese gran libro de memorias,<em> El tiempo amarillo, </em>otra de las obras supremas que él iba dejando en cada género, en cada tarea. En la literatura memorial española, tan mezquina muchas veces, tan propensa al impudor de la vanagloria más que a la honrada confesión,<em> El tiempo amarillo </em>ocupa un lugar tan incomparable como<em> Las bicicletas </em>en la escritura dramática, o como<em> La vida por delante </em>y<em> El extraño viaje </em>en el cine, o<em> El viaje a ninguna parte </em>en la novela y en el cine, porque Fernando la escribió primero como narración por entregas para la radio y luego la convirtió él mismo en una película, y además de escribirla y dirigirla la protagonizó con una de las mejores interpretaciones de su madurez.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/06/27/babelia/1561630843_832281.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/4lwbdq3cwy2gj2ewLB_XIzaxr70=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/XO44FXEKJGELO2MMO7TGDLSUYU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Fernando Fernán-Gómez en la serie de TVE 'El abuelo'.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Fernando Fernán Gomez]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>La educación de Berenice Abbott</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/06/18/babelia/1560878161_326224.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/06/18/babelia/1560878161_326224.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 21 Jun 2019 23:11:35 +0000</pubDate><description>Sus retratados miran a la cámara con la franqueza de una confesión o se quedan ensimismados delante de ella</description><content:encoded><![CDATA[<p>Un artista joven es alguien que tiene mucha prisa. A <a href="https://elpais.com/ccaa/2019/05/30/madrid/1559234254_007369.html">Berenice Abbott</a> le faltó tiempo para marcharse a Nueva York desde su pueblo en el Medio Oeste americano, y fue igual de rápida para darse cuenta de que el sitio donde tenía que estar en 1921 no era Nueva York, sino París, y para reunir el dinero que costaba un billete solo de ida en la tercera clase de un trans­atlántico. Berenice Abbott se cortó el pelo como un muchacho a los 20 años, y mantuvo ese corte invariable hasta que tuvo 90, el pelo ya muy blanco y la cara llena de arrugas, pero los ojos claros con el mismo brillo como de faros de automóvil que ya tenían en sus primeros autorretratos de los años veinte. En Nueva York Abbott había vivido en el gueto de bohemia romántica de Greenwich Village, poblado de artistas hambrientos y de mujeres audaces que publicaban revistas literarias de vanguardia, casi panfletos extremadamente bien editados y minoritarios en los que aparecieron los primeros poemas de e. e. cummings y de Marianne Moore, así como los primeros capítulos de una novela todavía inacabada de un extraño irlandés que vivía en París en una especie de digna indigencia, James Joyce.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/06/18/babelia/1560878161_326224.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/dmjrMDNs9bp0_4A0D8LhMloAs_A=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/KFV6W2OVCYU4OBQ3EWZKUD5CXQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[James Joyce, retratado por Berenice Abbott en 1920.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Berenice Abbott]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[James Joyce]]></category><category><![CDATA[Fotografía]]></category><category><![CDATA[Artes plásticas]]></category><category><![CDATA[Arte]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Su Excelencia</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/06/12/babelia/1560358514_278443.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/06/12/babelia/1560358514_278443.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 14 Jun 2019 22:13:54 +0000</pubDate><description>No es decente ni lícito que al cabo de casi medio siglo la tumba de un dictador siga siendo un monumento público</description><content:encoded><![CDATA[<p>El Primero de Octubre era una de las fechas señaladas en una especie de calendario patriótico que venía al final de la<em> Enciclopedia Álvarez, </em>el libro de texto usado en mi escuela. Estaba también el Día del Estudiante Caído, y el de la Fundación de la Falange en el teatro de la Comedia, y el del nacimiento de Su Excelencia el Jefe del Estado, que fue el 2 de diciembre de 1892. La memoria humana, que para tantas cosas es tan frágil, se empeña en preservar tonterías. Como la mía era entonces muy buena, yo la tenía llena de nombres propios y de efemérides de batallas y de todo tipo de acontecimientos gloriosos, todos ellos ahora olvidados. El Estudiante Caído se llamaba Matías Montero, y era, junto a José Calvo Sotelo, uno de los “protomártires de la Cruzada”. Protomártir era una de aquellas palabras de muchas sílabas y difíciles de pronunciar que formaban parte del vocabulario franquista que se nos infligía sin miramiento a los escolares, y que volvía indescifrables las letras de los himnos que cantábamos en las formaciones pseudomilitares del patio. La Cruzada era la Guerra Civil, título épico y a la vez sagrado que por esta vez no venía de la burocracia de la propaganda fascista, sino del Santo Padre en persona, el papa Pío XII, que había tenido a bien identificar la sublevación de los militares facciosos de julio de 1936 con las guerras medievales contra los infieles.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/06/12/babelia/1560358514_278443.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/psKxWfZ_-6SpvYd8ALq5OcJIkc4=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/L2A3JVZ5YLJ54HRL5YCO2VQTJA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Franco en la inauguración del Valle de los Caídos en 1959.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[efe]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Historia contemporánea]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Historia]]></category><category><![CDATA[Exhumación Franco]]></category><category><![CDATA[Manuel Azaña]]></category><category><![CDATA[Valle de los Caídos]]></category><category><![CDATA[Familia dictador Franco]]></category><category><![CDATA[Memoria histórica]]></category><category><![CDATA[Tribunal Supremo]]></category><category><![CDATA[Francisco Franco]]></category><category><![CDATA[Franquismo]]></category><category><![CDATA[Dictadura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>El cielo de Florencia</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/06/05/babelia/1559735747_746777.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/06/05/babelia/1559735747_746777.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 07 Jun 2019 22:39:05 +0000</pubDate><description>Los cuadros decisivos se miran siempre por primera vez. La sensación es más poderosa tras la restauración de ‘La Anunciación’</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hay revoluciones secretas. Hacia 1425, en el taller de un convento de Florencia, un pintor que era fraile dominico hizo algo que no había hecho nunca nadie hasta entonces: en vez de cubrir con una lámina de oro el fondo de una escena sagrada, pintó en él un trozo de cielo azul muy profundo, el que vería uno sobre los tejados y las colinas de la ciudad, por la ventana a la que se asomara el fraile pintor, a quien nadie llamaba todavía Fra Angelico. Ese cielo de azul ultramar es más luminoso ahora porque <a href="https://elpais.com/cultura/2019/05/08/actualidad/1557324733_447111.html">acaban de restaurarlo en el Prado</a>. Es el azul del cielo por encima de los árboles del Jardín del Edén y el del manto de la Virgen, y el de las bóvedas salpicadas de estrellas del edificio donde sucede la escena de<em> La Anunciación</em>.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/06/05/babelia/1559735747_746777.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/41iBBmGhH9BkMgNnIWIVdZr1U38=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/BTINSBFHPJXPDVSWBIUB33GNZA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La Anunciación, de Fra Angelico, en el Museo del Prado.  ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[José Baztán Lacasa]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Fra Angelico]]></category><category><![CDATA[Museo del Prado]]></category><category><![CDATA[Museos]]></category><category><![CDATA[Instituciones culturales]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Elogio del político</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/05/30/babelia/1559233382_660564.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/05/30/babelia/1559233382_660564.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 31 May 2019 17:22:45 +0000</pubDate><description>Manuel Cruz es ejemplo del buen filósofo que salta a la política para llevar a ella la contundencia de los problemas reales</description><content:encoded><![CDATA[<p>El sábado pasado había <a href="https://elpais.com/cultura/2019/05/22/babelia/1558539294_317258.html">en las páginas de este suplemento una reseña</a> de <a href="https://elpais.com/autor/manuel_cruz/a/">Manuel Cruz</a> del último libro traducido de <a href="https://elpais.com/tag/francis_fukuyama/a">Francis Fukuyama</a>, y en las páginas de política <a href="https://elpais.com/ccaa/2019/05/24/catalunya/1558722552_027622.html">una entrevista con Manuel Cruz en su calidad de presidente del Senado</a>. La reseña, respetuosa y concienzuda pero también agudamente crítica, la disfrutaría con sosiego y provecho un cierto número de lectores aficionados a estas cosas. La entrevista parece que provocó un escándalo. Yo leí las dos, en la mañana holgazana del sábado, y la una y la otra confirmaron mi admiración por este hombre ilustrado y sensato que hace unos años emprendió la heroicidad de presentarse a unas elecciones y de ejercer como diputado socialista catalán, y ahora la ha llevado al extremo de aceptar el puesto de presidente del Senado.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/05/30/babelia/1559233382_660564.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/Vie6knzXzwpHl2HKy2AM_LGd0P4=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/EAFDC2P6SNTLRNGLZFPRDMFJOI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Manuel Cruz, aplaudido en la sesión constitutiva del Senado. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Emilio Naranjo]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Manuel Cruz]]></category><category><![CDATA[Senado]]></category><category><![CDATA[Parlamento]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Presencia de Falla</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/05/22/babelia/1558536562_773930.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/05/22/babelia/1558536562_773930.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 24 May 2019 23:39:58 +0000</pubDate><description>Como Stravinski, depuró los elementos de la música popular hasta levantar una especie de riguroso esquematismo cubista</description><content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://elpais.com/tag/manuel_de_falla/a">Manuel de Falla </a>ocupa en la posteridad un papel tan discreto como el que ocupó durante su vida. En un siglo de egos megalómanos en la literatura y en las artes, en un país de palabrerías y aspavientos, Manuel de Falla es un hombre pequeño de estatura y sigiloso de ademanes del que nadie diría, por su aspecto exterior, que estaba componiendo algunas de las músicas más originales, más hondamente perturbadoras de su tiempo y del nuestro. En el siglo XX la idea romántica del genio se hipertrofia hasta el exceso y la caricatura. El genio es un monstruo que se cree con derecho a todo y al que se le permite todo. Las célebres vanguardias, tan rápidamente canonizadas en ortodoxias, conceden al genio una autoridad a la vez tiránica y liberadora, como si esa conjunción fuera posible. El genio puede permitirse ser un monstruo, un payaso, un actor dedicado las 24 horas del día a interpretarse a sí mismo, y a producir a gran velocidad obras que tengan en el mercado el valor de una marca de lujo, y a alimentar una leyenda que al envolver las obras en un aura de heroísmo o de disipación multipliquen su precio.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/05/22/babelia/1558536562_773930.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/39sb0Gy9Qa86IEqlHFoBwaOhhO8=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/DREIRWDPDHFBEDQF6PRZJM7YLI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Manuel de Falla]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Lipnitzki]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Manuel de Falla]]></category><category><![CDATA[Igor Stravinski]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>En cierta calle</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/05/15/babelia/1557930938_808757.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/05/15/babelia/1557930938_808757.