<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/" version="2.0" xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/"><channel><title><![CDATA[EL PAÍS]]></title><link>https://elpais.com</link><atom:link href="https://elpais.com/arc/outboundfeeds/rss/" rel="self" type="application/rss+xml"/><description><![CDATA[EL PAÍS News Feed]]></description><lastBuildDate>Fri, 17 Apr 2026 02:44:52 +0000</lastBuildDate><language>es-ES</language><ttl>1</ttl><sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod><sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency><item><title><![CDATA[Conocer la religión para poder conocernos]]></title><link>https://elpais.com/opinion/2026-04-16/conocer-la-religion-para-poder-conocernos.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/opinion/2026-04-16/conocer-la-religion-para-poder-conocernos.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Las creencias religiosas están en el centro de las ciencias de la cultura si estas quieren enseñar las raíces del malestar humano]]></description><pubDate>Thu, 16 Apr 2026 03:30:01 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Los tiempos pasaron a ser inequívocamente modernos cuando a nadie le podía caber ya ninguna duda de que <a href="https://elpais.com/sociedad/2021-05-16/la-ecuacion-que-escribio-dios.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/sociedad/2021-05-16/la-ecuacion-que-escribio-dios.html">la física había destronado a la teología</a> como reina de las ciencias. Mucho puede discutirse sobre si ese reinado se mantiene y sobre si, por tanto, seguimos siendo modernos o no, pero hay una manera muy tranquilizadora de despachar la cuestión: basta con proclamar que las ciencias, democráticas de por sí, casan mal con la metáfora de un Gobierno monárquico y rehúyen toda jerarquía. Ellas son —se dirá con la altisonancia de quien afirma algo que lo consagra como persona razonable— ciudadanas iguales y libres de la república del conocimiento, y el auditorio aplaudirá a continuación, aunque quizá lo haga con invencible tedio. No faltará quien sospeche que todos esos redobles de tambor son el ruido con que se incordia para celebrar que las ciencias estén sujetas al señorío tecnológico, incluida la única que no parece ser sierva de nadie, a saber, la que Thomas Carlyle llamó la <i>dismal science</i>: ni siquiera, en efecto, la <i>ciencia lúgubre </i>de la economía <a href="https://elpais.com/economia/negocios/2025-02-22/los-algoritmos-se-apoderan-de-las-bolsas-por-que-el-proximo-warren-buffett-no-sera-humano.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/economia/negocios/2025-02-22/los-algoritmos-se-apoderan-de-las-bolsas-por-que-el-proximo-warren-buffett-no-sera-humano.html">se libra de estar gobernada por las máquinas</a> que tantos favores le deben.</p> <p><a href="https://elpais.com/opinion/2026-04-16/conocer-la-religion-para-poder-conocernos.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/F6WPIXHNFVDNHLBKX2N36P5N2I.jpg?auth=24673f5e5452513833e67e30990558e1d5dc2af413c066daffa5d295581c17d9&amp;width=957&amp;height=945&amp;focal=273%2C418"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Raquel Marín </media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La virtud y la necesidad]]></title><link>https://elpais.com/opinion/2024-01-29/la-virtud-y-la-necesidad.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/opinion/2024-01-29/la-virtud-y-la-necesidad.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description></description><pubDate>Mon, 29 Jan 2024 04:00:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Es consabida<a href="https://elpais.com/espana/elecciones/generales/" target="_blank"> la queja de quien votó a disgusto: </a>“He tenido que taparme la nariz”, dirá de manera sarcástica. Por regla general, lo anterior se considera una desdicha, pues se supone que habría que votar siempre con entusiasmo y orgullo o, por lo menos, con suficiente convencimiento. Una democracia que exija combatir el sentido del olfato no resulta, en efecto, muy ejemplar. Pero habría que preguntarse si esta suposición es tan natural como parece. ¿Y si el votar con mal sabor de boca no fuera una anomalía? ¿De verdad es tan normal votar sonriendo y con las manos limpias? Confesémoslo: algunos electores somos incapaces de identificarnos con un partido y de entregarnos a él en cuerpo y alma, con todas nuestras pasiones y todo nuestro juicio, durante mucho tiempo seguido. Eso no significa, sin embargo, que nos desentendamos de la política. Al contrario: es porque creemos entenderla por lo que no estamos inclinados a esas prácticas, que nos parecen una pesadilla y que quizá expresen la esencia del populismo.</p> <p><a href="https://elpais.com/opinion/2024-01-29/la-virtud-y-la-necesidad.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/U7NRTJBB3VD4PNUB4YNPQO5DPQ.jpg?auth=a08cd8b951fd070750f45d1ab61b8ad4d2bf4f7ea8d4ba7ca4a95a9b1078a3d2&amp;width=4853&amp;height=2730&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[De izquierda a derecha, Carles Puigdemont, José Manuel Albares y Pedro Sánchez, en el Parlamento Europeo en diciembre.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">RONALD WITTEK</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Ruido y furia]]></title><link>https://elpais.com/opinion/2021-09-28/ruido-y-furia.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/opinion/2021-09-28/ruido-y-furia.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[No hay boca (ni teclado) capaz de decir cosas inteligentes sin descanso y, si así fuese, ningún oído las soportaría]]></description><pubDate>Tue, 28 Sep 2021 03:00:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Desde siempre la política fue producción de discurso y nada tiene de raro que las condiciones de difusión de la palabra decidan cómo se manda y cómo se obedece. Por ejemplo, es fácil vaticinar que, si alguien poderoso, o aspirante a serlo, se acostumbra a hablar y escribir sin descanso, acabará emitiendo, casi sin excepciones, un ruido ensordecedor en medio del cual ya no cabrá reconocer las palabras inteligentes que pueda pronunciar (las cuales, de todos modos, serán muy pocas). Esto lo sabe cualquiera, pero conviene reparar en que, aun siendo <a href="https://elpais.com/cultura/2020/05/28/babelia/1590653340_727855.html" target="_blank">el ruido</a> cosa molesta de por sí, quien lo emite suele disfrutar sobremanera con él. De lo contrario, nadie conduciría ciertas clases de vehículos, capaces de avasallar, con un mínimo movimiento de manos o pies, los oídos de varias docenas de peatones y vecinos.</p> <p><a href="https://elpais.com/opinion/2021-09-28/ruido-y-furia.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/AZ3J32BWNOLI6EP4WUS3SQ4WOA.jpg?auth=a06881f80fcf449dbb6ebaf9fd0459b85f048c52e0f809b44bdc7332d2a57071&amp;width=3780&amp;height=2520&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Pancartas contra el ruido producido por los aviones en un bloque de apartamentos.