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Adiós, Argentina barata

El aumento desbocado de los precios ahuyenta a cientos de miles de uruguayos que habían convertido en rutina cruzar la frontera para hacer la compra

Vista aérea de Montevideo.
Vista aérea de Montevideo.Agencia Press South (Getty Images)

Los comerciantes del litoral uruguayo han comenzado a levantar cabeza tras dos años de diferencias de precios abismales con sus vecinos argentinos. En ese periodo, cuando Uruguay llegó a ser 180% más caro que Argentina, cruzar los puentes binacionales se convirtió en parte de la rutina de cientos de miles de uruguayos. Del lado argentino hacían las compras semanales, cargaban combustible y comían fuera de casa con la familia al completo. Hoy el panorama es muy distinto, como consecuencia de las medidas económicas del Gobierno de Javier Milei, que encarecieron de golpe la vida de los argentinos y repercutieron al otro del río. Según un informe de la Universidad Católica del Uruguay (UCU), la diferencia de precios se redujo al 50%.

Despejado y sin los trancones que hasta hace pocos meses eran moneda corriente: así luce hoy el puente que une la ciudad uruguaya de Salto (100.000 habitantes) con Concordia, en Argentina. “Competir era imposible, teníamos que buscar formas de subsistir”, dice a EL PAÍS Aline Bisio, secretaria del Centro Comercial de Salto, una asociación que reúne a más de 600 comerciantes de diferentes rubros. Bisio cuenta que en un mes llegaron a cruzar el puente casi 170.000 personas, sin importar que el viaje de 30 kilómetros (la distancia que hay entre Salto y Concordia) implicara esperar cinco, seis, hasta siete horas. “Muchos comercios no sobrevivieron”, señala. Los locales se quedaron sin casi clientes y a comienzos de 2023 el desempleo en Salto trepó al 14,7%, la tasa más alta del país.

“La ida fue masiva, de todas las clases sociales, para todo tipo de consumo. En nuestro sector, 2023 fue más negativo que 2022″, dice Guillermo Luzardo, copropietario de una empresa familiar de supermercados de barrio en Salto. Para reducir el precio de venta al público, Luzardo acordó con los proveedores aumentar el volumen de compra, pero la diferencia de precios con Concordia fue imbatible. “De un palé de jabones por mes, pasamos a vender una caja”, ejemplifica. Lo mismo ocurrió con artículos como la pasta de dientes, el desodorante o el jabón de lavarropas. “La venta se trancó de manera impresionante, por eso intentamos enfocarnos en los productos frescos, que no se podían traer de Argentina”, agrega.

De acuerdo con los datos correspondientes a marzo, la brecha de precios entre Salto y Concordia “se ha reducido notablemente” con respecto a la medición de enero, ubicándose en un 50%. En ese sentido, el informe de la Universidad Católica indica que el dólar Blue argentino (la cotización del mercado negro), utilizado como referencia, se ha mantenido en niveles elevados y con relativa estabilidad. En el rubro de Luzardo (alimentos y bebidas no alcohólicas) los precios del lado argentino aumentaron un 20,7% en enero y otro 11,2% en febrero. Este significativo y sostenido incremento en Argentina, continúa el informe, tiene un fuerte impacto a favor de Uruguay. La brecha en este sector de alimentación se redujo del 93% al 46%. “Hay más optimismo y cierta incertidumbre, pero no pensamos que se pueda volver a la situación de los dos años anteriores”, apunta Luzardo.

Durante el periodo más crítico de la brecha de precios la venta de gasolina “se fue a pique”, sostiene Federico Acosta, empresario salteño. “En los últimos cinco años pasamos de una venta buena, con los puentes cerrados, a la post-pandemia con una brecha cambiaria que representó una caída en la venta del 40% en los últimos dos años”, detalla. Acosta conoce de memoria la cifra del gasto total que hicieron los uruguayos en Argentina durante 2023: 1.200 millones de dólares, según datos oficiales, equivalentes al 1,5% del Producto Bruto Interno del país. “Así fue hasta ahora, que el gobierno [uruguayo] se encontró con el problema resuelto”, comenta a propósito de las medidas económicas adoptadas por Milei.

Hace un año, el litro de gasolina era 125% más caro en Salto, según indica el informe de la UCU. En marzo de 2024, ese porcentaje se redujo hasta el 30%, teniendo en cuenta el descuento del Impuesto Específico Interno del 40% que rige para el litoral uruguayo. El estudio de la Universidad Católica apunta que, si no se considerara ese beneficio, la diferencia de precio por litro de nafta ascendería al 116%. Con o sin diferencia de precios, Acosta está convencido de que el modelo tradicional del negocio de venta de combustible se agotará más temprano que tarde y apunta a diversificarlo, con cargadores eléctricos o minimercados. “Las estaciones de servicio, así como están, van rumbo a la extinción”, valora.

Como ocurrió con los supermercados y gasolineras, en 2022 y 2023 los uruguayos pasaron a ser clientes habituales de las farmacias argentinas, adonde acudieron en masa en busca de medicamentos, productos de cosmética y perfumería. “El consumo local bajó muchísimo, fue imposible competir”, dice Jimena Albisu, que está al frente de una de las farmacias más tradicionales de Salto. Según explica, para mantenerse a flote debieron echar mano de convenios, promociones y descuentos de hasta el 30%, con el apoyo del estatal Banco República. Eso alivió la situación de la farmacia, sobre todo en 2023. En estos días el panorama es otro: “Los precios ya no convienen, incluso es más caro comprar allá que en Uruguay porque no tienen estos beneficios”, añade Albisu.

“Siempre hubo diferencia de precios y siempre va a haber, pero en 2022 y 2023 fue abismal”, dice Aline Bisio, de la asociación de comerciantes de Salto. Por eso entiende que la actual coyuntura se mantendrá, en línea con la brecha del 40% (más caro en Uruguay) registrada antes de la pandemia. Desde la asociación aspiran a que el Gobierno uruguayo tome nota del costo que ha significado para el Estado este periodo de crisis litoraleño y amplíe los beneficios al consumidor, cuando la diferencia de precios con Argentina sobrepase determinados niveles. El comercio local se fortalecería, razona Bisio, el Estado no dejaría de recaudar impuestos y además estimularía la formalización del empleo. “El Gobierno tiene el escenario perfecto para evaluar los costos y beneficios”, afirma.

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