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 17 May 2019 22:14:57 +0000</pubDate><description>En la fachada de la casa de Primo Levi no hay ningún recuerdo de su presencia. No hay una placa ni un panel explicativo</description><content:encoded><![CDATA[<p>Turín es una maqueta exacta de <a href="https://elpais.com/tag/turin/a">Turín</a>. Turín es un modelo de ciudad que se parece a aquel mapa de Borges que era tan fiel en todos sus detalles que tenía el mismo tamaño del territorio que representaba. Turín es plana, cuadriculada, geométrica, como un tablero de ajedrez, una apoteosis del ángulo recto y de la perspectiva. Uno camina por una calle con soportales magníficos en dirección hacia una plaza que se distingue al fondo y el punto de fuga es una estatua ecuestre en el centro justo de la plaza, y los arcos de los soportales y las losas ajedrezadas del suelo van disminuyendo de tamaño según se alejan de la mirada, como en esos fondos de ciudades ideales en las pinturas del Quattrocento. En Turín el aficionado a la pintura y a las ciudades se acuerda unas veces de <a href="https://elpais.com/tag/piero_della_francesca/a">Piero della Francesca</a> y otras de <a href="https://elpais.com/elpais/2017/11/22/album/1511375063_635259.html">Giorgio de Chirico</a>. De Piero es la claridad racional de lo visible en la plena luz limpia de una mañana. Según anochece y las plazas y las avenidas que desembocan en ellas van quedándose vacías, Turín tiene un aura de ciudad fantasma a la manera de De Chirico, que se acentuará sin duda en sus inviernos de capital ya muy al norte, y que quizá sería mucho más pronunciado en los tiempos en que Turín era abrumadoramente una ciudad industrial.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/05/15/babelia/1557930938_808757.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/vJ2v-Lc8RGNH4dN8jhALEYvjMPc=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/K7H4D6WTWV73PYLXU7GOP4HLRY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Vista de Turín al amanecer, con el río Po en primer término.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Philip Roth]]></category><category><![CDATA[Primo Levi]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Italia, fulgor y eclipse</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/05/08/babelia/1557326262_532263.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/05/08/babelia/1557326262_532263.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 10 May 2019 22:55:51 +0000</pubDate><description>Ser italianos era una manera de ser más sofisticados política y culturalmente, más flexibles, menos rústicos</description><content:encoded><![CDATA[<p>Miro con los ojos muy abiertos por la ventanilla del coche que me lleva de Perugia hacia Roma, a través de los campos verdes y las colinas boscosas de la Umbría, en una mañana de principios de mayo en la que rachas breves de lluvia dejan el aire más limpio todavía cuando se abre el cielo y vuelve el sol. Hay<em> borgos </em>fortificados en lo alto de las colinas, torres de iglesias, contrafuertes de castillos. En medio de los verdes relucientes tras la lluvia hay manchas blancas de acacias florecidas y vendavales de vilanos que flotan sobre la carretera. Al fondo está el horizonte azulado de los Apeninos, desvaneciéndose en nubes oscuras y moradas que anuncian más lluvia. Cada nombre escrito en un indicador es una promesa o un recuerdo, o las dos cosas a la vez: Firenze, Siena, Viterbo, Orvieto.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/05/08/babelia/1557326262_532263.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/rGQCKWhePOL5AqiLe82B-kAu6R8=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/HMD5NWRKBOIZ24LFEGUWRC3TAU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Imagen de la película de Bertolucci 'La estrategia de la araña' (1970).]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Matteo Salvini]]></category><category><![CDATA[Bernardo Bertolucci]]></category><category><![CDATA[Italia]]></category><category><![CDATA[Europa occidental]]></category><category><![CDATA[Europa]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Descubrimiento de Mário de Carvalho</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/04/30/babelia/1556646296_601429.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/04/30/babelia/1556646296_601429.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 03 May 2019 22:09:30 +0000</pubDate><description>La novela del escritor portugués está atravesada de momentos supremos de expresión a los que damos el nombre de poesía</description><content:encoded><![CDATA[<p>En una novela corta insuperable de <a href="https://elpais.com/tag/saul_bellow/a">Saul Bellow</a>,<em> Seize the Day —Carpe diem, </em>en la edición española—, hay un momento en el que es muy posible que el lector no repare. Es uno de mis momentos secretos preferidos de la literatura. Dos personajes conversan, uno de ellos fumando un puro. El narrador impersonal que cuenta la historia parece distraerse unos segundos de ella para observar algo del todo irrelevante: por efecto de la succión del fumador, la brasa avivada del puro convierte en una franja de ceniza blanca las hojas prietas de tabaco, que en vez de deshacerse y caer permanecen intactas unos segundos, conservando su forma, la lisura curvada, la línea de las nervaduras. Es un detalle aislado, sin ningún peso en la economía de la trama, en el que ni siquiera reparan los personajes, absortos en una conversación desolada y trivial.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/04/30/babelia/1556646296_601429.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/fi0OOyy9WuYPzuCD2Q-ko-oTKVQ=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/3P6F4VB3CQ77JSLWGPOJURRJWE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El río Tajo a su paso por Lisboa visto desde el barrio de Alfama.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Portugal]]></category><category><![CDATA[Narrativa]]></category><category><![CDATA[Europa occidental]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Europa]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Ética de la prosa</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/04/26/babelia/1556291887_831794.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/04/26/babelia/1556291887_831794.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 26 Apr 2019 22:14:38 +0000</pubDate><description>De siglos de oscurantismo nos ha quedado una propensión a la palabrería irresponsable disfrazada de brillos literarios</description><content:encoded><![CDATA[<p>En el último número de la<em> London Review of Books </em>viene un largo ensayo de <a href="http://www.colmtoibin.com/">Colm Tóibín</a> que corta el aliento. Está escrito en una prosa tan sobria como la de un informe, como la de uno de los informes médicos que Tóibín habrá leído a lo largo de los meses de la enfermedad que cuenta el ensayo. Un día, en medio de las tareas habituales de la vida, empezó a notar un dolor, poco más de una molestia, una hinchazón en un testículo. Era una incomodidad tan trivial que Tóibín la atribuyó al principio al roce de las llaves que llevaba en el bolsillo. Al poco tiempo se encontró con un diagnóstico de cáncer, y empezó un largo calvario de esperas angustiadas de análisis, estancias en el hospital, sesiones de quimioterapia. El dolor físico, la debilidad extrema alientan una desolación abismal, agravada sin duda por la soledad, porque Tóibín está en Dublín y su compañero en Los Ángeles. Con una lucidez que en ningún momento deriva hacia la autocompasión o el sentimentalismo, el enfermo da cuenta de sus síntomas y de los efectos devastadores de la medicación. Yo leía y me acordaba de una canción tenebrosa de Lou Reed en<em> Magic and Loss, </em>un disco tardío dedicado a la enfermedad y la muerte de un amigo: “To cure you they must kill you”. Para curarse o al menos para no perder toda esperanza, Tóibín ha de someterse a un tormento que ya es en sí mismo una completa agonía de inhumana duración, al dolor crudo que no parece posible seguir sufriendo un solo minuto más y a las diversas humillaciones que vuelven más amarga la enfermedad aunque no la hagan más grave, la pérdida del pelo, la del sentido del gusto, que vuelve de repente desagradable y ajeno cualquier alimento.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/04/26/babelia/1556291887_831794.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/bbO08-tEwB8B5MS6RdsZ5Dm_jQQ=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/PA6STS5FQSS2FFABUZRDWR4JY4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El escritor irlandés Colm Tóibín, en Edimburgo en 2017. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Simone Padovani / Getty]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Colm Tóibín]]></category><category><![CDATA[Tony Judt]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Fábula del expulsado</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/04/18/babelia/1555598781_358238.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/04/18/babelia/1555598781_358238.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Thu, 18 Apr 2019 22:20:05 +0000</pubDate><description>El desclasado vive en rebeldía contra sus limitaciones y quiere conquistar el rango al que considera que tiene derecho</description><content:encoded><![CDATA[<p>Algunas historias cardinales, la literatura está contándolas siempre: una de ellas es la del heredero o la heredera perdidos, la criatura robada o extraviada al nacer que crece como extraña en un mundo que no es el suyo, señalada y aparte, destinada sin embargo al cabo de muchas peripecias a recobrar la posición y el nombre que le pertenecen. Es la historia, la fábula más bien, del Patito Feo, la del Gato con Botas, la de Cenicienta. Está ya en los cuentos orales más antiguos y sigue estando en los culebrones de la televisión, en la mejor literatura y en la más barata; incluso, de manera al parecer instintiva, en la imaginación de muchos niños, en eso que Freud llamó “la novela familiar”, perturbadora y consoladora a la vez, la idea que el niño alberga de que sus padres son unos impostores, de que él o ella en realidad son hijos de personas con mucho más dinero o más lustre, que alguna vez encontrarán su rastro y vendrán a su rescate.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/04/18/babelia/1555598781_358238.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/DENbv182WDamUSrwKPq0D-nk1e8=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/4E235UFPKPXQP6IDTOY35UBAF4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Elizabeth Taylor y Montgomery Clift, en 'Un lugar en el sol' (1951).]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Juan Marsé]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Al final de una historia</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/04/11/babelia/1554979816_861769.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/04/11/babelia/1554979816_861769.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 12 Apr 2019 23:04:06 +0000</pubDate><description>La serie documental más perturbadora que he visto en mucho tiempo es la que trata de la
desaparición de Madeleine McCann</description><content:encoded><![CDATA[<p>Las series de ficción estiran hasta el extremo complicaciones banales de argumento y pistas visiblemente falsas y repiten sin escrúpulo ni apariencia de fatiga los estereotipos más manoseados del género policial, del de asesinos en serie, del de narcotraficantes. Es en algunas series documentales en las que se encuentra ahora el doble estímulo de una narración bien contada y del descubrimiento fehaciente de lo real. Llega un momento en la vida en el que uno decide que ya no va a aguantar una vez más la escena del detective o el agente tan entregado a su investigación que ha descuidado su vida familiar y llama a las tantas de la noche, desde la habitación de un motel, a la esposa, ya muy resentida por su ausencia y fatigada de cuidar ella sola de los niños, que ahora mismo duermen, de modo que el padre sacrificado y heroico no puede hablar con ellos; o esa otra escena de los dos detectives o agentes del FBI, el uno veterano y algo cínico después de tanta experiencia, el otro en el comienzo ilusionado y torpe de su carrera, los dos acodados con dos cervezas en un bar sombrío, las corbatas flojas, una música<em> country </em>de fondo.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/04/11/babelia/1554979816_861769.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/CVMEU6yf7Co9rp9YD-aeZaIZN7s=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/EBK4ZXE5TTK2IYSTCKSLA6OUTU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Carteles sobre la desaparición de Madeleine McCann.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[A. MILLIGAN]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Caso Madeleine]]></category><category><![CDATA[Infanticidios]]></category><category><![CDATA[Pederastia]]></category><category><![CDATA[Abuso menores]]></category><category><![CDATA[Menores]]></category><category><![CDATA[Abusos sexuales]]></category><category><![CDATA[Delitos sexuales]]></category><category><![CDATA[Asesinatos]]></category><category><![CDATA[Grupos sociales]]></category><category><![CDATA[Sucesos]]></category><category><![CDATA[Delitos]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Justicia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>La melancolía de los justos</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/04/03/babelia/1554291677_249902.