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Albert Garcia</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La lucha por el diccionario]]></title><link>https://elpais.com/opinion/2021-07-03/la-lucha-por-el-diccionario.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/opinion/2021-07-03/la-lucha-por-el-diccionario.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[La utilización de las palabras en la pugna política sin que la audiencia analice su significado coloca la contienda más en la testosterona que en la razón]]></description><pubDate>Sat, 03 Jul 2021 03:00:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>A menudo los conflictos políticos son enfrentamientos entre palabras, las cuales delegan la pelea en los individuos y bandos en disputa mientras ellas descansan apaciblemente en el diccionario o en la enciclopedia. En tales luchas combaten nombres propios —de dioses, de muertos, de jefes de facción o de lugares más o menos extensos— y nombres comunes que designan ideales, doctrinas o lo que suele llamarse “valores”. En las victorias y en las derrotas políticas, ya sean cruentas o no, <a href="https://elpais.com/elpais/2020/01/03/planeta_futuro/1578065528_521208.html" target="_blank">son las palabras las que ganan o pierden, </a>aunque arrastren consigo a quienes las sirven. Pero la anterior es tan sólo una de las formas de la lucha verbal por el poder. Las hay más sofisticadas, lo que no implica que sean más apacibles.</p> <p><a href="https://elpais.com/opinion/2021-07-03/la-lucha-por-el-diccionario.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/OYP5P7ZXKFHBTFRACQDLOP2COQ.jpg?auth=4a05478bd9f32ba1ba7a35897570c42d8973c1839cf8c54de3585c73de2857d3&amp;width=7550&amp;height=5504&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Diccionario de la RAE.Repor Babelia.Detalles de la RAE, libros, papeles, cajones..Entrevista al director Santiago Muñoz Machado.Foto: Inma Flores]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">INMA FLORES</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El punto de vista de Julio Caro Baroja]]></title><link>https://elpais.com/opinion/2020-11-13/el-punto-de-vista-de-julio-caro-baroja.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/opinion/2020-11-13/el-punto-de-vista-de-julio-caro-baroja.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[El centro del mundo no se halla nunca donde está uno, pero es vano buscar lugares o tiempos mejores]]></description><pubDate>Fri, 13 Nov 2020 23:30:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Hace algo más de 40 años, este periódico publicaba unas notas cuya lectura no resultará muy provechosa a quien busque en el pasado ejemplos de conducta o motivos de conmemoración. Su autor evocaba unas elecciones municipales recientes cuyas “consignas y divisas” se le habían mostrado “harapientas, zarrapastrosas y, en suma, cochambrosas”. La clase de mugre en la que proponía pensar impregnaba estampas que en la época debían de resultar casi costumbristas: ¿qué decir del “coche robado por personas que quieren gozar de los encantos de un bailón en Las Rozas, Las Matas, Alcobendas o Arganda, y dejarlo luego abandonado?”. Pero tal sordidez no era privativa del Madrid de 1979, sino sólo un pretexto para “sospechar en última instancia que, a lo mejor, un gran hombre del pasado era tan cochambroso como creemos que han sido o son algunos hombres del presente”. Nunca sabremos si lo defendido por aquel artículo debía tomarse o no al pie de la letra, aunque esta duda es lo que menos importa.</p> <p><a href="https://elpais.com/opinion/2020-11-13/el-punto-de-vista-de-julio-caro-baroja.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/MPCNVNM3C2OFMIY6MAYUJQ3ZTY.jpg?auth=8bff83927ad6eb85c3f22571dde5581cbc7b4d4eb0001d4e2734bf387b7180b1&amp;width=620&amp;height=456&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Julio Caro Baroja posa en la biblioteca de su casa de Itzea, barrio de Vera de Bidasoa (Navarra).]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Las pasiones y las emociones]]></title><link>https://elpais.com/opinion/2020-08-01/las-pasiones-y-las-emociones.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/opinion/2020-08-01/las-pasiones-y-las-emociones.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Hace falta tratar con respeto a ese motor impersonal que nos conduce a hacer cosas que no haríamos]]></description><pubDate>Sat, 01 Aug 2020 22:30:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Los crímenes pueden ser pasionales y las lecturas apasionantes. También cabe ser un apasionado del canto gregoriano o de las peleas de gallos, e incluso de ambas cosas a la vez. Lo tocante a la pasión es variable y ambiguo, y abarca desde lo más delicado hasta lo más cruel. Aunque a menudo se entiende por pasión lo mismo que por sentimiento y por afecto, otras veces no es así. Tampoco la relación entre pasión y emoción es fácil de desentrañar, y el que, duplicando lo recién visto, pueda hablarse de lo emocional y lo emocionante y de estar alguien emocionado no debería invitar a un paralelismo perfecto (baste con pensar en lo emotivo, imposible de asimilar a lo pasivo). </p> <p><a href="https://elpais.com/opinion/2020-08-01/las-pasiones-y-las-emociones.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/ZFR42UCWQBRYYXNUBMZECNGOBE.jpg?auth=380a54c798397c9792eaf54138e7111069a206378527f1d81f0e5b0678565326&amp;width=980&amp;height=673&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Manifestantes atacan tiendas en el centro de Beirut, Líbano.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Marwan Naamani</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Las utopías se realizan a veces]]></title><link>https://elpais.com/opinion/2020-05-29/las-utopias-se-realizan-a-veces.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/opinion/2020-05-29/las-utopias-se-realizan-a-veces.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Nuestro inconsciente verá como signo de mal agüero durante mucho tiempo la vida ‘online’ de estos días]]></description><pubDate>Fri, 29 May 2020 22:30:13 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Hasta determinado momento —aproximadamente, en los años setenta del siglo XX—, el pensamiento y los hábitos de la izquierda eran, salvo pocas excepciones, hostiles a la imaginación utópica. El título de un folleto de Engels de cien años antes, <i>Del socialismo utópico al socialismo científico</i>, lo dice todo sobre esta clase de aversión a los devaneos del espíritu. Pero la desconfianza progresiva en el marxismo dio alas, y no siempre con efectos saludables, a las utopías y a lo utópico, que en muchos ambientes han llegado a tomarse, desde entonces, como la más alta expresión de lo crítico y lo emancipatorio —otros dos términos con los que habría que tener más cuidado del que se tiene— o, sin más, de lo decente. </p> <p><a href="https://elpais.com/opinion/2020-05-29/las-utopias-se-realizan-a-veces.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Filosofía del virus]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2020/04/05/opinion/1586102698_232319.