Los nuevos guardianes de tu corazón

Las tecnologías e investigaciones de la rama cardiológica revolucionarán el diagnóstico, cirugía y vigilancia de la salud cardiovascular

Antes de que hubiera que entrar en quirófano, tu corazón ya estaba dando los avisos. Tú médico de cabecera los recibía en el móvil puntualmente. Ese día que te sentiste peor, pudiste ser atendido en la calle y diagnosticado gracias a un cardiólogo que llevaba en su móvil un ecógrafo portátil. Y si una cirugía fuera necesaria, sabes que la operación sería lo menos invasiva posible y que el equipo que te opera estaría visualizando tu corazón en 3D y ayudándose de la robótica para afinar al máximo la intervención.

El cóctel de tecnologías e investigaciones que quieren revolucionar la cardiología están a la altura del desafío. Es la primera causa de mortalidad en el mundo, sumando más de 17 millones de muertes, casi el doble que el cáncer (8,5 millones), según datos de la Federación Mundial del Corazón. Es además una pandemia sanitaria en aumento, desde 1980, el número de personas que padecen hipertensión ha aumentado en un 66,67% (de 600 millones a 1000). Y es también una debacle económica que le cuesta a la economía mundial casi 800 millones de euros al año. En España, es la primera causa de muerte entre mujeres y la segunda entre hombres, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE).

El primer campo de batalla en el que combatir es la prevención, la vigilancia de la dolencia antes de que se produzca la enfermedad. “No cabe duda que la telemedicina va a revolucionar la atención al paciente. Está resuelta técnicamente. Pero aún tenemos que descubrir cómo gestionarla”, apunta Luis Alonso Pulpón, jefe de cardiología del Hospital Puerta de Hierro

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Las claves para vigilar el corazón son múltiples. La telemedicina y los wearables dotados de biosensores para detectar anomalías cardíacas son una de las revoluciones exigidas. “El futuro necesita mucha más implicación de la gente con su salud. Tenemos que comprender cómo llegar al paciente para modificar su comportamiento mucho antes de que eso degenere en un infarto”, explica Michael McConell, profesor de cardiología de la Universidad de Stanford. Las plataformas en la nube que permiten la rápida comunicación entre paciente y médico son el canal que hará posible esta prevención.

No solo la comunicación y monitorización paciente-médico se hace móvil. También el diagnóstico. La fusión de una sonda inteligente con un smartphone tiene la capacidad, para los expertos, de revolucionar la salud. “Va a jubilar al estetoscopio y a la auscultación clásicas”, explica Alonso Pulpón, cardiólogo del Hospital Puerta del Hierro. “Con esta tecnología transformas tu móvil en un ecógrafo, permitiéndote realizar un diagnóstico allí donde estés”.

El afinado de cómo está la salud del paciente también prepara revolución. “Tenemos que llegar al nivel molecular, a detectar los componentes de los tejidos para identificar las placas de la arterioesclerosis. Es clave para comprender cuáles de esas placas pueden producir un infarto”, asevera Alonso. La imagen híbrida es uno de los métodos actuales que ayuda a este tipo de diagnóstico. La idea es practicar dos tipos de pruebas a la vez en el paciente. Una analiza su organismo como estructura y otra su actividad metabólica. Su superposición permite entender cómo se relacionan ambos y mejorar la capacidad de detección de posibles anomalías.

Pero para llegar al nivel molecular, profesionales como Alonso esperan la revolución en las imágenes de resonancia magnética. “No se trataría ya de imagen, sino de un análisis molecular de cada tipo de componente orgánico”, matiza. Las dos líneas principales de investigación dentro de la resonancia magnética a futuro son la de difusión y la espectroscópica. Esta última ha permitido descubrir a un equipo de investigación de la Universidad Hebrea de Israel que las micropartículas densas de colesterol pueden ser las mejores aliadas para detectar futuras afecciones del corazón y del sistema circulatorio. “Debido a nuestros hallazgos, la medida de partículas de tamaño medio o pequeño deberían ser incorporadas de manera rutinaria a los procesos”, explica Jeremy Kark, uno de los investigadores. Un avance en el conocimiento de cómo proteger nuestro corazón de nuevo solo posible con la evolución tecnológica.