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/04/03/babelia/1554291677_249902.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 05 Apr 2019 22:19:57 +0000</pubDate><description>En medio de la sumisión general al nazismo, un grupo de resistentes preservó misteriosamente la libertad de espíritu</description><content:encoded><![CDATA[<p>Estoy parado en el patio de un edificio de <a href="https://elpais.com/tag/berlin/a">Berlín</a> que podía ser un cuartel o una cárcel. La arquitectura resulta más penitenciaria todavía en la mañana gris de marzo que parece de enero, sobre todo para quien acaba de llegar de una primavera adelantada. He cruzado una entrada profunda como un túnel, ancha y baja, con un dintel de piedra, de esa piedra temible por la que mostraban idéntica predilección los arquitectos nazis y los soviéticos. Este edificio masivo como una fortaleza cúbica fue la sede del Estado Mayor del Ejército de Tierra en los tiempos de ­<a href="https://elpais.com/tag/adolf_hitler/a">Hitler</a>. Ahora alberga el Memorial de la Resistencia Alemana; lo contiene y forma parte de él. Los cuatro muros que rodean el patio desnudo tienen varios pisos con ventanas idénticas, con dinteles de esa misma piedra punitiva y mortuoria. El piso es de adoquines. En el centro del patio hay una estatua de bronce, de tamaño algo mayor del natural pero no gigantesca, un hombre joven, desnudo, con las manos atadas. El simbolismo es austero. En este patio fue fusilado la noche del 20 de julio de 1944 el coronel <a href="https://elpais.com/diario/2009/04/19/eps/1240122412_850215.html">Claus von Stauffenberg</a>, que esa misma mañana había dejado una maleta con una bomba a los pies de Hitler, debajo de una mesa en la que se desplegaban mapas de batallas. Von Stauffenberg voló de vuelta a Berlín convencido de que Hitler estaba muerto y llegó a este edificio para participar en el golpe militar que derribaría el régimen y pondría final a la guerra. De pie en el patio, en esta mañana silenciosa, más silenciosa por la grisura de la luz y la llovizna tenue, imagino los ladridos secos de las órdenes, los taconazos sobre los adoquines, la descarga de los fusiles, atronadora en este espacio cerrado.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/04/03/babelia/1554291677_249902.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/iXYOXR_Z9QF4_u25Sq3wg_NgNOY=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/AEUJH53BJLMMJ6PGVRRYPWMDY4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Georg Elser, que atentó contra Hitler el 8 de noviembre de 1939 en Múnich.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Nazismo]]></category><category><![CDATA[Ultraderecha]]></category><category><![CDATA[Segunda Guerra Mundial]]></category><category><![CDATA[Historia contemporánea]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Historia]]></category><category><![CDATA[Guerra]]></category><category><![CDATA[Conflictos armados]]></category><category><![CDATA[Conflictos]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Salir corriendo</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/03/27/babelia/1553684700_374627.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/03/27/babelia/1553684700_374627.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 29 Mar 2019 23:03:29 +0000</pubDate><description>Mi educación literaria o estética está muy relacionada con el descubrimiento gradual de la sobriedad y la vida saludable</description><content:encoded><![CDATA[<p>De cualquier cosa hace de pronto mucho tiempo. “Ayer es nunca jamás”, dice <a href="https://elpais.com/cultura/2019/02/15/babelia/1550257997_731560.html">Antonio Machado</a>. Ayer es hace 10, 20, 30 años. Recuerdo algo cercano y resulta que sucedió como mínimo hace más de una década. Salgo a correr por el <a href="https://elpais.com/tag/parque_retiro/a">Retiro</a> una de estas mañanas perfectas, ya no invernales pero todavía no de plena primavera, y como tengo el hábito y la manía de las fechas caigo en la cuenta de que mis primeras carreras por este parque, tan frescas en el recuerdo, ocurrieron hace 25 años. El tiempo subjetivo es mucho más breve que el de los acontecimientos exteriores, o los hechos históricos. Cuando yo era niño se celebró con gran pompa el 25º aniversario del fin de la Guerra Civil. Yo veía por todas partes los carteles y las banderolas con el eslogan conmemorativo —“25 Años de Paz”— y en mi mente infantil aquella duración equivalía a una eternidad, y la guerra me parecía un acontecimiento tan remoto como el descubrimiento de América, aunque supiera que mis dos abuelos paternos habían participado en ella, y que mi padre y mi madre la preservaban con mucha viveza en sus recuerdos de infancia. Cuando uno es joven y escucha en el tango “sentir / que 20 años no es nada”, le parece una bella exageración poética, porque 20 años parece muchísimo, la vida entera, el pasado irrecuperable, el futuro que no se puede imaginar. Ahora que me he hecho mayor entro al Retiro y noto bajo las suelas de las zapatillas la tierra dura y la grava de sus senderos y el verso de Alfredo Le Pera se me queda corto: 25 años son toda la vida y no son nada.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/03/27/babelia/1553684700_374627.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/e7iHXF6jN4pYFC-UgxAfgHUSLUM=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/4ZQJDVIWZGO7B7QWGJGSEYEMTA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Dos personas corren por el parque del Retiro.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[SAMUEL SÁNCHEZ]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Regresando a Galdós</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/03/19/babelia/1552997278_888399.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/03/19/babelia/1552997278_888399.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 22 Mar 2019 23:08:55 +0000</pubDate><description>No es que estos ‘Episodios’ sean tan buenos como yo recordaba. Es que son mucho mejores que en el recuerdo</description><content:encoded><![CDATA[<p>He salido de viaje llevando en la mochila uno de los volúmenes encuadernado en rojo de las obras completas de <a href="https://elpais.com/tag/benito_perez_galdos/a">Galdós</a>. Lo tengo hace tantos años que al volver a leerlo ha empezado a descuadernarse. Es uno de aquellos tomos en papel biblia y a dos columnas por página en los que la antigua editorial Aguilar almacenaba jubilosamente para lectores insaciables las grandes amplitudes de la literatura universal. Volver justo ahora a Galdós ha sido un quiebro más bien inesperado en la secuencia de mis lecturas, que de todos modos siempre tiende al zigzag. Pero los golpes de azar o las ocurrencias súbitas pueden ser tan fértiles para quien lee como para quien escribe. Yo andaba por otras latitudes lectoras, pero un compromiso de trabajo me hizo buscar algo en la segunda serie de los<em> Episodios, </em>y lo que en principio habría debido ser una consulta rápida se convirtió en una inmersión que ha sido y es también un regreso entusiasta. Puede que hayan pasado más de 30 años desde que leí los<em> Episodios nacionales </em>completos por última vez. El recuerdo era muy poderoso, y yo me hacía de vez en cuando el propósito de volver a ellos, quizás en una de esas rachas de indolencia lectora que uno considera lícito permitirse después de terminar un libro, dándose a la vez un premio y unas vacaciones, aunque las incertidumbres y las rarezas de este trabajo rara vez lo dejen a uno abandonarse a la holganza sin nada de remordimiento. Dicen que <a href="https://elpais.com/tag/pio_baroja/a">Pío Baroja</a> se iba a Londres o a París cada vez que terminaba una novela, para descansar de ella y olvidarse de ella. Como el que se va a un crucero o a un<em> resort </em>del Caribe, aunque a un precio mucho más ventajoso, yo me he ido a veces a<em> Don Quijote </em>o a<em> La montaña mágica </em>o a<em> En busca del tiempo perdido </em>para recuperarme de la fatiga de un libro.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/03/19/babelia/1552997278_888399.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/4ajfLQ4bRPSXSe4Np9kJJ2Nna8U=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/46MOLNIBHQT7QO53BWQBF2TIVY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Benito Pérez Galdós.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Benito Pérez Galdós]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Ciudad de almas perdidas</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/03/13/babelia/1552490049_458723.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/03/13/babelia/1552490049_458723.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 15 Mar 2019 23:35:55 +0000</pubDate><description>Ningún lugar aparece tanto en el cine como Nueva York, pero pocos directores la han retratado tan bien como Marielle Heller</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hay retratos exactos; retratos de ciudades igual que de personas. Quien no conoce el original admira la verosimilitud y siente en la imaginación el estremecimiento de una presencia cierta. Quien conoce bien el modelo y está en condiciones de comparar se asombra de la precisión del parecido, confirmado por detalles mínimos y sutiles que no pudieron ser inventados porque constituyen la médula misma de lo real. La paradoja del retrato es que, ateniéndose a la superficie de lo que ven los ojos, alumbra lo profundo y deja intuir lo secreto. La cara es el espejo del alma. Uno mira la cara en el retrato, o la ciudad en una narración, en una película, en una serie de fotografías, y puede decir, como señalando con el dedo: “Es así”.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/03/13/babelia/1552490049_458723.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/5-ygN1-mNl8kwJx4tzjtliKaVtc=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/BU5JHAEB7A7AX7WIYQJZEJPD5U.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Melissa McCarthy y Richard E. Grant, en una escena de '¿Podrás perdonarme algún día?', de Marielle Heller.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Mary Cybulski]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Directores cine]]></category><category><![CDATA[Cine]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Ambigüedades</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/03/06/babelia/1551867639_042143.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/03/06/babelia/1551867639_042143.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Sat, 09 Mar 2019 00:39:49 +0000</pubDate><description>Uno puede amar mucho a los personajes de una novela y al mismo tiempo tratar a patadas a las personas reales que tiene cerca</description><content:encoded><![CDATA[<p>La simpleza en los juicios políticos, la bipolaridad de la filia o la fobia, el blanco y el negro, da la impresión de que se contagia a las apreciaciones estéticas. Nos quejamos de la insensibilidad de mucha gente hacia las mejores creaciones de las artes de la imaginación, pero esa deficiencia sería menos grave si no se correspondiera con una insensibilidad hacia los seres humanos concretos, los que quedan clasificados y borrados bajo los estereotipos de la ideología, de la indiferencia o del odio. Es triste que una persona no se conmueva ante el destino infortunado de un personaje de ficción, o no sea capaz de intuir las sutilezas y las ambigüedades con que le dio vida su autor. Pero es más triste todavía, y más peligroso, y hasta aterrador, ver los extremos de indiferencia y de crueldad de los que puede ser capaz un ser humano delante del sufrimiento de otros seres como él, solo que separados por una línea sórdida de creencia, identidad, color de cara. Hace unos días, en este periódico, <a href="https://elpais.com/internacional/2019/03/02/america/1551483966_572695.html">Juan Arias escribía un artículo</a> sobre la falta inaudita de piedad de quienes han aprovechado en Brasil <a href="https://elpais.com/internacional/2019/03/01/actualidad/1551456375_479980.html">la muerte de un nieto</a> del expresidente <a href="https://elpais.com/tag/luiz_inacio_da_silva/a">Lula da Silva</a> para ensañarse aún más con él, celebrando la muerte de un niño de siete años como un castigo de Dios y haciendo ese tipo de bromas inmundas que aquí también se han puesto de moda, y que algunos imbéciles justifican apelando a la libertad de expresión y al humor.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/03/06/babelia/1551867639_042143.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/gIlNIx1fizO_RIMHS1ZUu1Zj5Yk=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/4CDFE7FXQQVC77KSZ4B2TUIO74.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Escena de 'Roma', de Alfonso Cuarón.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Carlos Somonte]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Alfonso Cuarón]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Tumbas recobradas</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/02/27/babelia/1551265579_289154.