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2020/04/05/opinion/1586102698_232319.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[En tesituras como la actual, lo único que puede contar como actuación es la sobreactuación: obrar de un modo que no sea aparatoso y que no ocupe todo el escenario sería como no hacer nada]]></description><pubDate>Sun, 05 Apr 2020 22:00:36 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Antes de este año, la palabra <em>virus</em> designaba más que nada, sobre todo entre nativos digitales, los ataques a distancia sufridos por ordenadores. Nada hay de raro en que una metáfora olvide su condición y en que su correspondiente término literal pase a ser figurado. Al fin y al cabo, el nombre <em>cajero</em> se refiere, más que al encargado de una caja registradora o de caudales (el oficio suele ser femenino), a cierto dispositivo mural del que puede extraerse dinero con una tarjeta, sin que ya haga falta añadir el adjetivo <em>automático</em>. No sabemos si la Covid-19 hará que los virus digitales regresen a la condición metafórica con que nacieron. ¿Deberá tomarse el coronavirus como el causante de una infección muy rara que, en lugar de afectar al ordenador (que es lo normal), daña, no se sabe por qué, las vías respiratorias?</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2020/04/05/opinion/1586102698_232319.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/VFR4EEU6G5T5YX6QX6QIXS4W3U.jpg?auth=5c57e797d7d8e8f85c4781e8bc3aa7be89818b6cd1408cd3dced1facd86cce32&amp;width=980&amp;height=654&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Una playa totalmente vacía por las medidas de aislamiento que se han dictado en California. ]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Marcio Jose Sanchez (AP)</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Lo pedante y lo cursi]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2020/02/11/opinion/1581445802_307972.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2020/02/11/opinion/1581445802_307972.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[La pedantería es una tara habitual de intelectuales y la cursilería abunda en gentes del espectáculo]]></description><pubDate>Tue, 11 Feb 2020 23:00:08 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Lo pedante y lo cursi no son lo mismo, pero brotan de la misma fuente. Una y otra cualidad están marcadas, en efecto, por un estiramiento sobreactuado y vigilante que no se consiente a sí mismo perder de vista ningún detalle. Además, no basta con ser pedante o cursi durante un rato y recobrar después la lucidez del habla; quien ostenta una de esas dos propiedades lo hará adictivamente mientras comparezca en la escena social, y a menudo tendrá que aumentar la dosis, no vaya a ser que surjan dudas sobre lo sabio o lo refinado que es. Huelga decir que se puede ser pedante y cursi al mismo tiempo, lo cual, cuando se da, hace que cada uno de los dos vicios sea más insoportable.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2020/02/11/opinion/1581445802_307972.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/4WLZ3NAB4YDVIOORNNK7F7UASU.jpg?auth=1ec068cf3e9d6dbb487830f87e57ea9f2740cf5e8c822190d6aa7d021ec4d4d4&amp;width=980&amp;height=553&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Bong Joon Ho posa ante la prensa con sus dos Premios Óscar por 'Parásitos'.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Jordan Strauss</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[‘Fake news’ en tiempos nada inocentes]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2019/12/27/opinion/1577467352_653139.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2019/12/27/opinion/1577467352_653139.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Cuanto más resabiado es el público, más inerme se halla ante las noticias falsas]]></description><pubDate>Fri, 27 Dec 2019 23:00:39 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Puede que me equivoque, pero me parece que las burlas sufridas en tiempos pasados, al llegar el 28 de diciembre, por la persona cándida y desavisada —el llamado “inocente”— han pasado a ser un anacronismo más bien kitsch. Convendría reparar, sin embargo, en la inquietante semejanza entre lo que se llamaba “inocentadas” y otros fenómenos nada obsoletos en los que estarán pensando ya algunos lectores y lectoras.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2019/12/27/opinion/1577467352_653139.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/6YRQCOLGRUKXXQKONV4XDLPIOA.jpg?auth=997cac7ac35f835464495bee4727d3e75d42fa346b6cd46a017ad8550e546a63&amp;width=980&amp;height=488&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Foro sobre Fake News organizado en 2018]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">SANTI BURGOS</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Paisajes después de la exhumación]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2019/11/18/opinion/1574099075_136417.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2019/11/18/opinion/1574099075_136417.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[La herencia del franquismo que ha triunfado es la que resume el dicho “yo es que voy a lo mío”]]></description><pubDate>Mon, 18 Nov 2019 23:00:19 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>De entre los pecados capitales de la historia contemporánea española algunos son tabú. Mencionemos el más difícil de reconocer: la modernización económica y social del país (patológica y deforme, como todas lo han sido siempre en todas partes) resultó, en medida mayor de lo que hubiera gustado a muchos, un producto del franquismo. Tal afirmación requiere cierta cantidad de glosas y apostillas, pero hay dos que resultan obligadas. Lo primero que debe decirse es que se trató de un efecto en sentido pleno y no de un subproducto: no es que el franquismo pretendiera otra cosa y lograra, sin quererlo ni quizá saberlo, la modernización de España. No: su voluntad fue precisamente que tal modernización, tenida por ineluctable, estuviera pilotada por aquel régimen y no por sus enemigos, los cuales habrían de contentarse con terminarla.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2019/11/18/opinion/1574099075_136417.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/Q7GLD5CE2R3RKOIMKBAXUDZZNE.jpg?auth=0ae332e9ab0fe05b752d94f210b2ac24c5cf1e4c753b8ecda8784278a9661839&amp;width=980&amp;height=502&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Tumba de Franco en Mingorrubio.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">PRENSA MONCLOA</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Comienzo de curso]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2019/09/20/opinion/1568976710_487101.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2019/09/20/opinion/1568976710_487101.