Los profesionales vinculados a la nueva economía rechazan que exista "liderazgo catalán"
Retevisión cuestiona la oferta del primer operador ante el regulador de las telecomunicaciones
Los retrasos en el despliegue del cable y los enfrentamientos entre los accionistas de Cable i Televisió de Catalunya (CTC), conocida por la marca comercial Menta, se cobraron ayer la cabeza del director general del primer operador de telecomunicaciones por cable de Cataluña, Salvador Martí. Las diferencias entre Martí, que ayer hizo pública su dimisión alegando "motivos personales" y considerado el hombre de Telecom Italia, y el presidente de la empresa, Juan Echevarría, estrechamente vinculado a Endesa, eran un secreto a voces en el sector desde hacía meses.
El cable ya no es la opción estratégica y prioritaria del Gobierno de la Generalitat a la hora de extender por todo el territorio catalán las llamadas comunicaciones de banda ancha, según han admitido fuentes de la Secretaría General para la Sociedad de la Información, dependiente del Gobierno catalán. Este tipo de comunicaciones permite la transmisión de elevadas cantidades de datos, voz e imágenes a gran velocidad.
Las empresas son responsables de cumplir los plazos, dice la Generalitat
La flor y nata de las empresas de la nueva economía, académicos y representantes de las instituciones han creado una plataforma para situar Barcelona en los sectores punteros de la economía. La iniciativa, bautizada como Barcelona Breakfasts, quiere acabar con la supuesta depresión de la ciudad, reenfocar las eternas comparaciones con Madrid y explorar cómo aprovechar mejor las bazas económicas de Barcelona y su entorno para dar un salto cualitativo hacia un horizonte económico marcado por las nuevas tecnologías.
Localret, consorcio que agrupa a 770 ayuntamientos catalanes y que impulsa el despliegue de las tecnologías de banda ancha en el territorio, teme que, del Eix Transversal para arriba, el despliegue del cable en Cataluña sea un mapa casi desierto. Numerosos alcaldes han manifestado su preocupación ante el riesgo de que más de un tercio de sus municipios no puedan subirse al tren de la modernización si los tentáculos de la fibra óptica sólo alcanzan a los grandes núcleos urbanos, que resultan más rentables para los operadores.