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/02/27/babelia/1551265579_289154.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 01 Mar 2019 23:43:45 +0000</pubDate><description>En España no hubo ningún pacto de silencio por la simple razón de que no hizo ninguna falta. El pasado no le interesaba a casi nadie</description><content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://elpais.com/diario/2005/05/09/internacional/1115589602_850215.html">En 2005, un presidente del Gobierno español asistió por primera vez a los actos conmemorativos de la liberación del campo de Mauthausen</a>, en el que estuvieron cautivos más de treinta mil compatriotas nuestros, la mayor parte veteranos del ejército de la República y luchadores en la Resistencia francesa. En 2019, mucho más tarde y también por primera vez, <a href="https://elpais.com/politica/2019/02/23/actualidad/1550943366_255813.html">otro presidente del Gobierno ha visitado las tumbas de Antonio Machado en Collioure y la de Manuel Azaña en Montauban</a>. Desde 1977 ha habido elecciones libres en España. Desde 1978 ha regido una Constitución. Durante la mayor parte de la década de los años ochenta hubo Gobiernos de mayoría absoluta socialista, algunos de ellos con presencia muy influyente de machadianos oficiosos. Nadie fue nunca a rendir homenaje público a los allí sepultados. Nadie se molestó en hacerse presente en las innumerables ceremonias de homenaje a los luchadores en la <a href="https://elpais.com/tag/segunda_guerra_mundial/a">II Guerra Mundial</a> ni a los cautivos o asesinados en los campos. Nadie hizo el esfuerzo de levantar un recordatorio digno de los millares de refugiados en las playas del Sur de Francia. Hace unos años, el incesante activista hispanófilo <a href="https://elpais.com/autor/william_chislett/a">William Chislett</a> localizó en un cementerio de Oxford la tumba de <a href="https://elpais.com/tag/arturo_barea/a">Arturo Barea</a>, y se dirigió a la Embajada española en Londres para solicitar ayuda en la restauración de la lápida. La respuesta oficial fue tan tibia que a Chislett y a otros cuantos se nos ocurrió la solución de encargar el trabajo a un restaurador local y pagarlo a escote. Nos salió a veinticinco libras por cabeza.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/02/27/babelia/1551265579_289154.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/t8PDBVUrZYiwzP--xjfycxOwzqQ=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/YCFCQDCUGNZO4XAOZAIV2JMMVY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Pedro Sánchez, en el tributo a Manuel Azaña en Montauban, el pasado 24 de febrero. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[ERIC CABANIS]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Mauthausen]]></category><category><![CDATA[Antonio Machado]]></category><category><![CDATA[Manuel Azaña]]></category><category><![CDATA[Campos concentración nazis]]></category><category><![CDATA[Holocausto judío]]></category><category><![CDATA[Nazismo]]></category><category><![CDATA[Ultraderecha]]></category><category><![CDATA[Segunda Guerra Mundial]]></category><category><![CDATA[Historia contemporánea]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Historia]]></category><category><![CDATA[Guerra]]></category><category><![CDATA[Conflictos armados]]></category><category><![CDATA[Conflictos]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>La narración ilimitada</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/02/21/babelia/1550748469_079176.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/02/21/babelia/1550748469_079176.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Sat, 23 Feb 2019 00:32:55 +0000</pubDate><description>Ahora que el arte de la novela parece contraerse, Don Winslow se atreve a abarcar generaciones y países enteros</description><content:encoded><![CDATA[<p>Empecé hace unas semanas a leer a <a href="https://elpais.com/tag/don_winslow/a">Don Winslow</a> y no he podido dejarlo. Hasta hace muy poco apenas me había fijado en sus libros y ahora empiezo uno en cuanto he terminado el anterior, y compruebo con impaciencia, casi con alivio, que <a href="https://www.harpercollins.com/9780718094362/the-border-la-frontera-spanish-edition/">acaba de publicarse otra novela suya</a>, que reseñaba hoy mismo<em> The New York Times</em>. Lo peor de los prejuicios es que uno no sabe que los tiene. En escaparates de librerías, en suplementos literarios de aquí y de fuera, yo había encontrado el nombre de Don Winslow, pero no me había fijado mucho en él porque venía asociado a ese tipo de novelas que uno ve muy destacadas en las librerías de los aeropuertos, con portadas como titulares sensacionalistas, a veces en letras doradas en relieve.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/02/21/babelia/1550748469_079176.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/jUxT5iW31Vs1mS_LLpwTEcVKbUo=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/A5YR4HQA5INQDAAFJYXPAHB3ZY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Ronald Reagan inspecciona armas confiscadas en Estados Unidos en 1982.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[ Bettmann / GETTY IMAGES]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Don Winslow]]></category><category><![CDATA[Narcos]]></category><category><![CDATA[Netflix]]></category><category><![CDATA[Series americanas]]></category><category><![CDATA[Series drama]]></category><category><![CDATA[Series históricas]]></category><category><![CDATA[Plataformas digitales]]></category><category><![CDATA[Géneros series]]></category><category><![CDATA[Televisión IP]]></category><category><![CDATA[Series televisión]]></category><category><![CDATA[Programa televisión]]></category><category><![CDATA[Empresas]]></category><category><![CDATA[Programación]]></category><category><![CDATA[Televisión]]></category><category><![CDATA[Internet]]></category><category><![CDATA[Medios comunicación]]></category><category><![CDATA[Economía]]></category><category><![CDATA[Telecomunicaciones]]></category><category><![CDATA[Comunicaciones]]></category><category><![CDATA[Comunicación]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Himnos triunfales</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/02/12/babelia/1549989189_922677.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/02/12/babelia/1549989189_922677.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 15 Feb 2019 23:10:48 +0000</pubDate><description>Es tranquilizador que España no tenga letra ni canto patriótico: rebajó el espectáculo de banderas del domingo pasado</description><content:encoded><![CDATA[<p>Dentro de todo es una tranquilidad que <a href="https://elpais.com/cultura/2017/05/15/actualidad/1494835308_239527.html">el himno nacional español</a> carezca de letra. Un himno sin letra no puede cantarse, y esa carencia reduce mucho las posibilidades de emoción colectiva, el fervor de la comunidad exagerado acústicamente por la comunión de las voces, por no hablar del efecto euforizante y ya casi heroico de la ronquera. Los aficionados a la música conocemos bien su capacidad incomparable de sugestión emocional. Cualquiera que participe en un coro de aficionados puede atestiguar el poderío de la sensación de sumar la propia voz al canto colectivo, de sentirse al mismo tiempo disuelto y exaltado en la gran sonoridad común. El coro puede salvaguardar algo de presencia individual en el pluralismo de la polifonía. El canto de un himno tiende a la unanimidad: es la manifestación puramente física de lo compacto del grupo, la metáfora sonora de la patria que se afirma cerrándose sobre sí misma y eliminando toda discordancia, en el sentido musical y político de la palabra, que se parecen bastante. En Indonesia, en 1965, y luego en Ruanda, en 1994, la práctica del genocidio estuvo acompañada y animada muchas veces por grupos musicales. La voz cantante era la voz del verdugo.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/02/12/babelia/1549989189_922677.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/VERzmovKwWPI7ciPZmnn9S4KV6g=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/QMBVZDUJOAQCHMMZAVPGVVU6PA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Concentración contra el Gobierno de Pedro Sánchez en Madrid el domingo 10.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[víctor sainz]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Himnos nacionales]]></category><category><![CDATA[Manifestaciones políticas]]></category><category><![CDATA[Banderas nacionales]]></category><category><![CDATA[Símbolos políticos]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Cine y palabras</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/02/05/babelia/1549380296_687119.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/02/05/babelia/1549380296_687119.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 08 Feb 2019 23:18:37 +0000</pubDate><description>En 'Extraños en un tren', Hitchcock no podía permitirse la audacia de ir tan lejos como Highsmith, la novelista primeriza</description><content:encoded><![CDATA[<p>Suceden cosas extraordinarias en Madrid, en sitios escondidos. En el silencio distinguido de la calle de Ruiz de Alarcón, en la sede de la AISGE, la entidad de gestión de actores y bailarines, un grupo de aficionados al cine se reúne cada lunes por la tarde para asistir a la proyección de una película. El crítico Fernando Neira se ocupa de organizarlo todo. Los aficionados bajan a una sala muy bien insonorizada que tiene algo de cripta, con unas 50 o 60 butacas muy cómodas. <a href="https://elpais.com/tag/emilio_gutierrez_caba/a">Emilio Gutiérrez Caba</a> hace de anfitrión, y cada semana un invitado distinto presenta una película. El aislamiento de la sala, su tamaño reducido, la amplitud de la pantalla favorecen la inmersión en el cine. Se apagan las luces y ya está uno en otro mundo, en el subsuelo, detrás de puertas cerradas, en una oscuridad que anima a la contemplación, en la soledad paradójica del espectador de cine, que es una soledad rodeada de desconocidos, o una comunidad de soledades enfocadas en el mismo lugar, ese lienzo blanco en el que no hay nada y en el que unos momentos después brotan imágenes de un mundo que suplanta del todo la realidad exterior.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/02/05/babelia/1549380296_687119.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/7Wc2IwJAHWPCWO4R19VmrDL-rEQ=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/73LDSJRLNNP64T7F4KBXI4IJD4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Fotograma de 'Extraños en un tren'.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Alfred Hitchcock]]></category><category><![CDATA[Patricia Highsmith]]></category><category><![CDATA[Narrativa]]></category><category><![CDATA[Cine]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Abrir los oídos</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/02/01/babelia/1549026999_102285.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/02/01/babelia/1549026999_102285.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Mon, 04 Feb 2019 09:45:40 +0000</pubDate><description>A George Gershwin le dio tiempo a crear una síntesis admirable de música culta y popular, de ópera y musical de Broadway</description><content:encoded><![CDATA[<p>Mi relación con la música llamada clásica cambió casi de la noche a la mañana cuando conocí en Nueva York, hace ya 14 años, a <a href="https://elpais.com/tag/angel_gil_ordonez/a">Ángel Gil-Ordóñez</a> y Joe Horowitz. Ángel es un director de orquesta español que emigró por falta de perspectivas profesionales y estéticas y recaló en Washington, y en la Wesleyan University, donde ahora es catedrático. El oficio de Joe es más difícil de resumir. Ha sido crítico de música de<em> The New York Times, </em>gerente y programador de orquestas, autor de libros fundamentales que casi siempre tienen que ver con el impacto de la tradición musical europea en Estados Unidos. No conozco pianista que no haya leído sus<em> Conversaciones con Arrau</em>. Horowitz, que no es en propiedad musicólogo, aunque sea la persona que más sabe de música con que yo me he encontrado en mi vida, se ha ido haciendo cada vez más un historiador cultural. Uno de sus libros mejores,<em> Artists in Exile</em>, es una crónica tan apasionada como rigurosa de los fugitivos de los totalitarismos europeos, escritores, músicos, cineastas, que encontraron un refugio y una segunda carrera más o menos brillante o frustrada en Estados Unidos. La variedad de sus intereses y sus conocimientos ensancha su concepción de las irradiaciones culturales de la música. Al estudiar el modo en que las tradiciones europeas han sido recibidas y asimiladas en Estados Unidos, y las vicisitudes en la búsqueda de una tradición musical propia, el historiador Horowitz se desdobla en crítico cultural, más acervo de un libro a otro, según pasan los años y según se acentúa la decadencia de las instituciones musicales más prominentes del país.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/02/01/babelia/1549026999_102285.