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Miremos con prevención los supuestos “últimos avances” de la disciplina propia y estimulemos el arte de la comparación]]></description><pubDate>Fri, 20 Sep 2019 22:00:29 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Empieza el curso. El académico, debe aclararse, porque la palabra ha acabado designando, no sin relamida pedantería, cualquier ciclo de actividad que comience al final del verano boreal. Lo que viene a continuación, que son cinco humildes recomendaciones, propuestas (¿hace falta decirlo?) con fervorosa voluntad constructiva, no afecta a todos los niveles ni tipos de la enseñanza. Se ciñe a las facultades universitarias de letras, ciencias humanas o filosofía (eso que suele llamarse, con expresión hinchada y autoadulatoria, “humanidades”) y no se aplica fácilmente a otros ámbitos, si bien podría intentarse. Mis consejos serán cinco, y darán por supuestos otros quizá más urgentes (contra el abuso, por ejemplo, de la lengua inglesa, del PowerPoint, de la palabra “reto”, de las disertaciones en tres minutos o de las metáforas tomadas del fútbol y del automóvil).</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2019/09/20/opinion/1568976710_487101.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/OL65KFDR6IRA4EGM6H773CUACM.jpg?auth=f80335cbfe3ace1b1f41e1a69117fdf55fef7c1022233ccffd964d34706ebb9a&amp;width=980&amp;height=539&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Aula en la facultad de biología de la Universidad de Barcelona]]></media:description></media:content></item><item><title><![CDATA[Paradojas weberianas]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2019/08/24/opinion/1566661945_610733.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2019/08/24/opinion/1566661945_610733.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Cuando la confianza en el futuro es un obstáculo para la lucidez, la caducidad es digna del mayor aprecio y es urgente]]></description><pubDate>Sat, 24 Aug 2019 22:00:40 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>En varios lugares de su obra evocó Rafael Sánchez Ferlosio un par de momentos de la conferencia de 1919 <em>La política como profesión</em>, en los que Max Weber se refirió a cierto “vicio de querer tener siempre razón”: “mezquino vicio” la primera vez y “vicio clerical” la segunda.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2019/08/24/opinion/1566661945_610733.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Los derechos del automóvil]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2019/07/11/opinion/1562838267_139017.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2019/07/11/opinion/1562838267_139017.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Se toma al coche como símbolo de la libertad cuando en realidad el usuario es un juguete de sus designios]]></description><pubDate>Mon, 15 Jul 2019 22:00:30 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>El animal humano ha envidiado siempre las alas que no tiene, pero sin apagar nunca el deseo de convertirse en topo. Aunque erigir ciudades implica jugar con la fantasía de ascender al cielo (bien tomándolo por asalto o bien, como quiere una irreverente metáfora, rascándolo), la ciudad no sería nada sin sus propias profundidades: las catacumbas, las alcantarillas, las bodegas subterráneas y los pozos negros son, en efecto, tan urbanos como los tejados, las agujas, los pararrayos y las veletas. En un misterioso pasaje, Dostoievski hace decir a su “hombre del subsuelo” que San Petersburgo es “la ciudad más abstracta de todo el globo terráqueo”. Signifique esto lo que signifique, parece cierto que la verdadera condición de una ciudad no se descubre viéndola desde lo alto, sino desde sus entrañas.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2019/07/11/opinion/1562838267_139017.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/GKCI2DKUG42MPEC2HSQVNIRZL4.jpg?auth=3160e0aa4ab87b3eb97a8489d1e8a1738a12792f5fb074909fed5df78e05ed4d&amp;width=980&amp;height=523&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Gran Vía de Madrid.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Andrea Comas</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Sansón y la seducción filistea]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2019/06/07/opinion/1559924778_247247.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2019/06/07/opinion/1559924778_247247.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Entre los hábitos mentales de la derechona y la progresía guay hay un gran hueco para el pegajoso populismo de centroderecha]]></description><pubDate>Fri, 07 Jun 2019 22:00:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>La palabra “filisteo” es —por lo menos desde que Matthew Arnold la difundiera en la Inglaterra victoriana— el nombre peyorativo de los miembros de la clase media. Como puede sospecharse, el término en cuestión se emplea principalmente en el seno de dicha clase cuando se quiere señalar vicios contra los cuales cree estar inmunizado quien lanza esta expresión. El filisteísmo constituye, en principio, un tipo de incuria mental propio de gentes que jamás se servirían de tal palabra y que incluso la ignoran del todo: el filisteo —y también, desde luego, la filistea— se muestra insensible a todo refinamiento, a toda sutileza y a todo disfrute estético o intelectual que exija abandonar los prejuicios de la conducta utilitaria y violentar el más plano sentido común. El tema fue archiconocido (baste con mencionar a Ortega) en la crítica cultural del siglo XX.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2019/06/07/opinion/1559924778_247247.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/QBFOGLEWSWOMGY5RAR6Q25UISY.jpg?auth=eb3e979c18eba034e007ba4c49e57c5830b2693bfeedd0e24e74c9a1487c1394&amp;width=980&amp;height=548&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Vista general del hemiciclo de la Cámara Baja, durante la sesión constitutiva del Congreso de la XIII Legislatura.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Javier Lizón</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La estructura política de la verdad]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2019/04/05/opinion/1554478719_824306.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2019/04/05/opinion/1554478719_824306.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Lo verdadero se reconoce porque obliga a cambiar de amigos y porque causa grave lesión a identidades, individuales o colectivas. Cuando aparece, es un episodio incómodo que se intenta ignorar]]></description><pubDate>Sun, 07 Apr 2019 22:00:06 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>El camino que lleva a la justificación de la mentira propia está inundado de mala fe, pero quien lo recorra actuará persuadido, hasta llegar a cierto trecho, de haber obrado en posesión de la virtud. El itinerario es sencillo y familiar. Se parte de la idea, muy fácil de adquirir y a menudo cierta, de que el enemigo (el individuo o grupo al que como tal se reconoce) es perverso y odioso, de modo que en su condición corrompida se incluirá, desde luego, la mendacidad. El siguiente paso es combatir tal perversión, lo cual implicará, no pocas veces, suspender provisionalmente la virtud: ¿acaso al mal absoluto se lo doblega comportándose como hermanitas de la caridad? Quien así proceda estará convencido de que actúa en legítima defensa y de manera controlada, deseando de todo corazón que vuelvan las circunstancias en que ya no sea necesario beber ni dar a beber tan amargo trago. Esta suspensión cautelar incluirá a veces —“por desgracia”, se añadirá, al principio con pesadumbre, pero pronto con hipocresía— la práctica de la mentira: ¿cómo no mentir, aunque sea un poco y a desgana, en un mundo de mentirosos?