A la caída de la tarde, en fines de semana o días festivos, los recintos industriales se vacían de trabajadores y se pueblan de desvencijados coches familiares en los que padres, novios o amigos desbravan a los aprendices de conductores en el uso combinado de embrague, freno y acelerador, ahorrándose de paso alguna clase en la autoescuella. Mientras que la Dirección Provincial de Tráfico afirma que estas prácticas sólo están prohibidas en las vías públicas en las que se aplique la Ley de Seguridad Vial y el Código de la Circulación, las autoescuelas las consideran caldo de cultivo de futuros conductores conflictivos.