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/SU4EohfthezEktDFHR5g6w2WAMM=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/CRCXYDPDMSKRBDQF7SNHIFFHKQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El director de orquesta Ángel Gil-Ordóñez.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Andre CHUNG]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[George Gershwin]]></category><category><![CDATA[Ángel Gil Ordoñez]]></category><category><![CDATA[Música clásica]]></category><category><![CDATA[Estilos musicales]]></category><category><![CDATA[Música]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Los pasos en la acera</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/01/24/babelia/1548328853_872961.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/01/24/babelia/1548328853_872961.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 25 Jan 2019 23:05:28 +0000</pubDate><description>En 1974 estuve tres días encerrado. Los grises me golpearon entre varios y en el interrogatorio me llevé algunas bofetadas</description><content:encoded><![CDATA[<p>Una frase leída en un artículo desata de golpe el caudal del recuerdo: un fogonazo o una punzada de dolor antiguo y revivido precede a la memoria consciente. Estoy leyendo el periódico en la placidez de la mañana del domingo y me encuentro de regreso en un pasado lejano que sin embargo no pierde nunca su filo. Dentro del hombre de pelo gris entrado en años que soy ahora despierta un muchacho que acaba de cumplir 18 años y empieza a asomarse al mundo, que llegó a Madrid hace apenas dos meses, con su apocamiento y su ilusión de provinciano, con sus ensoñaciones de rebeldía personal y de activismo político, todo mezclado con una vocación del todo adolescente por la literatura.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/01/24/babelia/1548328853_872961.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/NlmEoMsTEt1o4a7w_CED82DWIdE=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/BCP3KMWXLW6FPW5BVSCEKUZ3AE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Grises a caballo en una manifestación de estudiantes en la Universidad Complutense en 1976.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[EFE]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Franquismo]]></category><category><![CDATA[Fascismo]]></category><category><![CDATA[Dictadura]]></category><category><![CDATA[Ultraderecha]]></category><category><![CDATA[Historia contemporánea]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Historia]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Ojos y oídos abiertos</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/01/16/babelia/1547649945_843314.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/01/16/babelia/1547649945_843314.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Mon, 21 Jan 2019 09:29:54 +0000</pubDate><description>Claude Debussy tenía con el piano una relación tan íntima y libre como la de un dibujante con su cuaderno y sus lápices</description><content:encoded><![CDATA[<p>Los libros de música se leen mejor escuchando. He tenido la suerte de leer estos días la biografía más reciente de <a href="%20https://elpais.com/tag/claude_debussy/a">Claude Debussy</a> al mismo tiempo que escuchaba, escucho, dos grabaciones ejemplares de obras suyas. Debussy tenía una conexión muy intensa con la música española, así que es más de agradecer aún que la suya nos llegue a través de dos artistas jóvenes españoles, uno director de orquesta y el otro pianista, <a href="https://elpais.com/cultura/2019/01/14/actualidad/1547479806_843995.html">Pablo Heras-Casado</a> y <a href="https://elpais.com/tag/javier_perianes/a">Javier Perianes</a>. Los dos son andaluces además: la inspiración española de Debussy, que estuvo tan cerca de <a href="https://elpais.com/tag/isaac_albeniz/a/1">Albéniz</a> y <a href="https://elpais.com/tag/manuel_de_falla/a">Manuel de Falla</a>, viene sobre todo de la música popular andaluza, lo cual estoy seguro de que acentuará la sintonía que establecen con él Heras-Casado y Perianes, dos músicos que conjugan el rigor de su formación clásica con una atención muy viva hacia lo contemporáneo y lo popular. Encontré primero el disco de obras orquestales de Heras-Casado con la Philharmonia Orchestra, y hace tan solo unos días, el de Javier Perianes, que incluye <a href="https://elpais.com/cultura/2019/01/04/babelia/1546604549_849274.html">la primera serie de los <em>Preludios,</em> completada por el tríptico prodigioso de las <em>Estampas</em></a>. <p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/01/16/babelia/1547649945_843314.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/6lE1xxv_FuaNaMOglEGCu1GcZOs=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/X6U32YVHTBPHPJCTI45HYFTK4Y.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Claude Debussy, en 1911.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Bridgeman / ACI]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Claude Debussy]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Relatos sagrados</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/01/10/babelia/1547155345_389110.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/01/10/babelia/1547155345_389110.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 11 Jan 2019 23:03:38 +0000</pubDate><description>Urge comprender por qué millones de creyentes han votado a individuos tan poco piadosos como Trump o Bolsonaro</description><content:encoded><![CDATA[<p>En su testimonio del campo de exterminio,<em><a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=1682832&amp;id_col=100521"> Más allá del crimen y del castigo</a>, </em>Jean Améry anota que en Auschwitz tenían más capacidad de sobrevivir los prisioneros fortalecidos por creencias inquebrantables, religiosas o políticas: testigos de Jehová, rabinos ultraortodoxos, militantes comunistas. Para él, que era un hombre incrédulo y racionalista, un intelectual laico, el horror del campo no tenía límites, y el sinsentido lo minaba casi tanto como el hambre o la crueldad. Para los creyentes en un dogma sin incertidumbres, en una visión completa y cerrada del mundo, el sufrimiento extremo encajaba de un modo u otro en un devenir providencial establecido por Dios o por la necesidad histórica. Al solitario la persecución lo anula sin dificultad; al creyente le fortalece en su fe y lo une más todavía a la comunidad de los otros fieles, al grupo escogido de los mártires y los héroes. El perseguido es también el elegido. En último extremo su sacrificio encontrará recompensa en la vida eterna, o en su equivalente marxista, el paraíso comunista al final de la historia. A Jean Améry ni su talento literario ni su sofisticación intelectual le sirvieron de mucho. Judío sin fe, superviviente sin orgullo, se suicidó en 1978. En un libro apasionante de erudición histórica y fuerza imaginativa,<em><a href="http://www.acantilado.es/catalogo/la-creacion-de-lo-sagrado/"> La creación de lo sagrado</a>, </em>dice Walter Burkert: “La dominación opresiva es más fácil de soportar si el opresor a su vez es oprimido por un dios… Una respuesta última, aunque no empírica, a la dolorida pregunta ‘¿por qué?’ puede hacer tolerable la aflicción”.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/01/10/babelia/1547155345_389110.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/HCnO25wz-TC_A65aKZDqybPpNN8=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/XJZIVQAKYSHG6HWI3ZY2IAWCG4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un seguidor de Bolsonaro lee la Biblia en una misa evangélica.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Ian Cheibub (getty images)]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Jair Bolsonaro]]></category><category><![CDATA[Donald Trump]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Religión]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Sorolla, en Lisboa</title><link>https://elpais.com/cultura/2019/01/04/babelia/1546617952_073237.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2019/01/04/babelia/1546617952_073237.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Mon, 07 Jan 2019 12:13:39 +0000</pubDate><description>El pintor valenciano plantaba su caballete en el campo o una playa como un fotógrafo plantaría el trípode de su cámara</description><content:encoded><![CDATA[<p><a href="https://elpais.com/tag/joaquin_sorolla/a">Joaquín Sorolla</a> plantaba su caballete en medio del campo o contra el viento de una playa como un fotógrafo plantaría el trípode de su cámara. La época en la que Sorolla alcanza su plenitud como pintor es también la del despegue de la fotografía, y la de otro artefacto entonces más aparatoso, que era el de las cámaras de cine. Hay muchas fotos de Sorolla pintando al aire libre, casi todas tomadas por alguno de sus hijos, su hija Elena, sobre todo. Y hay retratos hechos por ese padre que fue sin duda el más familiar de los pintores en los que los hijos aparecen sosteniendo una cámara (que Sorolla fuera un hombre tan familiar sin duda dañó su prestigio como pintor moderno). En la gran <a href="http://museudearteantiga.pt/exposicoes/terra-adentro">exposición de Sorolla que está ahora en el Museu Nacional de Arte Antiga</a>, de Lisboa, una de las obras que más me han impresionado es un<em> gouache </em>sobre papel que parece una instantánea fotográfica, o un plano en contrapicado de la mejor época experimental del cine: muy desde arriba, probablemente desde la ventana de un hotel, se ve una fila de automóviles negros con brillos de charol, una acera llena de gente, corredores con ropas blancas de deporte. Es una imagen del maratón de Nueva York de 1911, esbozada a toda velocidad para captar algo fugitivo que sucede en un momento, con un sentido plástico más propio de la fotografía o del cine que de la pintura de esa época. El valenciano agropecuario al que durante cerca de un siglo trató con tanta condescendencia la crítica de arte española —casi tanta como la que lleva generaciones recibiendo Galdós de la crítica literaria— resulta ser aquí un modernista que se enfrenta con los ojos abiertos y los pinceles alerta al espectáculo inusitado de la ciudad del siglo XX.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2019/01/04/babelia/1546617952_073237.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/Rf57yiXkVqw641RvtSCDfKIOKoc=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/SO3YIVZZHIMEX54LYTPALZ3W6I.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA['Carrera maratón, Nueva York', cuadro de Joaquín Sorolla de 1911.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Joaquín Sorolla]]></category><category><![CDATA[Artistas]]></category><category><![CDATA[Pintura]]></category><category><![CDATA[Museos]]></category><category><![CDATA[Exposiciones]]></category><category><![CDATA[Artes plásticas]]></category><category><![CDATA[Instituciones culturales]]></category><category><![CDATA[Agenda cultural]]></category><category><![CDATA[Agenda]]></category><category><![CDATA[Eventos]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Arte]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>La edad de la revancha</title><link>https://elpais.com/elpais/2018/12/30/opinion/1546182136_096829.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2018/12/30/opinion/1546182136_096829.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Wed, 02 Jan 2019 07:36:21 +0000</pubDate><description>En 2018 la política del odio obtuvo su mayor triunfo en Brasil. No es imposible que siga avanzando en toda Europa, incluida esta España que ya no ha resultado inmune como parecía a la extrema derecha</description><content:encoded><![CDATA[<p>Días antes de la elección de Bolsonaro leí una curiosa estadística en un reportaje del <em>Expresso</em>de Lisboa. En las redes sociales brasileñas, al parecer de una toxicidad aún más virulenta de lo normal en otros sitios, había un destinatario claro para la mayor parte de los mensajes de odio: mujeres negras, de origen humilde o clase media, con estudios superiores. Pensé en esos artículos que se repiten ahora en los periódicos españoles, todos ellos derivados, abiertamente o no, de un artículo y luego un libro de Mark Lilla publicados a raíz de la victoria de Donald Trump en 2016: la causa del ascenso de los populismos de extrema derecha en Europa y en América, y del correspondiente declive de las fuerzas progresistas, sería que la izquierda ha abandonado la defensa de la clase obrera, concentrándose, o distrayéndose, en la vindicación de las minorías, étnicas, sexuales, de género, etcétera. La reflexión de Lilla está muy enraizada en la realidad política y social americana y en algo tan específico como las derivas del Partido Demócrata en las últimas décadas, así que no creo que se pueda trasladar sin reparos a Europa, y menos a España. Y que se cite tanto su nombre entre nosotros tiene menos que ver con sus razonamientos que con una atmósfera política viciadamente española, una variedad autóctona de la gran oleada de revanchas que se ha extendido por el mundo en los últimos años, quizás décadas.<p><a href="https://elpais.com/elpais/2018/12/30/opinion/1546182136_096829.