</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2019/04/05/opinion/1554478719_824306.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/QD23KB6XVTWCY7FMPKB32LTQBM.jpg?auth=b96a584ba6dccc2f6844b759b7e84c2985a65a1baaa0f5ca02b45f307e33c020&amp;width=360&amp;height=555&amp;smart=true"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">EULOGIA MERLE</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El calendario del príncipe]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2018/12/28/opinion/1546023331_773428.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2018/12/28/opinion/1546023331_773428.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[La decisión de alargar o abreviar el desempeño de la magistratura le corresponde solo a quien la ganó]]></description><pubDate>Sun, 30 Dec 2018 23:00:08 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Puede que el único resto de soberanía del gobernante contemporáneo sea la potestad de elegir el momento en que poner fin al mando. En algunos casos, esa capacidad no equivale, sin más, al poder de abdicar (propio de la monarquía, el papado, las repúblicas presidencialistas y, desde luego, las tiranías), sino que, por el contrario, permite decidir sobre el momento más ventajoso para confiar a las urnas el inicio de un nuevo mandato.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2018/12/28/opinion/1546023331_773428.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/KNBSGNN7MMM6XJSXYAC7UCF23Y.jpg?auth=d75cf4ca2de1cec545cb80e4975fdec3f2f2a928ea6d507b3156332bb8232262&amp;width=980&amp;height=551&amp;smart=true"><media:description type="plain"><![CDATA[Silla del presidente del Gobierno en la sala del Consejo de Ministros, en el Palacio de La Moncloa.]]></media:description><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">Gorka Lejarcegi</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Cincuenta veces mayo]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2018/05/30/opinion/1527681133_214924.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2018/05/30/opinion/1527681133_214924.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Mayo del 68 permitió quedarse con lo mejor de una revolución desechando lo peor. Por fin la revolución podía dejar de ser una orgía de sangre. Pero, antes de darnos cuenta, la revolución neoliberal fue la que venció de manera implacable]]></description><pubDate>Thu, 21 Jun 2018 22:00:03 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>La palabra “revolución” sugiere la idea de una agitación histórica que rompe el ritmo consabido de los hábitos, logrando que la historia recorra en pocos días un camino que, de otro modo, habría costado décadas o no se habría transitado nunca. Pero esta noción tan familiar no es, en realidad, demasiado vieja: todavía en las vísperas de las dos grandes revoluciones del siglo XVIII perduraba el sentido tradicional de la palabra, conforme al cual la revolución es un vuelco de los tiempos que permite a estos regresar a algún estado anterior. No en vano se trata de una metáfora astronómica, tomada de las órbitas de los cuerpos celestes. La revolución consistía en detener los tiempos y volver atrás, algo muy distinto a la explosión de novedad que provocaron las revoluciones estadounidense y francesa.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2018/05/30/opinion/1527681133_214924.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/QUXXUTKWAZXKV7UCF5Q3MDEIL4.jpg?auth=fa6926b82dbc01000230ec40ff53e1072ecab9c3e3d6b91c3063679dcd834e34&amp;width=360&amp;height=579&amp;smart=true"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ENRIQUE FLORES</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Las tijeras y las rejas]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2018/04/13/opinion/1523632412_039475.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2018/04/13/opinion/1523632412_039475.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[El adicto a la severidad penal y el amante de la libertad de palabra son tipos humanos dispares]]></description><pubDate>Sat, 14 Apr 2018 22:03:41 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Los límites de la libertad de expresión y los de las penas máximas no están vinculados por una relación íntima, pero quizá extraiga cierto provecho quien los examine juntos. En esa tarea, lo primero que llama la atención es que el adicto a la severidad penal y el amante de la libertad de palabra son tipos humanos dispares. El primero es realista, ceñudo y torvo (ya sabe todo lo malo que la vida tenía que enseñarle), mientras que el segundo presumirá de amigable y confiado, y gozará ponderando cuánto le queda aún por aprender de este maravilloso mundo. Si la humanidad es un espanto, lo que más importa será estar protegidos de sus hijos más peligrosos (que no son pocos), mientras que, si es un deleitoso jardín, tanto mejor cuantas más flores se hagan brotar y más colores ofrezcan a los ojos.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2018/04/13/opinion/1523632412_039475.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La hoguera de los escrúpulos]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2016/12/28/opinion/1482948715_081605.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2016/12/28/opinion/1482948715_081605.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[La primera superstición del súbdito actual es creer que el poder está en sus manos como el siervo en las del amo y la segunda, rendir culto a la transgresión. Eso explica que las multitudes puedan elegir a energúmenos zafios y desabridos]]></description><pubDate>Wed, 28 Dec 2016 18:15:25 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Cuál es el impulso que lleva a las multitudes a elegir para el gobierno a energúmenos zafios y desabridos, ufanos de su chabacanería tanto como de su dinero, es una pregunta de aspecto enigmático que a veces debe responderse quitándole todo misterio: ¿de verdad lo natural es que las cosas sean de otra manera? La ligazón entre democracia, virtud, inteligencia y buen gusto es en realidad mucho más débil de lo que suele creerse y —cosa que no resulta prudente enseñar en los colegios— cada uno de esos bienes puede subsistir largo tiempo sin la compañía de ninguno de los otros. Pero lo anterior, que tiene todo el aspecto de ser cierto, no explica por qué la maldición en cuestión se declara sólo algunas veces, y qué es lo que ha ocurrido para sufrirla precisamente en este momento.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2016/12/28/opinion/1482948715_081605.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/KMEAIHVXXI3YLJONB32GV2PPHQ.jpg?auth=8409015083f9d0e51f746d7082db2d063c2bad9ede4be87ca50199291bb6150a&amp;width=360&amp;height=594&amp;smart=true"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">EULOGIA MERLE</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El filósofo y el pastelero]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2016/08/09/opinion/1470763782_239445.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2016/08/09/opinion/1470763782_239445.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[El mayor peligro es que la disciplina acabe convirtiéndose en un mero adorno, pero un adorno feo, deteriorado y desteñido, bastante pretencioso y desde luego muy ‘kitsch’, como los muñecos que se colocan para rematar las tartas nupciales]]></description><pubDate>Tue, 09 Aug 2016 22:00:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Escribía hace unas semanas Germán Cano que la filosofía y su enseñanza constituyen entre nosotros “un adorno anacrónico, pero abrillantador”. La expresión es verdadera y exacta. Llama la atención, sin embargo, la enigmática capacidad que la filosofía contemporánea tiene de suscitar pendencias y de abrirse hueco, en medida nada desdeñable para lo que son sus fuerzas, por entre la azarosa selva de los temas de actualidad. Debido a algún extraño motivo, las <em>noticias filosóficas</em> despiertan interés. El ejemplo más reciente puede sorprender: que el rector de la Complutense se proponga suprimir la filosofía de la lista de estudios merecedores del rango de facultad podría haberse reducido a un episodio sólo interesante para unas pocas docenas de personas, pero lo cierto es que ha sobrepasado con creces esos límites, obligando a tomar partido, de manera no siempre cómoda, sobre cuál es el papel del pensamiento en la sociedad (y también, de paso, el de la sociedad en el pensamiento).</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2016/08/09/opinion/1470763782_239445.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/QUL5HWAEU4SPT3C7NG3NNHKUEQ.jpg?auth=2f0557381d43cf97fb08116aad16435b2c97016dfa698da6f7ae3ffa5c108c75&amp;width=980&amp;height=1596&amp;smart=true"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">EULOGIA MERLE</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La melancolía de la novedad]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2016/03/16/opinion/1458120855_211234.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2016/03/16/opinion/1458120855_211234.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[La vieja política era una ficción de poder subordinada al orden neoliberal; la nueva política puede convertirse en viejísima muy pronto, porque los espectáculos banalmente transgresores son muy difíciles de repetir con éxito]]></description><pubDate>Thu, 26 May 2016 22:00:36 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>La necesidad de una “nueva política” y lo inexorable de su triunfo son dos lugares comunes de los que nadie querría desprenderse hoy en España al hablar de cualquier asunto de interés general. O nos gobernarán partidos nuevos que nadie habría imaginado hace diez años —se piensa—, o lo seguirán haciendo los antiguos, pero a condición de renovarse de modo que su aspecto no recuerde nada al acostumbrado. Sin embargo, en la modernidad tardía el destino de lo nuevo es casi siempre un envejecimiento precoz, y la tan anhelada regeneración de la cosa pública no se librará, con toda seguridad, de la obsolescencia galopante que afecta a toda clase de bienes y palabras. Aunque no es fácil adivinar las sorpresas que la nueva política puede dar de sí, lo hasta ahora visto sugiere que este concepto hallará su acomodo más natural dentro del ámbito de las artes escénicas. En caso de que tal impresión resultase certera, convendría no olvidar que los espectáculos han de ser de excelente factura para poder verse repetidamente en poco tiempo sin causar aburrimiento y sin mudarse en una maldición.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2016/03/16/opinion/1458120855_211234.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/JTOHZEPT5YV25CRAKB52UOU6Z4.jpg?auth=2ed253c2277241925fa28d6eed73466ce755e6993149a76401cd24c66003ec0a&amp;width=980&amp;height=1621&amp;smart=true"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">RAQUEL MARIN</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Rocío Orsi, filósofa]]></title><link>https://elpais.com/cultura/2014/12/16/actualidad/1418769226_378445.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/cultura/2014/12/16/actualidad/1418769226_378445.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Figura entre los pensadores españoles más importantes de su generación]]></description><pubDate>Tue, 16 Dec 2014 22:33:46 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Rocío Orsi Portalo, filósofa y profesora que se cuenta entre los pensadores en lengua española más importantes de su generación, falleció el 29 de noviembre en Madrid a los 38 años. Había estudiado en la Universidad Autónoma de Madrid y se doctoró en la Carlos III, donde fue becaria de investigación y, desde 2004, una influyente y carismática profesora. Cumplió con creces todas las exigencias del modelo modernizador de la universidad. Pertenecía de lleno a la generación ANECA, y no omitió el ritual de las estancias cosmopolitas, en París, Cambridge y Columbia, sufriendo también la perversa alianza de ahogo presupuestario y gerontocracia académica que estrangula tantos proyectos intelectuales.</p> <p><a href="https://elpais.com/cultura/2014/12/16/actualidad/1418769226_378445.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Villanos y cortesanos]]></title><link>https://elpais.com/ccaa/2014/05/10/madrid/1399731144_793325.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/ccaa/2014/05/10/madrid/1399731144_793325.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[La ciudad se concibió en torno a Eurovegas, los Juegos y la privatización de hospitales