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/ij2iSrJlpQNh_ULG-mPYJTLiDj4=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/JAOMCREB6HZA3JZ5ZBAUERZNWU.jpg"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Eulogia Merle]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Populismo]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Jair Bolsonaro]]></category><category><![CDATA[Presidente Brasil]]></category><category><![CDATA[Presidencia Brasil]]></category><category><![CDATA[Redes sociales]]></category><category><![CDATA[Gobierno Brasil]]></category><category><![CDATA[Gobierno]]></category><category><![CDATA[Ideologías]]></category><category><![CDATA[Administración Estado]]></category><category><![CDATA[Internet]]></category><category><![CDATA[Telecomunicaciones]]></category><category><![CDATA[Administración pública]]></category><category><![CDATA[Política]]></category><category><![CDATA[Comunicaciones]]></category></item><item><title>El hombre templado</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/12/26/babelia/1545838498_771553.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/12/26/babelia/1545838498_771553.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 28 Dec 2018 23:04:17 +0000</pubDate><description>Jorge ­Edwards es una de esas personas con gran sentido de la justicia que son inmunes a cualquier arrebato colectivo</description><content:encoded><![CDATA[<p>La memoria viva preserva con una inmediatez de verdad las figuras lejanas de los muertos. Muy joven todavía, estudiando en la Universidad de Princeton, a finales de los años cincuenta, <a href="https://elpais.com/tag/jorge_edwards/a">Jorge Edwards</a> salió a dar un paseo una mañana de invierno y vio venir a una pequeña figura por el campus nevado. “Era”, cuenta, “un hombre más bien bajo de estatura, de mostachos grises, de capa, de sombrero con plumita de estilo de cazador inglés. Cuando estuve cerca, lo miré a los ojos claros, severos, miré la nariz aguileña, y comprobé sin una sombra de duda que era <a href="https://elpais.com/tag/william_faulkner/a">William Faulkner</a>”. En el Madrid de ahora, a los ochenta y tantos años, Jorge Edwards recuerda el momento en que su ojos se cruzaron con los de Faulkner hace más de medio siglo, y esa imagen que permanece en su memoria y que él invoca escribiendo saca al viejo maestro de su pasado ya casi imaginario y lo acerca a nosotros. Esa es la tarea, el privilegio, casi la obligación de quien ha vivido lo que casi nadie más puede recordar: dar testimonio de lo que de otro modo se perdería, dejar constancia de su condición irreemplazable de testigo.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/12/26/babelia/1545838498_771553.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/6BMpB2XaL5sZhEDRj37kJK0UXeo=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/PS32QAZ5KMWQUHA6DUGNRU2OM4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Jorge Edwards, en su casa en Madrid el 6 de diciembre.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[INMA FLORES]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>La santa de la espada</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/12/20/babelia/1545300545_185788.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/12/20/babelia/1545300545_185788.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 21 Dec 2018 23:05:02 +0000</pubDate><description>La restauración de la Santa Catalina de Caravaggio revela que el cuadro es más admirable aún de lo que sabíamos</description><content:encoded><![CDATA[<p>Un instante preciso brilla como un relámpago en la lejanía del tiempo. El de mayo de 1598, en Roma, en la Piazza Navona, una patrulla de la policía papal detuvo a <a href="https://elpais.com/tag/caravaggio/a/">Caravaggio</a> por llevar una espada al cinto después de las once de la noche. Roma era una ciudad de cuadrillas de hombres jóvenes violentos,<em> gangs </em>territoriales bajo el amparo de señores poderosos, como las pandillas armadas en<em> Romeo y Julieta. </em>Al leer el acta de esa detención en una de las biografías recientes de Caravaggio pienso de inmediato en la espada que sostiene como un instrumento musical o como un símbolo entre sus manos <a href="https://elpais.com/cultura/2018/12/17/actualidad/1545059394_640601.html">la<em> Santa Catalina </em>del Museo Thyssen.</a> Es un arma de un brillo metálico tan simple y temible como un revólver en las manos de una heroína ambigua en una película de cine negro. A la santa Catalina del santoral cristiano le cortaron la cabeza, pero esa espada con que la representa Caravaggio parece más apropiada para un duelo o un ajuste rápido de cuentas entre bandas que para una decapitación: la hoja larga y delgada, la punta muy aguda para traspasar el pecho o marcar la cara con una cicatriz infame. La espada, de hecho, si nos fijamos bien, está roja de sangre. Si nos fijamos mejor, el rojo puede ser el de la sangre fresca, pero quizá también el reflejo en el acero liso del brocado del cojín en el que santa Catalina no llega a arrodillarse del todo: más que la santa misma, observó Bernard Berenson, parece la modelo del pintor que ensaya en el taller una postura verosímil.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/12/20/babelia/1545300545_185788.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/Yv1pygmEx2P6LJzw0BpAviK_yAs=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/PFPB46MIP6GPPY7S7QQR46TMEQ.jpg"></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Caravaggio]]></category><category><![CDATA[Museo Thyssen-Bornemisza]]></category><category><![CDATA[Arte antiguo]]></category><category><![CDATA[Museos privados]]></category><category><![CDATA[Museos]]></category><category><![CDATA[Historia arte]]></category><category><![CDATA[Historia antigua]]></category><category><![CDATA[Instituciones culturales]]></category><category><![CDATA[Historia]]></category><category><![CDATA[Arte]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Cerca de la música</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/12/11/babelia/1544544111_490309.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/12/11/babelia/1544544111_490309.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 14 Dec 2018 23:22:44 +0000</pubDate><description>Hay tanto fervor y tanta exasperación en Schubert como en un grito de Janis Joplin o un solo sin fin de Jimi Hendrix</description><content:encoded><![CDATA[<p>He salido del metro en el frío estimulante del anochecer de diciembre. He subido las escaleras con esa energía en los talones que solo siento cuando voy a escuchar música. Podía estar llegando a uno de esos clubes de <a href="https://elpais.com/tag/jazz/a">jazz</a> en los que se resume mi nostalgia atenuada y persistente de Nueva York. Hay una cola de aficionados impacientes que se refugian del frío cruzando una puerta giratoria. Podría estar esperando en la entrada inhóspita de un club en invierno, pero he salido del metro en la glorieta de Bilbao de Madrid y donde espero es en la entrada del Café Comercial, renacido lujosamente después de lo que a muchos nos pareció un eclipse sin remedio. En las puertas de los clubes los aficionados se reconocen entre sí por las pintas, y algunas veces hasta se saludan. La gente que espera a la entrada del Comercial muestra una alentadora diversidad de edades y apariencias, pero tiene algo difuso en común que los identifica como aficionados a la música, aficionados de a pie y sin ceremonia, sin exhibicionismo social, muy parecidos a los que esperan a la puerta del Village Vanguard o Smoke, donde tantas veces yo mismo he hecho cola con felicidad e impaciencia. Nos conocemos sin conocernos, aunque algunas veces nos conocemos de verdad y nos saludamos. Esperando esta noche a la puerta del Comercial me encuentro con Cibrán Sierra, violinista del <a href="https://elpais.com/cultura/2018/10/03/actualidad/1538574202_226888.html">Cuarteto Quiroga</a>, y autor de un libro educativo y luminoso sobre ese formato musical. Cibrán es un hombre entusiasta que ama apasionadamente su oficio y le dedica su vida entera. Dedicándome yo a uno en el que no cuesta mucho fingir el talento o el esfuerzo, mi admiración por la disciplina inflexible y la entrega de los músicos es todavía más acentuada. Tocar en un cuarteto de cuerda exige una precisión de neurocirugía.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/12/11/babelia/1544544111_490309.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/vOIzvadGpYA7nd0MFY_lH_2qs8A=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/K3QWRD632BBFNWK5OVJMFRXVGM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Los miembros del Trío VibrArt Media de música de cámara.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Conciertos]]></category><category><![CDATA[Jazz]]></category><category><![CDATA[Eventos musicales]]></category><category><![CDATA[Agenda cultural]]></category><category><![CDATA[Estilos musicales]]></category><category><![CDATA[Agenda]]></category><category><![CDATA[Música]]></category><category><![CDATA[Eventos]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Una voz discordante</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/12/05/babelia/1544007008_910632.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/12/05/babelia/1544007008_910632.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Tue, 11 Dec 2018 09:12:22 +0000</pubDate><description>Cuando Neil Postman inventó el término tecnopolio, aún faltaba mucho para que aparecieran Google y Facebook</description><content:encoded><![CDATA[<p>Neil Postman solo tuvo tiempo de asistir al cumplimiento de una parte de sus dictámenes y de sus predicciones sobre la tecnología. Murió en 2003, cuando Internet ya estaba plenamente establecido en el mundo, pero cuando nadie imaginaba todavía los cambios que iban a traer consigo los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Hay cosas de las que tal vez sea mejor que los muertos no hayan llegado a enterarse. 2003 era ya en gran parte la época en la que vivimos ahora, pero 1992, el año en que Postman publicó su libro más radical, y también más adivinatorio, nos parece que perteneciera a una edad mucho más lejana de lo que indican las fechas. En 1992 Internet era una rareza limitada a Estados Unidos, y los ordenadores, máquinas de escribir muy sofisticadas que a algunos colegas nuestros de más edad les parecían el motivo de que las personas más jóvenes que ya los usábamos escribiéramos una prosa como traducida y robótica. Todo se olvida muy rápido, pero en aquella época el término “novelas de ordenador” fue muy usado por los más cerriles entre nuestros mayores. En 1993, en un despacho de la Universidad de Virginia, yo asistí por primera vez en mi vida a una búsqueda en Internet, sin enterarme casi de nada. El gran adelanto era que desde aquel confín boscoso de otro continente podía mandar los artículos por fax al periódico. Enviaba cartas en bellos sobres alargados con el membrete de la universidad y con sellos exóticos que alimentaban la afición coleccionista de mi hijo mayor.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/12/05/babelia/1544007008_910632.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/D3GBYwBkOs54cZ4PKNSyypE3vxU=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/LVQVPUQTKQWBACKHAYNQ7TI2ZY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Neil Postman.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Rudolf Dietrich]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Nuevas tecnologías]]></category><category><![CDATA[Sociología]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Ciencias sociales]]></category><category><![CDATA[Internet]]></category><category><![CDATA[Tecnología]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Telecomunicaciones]]></category><category><![CDATA[Comunicaciones]]></category><category><![CDATA[Sociedad]]></category><category><![CDATA[Ciencia]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Un instante en la vida</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/11/27/babelia/1543339124_958091.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/11/27/babelia/1543339124_958091.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 30 Nov 2018 23:18:49 +0000</pubDate><description>Hacía tiempo que no me subyugaba tanto un libro como el que escribió Philippe Lançon tras el atentado de ‘Charlie Hebdo’</description><content:encoded><![CDATA[<p>Es así como uno debiera encontrarse con un libro: por sorpresa, sin aviso ninguno, sin conocimiento previo, sin la hojarasca y el ruido de los comentarios, las simpatías, los prejuicios, sin saber nada de su autor, y ni siquiera del tema. Así es como la lectura será un acto pleno y soberano: un encuentro a cuerpo limpio y a solas entre el lector y el libro.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/11/27/babelia/1543339124_958091.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/fJsfhXJ9Guj9hc9gprhjR4F8k_U=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/V26ZQIPVKN2DWHKY3U47IA5PQI.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Philippe Lançon, el 5 de noviembre en París.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[CHRISTOPHE ARCHAMBAULT]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Atentado Charlie Hebdo]]></category><category><![CDATA[Charlie Hebdo]]></category><category><![CDATA[Libertad prensa]]></category><category><![CDATA[París]]></category><category><![CDATA[Humor gráfico]]></category><category><![CDATA[Atentados terroristas]]></category><category><![CDATA[Francia]]></category><category><![CDATA[Terrorismo islamista]]></category><category><![CDATA[Yihadismo]]></category><category><![CDATA[Europa occidental]]></category><category><![CDATA[Prensa]]></category><category><![CDATA[Europa]]></category><category><![CDATA[Terrorismo]]></category><category><![CDATA[Medios comunicación]]></category><category><![CDATA[Comunicación]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Vasos comunicantes</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/11/21/babelia/1542795943_322685.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/11/21/babelia/1542795943_322685.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 23 Nov 2018 23:06:51 +0000</pubDate><description>Desde que descubrí a Simone Weil, su lectura es como un bajo continuo que acompaña de fondo a otros libros</description><content:encoded><![CDATA[<p>Los libros que uno lee al mismo tiempo o de manera sucesiva establecen conexiones entre sí. Desde que descubrí a <a href="https://elpais.com/tag/simone_weil/a">Simone Weil</a> la leo con una constancia sin fatiga, y su lectura es como un bajo continuo que acompaña de fondo a otros libros y en muchos casos me ayuda a comprenderlos o a disentir de ellos. Salgo de viaje y llevo conmigo<a href="https://www.trotta.es/libros/echar-raices/9788498795325/"><em> Echar raíces. </em></a>Vuelvo a casa con ese libro incomparable leído de principio a fin una vez más y lo primero que hago es empezar de nuevo<a href="https://www.trotta.es/libros/la-gravedad-y-la-gracia/9788481642230/"><em> La gravedad y la gracia, </em></a>donde encuentro los subrayados y las anotaciones de anteriores lecturas. No creo que haya una prosa reflexiva en el francés del siglo XX tan limpia y precisa, tan honda, tan afilada, tan poética como la de Simone Weil. Tiene al menos dos cosas en común con la poesía: su concisión; su cualidad lúcida y visionaria. Subrayo con un lápiz en el libro una frase recién leída; se la envío a alguien por WhatsApp: “La verdadera definición de la ciencia es el estudio de la belleza del mundo”; “La piedad hacia los muertos: hacerlo todo por quien ya no existe”; “La verdad es el esplendor de lo real”.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/11/21/babelia/1542795943_322685.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/qq8J1O15u8G_q1u4fOju8lH_mpk=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/IBTRHENRVY4KKE5CJMBQPGMZEE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[La filósofa francesa Simone Weil.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[© Rue des Archives / ACI]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Simone Weil]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Horas de Berlín</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/11/16/babelia/1542387221_639195.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/11/16/babelia/1542387221_639195.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Mon, 19 Nov 2018 09:20:39 +0000</pubDate><description>Hace un siglo justo que terminó la I Guerra Mundial y que empezó todo lo que iba a venir, a esta ciudad y al mundo entero</description><content:encoded><![CDATA[<p>Desde la ventana en el sexto piso del hotel se ve un panorama de ángulos inusuales y líneas quebradas como de pintura o de película expresionista alemana. La mirada es un ejercicio cultural. Todo es más expresionista y alemán todavía porque está anoche­ciendo. En la atmósfera lluviosa y de niebla acaban de encenderse los letreros de los anuncios. Se ven como largas cintas luminosas los trenes que llegan a la estación de la <a href="https://elviajero.elpais.com/elviajero/2018/03/08/actualidad/1520505116_132838.html">Friedrichstrasse</a> o salen de ella, por un puente elevado de ferrocarril que complica aún más las perspectivas: los trenes arriba, y debajo de ellos, al nivel de la calle y en otra dirección, los tranvías también iluminados que emergen del ancho puente de hierro, oscurecido como por el humo de locomotoras de hace más de un siglo.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/11/16/babelia/1542387221_639195.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/211i6IiQWukNOALQoUuMyc-3_Lo=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/6OGWHWOCKNAM3TZ24LQ4TH5MF4.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[El Ampelmännchen, hombrecillo de los semáforos de Berlín.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Sean Gallup]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Muro Berlín]]></category><category><![CDATA[Unificación alemana]]></category><category><![CDATA[Alemania]]></category><category><![CDATA[Segunda Guerra Mundial]]></category><category><![CDATA[Centroeuropa]]></category><category><![CDATA[Historia contemporánea]]></category><category><![CDATA[Historia]]></category><category><![CDATA[Guerra]]></category><category><![CDATA[Europa]]></category><category><![CDATA[Conflictos armados]]></category><category><![CDATA[Conflictos]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>El paseo de Max Beckmann</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/11/07/babelia/1541587034_837638.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/11/07/babelia/1541587034_837638.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 09 Nov 2018 23:01:24 +0000</pubDate><description>La furia de los tiempos se corresponde con la de sus trazos de contornos negros que él quería que fueran como cuchilladas</description><content:encoded><![CDATA[<p>La tarde del 27 de diciembre de 1950 <a href="https://elpais.com/tag/max_beckmann/a">Max ­Beckmann</a> salió de su apartamento en la calle 69 oeste de Nueva York con la intención de ir al Metropolitan Museum, a ver una exposición en la que estaba incluido uno de sus cuadros, el último de los diversos autorretratos que había ido pintando a lo largo de su vida. Beckmann, que admiraba a <a href="https://elpais.com/tag/rembrandt/a">Rembrandt</a> y a <a href="https://elpais.com/tag/francisco_de_goya/a">Goya</a>, había aprendido de ellos la insistencia en el autorretrato a la vez como velada y explícita confesión íntima y como desafío formal. Su aspecto esa tarde podemos imaginarlo mejor según una serie de fotos de carnet que se hizo por entonces, parte de la documentación necesaria para adquirir por fin la ciudadanía americana: la cabeza ancha y grande, magnificada por la calva, la expresión tenaz, el abrigo que subraya lo macizo de su anatomía. En esas fotos reconocemos a la figura de los autorretratos, aunque no la agudeza adivinatoria con que mira en ellos, la tensión interior de arrogancia y vulnerabilidad de artista. Esa tarde Max Beckmann se pondría el abrigo y la bufanda que lleva en las fotos, dispuesto a disfrutar de un paseo enérgico a través del parque. Antes o después de un día de trabajo y máxima concentración en el estudio le gustaba darse una buena caminata. <a href="https://elpais.com/cultura/2018/10/24/actualidad/1540404114_695988.html">Justo esa mañana acababa de terminar un tríptico en el que había trabajado durante meses,<em> Los argonautas</em>.</a> Le había puesto ese título cuando la obra ya estaba avanzada, y no por alusión a un motivo que lo hubiera inspirado, sino por el efecto azaroso de un sueño.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/11/07/babelia/1541587034_837638.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/Meh8gP0Z229naKvAU9-RAe1Rils=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/4XJEEJ2YORMSGDTTMHTFQDDYKM.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Una mujer contempla 'Autorretrato con copa de champán', expuesto en el Thyssen.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Max Beckmann]]></category><category><![CDATA[Museo Thyssen-Bornemisza]]></category><category><![CDATA[Museos privados]]></category><category><![CDATA[Museos]]></category><category><![CDATA[Instituciones culturales]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Libertad de expresión</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/10/30/babelia/1540918692_484195.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/10/30/babelia/1540918692_484195.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 02 Nov 2018 23:15:19 +0000</pubDate><description>Si hay una libertad que no está en peligro es la que ejercen Trump y Bolsonaro: la de ofender a los débiles, los raros, los marginados</description><content:encoded><![CDATA[<p>Está de moda la queja de que, por culpa de la llamada corrección política, la libertad de expresión se encuentra en peligro. Lo escucho y lo veo escrito con cierta frecuencia, en un tono de alarma, aunque también de orgullosa disidencia, hasta de cierto heroísmo. Nada hay más halagador que sentirse heroico o perseguido sin ningún peligro. Los nuevos héroes de la libertad de expresión lamentan que los censores de la ortodoxia progresista o del buenismo no quieren dejarles llamar a las cosas por su nombre, al pan pan y al vino vino, a los cojos cojos y negros a los negros.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/10/30/babelia/1540918692_484195.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/nvCD7X_RusFx2yXk6oLCmVnTiFs=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/ZCR2CSCO2OU7M53DZC7TC2NVAE.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Protesta contra Bolsonaro en São Paulo, el 20 de octubre.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[NELSON ALMEIDA]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Jair Bolsonaro]]></category><category><![CDATA[Donald Trump]]></category><category><![CDATA[Federico García Lorca]]></category><category><![CDATA[Poetas]]></category><category><![CDATA[Dramaturgos]]></category><category><![CDATA[Generación del 27]]></category><category><![CDATA[Movimientos literarios]]></category><category><![CDATA[Literatura española]]></category><category><![CDATA[Poesía]]></category><category><![CDATA[Teatro]]></category><category><![CDATA[Artes escénicas]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Movimientos culturales]]></category><category><![CDATA[Espectáculos]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Aquel hombre</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/10/23/babelia/1540307224_210009.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/10/23/babelia/1540307224_210009.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 26 Oct 2018 22:05:08 +0000</pubDate><description>Franco beato, militar, ultrarreaccionario, provinciano; Negrín librepensador, científico, viajero, republicano, vividor</description><content:encoded><![CDATA[<p>Enrique Moradiellos tiene un talento narrativo de historiador americano o británico y una capacidad doble para la profundidad investigadora y para la síntesis. Su libro escuetamente titulado<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-1936/111721"><em> 1936</em></a> es el mejor resumen que conozco de la Guerra Civil. Su <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-negrin/200193">biografía de Juan Negrín</a> ofrece esa inmersión de largo aliento que suele considerarse exclusiva de las novelas, pero que yo encuentro con más frecuencia en el trabajo de los historiadores que combinan la pasión de descubrir y la pasión de contar. En ese libro uno encuentra la complejidad histórica de los tiempos que le tocó vivir a Juan Negrín y también el sentido inmediato de su carácter y hasta de su presencia física. En una época en la que el pasado español está cada vez más sometido a las simplificaciones y a los maniqueísmos de la ideología, y en la que el arte de la novela se pone con frecuencia al servicio de catecismos de buenos y malos, me da la impresión de que el trabajo de los historiadores es más que nunca el reducto del conocimiento riguroso y de esos valores de sutileza, ambigüedad y pluralismo de miradas que antes solíamos encontrar en las novelas.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/10/23/babelia/1540307224_210009.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/rF2zFEEO8pntSWzT0TG2PGlPDWI=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/MRZD4CYPFSDCKICVRTS3EJZ5TY.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Juan Negrín, durante una visita al frente del Ebro en 1938.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Juan Negrin López]]></category><category><![CDATA[Francisco Franco]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Las profecías</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/10/16/babelia/1539689009_409728.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/10/16/babelia/1539689009_409728.