Trasladar la capital a otro lugar sería un elemento de alto valor simbólico]]></description><pubDate>Sat, 10 May 2014 22:39:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>En virtud de una termodinámica caprichosa, las cuestiones que merecen el supremo adjetivo de “candentes” están sujetas a ciclos de temperatura no siempre fáciles de prever. ¿Quién se habría atrevido a pronosticar, por ejemplo, que, al enfriarse el problema vasco y acercarse el catalán a su punto de fusión, iba a surgir de pronto, de manera avasalladora, un tercer foco de efervescencia, tan prometedor como tórrido? Se trata, como cualquiera puede adivinar, del muy pujante <em>problema madrileño</em>, cuya morbidez y envergadura lo ponen en condiciones de aspirar a un papel, valga la redundancia, central.</p> <p><a href="https://elpais.com/ccaa/2014/05/10/madrid/1399731144_793325.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Del 98 al 13]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2013/07/04/opinion/1372958681_501902.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2013/07/04/opinion/1372958681_501902.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Más de 100 años después, las cosas son más siniestras de lo que Miguel de Unamuno hubiera llegado a sospechar. Claro que inventaremos nosotros, pero nos tendremos que marchar de España para hacerlo]]></description><pubDate>Thu, 04 Jul 2013 17:24:41 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Azares ingobernables, ocasiones de vertiginoso progreso, hundimientos violentos, imposibilidad de aplicar cualquier estrategia, esperas tediosas, retrocesos fatales y, cuando se está cerca de la victoria, una vuelta a empezar que tan solo un momento antes habría parecido inconcebible. Laberintos, cárceles, pozos, dados, calaveras, rescates. Podría tratarse, qué duda cabe, de España, pero convengamos en que se está hablando del juego de la oca. “De todas las historias de la Historia / sin duda la más triste es la de España / porque termina mal”, dejó dicho Jaime Gil de Biedma, dando a entender que lo natural de las historias es acabar bien y que, de no hacerlo, siempre cabrá encontrar alguna anomalía que lo explique todo, un gato negro que se cruzó en el camino y que echó los tiempos a perder, dejándolos irreconocibles. Sería muy poco edificante enseñar en las escuelas que toda historia —y no solo la de España— es como el mencionado juego infantil, que lo normal es tener que volver a empezar cuando se está en puertas de un éxito tenido por definitivo y que los triunfos, de darse, se deben a un azar ciego y no tienen nada que ver con la inteligencia ni con la virtud.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2013/07/04/opinion/1372958681_501902.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/DUUR2HG7G6VGR4XSNDZ52KYSEI.jpg?auth=e6606dd42f235360138f38088ba11d93c5fe62e9cae27f921fcf27e69e67f8e4&amp;width=300&amp;height=488&amp;smart=true"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">EULOGIA MERLE</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La burbuja universitaria]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2013/01/17/opinion/1358431523_646350.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2013/01/17/opinion/1358431523_646350.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[La ideología de la excelencia llegó a imponerse con rapidez y el resultado es el desprecio del conocimiento puro y la seducción por el lenguaje empresarial. La reflexión y la crítica seguirán fuera de las facultades]]></description><pubDate>Fri, 15 Feb 2013 16:28:22 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Muchos pueden celebrar por fin el cumplimiento de un antiguo deseo: la universidad ya no es una anacrónica rareza ni un cuerpo extraño infiltrado en el tejido social, sino lo que toda mente constructiva y acompasada con los tiempos ha querido desde siempre, a saber, un genuino <em>reflejo de la sociedad</em>. Parecía una utopía y se ha vuelto lo más real de este mundo: por fin universidad y sociedad van de la mano y comparten lo fundamental. Es cierto que lo compartido es la ruina, pero siempre será mejor algo que nada y, además, no está escrito que la miseria vaya a tener que lamentarse en toda ocasión: de sobra se sabe que la prosperidad genera molicie y hace olvidar la urgencia de poner al día instituciones manifiestamente inadaptadas.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2013/01/17/opinion/1358431523_646350.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/F4CKCEE6ZOKC4KX6BODKMRLUKY.jpg?auth=69d0aa1dfe2572791a4a1a85ff3652d06de5563fad5f5e9cb7bf18da210cab99&amp;width=300&amp;height=463&amp;smart=true"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ENRIQUE FLORES</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[Sin imagen del tiempo]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2012/09/19/opinion/1348070520_127190.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2012/09/19/opinion/1348070520_127190.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Toda sociedad necesita mitos más o menos supersticiosos sobre su pasado y su futuro. De ahí esa inmoderada pulsión conmemorativa: pudiendo estar gobernados por los muertos, ¿por qué dejarles el poder a los vivos?]]></description><pubDate>Wed, 19 Sep 2012 16:02:04 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Hay ciertas formas de temor que hacen mirar el pasado con más aburrimiento que añoranza. Repárese, si no, en la extinción de todo afán conmemorativo que sigue al reconocimiento general de la ruina y atiéndase al ejemplo del segundo centenario de la Constitución española de 1812. ¿No se ha parecido mucho su celebración a un seminario académico de hispanistas jubilados y muy poco al aparatoso estallido de memoria histórica que amenazaba con desencadenarse? Quizá en este caso los motivos para la desgana sufran cierta sobrecarga (alguien con ganas de faltar al respeto diría que la constitución más apta para ser conmemorada este año no era la de Cádiz, sino la de Bayona), pero seguramente cualquier otro centenario habría suscitado el mismo gesto cansino.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2012/09/19/opinion/1348070520_127190.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/UC3YRY64C3ITUJTAQII6UKOFOM.jpg?auth=a9043cf975dda9b2bf8b65fcc3961a66209f73a5441c009fdf60e89eb9046570&amp;width=300&amp;height=446&amp;smart=true"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ENRIQUE FLORES</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[La pócima y la ambrosía]]></title><link>https://elpais.com/elpais/2012/05/10/opinion/1336661846_169877.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/elpais/2012/05/10/opinion/1336661846_169877.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[La idea weberiana de una ética de la responsabilidad suministra una retórica elegante a todo político que esté en la tesitura de tomar decisiones difíciles, indecorosas o simplemente impopulares]]></description><pubDate>Thu, 10 May 2012 14:57:26 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Aunque ningún gobernante perduraría mucho tiempo en el mando si le faltase toda capacidad de infundir confianza, de curar el desasosiego y de prevenir el infortunio, el arte de amedrentar pertenece a las habilidades indispensables que todo político ha de ejercer con destreza. La llamada educación cívica debería combatir su aroma cargante a perfumería con un programa riguroso encaminado a enseñar al joven que, aun en las temporadas más benignas, estará regido por gentes cuya supervivencia depende, en grandísima medida, del crédito que susciten sus amenazas. Cuando al discípulo se le haya instruido lo bastante sobre este asunto, podrá enseñársele, además, a desconfiar de la benevolencia y blandura del poderoso y a no convertirlas en tontiloco objeto de deseo: semejantes cualidades, en efecto, raramente sirven de provecho al súbdito porque a menudo no se usan para favorecer al débil, sino para ayudar a extenuarlo del todo. Un conocimiento lo más ácido posible de cómo se ejerce el poder quizá contribuyera a robustecer las virtudes ciudadanas y debería, en cualquier caso, formar parte de los niveles obligatorios de la enseñanza, aunque ningún gobernante de ningún signo consentirá nunca tal cosa y todos preferirán, por motivos muy elementales, seguir proporcionando formación en valores.</p> <p><a href="https://elpais.com/elpais/2012/05/10/opinion/1336661846_169877.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/X6CLBMS7HFUWSHURFFWAOSCX6M.jpg?auth=ca77cc2c6da240dbd0db21796ae14eef2f485cb31085ec8a700c7f00c5974bd6&amp;width=300&amp;height=469&amp;smart=true"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">RAQUEL MARIN</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El saldo de la lengua]]></title><link>https://elpais.com/diario/2012/02/04/opinion/1328310012_850215.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/diario/2012/02/04/opinion/1328310012_850215.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Ninguno de los participantes en las recias campañas de defensa del castellano frente a las políticas lingüísticas periféricas ha dicho una sola palabra sobre la imposición escolar y universitaria del inglés]]></description><pubDate>Sat, 04 Feb 2012 06:00:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>La azucarada doctrina según la cual la lengua sirve sobre todo para entenderse es antiquísima y muy apta para la oratoria edificante, pero no debería dársele más crédito del quizá no muy generoso que le conceden los autores de esta clase de discursos. Cualquier observador atento sabe de sobra que el lenguaje no es casi nunca un medio para el acuerdo ni para la concordia, sino uno de los motivos de violencia más inagotables y traicioneros de que se tiene noticia. Y quien quiera consolarse creyendo que una lengua solo revela su rostro carnicero cuando se enfrenta a otras, hará bien en acudir al libro de los Jueces (12, 4-6), donde se narra con la mayor naturalidad cómo 42.000 efraimitas, que se esforzaban por disimular su condición, fueron degollados por los galaditas en los vados del Jordán al ser incapaces de pronunciar adecuadamente el primer sonido de la palabra <i>shibbolet</i> y no saber decir más que <i>sibbolet:</i> cuando la lengua es un cuchillo, con una sola letra basta.</p> <p><a href="https://elpais.com/diario/2012/02/04/opinion/1328310012_850215.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Las vacaciones del siervo]]></title><link>https://elpais.com/diario/2011/08/31/opinion/1314741614_850215.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/diario/2011/08/31/opinion/1314741614_850215.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[El ciudadano que exige siempre eficiencia en la prestación de los servicios públicos y celebra, por ejemplo, que la gestión de hospitales pase a manos privadas, se comporta como un criado petulante en su día de asueto]]></description><pubDate>Wed, 31 Aug 2011 05:00:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Que la misión del político consiste en resolver los problemas de los llamados ciudadanos y en mantenerse lo más cercano posible a la gente común para no perder de vista las inquietudes de los votantes son, sin duda, los dos tópicos capitales que sustentan casi toda disertación política contemporánea, desde la tertulia al tratado. Un político que crea problemas en lugar de eliminarlos, o que se encierra en su mundo particular y deja de hablar el lenguaje de la calle, tiene ya sentenciada su ruina, mucho más que si fuese lascivo, mentiroso o ladrón. De hecho, vicios como estos suelen ser muy apreciados por la clientela electoral, ya que le permiten la íntima satisfacción -esencial en toda ciudadanía autoconsciente- de descubrirse más virtuosa que sus representantes.</p> <p><a href="https://elpais.com/diario/2011/08/31/opinion/1314741614_850215.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Las vacaciones del siervo]]></title><link>https://elpais.com/politica/2011/08/30/actualidad/1314723866_202280.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/politica/2011/08/30/actualidad/1314723866_202280.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[El ciudadano que exige siempre eficiencia en la prestación de los servicios públicos y celebra, por ejemplo, que la gestión de hospitales pase a manos privadas, se comporta como un criado petulante en su día de asueto]]></description><pubDate>Tue, 30 Aug 2011 17:18:41 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Que la misión del político consiste en resolver los problemas de los llamados ciudadanos y en mantenerse lo más cercano posible a la gente común para no perder de vista las inquietudes de los votantes son, sin duda, los dos tópicos capitales que sustentan casi toda disertación política contemporánea, desde la tertulia al tratado. Un político que crea problemas en lugar de eliminarlos, o que se encierra en su mundo particular y deja de hablar el lenguaje de la calle, tiene ya sentenciada su ruina, mucho más que si fuese lascivo, mentiroso o ladrón. De hecho, vicios como estos suelen ser muy apreciados por la clientela electoral, ya que le permiten la íntima satisfacción —esencial en toda ciudadanía autoconsciente— de descubrirse más virtuosa que sus representantes.</p> <p><a href="https://elpais.com/politica/2011/08/30/actualidad/1314723866_202280.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded><media:content type="image/jpeg" url="https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/S3E2M676EG5YPGOBVIB5LRRTJ4.jpg?auth=0f077d8c69f33fd5c4fd5225c43aac49d255d7e70c999e862017668686daa2da&amp;width=300&amp;height=472&amp;smart=true"><media:credit role="author" scheme="urn:ebu">ENRIQUE FLORES</media:credit></media:content></item><item><title><![CDATA[El súbdito adulado]]></title><link>https://elpais.com/diario/2011/06/21/opinion/1308607212_850215.html</link><guid isPermaLink="true">https://elpais.com/diario/2011/06/21/opinion/1308607212_850215.html</guid><dc:creator><![CDATA[Antonio Valdecantos]]></dc:creator><description><![CDATA[Los ajustes de la crisis van a ser un estado de excepción permanente. Las decisiones cruciales ya no las toman los ciudadanos ni sus Gobiernos, sino esos agentes económicos transnacionales llamados "los mercados"]]></description><pubDate>Tue, 21 Jun 2011 05:00:00 +0000</pubDate><content:encoded><![CDATA[<p>Hasta la víspera misma del día en que el Gobierno español llevó a cabo, en mayo de 2010, la completa mutación de su política económica y social, era frecuente hallar toda clase de proclamas, y hasta de teorías más o menos ambiciosas, sobre la condición deliberativa, reticular y acéfala de la vigente manera de gobernar y mandar.</p> <p><a href="https://elpais.com/diario/2011/06/21/opinion/1308607212_850215.html" target="_blank">Seguir leyendo</a></p>]]></content:encoded></item></channel></rss>