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Tue, 23 Oct 2018 09:45:02 +0000</pubDate><description>Hace 10 años, los expertos vaticinaron que hoy el libro electrónico habría dejado fuera de juego al de papel</description><content:encoded><![CDATA[<p>Según se sabe, es muy difícil hacer profecías, especialmente sobre el porvenir. En una crónica desde la Feria de Fráncfort, <a href="https://elpais.com/cultura/2018/10/13/actualidad/1539456174_676814.html">Carles Geli conmemora el décimo aniversario de una profecía</a> que en aquella época se repitió mucho, da la impresión de que con la esperanza de que se cumpliría a fuerza de insistir en ella. Dice Geli que fue en la feria de aquel año cuando los habituales expertos anunciaron que en el plazo de los siguientes 10 años el libro electrónico habría dejado fuera de juego al libro de papel. Los profetas económicos y tecnológicos hablan con el mismo fundamento que los echadores de cartas y que los vaticinadores a fecha fija del fin del mundo, y lo mismo que ellos se las arreglan para conservar su prestigio después de que no hayan acertado ninguna de sus predicciones.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/10/16/babelia/1539689009_409728.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/kwe8F1aWlczYW8VwxC21kT8NVnA=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/JGVHEYQO6JPWL4FWBWSWDBNOXA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Un hombre lee un libro electrónico en un parque de Londres.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[peter macdiarmid / getty images]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Libro electrónico]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Otro futuro</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/10/09/babelia/1539093914_004943.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/10/09/babelia/1539093914_004943.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 12 Oct 2018 22:04:32 +0000</pubDate><description>Las caras descompuestas por el odio y los gritos de supremacía blanca ya no están solo en las filmaciones de los sesenta</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hace ya más de cuatro años viajé a Memphis, en Tennessee, para ver con mis propios ojos los lugares donde habían sucedido los últimos días de la vida de <a href="https://elpais.com/tag/martin_luther_king/a">Martin Luther King</a>. El<em> downtown </em>de Memphis —el equivalente inexacto de lo que llamamos el centro en una ciudad europea— conservaba una parte de antigua gloria fantasmal y otra de deterioro y ruina sin remedio. El coche, la vivienda aislada con jardín, los<em> shopping malls </em>han propiciado durante décadas un abandono de los antiguos centros urbanos que solo en los últimos tiempos ha empezado a revertir, al menos hasta cierto punto. Estudios de artistas y diseñadores, restaurantes de moda, tiendas de antigüedades ocupan ahora espacios industriales o antiguos comercios o talleres salvados de la ruina. Durante mucho tiempo, los únicos habitantes de los cascos urbanos fueron los pobres, incluidos los marginales. Ahora los hijos y nietos de las clases medias que se marchaban a los suburbios huyendo de la inseguridad y la mugre hacen el viaje inverso y ocupan apartamentos de alto precio en antiguos edificios restaurados, y frecuentan las tiendas de alimentos biológicos y los cafés con wifi que han sustituido a los antiguos ultramarinos y talleres. Los habitantes pobres han desaparecido sin rastro. Quedan mendigos pidiendo en algunas esquinas, y a veces enfermos mentales que gesticulan y hablan a solas por la calle, duermen en cualquier rincón y acaban con frecuencia en la cárcel, ya que no hay instituciones públicas de salud mental que los acojan.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/10/09/babelia/1539093914_004943.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/afItgpCrIUczDtpTh4yknPfLGbw=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/HXJGJXZJRODZTH2KNJF67R4S7E.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Manifestación por los derechos civiles en la calle Beale de Memphis en 1968.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[BETTMANN]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Martin Luther King]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Contarlo todo</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/10/02/babelia/1538482462_382141.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/10/02/babelia/1538482462_382141.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 05 Oct 2018 22:09:10 +0000</pubDate><description>Lo que yo encontraba en Knausgård era una especie de agotadora perseverancia administrativa</description><content:encoded><![CDATA[<p>La cultura literaria americana, que está muy regida por el esnobismo, necesita rendirse cada cierto tiempo a una novedad exótica: un autor o autora de origen periférico, de nombre inusual, que preferiblemente no escriba en inglés, y además que al dar bien en las fotos pueda adquirir una cierta cualidad icónica. El gran descubrimiento de los últimos años ha sido <a href="https://elpais.com/tag/karl_ove_knausgard/a">Karl Ove Knausgård</a>: escribe en noruego, tiene aspecto de actor o de capitán de barco en una película, sale fumando en las fotografías. Cuando se tradujo al inglés el primer volumen de la novela que atrajo de golpe la atención sobre él,<a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/ebooks/la-muerte-del-padre/9788433933935/EB_162"><em> Mi lucha</em>,</a> un conocido mío de Nueva York, una de esas personas excepcionalmente sensibles a los primeros indicios de una moda que viene, se mostró asombrado y casi decepcionado de que yo no lo hubiera leído ya, y me urgió a que lo hiciera. El lenguaje de la publicidad ya sirve para todo: Knausgård era “the Next Big Thing”. Venía además con la etiqueta francesa de la “autofiction”, y en Estados Unidos todo lo que suene a intelectualismo francés provoca todavía una mezcla muy curiosa de fascinación y nerviosismo: nadie quiere arriesgarse a no estar a la última.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/10/02/babelia/1538482462_382141.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/1rcDdzhbi11SR3y6dhROOVbZGEg=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/EJJJ4SVLU7AOTCFKHCUXGRKTRQ.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Karl Ove Knausgård, en Ystad, el pueblo sueco donde vive. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[CLAUDIO ÁLVAREZ]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Karl Ove Knausgård]]></category><category><![CDATA[Noruega]]></category><category><![CDATA[Escandinavia]]></category><category><![CDATA[Narrativa]]></category><category><![CDATA[Libros]]></category><category><![CDATA[Europa]]></category><category><![CDATA[Literatura]]></category><category><![CDATA[Cultura]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>El maestro desmedido</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/09/25/babelia/1537885147_798877.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/09/25/babelia/1537885147_798877.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 28 Sep 2018 22:03:42 +0000</pubDate><description>La hija de Leonard Bernstein y su asistente publican sendas biografías del director y compositor. Fumaba cuatro paquetes diarios y se mantenía activo mezclando las anfetaminas con el alcohol</description><content:encoded><![CDATA[<p>Hay quien tiene la suerte de ser bien recordado. Desde la muerte de <a href="https://elpais.com/tag/leonard_bernstein/a">Leonard Bernstein</a> en 1990 se han publicado varias cuantiosas biografías, pero este año, <a href="https://elpais.com/cultura/2018/08/22/babelia/1534949621_138747.html">en su centenario</a>, acaban de aparecer dos libros de personas que estuvieron muy cerca de él y fueron simultáneamente testigos, beneficiarios y víctimas de esa proximidad: su hija mayor, Jamie Bernstein, y el que fue su asistente personal durante unos cuantos años, cerca del final de su vida, Charlie Harmon. A Jamie Bernstein le llamaban en la escuela<em> famous father girl, </em>y ese es el título que ha puesto al relato de su vida. El de Harmon se titula<em> On the Road and Off the Record with Leonard Bernstein. </em>La diferencia de las perspectivas enriquece el retrato del personaje, el contraste entre la figura pública y la persona privada, las dos marcadas por una propensión a la desmesura que estaba igual en su manera de dirigir y en su trabajo como compositor.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/09/25/babelia/1537885147_798877.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/93c8xSazjy1_NxqgoydeQAg3shQ=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/AHUBOVLZKF7V6AR4DX4TAMS6XA.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Bernstein, en Viena en 1970.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[GETTY]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Leonard Bernstein]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Memoria fotográfica</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/09/19/babelia/1537352839_463486.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/09/19/babelia/1537352839_463486.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 21 Sep 2018 22:00:39 +0000</pubDate><description>La mirada se vuelve tacto en las fotos de Carlos Saura. Las veo y me parece que toco esos materiales olvidados</description><content:encoded><![CDATA[<p>Si no fuera por las fotos de <a href="https://elpais.com/tag/carlos_saura/a">Carlos Saura</a>, sabríamos mucho menos de la España ahora perdida que él vio en su juventud. La cronología es engañosa. Los años cincuenta del siglo pasado nos parecen relativamente cercanos, a algunos de nosotros porque los vivimos, a otros por los relatos históricos, o por las películas o las series de época. Los años cincuenta, los primeros sesenta, son una vaguedad de blanco y negro y de dictadura, de uniformes y sotanas. Pero es una familiaridad falsa, incluso para los que conservamos algunos recuerdos de niñez, o para los ancianos, los que sobreviven, que entonces eran nuestros padres muy jóvenes.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/09/19/babelia/1537352839_463486.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/n6cKvjcbYHpHJ0jv8Wjh1Qsz7aY=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/7LWUZ6UB77XOFW3NRP4NC2B2NU.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Fotografía de la exposición de Carlos Saura.]]></media:description></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Carlos Saura]]></category><category><![CDATA[Fotografía blanco y negro]]></category><category><![CDATA[Fotografía]]></category><category><![CDATA[Artes plásticas]]></category><category><![CDATA[Arte]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item><item><title>Vanidad, orgullo</title><link>https://elpais.com/cultura/2018/09/12/babelia/1536743705_028325.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2018/09/12/babelia/1536743705_028325.html</guid><dc:creator>Antonio Muñoz Molina</dc:creator><pubDate>Fri, 14 Sep 2018 22:04:48 +0000</pubDate><description>Cada uno lleva consigo su catálogo de agravios. Ningún gran museo ha vuelto a dedicar una retrospectiva a Katz desde 1986</description><content:encoded><![CDATA[<p>Quien mejor explica la diferencia entre el orgullo y la vanidad es <a href="https://elpais.com/tag/gustave_flaubert/a">Flaubert:</a> “El orgullo es una fiera solitaria que ruge en el desierto; la vanidad, un loro que parlotea de rama en rama a la vista de todos”. En un escritor o un artista, el orgullo sería un rasgo de entereza, hasta de coraje, y la vanidad un defecto penoso. Aunque, pensándolo bien, quizás lo que distingue al orgulloso del enfermo de vanidad es lo mismo que separa al viajero del turista: viajero es uno mismo; turistas son los otros. En su retiro de Ruan, Flaubert se veía a sí mismo como un león y como un ermitaño, como un san Antonio entregado a la áspera penitencia de la escritura y venciendo las tentaciones licenciosas que lo reclamaban en París, las fiestas mundanas, las exhibiciones de vanidad de los salones literarios. Pero sabemos que Flaubert se escapaba a París con mucha más frecuencia y más deleite de lo que sugiere su leyenda, y que el orgullo solitario con el que se recluía durante varios años para completar una novela, sin la más mínima concesión ni al sentimentalismo ni a la negligencia de estilo, era humanamente compatible con su sensibilidad a los halagos de sus admiradores, y más todavía de sus admiradoras.<p><a href="https://elpais.com/cultura/2018/09/12/babelia/1536743705_028325.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://elpais.com/resizer/TUfVCxJMD88Ap2KDAGFB2yCZkQM=/1500x0/arc-anglerfish-eu-central-1-prod-prisa.s3.amazonaws.com/public/G6I2U7SBSDITAD4M4OBRKDSZ24.jpg"><media:description type="plain"><![CDATA[Alex Katz, en su estudio de Lincolnville en 2015. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu"><![CDATA[Allison V. Smith]]></media:credit></media:content><category><![CDATA[Antonio Muñoz Molina]]></category><category><![CDATA[Opinión]]></category><category><![CDATA[Alex Katz]]></category><category><![CDATA[Pintura]]></category><category><![CDATA[Artes plásticas]]></category><category><![CDATA[Arte]]></category><category><![CDATA[Babelia]]></category></item></channel></rss>